viernes, 11 de octubre de 2019

1263. Dom XXVIII, C – Jesús, la Fe y la gratitud a Dios


Jesús, la Fe y la gratitud a Dios
Lc 17,11-17

Texto evangélico:
11 Una vez, yendo camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. 12 Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos 13 y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros». 14 Al verlos, les dijo: «Id a presentaros a los sacerdotes». Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. 15 Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos 16 y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Este era un samaritano. 17 Jesús, tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? 18 ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?». 19 Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado».

Hermanos:
1. Nosotros, discípulos de Jesús, recibimos el Evangelio como fuente de nuestra vida: fuente de luz, fuente de consuelo, fuente de esperanza. El Evangelio es inagotable. Va destinado a todos los creyentes, de toda área y cultura, de todos los tiempos.
Siendo esto así, una pregunta leal, que como estudiosos nos hacemos, es referirnos al mismo evangelista que redactó el texto sagrado. ¿Hacia donde apuntaba él cuando escribía las palabras de Jesús? Y en este caso de la curación de los diez leprosos, hay varios temas que pueden suscitar nuestros interés. Así
- Jesús y los leprosos.
- Jesús los sacerdotes. ¿Por qué les manda a los sacerdotes del Templo de Jerusalén?
- Jesús y los Samaritanos.
De todos estos temas podemos sacar lecciones de vida para hoy, para nuestra actualidad, para nuestra persona.

2. Pero tratando de indagar, cuanto alcanzan nuestros conocimientos, nospreguntamos dónde está la punta, el filo del relato.
Seguramente que no estaremos fuera de la verdad, si afirmamos que el núcleo del relato, el eje y centro, está en la frase que pronuncia Jesús, en el desenlace de la acción. Jesús es el protagonista, y Jesús es el que dice: « ¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están?  ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?».
 Cuántos sentimientos se esconden detrás de esta frase. Y esta frase tiene su remate. Como consuelo y premio, agradeciendo la cortesía que ha tenido el enfermo curado, Jesús termina su pronunciamiento: : «Levántate, vete; tu fe te ha salvado».
Quisiéramos, hermanos, sondear los sentimientos de nuestro corazón, y también los sentimientos del corazón de Cristo. Nuestra fe no es una mera suma de verdades. Las verdades cristianas son verdades del corazón, y todas ellas están impregnadas de sentimientos, en definitiva de amor.

3. El corazón humano es el lugar de todo lo posible. El corazón humano no tiene fondo. La vida te lo va diciendo poco a poco; al ver al otro y al verse uno a sí mismo. La política es un teatro donde salen a escena toda clase de sentimientos, porque es esa la realidad del hombre. Cada uno puede hacer las aplicaciones correspondientes, que citarlas en este lugar sacro sería partidismo.
Estos hombres leprosos, sumidos en la suprema necesidad, desde el abismo de su situación, han tenido un sentimiento divino:
- Jesús, sea quien sea, es un hombre de Dios, que tiene poder y compasión.
- Y desde esta base surge la fe.
Jesús, maestro, ten compasión de nosotros. No le invocan como Hijo de David, como Mesías. Simplemente “Jesús, maestro”.
Bien pensado, hermanos, basta un mínimo de fe – a veces hasta fe supersticiosa – para que Dios entre en acción y obre un milagro.
Estos hombres, que no pueden acceder ni al templo ni a la sinagoga, porque su enfermedad los excluye de la comunidad santa de Israel; estos hombres, cuyas historias desconocemos, y que sin desprecio a su última y definitiva dignidad personal hasta podemos suponer que eran analfabetos, tienen fe a su modo y estilo. La suma desgracia en que se encuentran arranca de sus corazones la fe. Basta una poquita fe –repetimos – para que Dios haga un gran milagro.
Estos hombres han tenido fe, que es fe en Dios y fe en este hombre, Jesús. No rezan a Dios; están rezando a Jesús. Un poquito de fe en Jesús basta para limpiarle a uno de toda lepra y pecado.
En suma, hermanos, la fe es un milagro que Dios pone en nuestros corazones para actuar el libremente. Tuvieron fe.

4. Pero ¿cómo es posible continuar pensando para decir: Tuvieron fe y no tuvieron gratitud? Sintieron el milagro y no fueran capaces de decir: Gracias. ¡Qué triste contradicción en la estructura del corazón humano!
La gratitud es la flor bella que corona los sentimientos.
La gratitud de la que hablamos es algo mucho más fino, más íntimo, más secreto, más verdadero que la mera cortesía de quien, por rutina o por oficio, dice: “Gracias”. Esa gratitud de fórmulas, de educación refinada, no sale de la verdad genuina del corazón. Ese “Gracias” no vale.
Tuvieron Fe y no tuvieron la virtud siguiente; la Acción de Gracias.

5. Vamos a estudiar los sentimientos del corazón e Cristo. Jesús no se arrepintió de haber hecho lo que hizo; pero no pudo menos de lanzar un quejido que resuena y que llega hasta nosotros.
Jesús emitió un quejido para que lo oyeran, no los que no volvieron, sino nosotros: ¿De diez solo uno…?
Pero debemos prestar atención de la frase que transmiten los Evangelios, para conocer mejor los sentimientos de Jesús. Jesús no se queja de que no hayan vuelto a decirle “gracias” a él. Se queja de que no han sido capaces de reconocer el amor y la gloria de Dios. Dice el texto sagrado: ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios…?
Aquellos hombres curados, milagrosamente curados, están ciegos. No son capaces de dar gloria a Dios mediante la gratitud.

6. Uno torna a su propio corazón y se pregunta: ¿Qué es ser cristiano? Ser cristiano es ver a Dios en todo, verle en medio de nuestra vida, verle y darle gracias. Esa una visión grandiosa de la existencia como regalo de Dios. A Dios debemos darle gracias, desde el día en que nos hemos reconocido como creaturas suyas.
Ser cristiano no se otra cosa que vivir dando gracias.
La Eucaristía dominical no es propiamente una obligación; es infinitamente más: es la acción de gracias, recordando, experimentando, contemplando…, desde ahora y por toda la eternidad.
Ser cristiano es decir simplemente: Dios mío, gracias, infinitas gracias.
Y entonces, como un manto de bendición cae la palabra del Señor: Hijo mío, tu fe te ha salvado. Tu fe ha florecido con la flor más hermosa: la Acción de Gracias.

Señor Jesús, Ahora mismo y por toda la eternidad te digo: Gracias, infinitas gracias. Concédeme vivir en la acción de Gracias. Concédeme que mi vida sea una perpetua Eucaristía. Amén.

Guadalajara, 11 octubre 2019, Romería de la Virgen de Zapopan.

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