viernes, 19 de junio de 2026

2101 (1045) Corpus Christi 2026

 

2101 (1045) Corpus Christi 2026

 

El Cuerpo y la Sangre de Cristo

Jn 6,61-68

Texto

 51Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo». 52Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?». 53Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. 54El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. 55Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. 56El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. 57Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. 58Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

 

Hermanos:

1. Cuando termina la Pascua con la solemnidad siguen, siguen tres solemnidades que tienen un resplandor especial: La Santísima Trinidad, el Corpus Christi, llamada Solemnidad del Cuerpo y de la sangre de Cristo, y el Sagrado Corazón.

Hoy es Corpus Christi, solemnidad de la Eucaristía, solemnidad que tiene un encanto especial tradicionalmente celebrada en Jueves y por razones laborales trasladada al Domingo, que es el encanto de ser una fiesta totalmente gratuita, nacida del amor del pueblo cristiano a la Santísima Eucaristía. Uno puede decir: El Jueves Santo ya es de pro sí la fiesta de la Eucaristía. Es cierto. Pero el amor no tiene tope y el amor ha inventado esta fiesta para festejar al Santísimo Sacramento con los más variados recursos. El amor a la Eucaristía ha creado la adoración al Santísimo Sacramento fuera de la Misa; el amor a la Eucaristía ha creado todo ese arte maravillosos para los expositores o Custodias, obras de orfebrería que sobresalen cual ningunas otras; el arte también de elaboración de los sagrarios por dentro y adornados por fuera. El amor siempre quiere hacerse presente.

Y el Corpus Christi tiene además este signo público de la procesión de este día: paseamos a Jesús por nuestras calles, con la representación de los grupos e instituciones que forman la comunidad cristiana, tantas veces con los niños y niñas que han hecho este año la Primera comunión, los adornos y colgaduras  en las casas y los pétalos de flores que se arrojan como homenaje a Jesús que vive entre nosotros.

Todo este contorno que ha creado la fiesta de Corpus Christi tiene un eje y manantial: nuestra creencia de fe de que Jesús, el Hijo de Dios, ascendido al cielo está presente en mediod e nosotros en el Santísimo Sacramento del altar. La Encarnación no terminó con la breve vida terrestre de Jesús. La Encarnación se perpetúa y llena el universo a través del misterio de Jesús Sacramentado, presente en medio de nosotros.

Aquello que dijo Jesús al final de su vida, antes de subir al cielo: Yo estaré con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos, tiene una realización del todo singular, en el Sacramento del Cuerpo y de la Sangre de Cristo que celebramos.

No es un símbolo espiritual que nosotros hayamos creado en alas del amor. Es la verdad que salta del Evangelio, y que de una manera tan absolutamente real la acabamos de escuchar en el Evangelio de hoy.

 

 

3. Jesús en la Cena tomó el pan en sus manos, bendijo a Dios, y dijo: Tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo. Y lo mismo hizo, después de cenar con aquella copa sagrada: Tomad y bebed todos de este cáliz, porque esto es mi sangre.

Las Iglesias nacidas de la Reforma protestante dicen a sus fieles que esto era un símbolo, digno de todo respeto y amor, pero no la realidad de una presencia que allí se da. Pero fijémonos, hermanos, con qué realismo han hablado los apóstoles al celebrar estos misterios. San Pablo dice a sus fieles de la Iglesia de Corinto: El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo? (1Cor 10,16-17).

Cuando nosotros nos acercamos a la Eucaristía nos acercamos a la carne de Cristo, a la sangre de Cristo. Ciertamente que aquella carne humana ya cumplió su recorrido. El Cuerpo y la sangre de Cristo, que recibimos en la Comunión es el cuerpo y la sangre de un ser divino, que vive para siempre en el cielo.

 

4. Hermanos, la Eucaristía, lo que conlleva consigo es el misterio central de nuestra fe. La Eucaristía nos fue entregada por Jesús como el misterio total de su vida. El cuerpo de Cristo en la Eucaristía, según nos dijo Jesús en la Cena es el “cuerpo entregado”; no es cuerpo estático, encapsulado, es un cuerpo en toda su actividad divina, un cuerpo que estando en la gloria, lleva en sí, de una manera que decimos misteriosa, sacramental, todos los misterio de su vida, lleva la historia de la Encarnación, en especial la Pasión y Resurrección, que llamamos “el Misterio pascual”.

Y de un modo igual, la sangre de Cristo, es lasangre que se conserva en una ampolla de cristal, sino la “sangre derramada”; la Sangre de Jesús es el martirio de Jesús por nuestra salvación y  la del mundo entero, de ayer, de hoy, de siempre. Es la sangre por el perdón de los pecados, nos dice el mismo Jesús.

 

4. El texto que hoy hemos escuchado bien podemos considerarlo como la explicación de las palabras de la consagración.  Jesús está presente en la Eucaristía, pero ¿cómo está allí? Para ala experiencia de la realidad física de esta tierra donde vivimos, nada ha cambiado. Una hostia consagrada y una historia sin consagrar son químicamente igual, sometidas al laboratorio. “Una persona celíaca – dice la medicina - es alguien cuyo sistema inmunitario reacciona al gluten, dañando el intestino delgado y afectando la absorción de nutrientes”. Y una hostia, cuya harina viene del trigo, tiene el mismo gluten consagrada que sin consagrar. Por eso a esta persona no se le puede dar. Y hay normas para ello: o bien obleas con un mínimo de gluten o bien que el sacerdote le de un sencillo sorbo del caliz consagrado.

Jesús nos explicó qué es la Eucaristía con palabras tan misteriosas como estas: Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Es decir, la vida de Jesús, que es vida divina, se inyecta en nosotros, para que nuestra vida sea la vida de Jesús Hijo de Dios.  Y esto se hace no con un símbolo, sino con la pura realidad de comer y beber: comer su carne, beber su sangre.

Para explicara la Eucaristía hemos ido a lo mejor del pensamiento humano, a la Filosofía, y hemos usado la palabra “transustanciación”. Pero seamos absolutamente conscientes de que no ha habido, no hay, no puede haber una explicación que resuelva el misterio de fe, que es la santísima Eucaristía.

Digamos sencillamente: la Eucaristía es el misterio mismo de Jesús, que vive por los siglos en medio de nosotros. La Eucaristía es el misterio gozoso y divino de mi vida.

 

La Eucaristía, hermanos, no hemo un acto de devoción; es sin comparación más. Y tenemos el peligro de reducirlo a un acto de devoción.

La Eucaristía no es un acto social. institucional, un espectáculo, que puede ser un espectáculo grandioso, como cuando viene el Papa a España. La Eucaristía, se celebre en una ermita, en una humile capillita de una sencilla comunidad de religiosa. Es el misterio infinito del amor de Dios a nosotros, a mí en particular. No nos perdamos, por nada del mundo, la comunión de los domingos. No nos perdamos los raros de adoración al Santísimo en la penunbra de una iglesia, aunque esté casi vacía. Dios está ahí por mi amor.

Es Corpus Christi, una fiesta dedicada a esto. No nos cansaríamos de hablar, pero es tiempo de concluir.

 

Señor Jesús, por amor y agradecimiento danos un inmenso amor a la Eucaristía; que te celebremos y recibamos muchas, muchísimas veces en la vida, y que a la hora de mi muerte puede recibirte como abrazo final, como viático para el camino de la eternidad, hasta que te encuentre cara a cara en el cielo.

 

Pamplona, sábado 6 de junio de 2026, venida del Papa a España.

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