2101
(1045) Corpus Christi 2026
El
Cuerpo y la Sangre de Cristo
Jn
6,61-68
Texto
51Yo
soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para
siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo». 52Disputaban los
judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?». 53Entonces Jesús les
dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre
y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. 54El que come mi carne
y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. 55Mi carne es
verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. 56El que come mi carne
y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. 57Como
el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo,
el que me come vivirá por mí. 58Este
es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo
comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
Hermanos:
1. Cuando termina la Pascua con la solemnidad
siguen, siguen tres solemnidades que tienen un resplandor especial: La
Santísima Trinidad, el Corpus Christi, llamada Solemnidad del Cuerpo y de la
sangre de Cristo, y el Sagrado Corazón.
Hoy es Corpus Christi, solemnidad de la
Eucaristía, solemnidad que tiene un encanto especial tradicionalmente celebrada
en Jueves y por razones laborales trasladada al Domingo, que es el encanto de
ser una fiesta totalmente gratuita, nacida del amor del pueblo cristiano a la
Santísima Eucaristía. Uno puede decir: El Jueves Santo ya es de pro sí la
fiesta de la Eucaristía. Es cierto. Pero el amor no tiene tope y el amor ha
inventado esta fiesta para festejar al Santísimo Sacramento con los más
variados recursos. El amor a la Eucaristía ha creado la adoración al Santísimo
Sacramento fuera de la Misa; el amor a la Eucaristía ha creado todo ese arte
maravillosos para los expositores o Custodias, obras de orfebrería que
sobresalen cual ningunas otras; el arte también de elaboración de los sagrarios
por dentro y adornados por fuera. El amor siempre quiere hacerse presente.
Y el Corpus Christi tiene además este signo
público de la procesión de este día: paseamos a Jesús por nuestras calles, con
la representación de los grupos e instituciones que forman la comunidad
cristiana, tantas veces con los niños y niñas que han hecho este año la Primera
comunión, los adornos y colgaduras en
las casas y los pétalos de flores que se arrojan como homenaje a Jesús que vive
entre nosotros.
Todo este contorno que ha creado la fiesta de
Corpus Christi tiene un eje y manantial: nuestra creencia de fe de que Jesús,
el Hijo de Dios, ascendido al cielo está presente en mediod e nosotros en el
Santísimo Sacramento del altar. La Encarnación no terminó con la breve vida
terrestre de Jesús. La Encarnación se perpetúa y llena el universo a través del
misterio de Jesús Sacramentado, presente en medio de nosotros.
Aquello que dijo Jesús al final de su vida, antes
de subir al cielo: Yo estaré con vosotros todos los días hasta el final de los
tiempos, tiene una realización del todo singular, en el Sacramento del Cuerpo y
de la Sangre de Cristo que celebramos.
No es un símbolo espiritual que nosotros hayamos
creado en alas del amor. Es la verdad que salta del Evangelio, y que de una
manera tan absolutamente real la acabamos de escuchar en el Evangelio de hoy.
3. Jesús en la Cena tomó el pan en sus manos,
bendijo a Dios, y dijo: Tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo. Y
lo mismo hizo, después de cenar con aquella copa sagrada: Tomad y bebed todos
de este cáliz, porque esto es mi sangre.
Las Iglesias nacidas de la Reforma protestante
dicen a sus fieles que esto era un símbolo, digno de todo respeto y amor, pero
no la realidad de una presencia que allí se da. Pero fijémonos, hermanos, con
qué realismo han hablado los apóstoles al celebrar estos misterios. San Pablo
dice a sus fieles de la Iglesia de Corinto: El
cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión de la sangre de Cristo? Y
el pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo? (1Cor 10,16-17).
Cuando nosotros nos acercamos a la Eucaristía nos
acercamos a la carne de Cristo, a la sangre de Cristo. Ciertamente que aquella
carne humana ya cumplió su recorrido. El Cuerpo y la sangre de Cristo, que
recibimos en la Comunión es el cuerpo y la sangre de un ser divino, que vive
para siempre en el cielo.
4. Hermanos, la Eucaristía, lo que conlleva
consigo es el misterio central de nuestra fe. La Eucaristía nos fue entregada
por Jesús como el misterio total de su vida. El cuerpo de Cristo en la
Eucaristía, según nos dijo Jesús en la Cena es el “cuerpo entregado”; no es
cuerpo estático, encapsulado, es un cuerpo en toda su actividad divina, un
cuerpo que estando en la gloria, lleva en sí, de una manera que decimos
misteriosa, sacramental, todos los misterio de su vida, lleva la historia de la
Encarnación, en especial la Pasión y Resurrección, que llamamos “el Misterio
pascual”.
Y de un modo igual, la sangre de Cristo, es
lasangre que se conserva en una ampolla de cristal, sino la “sangre derramada”;
la Sangre de Jesús es el martirio de Jesús por nuestra salvación y la del mundo entero, de ayer, de hoy, de
siempre. Es la sangre por el perdón de los pecados, nos dice el mismo Jesús.
4. El texto que hoy hemos escuchado bien podemos
considerarlo como la explicación de las palabras de la consagración. Jesús está presente en la Eucaristía, pero
¿cómo está allí? Para ala experiencia de la realidad física de esta tierra
donde vivimos, nada ha cambiado. Una hostia consagrada y una historia sin
consagrar son químicamente igual, sometidas al laboratorio. “Una persona
celíaca – dice la medicina - es alguien cuyo sistema inmunitario reacciona al
gluten, dañando el intestino delgado y afectando la absorción de nutrientes”. Y
una hostia, cuya harina viene del trigo, tiene el mismo gluten consagrada que
sin consagrar. Por eso a esta persona no se le puede dar. Y hay normas para
ello: o bien obleas con un mínimo de gluten o bien que el sacerdote le de un
sencillo sorbo del caliz consagrado.
Jesús nos explicó qué es la Eucaristía con palabras
tan misteriosas como estas: Como el Padre
que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me
come vivirá por mí. Es decir, la vida de Jesús, que es vida divina, se inyecta
en nosotros, para que nuestra vida sea la vida de Jesús Hijo de Dios. Y esto se hace no con un símbolo, sino con la
pura realidad de comer y beber: comer su carne, beber su sangre.
Para explicara la Eucaristía hemos ido a lo mejor
del pensamiento humano, a la Filosofía, y hemos usado la palabra
“transustanciación”. Pero seamos absolutamente conscientes de que no ha habido,
no hay, no puede haber una explicación que resuelva el misterio de fe, que es
la santísima Eucaristía.
Digamos sencillamente: la Eucaristía es el
misterio mismo de Jesús, que vive por los siglos en medio de nosotros. La
Eucaristía es el misterio gozoso y divino de mi vida.
La Eucaristía, hermanos, no hemo un acto de
devoción; es sin comparación más. Y tenemos el peligro de reducirlo a un acto
de devoción.
La Eucaristía no es un acto social. institucional,
un espectáculo, que puede ser un espectáculo grandioso, como cuando viene el
Papa a España. La Eucaristía, se celebre en una ermita, en una humile capillita
de una sencilla comunidad de religiosa. Es el misterio infinito del amor de
Dios a nosotros, a mí en particular. No nos perdamos, por nada del mundo, la
comunión de los domingos. No nos perdamos los raros de adoración al Santísimo
en la penunbra de una iglesia, aunque esté casi vacía. Dios está ahí por mi
amor.
Es Corpus Christi, una fiesta dedicada a esto. No
nos cansaríamos de hablar, pero es tiempo de concluir.
Señor
Jesús, por amor y agradecimiento danos un inmenso amor a la Eucaristía; que te
celebremos y recibamos muchas, muchísimas veces en la vida, y que a la hora de
mi muerte puede recibirte como abrazo final, como viático para el camino de la
eternidad, hasta que te encuentre cara a cara en el cielo.
Pamplona, sábado 6 de junio de 2026, venida del
Papa a España.
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