2103
(1047) Jesús nos lanza a la misión: No les tengáis miedo
No
les tengáis miedo
Mt
10.26-33
Texto
26No
les tengáis miedo, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni
nada hay escondido, que no llegue a saberse. 27Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la
luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea. 28No tengáis miedo a
los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición
alma y cuerpo en la gehenna. 29¿No se venden un par de gorriones por un
céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro
Padre. 30Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis
contados. 31Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos
gorriones. 32A
quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante
mi Padre que está en los cielos. 33Y si uno me niega ante los hombres, yo también
lo negaré ante mi Padre que está en los cielos.
Hermanos:
1. Acabamos de escuchar un Evangelio que es dramático.
Jesús habla de predicación, y habla al mismo tiempo de persecución y muerte. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo,
pero no pueden matar el alma.
Para comprenderlo en su
verdadero sentido, tenemos que saber hermanos que estamos dentro de aquel
mensaje que iniciamos el domingo pasado. Recordad: La mies es mucha, pero los
trabajadores son pocos, nos decía Jesús. Y fue entonces cuando Jesús dio la
misión a los Doce, los nombra el evangelista uno a uno. Id y anunciad que el
reino de los cielos ha llegado. Curad enfermos, limpiad leprosos, resucitad
muertos. Haced lo que yo he hecho; lo habéis recibido gratis, dadlo gratis.
Va añadiendo Jesús
nuevas consignas y consejos. Y de pronto nos damos cuenta que ahora no está hablando
solo a aquel grupo privilegiado de los Doce; está hablando a toda la Iglesia,
nos está hablando a nosotros.
2. En esas
recomendaciones que va haciendo dice frases como éstas: Mirad que yo os envío como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como
serpientes y sencillos como palomas. 17Pero ¡cuidado con la gente!, porque os
entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas 18y os harán
comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante
ellos y ante los gentiles.
La misión va a crear
conflicto, y el discípulo no se va a ver en mejores condiciones que el maestro.
Como la hen tratado al maestro, así le van a tratar al discípulo.
3. Pero esto es muy
viejo, hermanos. El mensajero de Dios, destinado a llevar el mensaje más bello
que el mundo ha oído, va sufrir el rechazo. Seis siglos antes de Jesús existió
un profeta llamado Jeremías, un profeta muy especial. Dios le dijo que no
tomara esposa, porque su misma vida, más allá de sus palabras tenía que ser un
mensaje. En su extenso libro tenemos unos oráculos que se llaman “las
confesiones de jeremías”, que son las quejas con las que éls e desahoga ante
Dios. Y hoy, en la primera lectura,
hemos escuchado uno de estos desgarros del alma, la quinta confesión de
Jeremías:
Oía la acusación de la gente:
«“Pavor-en-torno”,
delatadlo, vamos a delatarlo».
Mis amigos acechaban mi traspié:
«A ver si, engañado, lo sometemos
y podemos vengarnos de él».
Pero el Señor es mi fuerte defensor:
me persiguen, pero tropiezan impotentes.
Acabarán avergonzados de su fracaso,
con sonrojo eterno que no se olvidará. (Jn 20,10-13).
4. Jesús, que nos
confía a nosotros como discípulos llevar el reino de Dios al mundo por medio de
la predicación, nos anticipa que con nuestro mensaje va a estallar el
conflicto. ¿Cómo es posible si el mensaje que comunicamos es un mensaje de amor
y gracia? En el corazón humano late un misterio de maldad, y no es cuestión de
análisis, sino de confrontar hechos. No tengáis miedo a los que matan el
cuerpo, y no puede hacer nada más. Solo hay que etemer a quien puede aniquilar
cuerpo y alma.
Pero justamente ese es
nuestro Padre, y un padre verdadero no puede dañar a sus hijos. Jesús pone dos
comparacioenes ingenuas, llenas de ternura: la de los gorriones y la del
acabello que cae de nuestra cabeza. Unos gorriones que se cazan para venderlos
en el mercado por cuatro monedas; pues no cae ninguno de ellos a tierra, sin
que el Padre del cielo dé su consentimiento.
O un pelo de la cabeza
que se va arrastrado por el peine, porque ya la piel va envejeciendo. Entre
miles, ¿qué importa tener un cabello más o un cabello menos? No cae un pelo de
la cabeza sin que el Dios Creador de cielo y tierra dé un decreto de
consentimiento. Pues no comparemos
nosotros lo que vale nuestra vida con lo que vale un gorrión o un pelo de la
cabeza. No tengáis miedo, nos dice Jesús.
Quizás, hermanos, no lo
hemos pensado, pero una condición del cristiano es que sea valiente: libre y
valiente, tratándose de llevar el mensaje de Dios. Que esta seguridad y esta
fortaleza de Dios, esta alegría, audacia y valentía se nos meta dentro del
cuerpo.
5. Jesús en este
Evangelio prevé que sus discípulos se van a encontrar en situaciones límite,
tanto en ambientes judíos como en ambientes gentiles, y que el defender la fe
nos puede costar la vida. Esto lo
estamos viendo con vuestros ojos constantemente: que en tal sitio han quemado
una iglesia, han matado a tantos cristianos.
Y es lo que pasó en nuestra propia patria, por mucho que queramos o quieran
recolorear la memoria histórica. Quemaron absurdamente iglesias, destrozaron
imágenes, mataron a tantos y tantos por ser católicos.
Al terminara la II
Guerra Mundial, en buena hora se formó la Sociedad de las Naciones Unidas y en
junio de 1945 – estos días se cumplen 81 años - se firmó la Carta
constitucional de las Naciones Unidas. No más guerras, seamos de la religión
que sea. Veinte años después el Papa Pablo VI, hoy San Pablo VI, pudo visitar
las Naciones Unidas. Dijo que la Iglesia es “experta en humanidad”, y como
experto en humanidad pudo invocar la paz mirando o desde su fe el futuro, y
como creyente y testigo de Jesús pudo citar al profeta Isaías: De las espadas forjarán arados, | de las
lanzas, podaderas. | No alzará la espada pueblo contra pueblo, | no se
adiestrarán para la guerra (Is 2).
Hace unos días nos ha
visitado el Papa, a quien nosotros veneramos como sucesor de Pedro, que debe
confirmar en la fe a sus hermanos. Fue
invitado a hablar en el parlamento. Pudo hablar como experto en humanidad, como
representante de una familia humana de mil millones cuatrocientos mil católicos
que somos en el mundo. Sus palabras
sabias y concretas merecieron un aplauso prolongado de los políticos de más de
siete minutos, cosa que antes no había ocurrido. Pero, al mismo tiempo, como
discípulo de Jesucristo tuvo que dar testimonio de la vida que pertenece solo a
Dios, y decir en concreto: “Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada
desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su
existencia”, aunque en España el aborto, que llaman “interrupción voluntaria
del embarazo”, sea legal, reconocido como un derecho de la mujer, lo mismo que
la eutanasia.
Discurso memorable que
queda para la historia por ese humanismo que desarrolló, porque el cuidado de
toda persona humana es el centro y la base de todo el progreso humano, que todo
eso arranca de la fe. Somo un país jurídicamente no confesional, es verdad;
pero el Papa nos recordó cómo la grandeza de España está unida a la fe católica
que hemos vivido en nuestra historia y como el derecho internacional ad gentes
está fuertemente fundamentamentado en los maestros de las escuela de Salamanca.
Pero habrá puntos y
momentos que no nos comprendan y nuestro testimonio de estar preparado hasta el
martirio. No tengáis miedo, nos dice Jesús. Aprendamos de memoria estas
palabras: A quien se declare por mí ante
los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los
cielos.
Queridos hermanos: Ser
cristianos es la mayor gracia que se nos ha concedido. Seamos felices y seamos
valientes. Terminemos, pues, alzando la mirada a Jesús, Hijo de Dios y Redentor
del mundo:
Señor Jesús, gracia por la fe y la revelación de
Dios que me diste con el santo bautismo; haz que mi vida entera dé testimonio
de que tú eres el Hijo de Dios y el verdadero hermano de todos los hombres.
Amén.
Pamplona, sábado, 20
junio 2026.
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