viernes, 19 de junio de 2026

2098 (1042) Domingo de la Ascensión del Señor

 

2098 (1042) Domingo de la Ascensión del Señor

 

Domingo de la Ascensión del Señor

Mt 28,16-20

Texto

 Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

Hermanos:

1. Este Domingo la Iglesia, en estas latitudes en que vivimos, celebra gozosamente la Ascensión, que en el Calendario general de la  Iglesia está puesta el jueves anterior, a los 40 días de ala Resurrección, como dice el texto bíblico de la primera lectura. De niños aprendimos aquel versito que decía: Tres Jueves hay en el año / que relucen más que el sol: / Jueves Santo, Corpus Christi / y el Día de la Ascensión.

La Ascensión de Jesús es esa última aparición de Jesús, con la que se cierra su presencia visible en medio de nosotros. Acabamos de escuchar las últimas palabras del Evangelio de san Mateo, que son dos: un mandato y una promesa.

El mandato es que hagamos discípulos a todos los pueblos, y la promesa es que él va a estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Lo vamos a meditar, porque no hay cosa más bella y tranquilizadora que Jesús nos haya podido decir.

 

2. Pero también es bueno abrir otras páginas de la Sagrada Escritura y ver cómo los autores sagrados nos han transmitido este último momento. San Lucas termina su Evangelio con esas apalabras: “Y los sacó hasta cerca de Betania y, levantando sus manos, los bendijo. Y mientras los bendecía, se separó de ellos, y fue llevado hacia el cielo. Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios” (Lc 24, 50-53). Luego escribió la historia primerísima de la Iglesia, los Hechos de los Apóstoles, cuyo inicio se ha tomado como primera lectura de hoy.

“…Una vez que comían juntos, les ordenó que no se alejaran de Jerusalén, sino «aguardad que se cumpla la promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar, 5porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días».

Continúa el texto sagrado:

“… recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta el confín de la tierra». Dicho esto, a la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo». Entonces se volvieron a Jerusalén, desde el monte que llaman de los Olivos, que dista de Jerusalén lo que se permite caminar en sábado” (Hech 1,4-5.8-12).

 

3. Hermanos, Jesús ha marchado al cielo y los apóstoles se han quedado mirando al cielo. Hablando de estas cosas a mediados de mayo, no me resisto a atrae a esta homilía la canción que se ha preparado para la visita del Papa.

“Alzo la mirada, mis ojos en Jesús

Alzo la mirada clavada en la Cruz

Cuando miro al cielo todo es nuevo con su luz

Alzo la mirada. Alzo la mirada. Alzo la mirada.

1ª No estoy hecho para mirar al suelo

    Al mirarte sé por qué nací

    Me creaste para mirar al cielo.

    Estoy inquieto hasta que no descanse en ti.

El Señor es mi fuerza y mi esperanza.

    No vacilaré -    Alzo la mirada-

    Él es la Roca de la salvación.

    En Él confío y no tiemblo”.

Y en esta canción se incluyen, se intercalan, luego luego tres peticiones cantadas:

“Por los que buscan la paz y la libertad. Para que encuentren en tus ojos donde descansar.

Por los que cruzan el mar buscando un hogar.    Para que vean más allá de la tempestad.

Por los que buscan la  paz y la libertad. Para que encuentren en tus ojos donde descasar”.

Imaginad qué espectáculo escuchar esta canción cantada por miles y miles de jóvenes, y por una concentración de acaso medio millón o un millón de participantes.

La canción ya ha corrido por Internet, y se puede escuchar con muchísima emoción.

 

4. Jesús, pues, ha subido al cielo, ha terminado su carrera en la tierra; ha estado con nosotros y ha sufrido cuanto se puede sufrir; ha sido rechazado por su propio pueblo; ha sido condenado al peor suplicio que entonces existía, clavado en la cruz, desnudo.  Pero Dios, su Padre lo ha resucitado, y le ha dado el premio infinito de su propia Gloria. Son cosas que no se pueden decir, pero que de alguna manera tenemos que expresarlas. Los primeros cristianos crearon Himnos, que proclamaban en la liturgia. San Pablo nos transmite hoy una muestra, y nos habla de lo que Dios hizo con su Hijo: cómo actuó

la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, poder, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no solo en este mundo, sino en el futuro. Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia, como Cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que llena todo en todos” (Ef 1,19-23).

 

5. Ese Jesús que se ha ido al cielo nos ha mandado a sus discípulos que salgamos al mundo y que hagamos discípulos a todos los pueblos. ¿Cómo? Juntando dos cosas:

. bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,

-       Y enseñándoles a guardar todo lo que él nos ha enseñado.

Las dos cosas son esenciales. Un cristiano que no sepa y practique lo que Jesús nos ha enseñado, aunque haya sido bautizado, no es un cristiano auténtico, de verdad. Sería un cristiano de nombre nada más.

Pero, además, y esto es lo más importante nos ha dado en firme una promesa: Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos.  Pase lo que pase, Él está presente, y nos va a atender en todas nuestras dificultades.

Un experto me puede decir: No son los mejores tiempos los que estamos viviendo; el ambiente que vivimos no es el más favorable, Yo, humilde cristiano, le puedo responder: No, hermano, no; estás mirando con una mirada corta, estás juzgando desde la sabiduría humana, pero hay otra cosa superior: Jesús está presente, él ve, él conoce, él actúa; él, por nuestro medio, hará lo que quiera hacer con las personas, del modo y en el tiempo que él quiera. La esencia de la vida de la Iglesia es la presencia de Jesús.

Si creemos esto, el panorama cambia completamente. Pues esta es nuestra fe, hermanos. Hermoso día de la Ascensión para saber y proclamar estas verdades, para disfrutarlas y consagra todo nuestro ser, nuestra disponibilidad a cumplir la misión que Jesús nos ha encomendado.

Señor Jesús, nos alegramos con toda tu comunidad santa, que es la Iglesia, la celebración el misterio de tu Resurrección y Ascensión a los cielos, y te pedimos con humildad y con fe que cumplamos con entusiasmo la misión que nos ahs encomendado. Amén.

 

Pamplona, viernes 15 de mayo de 2026.

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