Millones de mexicanos
De la prensa corriente tomamos esta noticia:
“El pasado jueves [8 de diciembre], en conferencia de prensa, la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, estimó que se esperaba la visita alrededor de 10 millones de personas.
La Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) avisó que desplegaría 5 mil 400 agentes de la Policía como parte del operativo “Bienvenido Peregrino 2022″ aunque habría alrededor de 20 mil servidores públicos”.
Algún día después el reporte era el siguiente:
“Unos 12.5 millones de peregrinos visitaron en los últimos días la Basílica de Guadalupe de la Ciudad de México con motivo de la celebración del Día de la Virgen, celebrado el 12 de diciembre, informó este martes la Secretaría de Gobierno de la capital.
En un comunicado, la Ciudad de México señaló que de acuerdo con datos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC), con esa cifra registrada se rompió el récord de visitantes en el templo católico.
Las autoridades locales esperaban la visita de alrededor de 10 millones de personas, esta cifra estuvo motivada por el fin de restricciones tras la pandemia”.
Leemos con devoción el Nican Mopohua, donde “aquí se narra” cómo la Virgen aquel 9 de diciembre de 1531, y los días siguientes hasta el 12 la Virgen María vino al encuentro de Juan Diego (Juan Dieguito) por cinco veces a decir le que era su Madre, que lo guardaba en el hueco de sus brazos y que quería una casita en el cerro del Tepeyac. La Virgen, con su humilde presencia, era la Evangelizadora de las nuevas tierras.
Millones de mexicanos
han llegado a la Basílica,
y la Virgen goza y goza,
oyendo las Mañanitas.
Juan Dieguito fue el primero,
cuando iba a la doctrina,
se alborotaban los pájaros
y las rosas florecían.
Un pedacito de cielo
se hizo entonces la colina;
era el nueve de diciembre
y la mañana muy fría.
Mil quinientos treinta y uno,
diez años de la conquista,
-¿Adonde vas, hijo mío?
-A tu casa, Madre mía.
Hijo mío, el más pequeño,
le dijo la Madrecita,
yo estoy aquí y aquí quiero
tener mi propia Casita.
Vete al Obispo de México
y cuéntale esta visita,
que quiero estar con vosotros
y ser siempre vuestra guía.
Los dos hablaban en Náhualt
y perfecto se entendían,
Y Juan Diego fue al Obispo,
quien de pronto no creía.
Volvió Juan Diego al cerrito,
triste con triste misiva:
Mandad, mi Señora y Reina,
mi hija y mi muchachita,
a otro enviado que tenga
brillante categoría;
yo soy cola, yo soy ala,
yo soy nadie, hermosa Niña.
Pero las cosas de Dios
grandezas no necesitan,
y la Reina de los cielos
a Juan Diego prefería.
Tepeyac, el Sinaí
de una nación que nacía,
no hay fuego en el Tepeyac,
solo rosas de Castilla.
Rosas que al verlas la Virgen
eran rosas bendecidas,
y en la tilma de Juan Diego
se hicieron imagen viva.
Los tiempos corren y corren
y hay cosas que no se olvidan;
Guadalupe se ha quedado
en la sangre de la Villa.
La Morenita entrañable,
que tiene cara mestiza,
es la Madre de Jesús
y de nosotros se cuida.
15. Madre del Santo Evangelio,
que con él nos catequiza;
ella nos trajo la Fe,
con su presencia muy íntima.
María de Guadalupe,
cuna de Dios que nos mima,
estás aquí por ser Madre
y estarás siempre solícita.
Vino dura la pandemia,
que se llevó tantas,
mas otra pura pandemia
hoy en la Iglesia se agita.
Virgen fiel, siempre creyente,
maestra de fe sencilla,
en esta hora turbada,
guarda a tu humilde familia.
Virgen de manos orantes,
mirada contemplativa,
en el hueco de tus brazos,
quede toda pesadilla.
Tú nos llevas a Jesús,
porque “haced lo que él os diga”,
hoy nos dices con confianza
como así dijiste un día.
En tu corazón amante
descansa nuestra fatiga;
eres madre, solo madre,
y nuestra vida es tu vida. Amén.
Cuautitlán Izcalli, 11 diciembre 2022
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