viernes, 19 de junio de 2026

2102 (1046) La mies es abundante

 

2102 (1046) La mies es abundante

 

La mies es abundante

Mt 9,36-10,8

Texto

 36Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». 37Entonces dice a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; 38rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».

10 1Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia. 2Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; 3Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; 4Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó. 5A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, 6sino id a las ovejas descarriadas de Israel. 7Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. 8Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis.

 

 

Hermanos:

1. Acabamos de pasar las tres fiestas grades que siguen a Pentecostés: Sma. Trinidad, Corpus Christi, Sagrado Corazón de Jesús. Esta última fue el viernes pasado, cuando todavía el Papa estaba en España, penúltimo día de su vida, en medio de esas maravillas que hemos presenciado y que luego quisiera comentar.  Ese día del Corazón de Jesús el Papa envió un mensaje a todos los sacerdotes del mundo, como hizo el año pasado, al mes siguiente de haber sido elegido. En la fiesta del Corazón de Jesús se celebra la Jornada por la santificación sacerdotal. Y el mensaje que envió el Papa empezaba así: “En el día en el que la Iglesia contempla el Corazón traspasado de su Señor, del que brota una fuente inagotable de paz y unidad para todo el género humano, dirijo sobre todo a mí mismo y a todos ustedes las palabras que Dios dirigió al pueblo de Israel: «Sean santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo» (Lv 19,2; cf. 1 P 1,16)”.

Fíjense cómo comenzaba: Este mensaje va para mí, el primero: ser santo es más importante que ser Papa.

 

2. Después de estas tres fiestas que he mencionado siguen los domingos normales, y continuamos leyendo, página tras página el santo Evangelio . Este año nos toca el Evangelio de san Mateo, y el texto proclamado hoy comienza con esta frase: La mies es mucha. Los exegetas, es decir los analistas y expositores de la Biblia para explicarla en clase a los alumnos, dicen que esta es una de las frases más optimistas que Jesús ha pronunciado.

Él ha visto el mundo como un trigal ya maduro para la siega y ñla cosecha. La mies es mucha; la mies es tanta que los obreros son pocos para recoger tanta cosecha para ofrecerla al dueño de la mies, que es Dios.

Se nos ocurre pensar que esto mismo ha podido decir el Papa al final de su visita: La mies es abundante en España. Allí por donde ha pasado hemos visto las multitudes que se le han acercado con inmensa alegría y entusiasmo. Hay que pedir al dueño de la mies, al Dios del cielo, que envíe muchos trabajadores para recoger tanta mies.

Increíble aquel aplauso que le dieron al Papa en el Congreso todos los que le oyeron su magnífico discurso, diputadores y senadores e invitados, puestos en pie aplaudiendo y aplaudiendo siete minutos largos, hasta que el Papa hizo señal de que ya valía. ¿Esa es la España real o la España imaginaria? Esa es la España real, la España que sale a flote cuando le dejamos al corazón que hable.

 

3.  Esta escena de “La mies es mucha” es la introducción de lo que viene ahora: el primer envío de los apóstoles. Primero les envía a las ovejas descarriadas de la casa de Israel. “A  las ovejas descarriadas de Israel”, que fue su campo de actuación. Jesús no pudo ir a los paganos, como irá san Pablo. Pero Jesús luego les enviará al mundo entero. El Evangelio siempre hermoso e inagotable nos da para pensar y pensar, sin nunca acabar. Vamos a detenernos en la consigna de la misión que Jesús les encomienda. Dice el texto sagrado:

Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis.

Esta es la misión que tienen la Iglesia en el mundo: anunciar el reino de Dios. Anunciar que Dios es el eje y centro del mundo, que Dios tiene su reinado entre nosotros, y que quiere divinizar toda la vida. No  hay mejor humanismo que el que pone a Dios en el centro, porque el hombre nunca es más hombre que cuando pone a Dios como referencia de todas sus actividades.

 

4. Mirad, hermanos, ahora después de la visita del Papa los comentaristas se han preguntado: El Papa ha hablado de muchas cosas, de la familia, de los pobres, de los emigrantes, de la dignidad de la persona humana; les ha hablado a los políticos, a los hombres de la ciencia y de la cultura, a los deportistas… Entre tantas y tantas palabra, ¿hay una frase en la que podamos resumir todo? Sí, es esta: ¿Cuál es la sociedad que queremos construir y cómo la queremos construir? Sí, la sociedad que queremos construir es la sociedad en la cual la dignidad de toda persona humana esté en el centro de todos nuestros proyectos.

Como bien sabéis el Papa ha escrito su primera encíclica, fechada en el mes de mayo en torno a la Inteligencia Artificial, que es el mayo descubrimiento de la era en que nos encontramos, Mafífica Humanidad. Pero el tema de esta encíclica no es lo de la Inteligencia Artificial, sino “El cuidado de la persona humana en la Inteligencia Artificial”.

La dignidad de la persona humana, de toda persona humana, viene del hecho de que Dios la ha creado. En medio de la sociedad hay que poner a Dios y a la persona. A los presos en la cárcel les ha dicho: Dios te ama como eres, pero sueña con que seas mejor. ¿O sea que a un asesino Dios lo ama? Sí, te ama aun siendo asesino, pero Dios quiere que seas otra cosa distinta.

 

5. Jesús manda a los apóstoles que anuncien el reino de Dios. Dios reina a través de las buenas obras, y el reino del diablo es el mal, la trampa, la mentira, la corrupción. Las obras del reino de Dios son las contrarias: la misericordia, la bondad, la compasión, la acogida, todo lo que puede hacer crecer lo mejor de nosotros mismos que llevamos dentro.

Pero fijémonos bien cómo completa Jesús el mandato. Les dice cuatro cosas: Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios.

El Evangelio se predica con palabras y se testifica con hechos. Hay que curar a los enfermos; hay que resucitar a los que están muertos en la vida, porque han perdido toda esperanza; hay que limpiar a los leprosos, a todos los que están sucios de maldades y pecados; hay que arrojar los demonios que quieren entrar y hacerse dueños de la situación.

Hay milagros visible e incluso aparatoso; pero hay otros milagros silenciosos, que no son menos milagros. Un milagro es un hecho en el cual vemos claramente la mano de Dios, la obra de Dios. Y, si tenemos ojos para ver, acaso veamos que mi propia vida ha sido un milagro de Dios. Jesús nos dijo que era Dios el que vestía a las flores, más hermosas que todos los ropajes de Salomón.  Y ¿no soy capaz de ver a Dios que cuida y hermosea mi vida? ¿Y veré a Dios que está haciendo milagros a través de las obras de caridad de tantísimos hombre y mujeres que sin ningún interés humano dedican su vida a cuidar a los más desprotegidos y vulnerables? Mi Padre obra, nos dijo Jesús, y yo sigo obrando. Toda al vida de Jesús fue un milagro de amor, y lo mismo debe ser la nuestra.

 

6. Volviendo a las palabras que hemos leído, un lector del Evangelio podría acaso decir: Esto lo dijo Jesús a los apóstoles, pero aquello pasó y nosotros no somos  apóstoles. Es cierto, pero también es cierto que estos poderes divinos Jesús los ha dado a toda su Iglesia, y nosotros, queridos hermanos, somos Iglesia santa de Jesús. Leamos el Evangelio hasta el final y escuchemos estas palabras He aquí las últimas palabras en el Evangelio de san Marcos:

5Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. 16El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado. 17A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, 18cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos». Ya veis, hermanos, donde está Jesús están los milagros de Jesús. Y Jesús hace milagros y maravillas lo mismo por los que predican y anuncia que por los que reciben y creen.

 

Todo esto que estamos escuchando es maravilloso, pero ahora viene el remate y la corona, la última frase de Jesús: Gratis habéis recibido, dad gratis.

Eso es lo más bonito de la vida. El amor, hermanos, no tiene precio. Si me arreglan el motor que se me ha estropeado, yo tengo que pagar la factura. Una caricia a un enfermo, a un niño, a una niña que lo necesita no se paga con ningún otro del mundo. Y es lo que nosotros, como cristianos, como Iglesia, debemos hacer: amar gratuitamente. O, si queréis, más claro: amar del todo, amar gratis, amar para siempre.

Concluyamos con nuestra oración:

 

Señor Jesús, tú nos has traído y regalado el reino de Dios. Haz que lo comprendamos, que lo apreciemos de corazón y que lo compartamos con el mundo entero con nuestras palabras y nuestras obras.

Pamplona, sábado 13 junio 2026 (San Antonio de Padua).

 

 

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