Jesús, primogénito de muchos hermanos
Mt 5,1-12
Texto
evangélico:
Mt5
1
Al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos;
2 y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
3«Bienaventurados los pobres en el
espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
4 Bienaventurados los mansos, porque
ellos heredarán la tierra.
5 Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.
6 Bienaventurados los que tienen
hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
7 Bienaventurados los
misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
8 Bienaventurados los limpios de
corazón, porque ellos verán a Dios.
9 Bienaventurados los que trabajan
por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
10 Bienaventurados los perseguidos
por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
11 Bienaventurados vosotros cuando os
insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. 12
Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo..
Hermanos:
1. En el curso del año de nuestras celebraciones
el mes de noviembre se abre con esta fiesta celestial de Todos los Santos, y el
Evangelio todos los años es el mismo: Las Bienaventuranzas, canto de triunfo de
Jesús en medio de su comunidad creyente, llegada a la salvación. Nunca suenan más
bellas las Bienaventuranzas que cuando las vemos cumplidas en los hermanos que
nos han precedido. Era verdad lo que dijo Jesús.
2. Jesús prometía la dicha escatológica
a sus discípulos, a los que siguieran sus huellas. Felizmente la palabra del Señor
se ha cumplido.
Las Bienaventuranzas son el retrato de
esa comunidad que Jesús ha congregado en torno a sí; pero son, ante todo, su
propio retrato verídico. ¿Cómo era Jesús? ¡Si hubiera habido los medios electrónicos
de que hoy disponemos para captar la figura de Jesús de Nazaret…! No hace
falta. La verdadera imagen de Jesús, la vera
effigies que nosotros guardamos, que
conserva la Iglesia, quedó para siempre grabada en las Bienaventuranzas.
Jesús habló como habló porque era lo que
era: Jesús es el pobre de espíritu, el manso y humilde de corazón, el que gime
ante Dios con todos los gimientes, el que tiene hambre y sed de la santidad de Dios,
el misericordioso, el limpio de corazón, el que ha trabajado por la paz del
corazón, que es la paz del mundo, y, finalmente, el que ha sido perseguido
hasta la muerte, en cuya muerte hemos quedado nosotros salvados.
3. Hoy, en una visión gloriosa,
contemplamos esa asamblea de la que pronto nosotros mismos haremos parte.
Para entender el significado de Todos
los Santos quisiera compartir con vosotros, hermanos, qué no es esta fiesta y
qué pretende ser en realidad, en su sentido profundo, si aceptamos, como dice
san Pablo, que Jesucristo es el primogénito
entre muchos hermanos.
Hay pensamientos sentimentales, que no
son malos, ni mucho menos, pero que no dan en el centro de la grandiosidad de
lo que hoy celebramos. En la Iglesia hay muchos, muchísimos santos…, que no los podemos recordar a todos; hoy sí, hoy,
aunque no sepamos sus nombres, quisiéramos venerarlos a todos, y que ninguno
quede en el olvido. No se trata de eso, hermanos, hermanos, se trata de algo más
simple y sublime.
El Apocalipsis de San Juan, cuando en la
Iglesia no había ni Santoral ni Martirologio, nos dice: “Después de esto vi una
muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas,
pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con
vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritan con voz potente: «¡La
victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!» (Ap
7,9-10).
Eso es lo que celebramos: la victoria de
Dios y la victoria de su Hijo. Jesús es la corona de todos los Santos, y él es
el Santo de los Santos.
4. San Pablo ha tenido la audacia de designar
a Jesucristo, como he dicho, Primogénito entre muchos hermanos: “los que había conocido de antemano los
predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito entre
muchos hermanos” (Rom 8,29).
Si el Hijo de Dios es el primogénito
entre muchos hermanos, esto quiere decir, que yo soy hermano del Hijo de Dios. Nadie,
ni Dios mismo, me puede dar un título
mayor.
En la tierra y en el cielo yo soy Hermano
del Hijo de Dios.
En el cielo, hermanos, no hay santos: no
hay papas, obispos, vírgenes, mártires; ni judíos, ni musulmanes, ni católicos
ni ortodoxos… Nuestra suprema dignidad será la de ser Hijo de Dios.
5. Los Santos que veneramos en la tierra
son ciertamente santos, pero nuestra elección, con ser verdadera, responde a
criterios variables y transitorios, según una oportunidad, según unas circunstancias
que se han dado, lo cual puede ir variando en el futuro.
La Iglesia Católica podría venerar como
verdaderos santos a todos los Santos canonizados por la Iglesia ortodoxa, porque
han sido fieles a Cristo Salvador en el modo como han recibido el Evangelio.
Hace un año podíamos leer esta noticia
de los medios públicos: “Este martes 6 de noviembre la Iglesia celebra la
memoria litúrgica de los mártires españoles de la persecución religiosa del
siglo XX, asesinados durante la Guerra Civil
por “odio a la fe”. Las cifras
hablan de más de 10.000 católicos asesinados en este proceso de los que 1.891
ya están en los altares” (incluidos los que iban a ser beatificados en Barcelona).
Han venido más beatificaciones. Son más
de 1900 nuestros hermanos mártires.
No se van a “descanonizar” por hacer una
reconciliación nacional y dar un paso más en al democracia. Todas las causas
han sido examinadas una a una; nunca ha habido una aprobación en conjunto.
Pero con este criterio y sumando los mártires
que se agregan de continuo, el Martirologio cristiano puede alcanzar cifras que
nos sobrepasan en absoluto.
6. Es una simple mención en este día
para significar algo más importante: que Jesús es el primogénito de todos
ellos.
Muchos pensamientos se entrecruzan al mirar
el cielo de los santos, que va a ser nuestro cielo, que requieren más que una
homilía una catequesis ordenada para saber honrar a quienes nos han precedido
en el camino de la fe, personas ejemplares con las que hemos convivido. Acaso
nuestros padres (yo puedo decir de los míos) que nos dieron no solamente la
vida, el pan y la educación, sino la misma fe que ellos guardaron hasta el
final. Ellos pertenecen a esa muchedumbre que nadie podría contar y que alaban
la gloria de Dios y de Cristo, el Señor.
Señor
Jesús, todos los días en la Eucaristía te alabamos con todos los santos, uniendo
cielo y tierra, porque solo tú eres Santo, solo tú Señor, en la unidad del Padre
y del Espíritu. Amén.
Guadalajara, 31 octubre 2019
Hoy cantamos al Hijo Primogénito
Hoy cantamos al Hijo Primogénito
de todos sus hermanos
rodeado;
la sangre inmaculada y
el Espíritu
en tierra y cielo
hicieron el milagro.
Los cánticos celestes
hoy se escuchan,
latiendo aquí en la
Iglesia y resonando;
un solo corazón y un
solo coro
en patria y en camino
hoy formamos.
La gloria y la alabanza
son del Padre
que de ternura hizo su
reinado,
y al Hijo de su amor a
su derecha
lo tiene a par de honor
glorificado.
Con blanca vestidura y
verde palma
gocemos victoriosos y
agraciados.
Jesús es nuestro
triunfo para siempre,
y prometió tenernos a
su lado.
María Asunta, hermana y
madre y reina
dichosa resplandece entre
los santos,
la toda pura, luz desde
el principio,
que en su seno llevó al
Santificado.
¡Excelsa Trinidad,
hogar de paz,
seguridad y gozo en
nuestros pasos,
henchidos de alegría y
de esperanza
unidos a los santos os
cantamos! Amén.
Guadalajara,
Jalisco, 31 octubre 2019
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