sábado, 2 de abril de 2022

1753. Dom. V Cuaresma, C – Jesús ante la mujer adúltera

 

Jesús ante la mujer adúltera

Jn 8,1-11


Texto evangélico:

2 Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. 3 Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, 4 le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. 5 La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?». 6 Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.      

7 Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra». 8 E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. 9 Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer en medio, que seguía allí delante. 10 Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?». 11 Ella contestó: «Ninguno, Señor».

 Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».

 

Hermanos:

Al escuchar este Evangelio y cerrar el libro, nos quedamos absolutamente atónitos de admiración y de otros sentimientos nobles, que nos embargan sin poderlo remediar. Tenemos la impresión de que aquí ha pasado algo; esto es mucho más que un episodio interesante e impresionante de la vida del Maestro. Esto es una abrumadora revelación de vida, de estilo, que, si se lleva a cabo en la sociedad humana, cambia la historia.

Una pecadora. El adulterio no es ninguna broma, por más que sea pecado que esté a la orden del día. Un adulterio rompe un matrimonio, y sería causa para deshacer un proyecto de vida que formalmente se estableció ante Dios y la sociedad.

La ley de Moisés va más lejos. Un adulterio no es algo que afecte solo a dos, tres o cuatro personas; un adúltero, una adúltera contamina a todo el pueblo santo de Dios. “Si sorprenden a uno acostado con una mujer casada, los dos deben morir: el que se acostó con ella y la mujer” (Deut 22,22).

Y en este mismo espíritu continúa la Ley de Moisés: “Si una joven virgen está prometida a un hombre y otro la encuentra en la ciudad y se acuesta con ella, sacaréis a los dos a la puerta de esa ciudad y los lapidaréis hasta que mueran: a la joven, por no haber pedido socorro en la ciudad, y al hombre, por haber violado a la mujer de su prójimo. Así extirparás el mal de en medio de ti…” (vv. 23-24).

Todo lo que se refiere a la vida es absolutamente serio, ye stá bajo la mirada y el dominio divino. El mal donde existe hay que atajarlo en su raíz y hay que extirparlo de cuajo.

 

Este es el caso que ha sucedido, y que le presentan a Jesús. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?».

El evangelista san Juan, ene este momento, como otras veces en su Evangelio, hace un corte en el relato y nos introduce una reflexión suya, para que captemos el verdadero enfoque; y en el caso nos avisa: Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.

Jesús puede tomar diversas posturas. Por ejemplo, acaso Jesús podría responder:

- No dramaticemos. La vida es lo que ese. Mala suerte el haberla cogido; No ha pasado nada; adelante.

 

Hermanos, sin tener que mirar a lo lejos, estamos en esa investigación de la pederastia, por parte del gobierno, por parte de la Iglesia. Tolerancia cero. Que se sepa la verdad y que se haga justicia.

Todo eso es cierto, justo y verdadero; pero, a lo mejor, sin entrar en los sentimientos de Dios, nos quedamos a mitad de camino.

 

La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?».

Jesús va a decir, pero va a decir lo que nadie se espera.

Por de pronto, se inclina a la tierra, y con su dedo escribe en la tierra. No sabemos lo que está escribiendo, acaso lo que el viento se llevó. Varias veces dice la Escritura que el impío es “brizna que arrebata el viento”.

 

Parece que el gesto de Jesús es una escapatoria al asunto. Y los acusadores insisten:

- Di algo. Di que sí o di que no.

Y Jesús va a decir algo, pero algo que no dijo Moisés, que no pudo decir Moisés, pero él sí lo puede decir, y solo él, solo él.

El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra

 

Hermanos, esta es la frase que dijo Jesús y que tendríamos que repetirla hoy igualmente que ayer.

El que esté puro, el que esté sin pecado, que le tire la primera piedra, que la mate.

Y Jesús siguió escribiendo palabras, no sabemos qué en la arena, brizna que se lleva el viento. Y uno a uno todos se fueron escabullendo, comenzando por los más viejos.

Y al final quedaron solo dos: la Miseria y la Misericordia. Y aquí se abre una revelación de perdón y de amor, que para nosotros es revelación de vida, y que debe gobernar nuestra vida personal y nuestra vida social.

 

Lo que fue un episodio real en la vida de Jesús, lo trasladamos a la vida real de hoy, y nos asomamos a loq que pasa en la sociedad, y nos quedamos realmente aterrados, si entramos en los medios informáticos al alcance de todos. Vamos a dejar a un lado lo de prostitución, que es término discriminatorio y denigrante y vamos a informarnos sobre el “trabajo sexual”.

“El trabajo sexual – técnicamente definido – es la actividad que realizan personas adultas en pleno ejercicio de sus facultades y sin coerción al ofrecer un servicio sexual con fines onerosos y lucrativos” (Internet). Este “trabajo sexual” incluye la prostitución y toda la inmensa industria de la pornografía, que es legal, y que en sí  misma es la destrucción de la dignidad de las personas. Y en virtud de una filosofía que nosotros nos creamos, hablamos de los derechos sexuales del hombre y de la mujer, que no pueden ser criminalizados.

Y lo que en una conciencia limpia y sincera ante Dios es pura y simplemente pecado, pasa a ser parte de los derechos humanos, incluso derecho de trabajadores, y una prostituta es una trabajadora sexual.

 

El año 2016 se celebró el Año de la Misericordia, y al final del mismo, el Papa escribió una carta, que era una reflexión en torno al Evangelio de hoy:

“Misericordia et misera son las dos palabras que san Agustín usa para comentar el encuentro entre Jesús y la adúltera (cf. Jn 8,1-11). No podía encontrar una expresión más bella y coherente que esta para hacer comprender el misterio del amor de Dios cuando viene al encuentro del pecador: «Quedaron sólo ellos dos: la miserable y la misericordia»[1]. Cuánta piedad y justicia divina hay en este episodio. Su enseñanza viene a iluminar la conclusión del Jubileo Extraordinario de la Misericordia e indica, además, el camino que estamos llamados a seguir en el futuro.

Una mujer y Jesús se encuentran. Ella, adúltera y, según la Ley, juzgada merecedora de la lapidación; él, que con su predicación y el don total de sí mismo, que lo llevará hasta la cruz, ha devuelto la ley mosaica a su genuino propósito originario. En el centro no aparece la ley y la justicia legal, sino el amor de Dios que sabe leer el corazón de cada persona, para comprender su deseo más recóndito, y que debe tener el primado sobre todo. En este relato evangélico, sin embargo, no se encuentran el pecado y el juicio en abstracto, sino una pecadora y el Salvador. Jesús ha mirado a los ojos a aquella mujer y ha leído su corazón: allí ha reconocido su deseo de ser comprendida, perdonada y liberada. La miseria del pecado ha sido revestida por la misericordia del amor”.

 

Terminemos, hermanos, mirando a Jesús:

Señor Jesús, pon tu mirada en mi corazón; perdona hasta el fondo todos mis pecados; haz que nunca jamás condene a nadie, sino que a todos anuncie tu misericordia y tu perdón. Amén.

 

Pamplona, sábado 2 de abril de 2022.

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