Jesús, la Fe y la gratitud a Dios
Lc 17,11-17
Texto
evangélico:
11 Una vez, yendo camino de
Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. 12 Cuando iba a entrar en
una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo
lejos 13 y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de
nosotros». 14 Al verlos, les dijo: «Id a presentaros a los
sacerdotes». Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. 15
Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes
gritos 16 y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole
gracias. Este era un samaritano. 17 Jesús, tomó la palabra y dijo:
«¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? 18
¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?». 19
Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado».
Hermanos:
1.
Nosotros, discípulos de Jesús, recibimos el Evangelio como fuente de nuestra
vida: fuente de luz, fuente de consuelo, fuente de esperanza. El Evangelio es
inagotable. Va destinado a todos los creyentes, de toda área y cultura, de
todos los tiempos.
Siendo
esto así, una pregunta leal, que como estudiosos nos hacemos, es referirnos al
mismo evangelista que redactó el texto sagrado. ¿Hacia donde apuntaba él cuando
escribía las palabras de Jesús? Y en este caso de la curación de los diez
leprosos, hay varios temas que pueden suscitar nuestros interés. Así
-
Jesús y los leprosos.
-
Jesús los sacerdotes. ¿Por qué les manda a los sacerdotes del Templo de
Jerusalén?
-
Jesús y los Samaritanos.
De
todos estos temas podemos sacar lecciones de vida para hoy, para nuestra
actualidad, para nuestra persona.
2.
Pero tratando de indagar, cuanto alcanzan nuestros conocimientos, nospreguntamos
dónde está la punta, el filo del relato.
Seguramente
que no estaremos fuera de la verdad, si afirmamos que el núcleo del relato, el
eje y centro, está en la frase que pronuncia Jesús, en el desenlace de la
acción. Jesús es el protagonista, y Jesús es el que dice: « ¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a
Dios más que este extranjero?».
Cuántos sentimientos se esconden detrás de
esta frase. Y esta frase tiene su remate. Como consuelo y premio, agradeciendo
la cortesía que ha tenido el enfermo curado, Jesús termina su pronunciamiento: : «Levántate, vete; tu fe te ha salvado».
Quisiéramos,
hermanos, sondear los sentimientos de nuestro corazón, y también los
sentimientos del corazón de Cristo. Nuestra fe no es una mera suma de verdades.
Las verdades cristianas son verdades del corazón, y todas ellas están
impregnadas de sentimientos, en definitiva de amor.
3.
El corazón humano es el lugar de todo lo posible. El corazón humano no tiene
fondo. La vida te lo va diciendo poco a poco; al ver al otro y al verse uno a
sí mismo. La política es un teatro donde salen a escena toda clase de sentimientos,
porque es esa la realidad del hombre. Cada uno puede hacer las aplicaciones correspondientes,
que citarlas en este lugar sacro sería partidismo.
Estos
hombres leprosos, sumidos en la suprema necesidad, desde el abismo de su
situación, han tenido un sentimiento divino:
-
Jesús, sea quien sea, es un hombre de Dios, que tiene poder y compasión.
-
Y desde esta base surge la fe.
Jesús, maestro, ten compasión de
nosotros. No le invocan como Hijo de David, como Mesías.
Simplemente “Jesús, maestro”.
Bien
pensado, hermanos, basta un mínimo de fe – a veces hasta fe supersticiosa –
para que Dios entre en acción y obre un milagro.
Estos
hombres, que no pueden acceder ni al templo ni a la sinagoga, porque su
enfermedad los excluye de la comunidad santa de Israel; estos hombres, cuyas
historias desconocemos, y que sin desprecio a su última y definitiva dignidad
personal hasta podemos suponer que eran analfabetos, tienen fe a su modo y
estilo. La suma desgracia en que se encuentran arranca de sus corazones la fe.
Basta una poquita fe –repetimos – para que Dios haga un gran milagro.
Estos
hombres han tenido fe, que es fe en Dios y fe en este hombre, Jesús. No rezan a
Dios; están rezando a Jesús. Un poquito de fe en Jesús basta para limpiarle a
uno de toda lepra y pecado.
En
suma, hermanos, la fe es un milagro que Dios pone en nuestros corazones para
actuar el libremente. Tuvieron fe.
4.
Pero ¿cómo es posible continuar pensando para decir: Tuvieron fe y no tuvieron
gratitud? Sintieron el milagro y no fueran capaces de decir: Gracias. ¡Qué
triste contradicción en la estructura del corazón humano!
La
gratitud es la flor bella que corona los sentimientos.
La
gratitud de la que hablamos es algo mucho más fino, más íntimo, más secreto,
más verdadero que la mera cortesía de quien, por rutina o por oficio, dice:
“Gracias”. Esa gratitud de fórmulas, de educación refinada, no sale de la verdad
genuina del corazón. Ese “Gracias” no vale.
Tuvieron
Fe y no tuvieron la virtud siguiente; la Acción de Gracias.
5.
Vamos a estudiar los sentimientos del corazón e Cristo. Jesús no se arrepintió
de haber hecho lo que hizo; pero no pudo menos de lanzar un quejido que resuena
y que llega hasta nosotros.
Jesús
emitió un quejido para que lo oyeran, no los que no volvieron, sino nosotros:
¿De diez solo uno…?
Pero
debemos prestar atención de la frase que transmiten los Evangelios, para
conocer mejor los sentimientos de Jesús. Jesús no se queja de que no hayan
vuelto a decirle “gracias” a él. Se queja de que no han sido capaces de
reconocer el amor y la gloria de Dios. Dice el texto sagrado: ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a
Dios…?
Aquellos
hombres curados, milagrosamente curados, están ciegos. No son capaces de dar
gloria a Dios mediante la gratitud.
6.
Uno torna a su propio corazón y se pregunta: ¿Qué es ser cristiano? Ser cristiano
es ver a Dios en todo, verle en medio de nuestra vida, verle y darle gracias.
Esa una visión grandiosa de la existencia como regalo de Dios. A Dios debemos
darle gracias, desde el día en que nos hemos reconocido como creaturas suyas.
Ser
cristiano no se otra cosa que vivir dando gracias.
La
Eucaristía dominical no es propiamente una obligación; es infinitamente más: es
la acción de gracias, recordando, experimentando, contemplando…, desde ahora y
por toda la eternidad.
Ser
cristiano es decir simplemente: Dios mío,
gracias, infinitas gracias.
Y
entonces, como un manto de bendición cae la palabra del Señor: Hijo mío, tu fe
te ha salvado. Tu fe ha florecido con la flor más hermosa: la Acción de
Gracias.
Señor Jesús, Ahora mismo y por toda
la eternidad te digo: Gracias, infinitas gracias. Concédeme vivir en la acción
de Gracias. Concédeme que mi vida sea una perpetua Eucaristía. Amén.
Guadalajara,
11 octubre 2019, Romería de la Virgen de Zapopan.
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