Lágrimas de Nochebuena
Anoche, la Nochebuena, me tocó celebrar la Eucaristía con solo cuatro hermanas: Vicky, Chayito, Mary y Eva ( es decir, la Madre Virginia, digna Superiora de esta Casa de formación, la Madre Rosario , responsable del Área Espiritual, la Secretaria y la Directora de Estudios); los hermanos habían ido a sus ministerios correspondientes y el Curso formal de tiempo atrás estaba vacante. Y luego cenamos juntos. Antes habíamos hecho “la arrulladita del Niño”.
Estoy contando lo que puede pasar en cualquier comunidad de Pobres Capuchinas.
Y no preparé la homilía. Les dije simplemente después de escuchar a Isaías, a Pablo y el Evangelio de san Lucas, que la Gracias de Nochebuena eran pura y simplemente las Lágrimas de Nochebuena. Quiera el Señor concederlas, ahora que la vida, que ido muy arriba (más cerca de los noventa que de los ochenta) me está diciendo que la Navidad definitiva está más cerca.
El Salmo de Navidad, que adaptó san Francisco para el Oficio de la Pasión, después de invitar a toda la creación a exultar de gozo, termina así:
“Familias de los pueblos, ofreced al Señor,
' ofreced al Señor gloria y honor,
* ofreced al Señor gloria para su nombre (Sal 95,7-8).
Ofreced vuestros cuerpos
' y llevad a cuestas su santa cruz,
* y seguid hasta el fin sus santísimos preceptos (cf. Lc 14,27; 1 Pe 2,21)”.
Lágrimas de Nochebuena
es la gracia que he pedido,
las más dulces de mi vida
las que María ha tenido.
Que no son por la pandemia,
Que las merecen a gritos,
Ni tampoco por los pobres
bien llevados y traídos
No es por la Guerra de Ucrania
Gran pecado, Gran Delito,
Que Dios puede perdonar
Si estanos arrepentidos.
Lágrimas de Nochebuena,
dulcísimas por un Niño,
lágrimas para sentirle
Dios de Dios, por mí nacido.
Y en silencio y nada sé
lloro con él y conmigo,
y quiero pensar llorando
más allá de raciocinio.
Sin un porqué que lo explique
Dios está ahí, debilito,
Dios es bebé, y hasta algunos
Pueden llamarle Diosito.
Y no se molesta por eso,
que bien se lo ha merecido;
ya María se ha aliviado
y puede besar a su hijo.
Y aquellas lágrimas puras
eran perfumen divino,
que bañaban la cunita
del más humano cariño.
Dios era lo que quería,
Dios era ya mi hermanito,
En secreto lo diré,
Que nadie sepa mis mimos.
Con los pañales del niño,
blancos y ya humedecidos,
mis ojos voy a secar
para más llorar lo mismo.
Pañales que no los ángeles,
sino la madre los hizo;
la madre los lavará
y siempre estarán muy limpios.
Y con hierba de los campos
les dará un olor bonito,
y el niño se va a enterar
que esta tierra es su recinto.
Lágrimas aquí en silencio,
que nadie las haya visto,
que son mi homilía bella
que el Niño Dios me la ha oído.
Para decirte “Te quiero”
no he de leer ningún libro:
ninguno puede decirme
lo que tú ya me lo has dicho.
Para cantarte mi amor
un violín no necesito,
y me sobran los mariachis
y el sombrero tapatío.
Lágrimas de Nochebuena,
que destilan de lo íntimo,
lágrimas del corazón,
que solo Dios las ha visto.
El pavo de Navidad
no alegrará mi apetito,
que a Dios mismo estoy comiendo
en la Misa que he vivido.
No ese ese vino espumante,
creedme que yo lo digo,
es otra cosa más dulce,
que es adentro de mí mismo.
* * *
19. Callaos, Teología, En
hable el amor unitivo;
silencio, hable la escucha,
Dios es hoy, venid y oídlo.
Verbo de Dios, te adoramos
encarnado en cuerpo vivo,
tu historia ya ha comenzado
y aquí mismo la seguimos.
Hoy es Belén, Nacimiento,
Calvario, y Ramo florido,
Hoy es santa Eucaristía,
Hoy es Dios enternecido.
Gloria a ti, Mi Redentor,
gracias por todos los siglos,
recibe mi voluntad,
mis votos y mis gemidos.
Soy feliz por ti, por ti,
porque en ti me entiendo y miro,
soy feliz y espero verte
en el cielo prometido. Amén, aleluya.
Cuautitlán Izcalli, 25 diciembre 2022.
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