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(1042) Domingo de la Ascensión del Señor
Domingo
de la Ascensión del Señor
Mt
28,16-20
Texto
Los
once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al
verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. Acercándose a ellos, Jesús les
dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced
discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo
y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el
final de los tiempos».
Hermanos:
1. Este Domingo la Iglesia, en estas latitudes en
que vivimos, celebra gozosamente la Ascensión, que en el Calendario general de
la Iglesia está puesta el jueves
anterior, a los 40 días de ala Resurrección, como dice el texto bíblico de la
primera lectura. De niños aprendimos aquel versito que decía: Tres Jueves hay
en el año / que relucen más que el sol: / Jueves Santo, Corpus Christi / y el
Día de la Ascensión.
La Ascensión de Jesús es esa última aparición de
Jesús, con la que se cierra su presencia visible en medio de nosotros. Acabamos
de escuchar las últimas palabras del Evangelio de san Mateo, que son dos: un
mandato y una promesa.
El mandato es que hagamos discípulos a todos los
pueblos, y la promesa es que él va a estar con nosotros todos los días hasta el
fin del mundo.
Lo vamos a meditar, porque no hay cosa más bella y
tranquilizadora que Jesús nos haya podido decir.
2. Pero también es bueno abrir otras páginas de la
Sagrada Escritura y ver cómo los autores sagrados nos han transmitido este
último momento. San Lucas termina su Evangelio con esas apalabras: “Y los sacó
hasta cerca de Betania y, levantando sus manos, los bendijo. Y mientras los
bendecía, se separó de ellos, y fue llevado hacia el cielo. Ellos se postraron
ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el
templo bendiciendo a Dios” (Lc 24, 50-53). Luego escribió la historia
primerísima de la Iglesia, los Hechos de los Apóstoles, cuyo inicio se ha
tomado como primera lectura de hoy.
“…Una vez que comían juntos, les ordenó que no se alejaran
de Jerusalén, sino «aguardad que se cumpla la promesa del Padre, de la que me
habéis oído hablar, 5porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis
bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días».
Continúa el texto sagrado:
“… recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que
va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y
Samaría y hasta el confín de la tierra». Dicho esto, a la
vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la
vista. Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando, se les
presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Galileos,
¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado
de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al
cielo». Entonces se volvieron a Jerusalén,
desde el monte que llaman de los Olivos, que dista de Jerusalén lo que se
permite caminar en sábado” (Hech 1,4-5.8-12).
3. Hermanos, Jesús ha marchado al cielo y los
apóstoles se han quedado mirando al cielo. Hablando de estas cosas a mediados
de mayo, no me resisto a atrae a esta homilía la canción que se ha preparado
para la visita del Papa.
“Alzo la mirada, mis ojos en Jesús
Alzo la mirada clavada en la Cruz
Cuando miro al cielo todo es nuevo con su luz
Alzo la mirada. Alzo la mirada. Alzo la mirada.
1ª No estoy hecho para mirar al suelo
Al
mirarte sé por qué nací
Me
creaste para mirar al cielo.
Estoy
inquieto hasta que no descanse en ti.
2ª El Señor
es mi fuerza y mi esperanza.
No
vacilaré - Alzo la mirada-
Él es la
Roca de la salvación.
En Él
confío y no tiemblo”.
Y en esta canción se incluyen, se intercalan,
luego luego tres peticiones cantadas:
“Por los que buscan la paz y la libertad. Para que
encuentren en tus ojos donde descansar.
Por los que cruzan el mar buscando un hogar. Para que vean más allá de la tempestad.
Por los que buscan la paz y la libertad. Para que encuentren en tus
ojos donde descasar”.
Imaginad qué espectáculo escuchar esta canción cantada
por miles y miles de jóvenes, y por una concentración de acaso medio millón o
un millón de participantes.
La canción ya ha corrido por Internet, y se puede
escuchar con muchísima emoción.
4. Jesús, pues, ha subido al cielo, ha terminado
su carrera en la tierra; ha estado con nosotros y ha sufrido cuanto se puede
sufrir; ha sido rechazado por su propio pueblo; ha sido condenado al peor
suplicio que entonces existía, clavado en la cruz, desnudo. Pero Dios, su Padre lo ha resucitado, y le ha
dado el premio infinito de su propia Gloria. Son cosas que no se pueden decir,
pero que de alguna manera tenemos que expresarlas. Los primeros cristianos
crearon Himnos, que proclamaban en la liturgia. San Pablo nos transmite hoy una
muestra, y nos habla de lo que Dios hizo con su Hijo: cómo actuó
“la eficacia
de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los
muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado,
poder, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no solo en
este mundo, sino en el futuro. Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la
Iglesia, como Cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que llena
todo en todos” (Ef 1,19-23).
5. Ese Jesús que se ha ido al cielo nos ha mandado
a sus discípulos que salgamos al mundo y que hagamos discípulos a todos los
pueblos. ¿Cómo? Juntando dos cosas:
. bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo
y del Espíritu Santo,
-
Y enseñándoles a guardar todo lo que él nos ha
enseñado.
Las dos cosas son esenciales. Un cristiano que no
sepa y practique lo que Jesús nos ha enseñado, aunque haya sido bautizado, no
es un cristiano auténtico, de verdad. Sería un cristiano de nombre nada más.
Pero, además, y esto es lo más importante nos ha
dado en firme una promesa: Y sabed que yo
estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos. Pase lo que pase, Él está presente, y nos va a
atender en todas nuestras dificultades.
Un experto me puede decir: No son los mejores
tiempos los que estamos viviendo; el ambiente que vivimos no es el más
favorable, Yo, humilde cristiano, le puedo responder: No, hermano, no; estás
mirando con una mirada corta, estás juzgando desde la sabiduría humana, pero
hay otra cosa superior: Jesús está presente, él ve, él conoce, él actúa; él,
por nuestro medio, hará lo que quiera hacer con las personas, del modo y en el
tiempo que él quiera. La esencia de la vida de la Iglesia es la presencia de
Jesús.
Si creemos esto, el panorama cambia completamente.
Pues esta es nuestra fe, hermanos. Hermoso día de la Ascensión para saber y
proclamar estas verdades, para disfrutarlas y consagra todo nuestro ser,
nuestra disponibilidad a cumplir la misión que Jesús nos ha encomendado.
Señor
Jesús, nos alegramos con toda tu comunidad santa, que es la Iglesia, la
celebración el misterio de tu Resurrección y Ascensión a los cielos, y te
pedimos con humildad y con fe que cumplamos con entusiasmo la misión que nos
ahs encomendado. Amén.
Pamplona, viernes 15 de mayo de 2026.
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