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(1046) La mies es abundante
La
mies es abundante
Mt
9,36-10,8
Texto
36Al ver a las
muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas,
«como ovejas que no tienen pastor». 37Entonces dice
a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; 38rogad, pues,
al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».
10 1Llamó a sus doce discípulos y les dio
autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda
dolencia. 2Estos son los nombres de los doce
apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el
de Zebedeo, y Juan, su hermano; 3Felipe y
Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; 4Simón el de
Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó. 5A estos doce
los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayáis a tierra de paganos ni
entréis en las ciudades de Samaría, 6sino id a las ovejas descarriadas de Israel. 7Id y
proclamad que ha llegado el reino de los cielos. 8Curad
enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis.
Hermanos:
1. Acabamos de pasar las tres fiestas grades que
siguen a Pentecostés: Sma. Trinidad, Corpus Christi, Sagrado Corazón de Jesús.
Esta última fue el viernes pasado, cuando todavía el Papa estaba en España,
penúltimo día de su vida, en medio de esas maravillas que hemos presenciado y
que luego quisiera comentar. Ese día del
Corazón de Jesús el Papa envió un mensaje a todos los sacerdotes del mundo,
como hizo el año pasado, al mes siguiente de haber sido elegido. En la fiesta
del Corazón de Jesús se celebra la Jornada por la santificación sacerdotal. Y
el mensaje que envió el Papa empezaba así: “En el día en el que la Iglesia
contempla el Corazón traspasado de su Señor, del que brota una fuente
inagotable de paz y unidad para todo el género humano, dirijo sobre todo a mí
mismo y a todos ustedes las palabras que Dios dirigió al pueblo de Israel:
«Sean santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo» (Lv 19,2; cf. 1 P 1,16)”.
Fíjense cómo comenzaba: Este mensaje va para mí,
el primero: ser santo es más importante que ser Papa.
2. Después de estas tres fiestas que he mencionado
siguen los domingos normales, y continuamos leyendo, página tras página el
santo Evangelio . Este año nos toca el Evangelio de san Mateo, y el texto
proclamado hoy comienza con esta frase: La
mies es mucha. Los exegetas, es decir los analistas y expositores de la Biblia
para explicarla en clase a los alumnos, dicen que esta es una de las frases más
optimistas que Jesús ha pronunciado.
Él ha visto el mundo como un trigal ya maduro para
la siega y ñla cosecha. La mies es mucha; la mies es tanta que los obreros son
pocos para recoger tanta cosecha para ofrecerla al dueño de la mies, que es
Dios.
Se nos ocurre pensar que esto mismo ha podido
decir el Papa al final de su visita: La mies es abundante en España. Allí por
donde ha pasado hemos visto las multitudes que se le han acercado con inmensa
alegría y entusiasmo. Hay que pedir al dueño de la mies, al Dios del cielo, que
envíe muchos trabajadores para recoger tanta mies.
Increíble aquel aplauso que le dieron al Papa en
el Congreso todos los que le oyeron su magnífico discurso, diputadores y
senadores e invitados, puestos en pie aplaudiendo y aplaudiendo siete minutos
largos, hasta que el Papa hizo señal de que ya valía. ¿Esa es la España real o
la España imaginaria? Esa es la España real, la España que sale a flote cuando
le dejamos al corazón que hable.
3. Esta
escena de “La mies es mucha” es la introducción de lo que viene ahora: el
primer envío de los apóstoles. Primero les envía a las ovejas descarriadas de
la casa de Israel. “A las ovejas
descarriadas de Israel”, que fue su campo de actuación. Jesús no pudo ir a los
paganos, como irá san Pablo. Pero Jesús luego les enviará al mundo entero. El
Evangelio siempre hermoso e inagotable nos da para pensar y pensar, sin nunca
acabar. Vamos a detenernos en la consigna de la misión que Jesús les
encomienda. Dice el texto sagrado:
Id y
proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad
muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis.
Esta es la misión que tienen la Iglesia en el
mundo: anunciar el reino de Dios. Anunciar que Dios es el eje y centro del
mundo, que Dios tiene su reinado entre nosotros, y que quiere divinizar toda la
vida. No hay mejor humanismo que el que
pone a Dios en el centro, porque el hombre nunca es más hombre que cuando pone
a Dios como referencia de todas sus actividades.
4. Mirad, hermanos, ahora después de la visita del
Papa los comentaristas se han preguntado: El Papa ha hablado de muchas cosas,
de la familia, de los pobres, de los emigrantes, de la dignidad de la persona
humana; les ha hablado a los políticos, a los hombres de la ciencia y de la
cultura, a los deportistas… Entre tantas y tantas palabra, ¿hay una frase en la
que podamos resumir todo? Sí, es esta: ¿Cuál es la sociedad que queremos
construir y cómo la queremos construir? Sí, la sociedad que queremos construir
es la sociedad en la cual la dignidad de toda persona humana esté en el centro
de todos nuestros proyectos.
Como bien sabéis el Papa ha escrito su primera
encíclica, fechada en el mes de mayo en torno a la Inteligencia Artificial, que
es el mayo descubrimiento de la era en que nos encontramos, Mafífica Humanidad.
Pero el tema de esta encíclica no es lo de la Inteligencia Artificial, sino “El
cuidado de la persona humana en la Inteligencia Artificial”.
La dignidad de la persona humana, de toda persona
humana, viene del hecho de que Dios la ha creado. En medio de la sociedad hay
que poner a Dios y a la persona. A los presos en la cárcel les ha dicho: Dios te ama como eres, pero sueña con que
seas mejor. ¿O sea que a un asesino Dios lo ama? Sí, te ama aun siendo
asesino, pero Dios quiere que seas otra cosa distinta.
5. Jesús manda a los apóstoles que anuncien el
reino de Dios. Dios reina a través de las buenas obras, y el reino del diablo
es el mal, la trampa, la mentira, la corrupción. Las obras del reino de Dios
son las contrarias: la misericordia, la bondad, la compasión, la acogida, todo
lo que puede hacer crecer lo mejor de nosotros mismos que llevamos dentro.
Pero fijémonos bien cómo completa Jesús el
mandato. Les dice cuatro cosas: Curad
enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios.
El Evangelio se predica con palabras y se testifica
con hechos. Hay que curar a los enfermos; hay que resucitar a los que están
muertos en la vida, porque han perdido toda esperanza; hay que limpiar a los
leprosos, a todos los que están sucios de maldades y pecados; hay que arrojar
los demonios que quieren entrar y hacerse dueños de la situación.
Hay milagros visible e incluso aparatoso; pero hay
otros milagros silenciosos, que no son menos milagros. Un milagro es un hecho
en el cual vemos claramente la mano de Dios, la obra de Dios. Y, si tenemos ojos
para ver, acaso veamos que mi propia vida ha sido un milagro de Dios. Jesús nos
dijo que era Dios el que vestía a las flores, más hermosas que todos los
ropajes de Salomón. Y ¿no soy capaz de
ver a Dios que cuida y hermosea mi vida? ¿Y veré a Dios que está haciendo
milagros a través de las obras de caridad de tantísimos hombre y mujeres que
sin ningún interés humano dedican su vida a cuidar a los más desprotegidos y
vulnerables? Mi Padre obra, nos dijo Jesús, y yo sigo obrando. Toda al vida de
Jesús fue un milagro de amor, y lo mismo debe ser la nuestra.
6. Volviendo a las palabras que hemos leído, un
lector del Evangelio podría acaso decir: Esto lo dijo Jesús a los apóstoles,
pero aquello pasó y nosotros no somos apóstoles.
Es cierto, pero también es cierto que estos poderes divinos Jesús los ha dado a
toda su Iglesia, y nosotros, queridos hermanos, somos Iglesia santa de Jesús.
Leamos el Evangelio hasta el final y escuchemos estas palabras He aquí las
últimas palabras en el Evangelio de san Marcos:
5Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el
Evangelio a toda la creación. 16El que crea y sea bautizado se salvará; el que
no crea será condenado. 17A los que crean, les acompañarán estos signos:
echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, 18cogerán serpientes en sus manos y, si beben un
veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán
sanos». Ya veis, hermanos, donde está Jesús están los
milagros de Jesús. Y Jesús hace milagros y maravillas lo mismo por los que
predican y anuncia que por los que reciben y creen.
Todo esto que estamos
escuchando es maravilloso, pero ahora viene el remate y la corona, la última
frase de Jesús: Gratis habéis recibido, dad gratis.
Eso es lo más bonito de
la vida. El amor, hermanos, no tiene precio. Si me arreglan el motor que se me
ha estropeado, yo tengo que pagar la factura. Una caricia a un enfermo, a un
niño, a una niña que lo necesita no se paga con ningún otro del mundo. Y es lo
que nosotros, como cristianos, como Iglesia, debemos hacer: amar gratuitamente.
O, si queréis, más claro: amar del todo, amar gratis, amar para siempre.
Concluyamos con nuestra
oración:
Señor Jesús, tú nos has traído y regalado el reino
de Dios. Haz que lo comprendamos, que lo apreciemos de corazón y que lo
compartamos con el mundo entero con nuestras palabras y nuestras obras.
Pamplona, sábado 13
junio 2026 (San Antonio de Padua).
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