viernes, 21 de junio de 2019

1222. Domingo de Corpus Christi 2019 – Don para adorar y compartir


Jesús en la Eucaristía, donde Dios para adorar

y compartir
Lc 9,11-17


Texto evangélico:
10 Al regresar los apóstoles, le contaron todo cuanto habían hecho, y tomándolos consigo, se retiró a solas hacia una ciudad llamada Betsaida; 11 pero la gente, al darse cuenta, lo siguió.
Jesús los acogía, les hablaba del reino y sanaba a los que tenían necesidad de curación. 12 El día comenzaba a declinar. Entonces, acercándose los Doce, le dijeron: «Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado». 13 Él les contestó: «Dadles vosotros de comer».
 Ellos replicaron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para toda esta gente». 14 Porque eran unos cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: «Haced que se sienten en grupos de unos cincuenta cada uno». 15 Lo hicieron así y dispusieron que se sentaran todos. 16 Entonces, tomando él los cinco panes y los dos peces y alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. 17 Comieron todos y se saciaron, y recogieron lo que les había sobrado: doce cestos de trozos.

 Hermanos:
1. Al Domingo de la Trinidad sigue el Domingo de Corpus Christi, más bien, Jueves de Corpus Christi, solemnidad que por razones laborales se ha trasladado al Domingo siguiente. En España Toledo es un emblema bellísimo de esta solemnidad como se ha vivido durante siglos. Jesús Sacramentado, expuesto en una preciosa custodia, que puede ser una extraordinaria obra de arte, se pasea por la ciudad bendiciendo y recibiendo el homenaje de adoración de los creyentes.
¿Cuál es el mensaje de este día? ¿Cuál es esa palabra de fe que llega a nuestros corazones de discípulos del Señor?
En este Domingo hemos escuchado dos lecturas que nos hablan directamente de la Eucaristía con acentos diferentes. La institución de la Eucaristía, recordada por Pablo de la traición de las primeras comunidades, y lo que acabamos de oír de la multiplicación de los panes.

2. Pablo escribía así a la comunidad de Corinto: "yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan 24 y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía». 25 Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía». (1Cor 11,23-25).
Según estas palabras, la Eucaristía es, por encima de todo, un misterio de amor, que nunca acabaremos de comprender y de venerar.
Exponer el Santísimo Sacramento en las iglesias, como secuencia de la celebración de la Eucaristía, que es el Misterio Pascual – misterio total de Cristo, muerto y resucitado – es un acto que se justifica precisamente por esto: si la Eucaristía está expresando el amor total e Dios al hombre, que más no se podría dar, el hombre puede postrarse en adoración, para devolver amor por amor. 
3. Justamente por esto y para esto nació la fiesta del Corpus Christi, que es una especie de prolongación de Jueves Santo: fiesta para adorar y dar gracias, por el don que contiene todos los dones de Dios.
Hemos de saber integrar adoración y celebración. La adoración ha nacido de la celebración. Lo principal de la Eucaristía es celebrarla y comulgarla.
Nada extraño que habiendo celebrado y comulgado al Señor, nos venga el deseo de continuar: que se pare el tiempo para contemplar y dar gracias, entendiendo muy bien que la presencia de Jesús en el Sacramento no es la presencia estática de un ser divino que está parado en la eternidad. El Dios que está en la Eucaristía es el Dios que hace moverse el cielo y la tierra, el Dios que nos ama y gobierna nuestra vida, el Dios con quien podemos dialogar. Su vida, escondido en el Misterio, es la Vida pura del Viviente. Ese es el único Jesús vivo y verdadero.
Quien está en la Eucaristía es Jesucristo resucitado, el mismo que está hoy en el cielo, intercediendo ante el Padre, Jesús que es nuestro defensor y nuestra seguridad.
4. En el momento de la Cena Jesús fue no solamente presencia y entrega. Jesús fue comunión. Jesús dijo: Tomad y comed; tomad y bebed. Es difícil comprender que uno vaya a misa para oír, rezar y no comulgar. “Tomad y comed todos de él”, dice el sacerdote en la consagración.
Ahora bien  comulgar con Jesús es comulgar con todo el cuerpo de Jesús, comulgar con todos los miembros del Cuerpo de Jesús. San Pablo reprendía a los fieles de Corinto, que, al juntarse para la Cena del Señor, no compartieran sus alimentos, como si en la Eucaristía hubiese ricos y pobres y no comensales todos de la misma mesa del Señor.
Que, por otra parte, es el mensaje que hoy nos llega del relato de la multiplicación de los panes: acercándose los Doce, le dijeron: «Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado». 13 Él les contestó: «Dadles vosotros de comer». 
5. Las intenciones del corazón de Jesús aparecen claras de la multiplicación de los panes. Le siguen a él y él acepta el seguimiento, y quiere que su pueblo sea un pueblo en comunión. En la multiplicación de los panes no hay unos alimentos para los ricos y otros para los pobres.
La Iglesia es comunidad. Y esa comunidad se llama comunidad de hermanos.
La Eucaristía ha nacido para la comunidad. Y esa comunidad somos nosotros; somos comunidad de hermanos, porque en el verdadero pueblo de Dios somos hermanos unos de otros.
6. Tantos, tantísimos pensamientos nos puede provocar la Eucaristía. Esta sencilla meditación, nacida al contacto con luso textos sagrados, sea una oferta sencilla, para que cada uno se deje guiar por el Espíritu de Dios, y gocemos con lo que Dios quiere enseñarnos.
Señor Jesús, que hoy y en la hora de mi muerte reciba yo la Eucaristía como el supremo don que tú me otorga. Que hoy y en la hora de mi muerte puede yo recibirte en la Eucaristía acompañado de una comunidad de fe. Amén.

Madrid, Convento de Jesús de Medinaceli, viernes 21 de junio de 2019


Hoy, sábado 22 de junio de 2019 en la Catedral de Ntra. Sra. de La Almudena, en Madrdid, serán beatificadas las Mártires Concepcionsitas.


"El 15 de enero de 2019, el Papa Francisco firmó el decreto de martirio de María del Carmen Lacaba y de otras 13 religiosas concepcionistas franciscanas: Petra Manuela Pairós, Eustaquia Monedero de la Calle, Manuela Balbina Rodríguez, María de las Nieves Rodríguez, Narcisa García Villa, María del Pilar Campos Urdiales, Manuela Prensa Cano, Juana Josefa Ochotorena Arniz, María Basilia Díaz Recio, Inés Rodríguez Fernández, María del Carmen Rodríguez Fernández, María de San José Ytoiz y María de la Asunción Pascual Nieto.

Diez de ellas pertenecían a la comunidad madrileña del monasterio de San José; dos a la comunidad de Escalona (Toledo), y las otras dos a la de El Pardo (Madrid)".



El anciano capuchino P. Rainerio García, de la Comunidad de los Capuchinos de Cuatro Caminos (Madrid), es hermano carnal de la que a partir de hoy será Beata Narcisa García Villa, y ha escrito una biografía de las mártires, informando especial de su hermana Narcisa: Odisea martirial de catorce concepcionistas

 Madrid, Jesús de Medinaceli, sábado 22 de junio de 2019. 


El coro de las vírgenes te alaba
a ti, Jesús, Esposo bienamado,
y no olvida la Iglesia su memoria
que fuera ingratitud no recordarlo.

Oh Cristo que cautivas corazones
y ayer y hoy y siempre has cautivado,
amor misericordia, amor fragante
amor de todo amor inmaculado.

Es bueno recordar a las hermanas,
hermanas que vistieron nuestro paño,
y en ti abrazando al hombre a quien querían
al pie de tu sagrario se inmolaron.

El odio no manchó sus corazones,
que amaron sin colores y sin bandos,
sor Isabel y Petra y Asunción
y nombres todos que hoy saboreamos.

Hermanas nuestras sois y os prometemos
seguir humildemente vuestros pasos,
si desde el cielo, al lado de María,
rogáis por quienes hoy peregrinamos.

¡Honor a Jesucristo, rey de Mártires,
honor a ti, Señor, el solo Santo,
honor a ti, que amor y solo amor,
amor y corazón sigues sembrando! Amén.

Guadalajara, Jalisco, 16 de enero de 2019






Memoria martirial
El 15 de enero de 2019, el Papa Francisco firmó el decreto de martirio de María del Carmen Lacaba y de otras 13 religiosas concepcionistas franciscanas. Los trabajos para la beatificación de estas 14 mártires se iniciaron en junio de 2002. La causa diocesana fue clausurada en febrero de 2010.
Diez de ellas pertenecían a la comunidad madrileña del monasterio de San José; dos a la comunidad de Escalona (Toledo), y las otras dos a la de El Pardo (Madrid).
Mártires de San José
En 1936, las monjas del monasterio de San José fueron expulsadas del mismo. La comunidad se dispersó, y algunas hermanas se refugiaron en un piso de la calle Francisco Silvela, 19. El 7 de noviembre de 1936, cuando bajaban a refugiarse en el entresuelo, un grupo de milicianos entró preguntando por las religiosas: habían sido denunciadas por la portera de un edificio vecino. Las sacaron a todas y las subieron a un camión. Nunca más se supo de ellas.
El 14 de junio de 1946, en homenaje a las religiosas martirizadas, la calle situada entre las de Ortega y Gasset y Alcalá de Madrid sustituyó su nombre de calle Luis Sagasti por el de calle de las Mártires Concepcionistas.
·         Madre María del Carmen Lacaba Andía: Isabel del Carmen Lacaba Andía nació en Borja (Zaragoza) el 3 de noviembre de 1882. El 4 de noviembre de 1902 ingresó en el monasterio de San José. Las religiosas valoraron positivamente su labor con las novicias. Y en 1935 fue elegida madre abadesa. Elevó a la comunidad a un gran nivel espiritual, basándose en el amor fraterno y en la práctica del Evangelio. Centraba su vida en la oración. En julio de 1936 tomó la decisión de permanecer con las religiosas más ancianas, una de las cuales estaba inválida. Fue una madre espiritual llena de amor, comprensión y servicialidad. Recibió la palma del martirio a los 54 años de edad y 34 de vida religiosa.
·         Sor María Petra Pilar de los Dolores: Petra Manuela Pairós Benito nació en Pamplona (Navarra) el 29 de abril de 1864. Maestra nacional, ingresó en Orden de la Inmaculada Concepción el 28 de noviembre de 1887. En 1936 era la madre vicaria del monasterio. Persona de oración, cultivaba su relación de gran intimidad con el Señor en un rezo constante. Tenía facilidad para escribir, y publicó varios ensayos, como La religiosa concepcionista a los pies de Jesús Sacramentado. Poseía una exquisita delicadeza y cariño en el trato con las personas, especialmente con los pobres, por lo que se la conoce como sor M.ª Petra Pilar de los Desamparados. Cuando recibió la palma del martirio, tenía 72 años de edad y 49 años de vida religiosa.
·         Sor María Eustaquia de la Asunción: Eustaquia Monedero de la Calle nació en Anaya (Segovia) el 20 de septiembre de 1864. El 28 de febrero de 1887 ingresó como religiosa en el monasterio de San José. Le fue encomendado el oficio de hermana enfermera, destacando por su paciencia, cariño y solicitud para el cuidado de las hermanas enfermas y ancianas. Un proceso de enfermedad reumática fuerte y degenerativo la dejó incapacitada. En 1936, quedó a merced de las milicias socialistas de Las Ventas, que la sacaron del piso sin que pudiera valerse por sí misma y bajar las escaleras. Sufrió desamparo, espantosos dolores físicos y un trato soez e inhumano. Recibió la palma del martirio a los 72años de edad y 49 de vida religiosa.
·         Sor María Balbina de San José: Manuela Balbina Rodríguez Higuera nació en Madrid el 10 de marzo de 1886. Ingresó en el noviciado de las Redentoristas de Vitoria (País Vasco), pero por motivos de salud tuvo que volver a su casa. Una vez recuperada, ingresó en el monasterio de San José el 2 de julio de 1919. Alma amante del silencio, de la oración, de la lectura, su comportamiento con los enfermos era ejemplar, siempre llena de cariño y ternura. Supo luchar con fortaleza y voluntad, venciendo todo miedo y preocupación, cuando llegó el momento de «dar su vida por Cristo». Recibió la palma del martirio a los 50 años de edad y 17 de vida religiosa.
·         Sor María Guadalupe de la Ascensión: M.ª de las Nieves Rodríguez Higuera nació en 1892 en Madrid. Ingresó en el monasterio de San José con 35 años de edad, hizo la profesión de votos simples el 7 de enero de 1928, recibiendo el nombre de sor Ascensión. Religiosa humilde, llena de confianza fraterna y con espíritu de servicio, estuvo a su cargo el servicio de la portería y torno, y fue hermana enfermera. En 1936, asistía a las hermanas del piso de Francisco Silvela, 19. Tenía 44 años de edad y nueve de vida religiosa cuando recibió la palma del martirio.
·         Sor María Beatriz de Sta. Teresa: Narcisa García Villa nació en Nava de los Caballeros (León) el 18 de marzo de 1908. Ingresó en el monasterio de San José el 17 de junio de 1924. Fue responsable de sacristía e iglesia, secretaria de la comunidad y tornera. Era un alma de vida musical, de gran intimidad con Dios, amante de la penitencia y amiga de sus hermanas. Cuando recibió la palma del martirio tenía 28 años de edad y doce de vida religiosa.
·         Sor María Clotilde del Pilar Campos Urdiales: M.ª del Pilar nació el 4 de junio de 1897 en Valdealcón, localidad del municipio de Gradefes (León). Cuando tomó la decisión de entrar a la vida religiosa, su familia se opuso, pero luchó hasta obtener el permiso y la bendición de sus padres. Ingresó en el monasterio de San José como hermana en abril de 1923. Tomó el hábito el 5 de octubre de 1923, con el nombre de sor Clotilde. Tenía un amor profundo hacia la Virgen María. En 1936 había estado ingresada en el hospital, donde fue sometida a una operación que le causó muchos e insoportables dolores, pero nunca se quejó de nada. Recibió la palma del martirio a los 39 años de edad y 13 de vida religiosa.
·         Sor María del Santísimo Sacramento: Manuela Prensa Cano nació el 25 de junio de 1887 en El Toboso (Toledo). Cuando tenía 8 años se trasladó a vivir a Madrid, ya que sus padres fueron los recaderos o mandaderos del monasterio de San José. Entró religiosa concepcionista franciscana vistiendo el hábito el 5 de abril de 1905 y tomando el nombre de sor María del Santísimo Sacramento. Era la organista de la comunidad, y directora de coro e iglesia. Llegó a ser secretaria, y abadesa de la comunidad. Cultivó su alma por medio de una vida interior de recogimiento y silencio, siempre dada a la presencia de Dios, lo que la condujo a ser maestra de novicias. Antes de morir, transmitió a las hermanas el ánimo de superación, y la idea muy clara de que tenían que «morir por Cristo». Cuando recibió la palma del martirio tenía 49 años de edad y 31 de vida consagrada.
·         Sor María Juana de San Miguel: Juana Josefa Ochotorena Arniz nació el 27 de diciembre de 1860 en Arraiza (Navarra). Ingresó en el monasterio como hermana, tomando el nombre de María Juana de San Miguel. Era un alma muy interior, silenciosa en extremo, sencilla y dada intensamente a la contemplación. Asidua lectora del Evangelio, meditaba diariamente un pasaje de la Pasión de nuestro Señor. En 1936 era una de las hermanas enfermas, pero «no lo sabía nadie, solo la madre abadesa», y sufría en silencio su delicada y dolorosa enfermedad. Recibió la palma del martirio a los 75 años de edad y 57 de vida religiosa.
·         Sor María Basilia de Jesús Díaz Recio: nació el 14 de junio de 1889 en la aldea burgalesa de Santa Coloma de Rudrón. Ingresó en el monasterio de San José como hermana el 10 de enero de 1921. Practicó el desprendimiento interior y exterior en grado extraordinario, madurando su corazón y su vida, para ofrecerlos al Señor el día de su martirio. Cuando recibió la palma del martirio, tenía 47 años de edad y 15 de vida religiosa.
Mártires de El Pardo (Madrid)
En 1936, las religiosas fueron expulsadas de su monasterio, después de haber soportado el 21 de julio una noche de angustias. Varios vecinos las acogieron en sus casas. Después, los milicianos las expulsaron del pueblo. Estas dos hermanas se refugiaron en la casa de la madre del capellán del monasterio. Después, les dieron asilo en casa de unos bienhechores, hasta que unos milicianos las descubrieron y se las llevaron junto al matrimonio que las acogió y otro familiar de estos. Lograron obtener la libertad para sus bienhechores. En la madrugada del 22 de agosto de 1936 fueron llevadas por la carretera de Aragón hasta Vicálvaro, donde fueron insultadas y fusiladas en un descampado. Los cadáveres fueron arrojados a las puertas del cementerio, donde el enterrador los fotografió y enterró en un lugar que marcó secretamente. El 24 de mayo de 1939, los dos cuerpos fueron identificados por la fotografía tomada por el sepulturero, procediendo a su traslado al cementerio del monasterio de El Pardo. Al cerrarse este monasterio en 2015, el 28 de noviembre del mismo año sus restos se trasladaron al protomonasterio casa madre de Toledo, donde se veneran en la actualidad, junto a los de la fundadora de la Orden de la Inmaculada Concepción, santa Beatriz de Silva.
·         Madre Inés de San José: Inés Rodríguez Fernández nació en Avedillo (Zamora) el 2 de noviembre de 1889. El 14 octubre de 1908 ingresó en las concepcionistas del monasterio de El Pardo, entregándose a la oración. En 1935 fue elegida abadesa, y anteriormente había sido maestra de novicias. Recibió la palma del martirio a los 47 años de edad y 28 de vida religiosa.
·         Sor María del Carmen de la Purísima Concepción: M.ª del Carmen Rodríguez Fernández nació en Avedillo (Zamora) el 28 de octubre de 1895. El 16 de junio de 1914 entró en el monasterio de El Pardo. Era la hortelana de la huerta conventual, humilde, natural y sencilla. Recibió la palma del martirio a los 41 años de edad y 21 de vida religiosa.
Mártires de Escalona (Toledo)
En 1936, las monjas de la comunidad de Escalona fueron obligadas a abandonar su monasterio. Trasladadas a la comandancia de la localidad, fueron interrogadas y presionadas para renegar de la fe y abandonar la vida religiosa. Ante la resistencia de las monjas, fueron conducidas a la Dirección General de Seguridad en Madrid, y después llevadas a la cárcel habilitada en un convento de capuchinas. Al finalizar la contienda, toda la comunidad regresó a Escalona, a excepción de sor María de San José (abadesa) y sor M.ª de la Asunción, que fueron separadas del resto del grupo para ser conducidas a la checa. Fueron fusiladas en octubre de 1936.
·         Madre María de San José Ytoiz: recién nacida, en 1871, fue puesta en el torno de la casa de acogida de Pamplona (Navarra). Vivió su niñez en dos casas de acogida. En 1893 solicitó el ingreso en el monasterio de la Encarnación de Concepcionistas Franciscanas de Escalona. Entró como religiosa de coro y emitió su profesión religiosa el 29 de enero de 1894. Destaca su gran docilidad, su pronta obediencia y su filial confianza. En noviembre de 1911 fue elegida abadesa, cargo que llegó a ejercer 25 años por sus cualidades y valores personales. Su relación con las hermanas de la comunidad era muy maternal. Recibió la palma de martirio a los 66 años de edad y 44 de vida religiosa.
·         Sor María de la Asunción Pascual Nieto: nació el 14 de agosto de 1887 en Villorobe (Burgos). El 6 de junio de 1909 ingresó en el monasterio de las concepcionistas de Escalona como religiosa de coro y cantora. Ejerció como enfermera, sacristana, tornera y portera. Era muy devota de la Santísima Virgen María en su Inmaculada Concepción, y muy querida por toda la comunidad. En 1936 era la madre vicaria. Recibió la palma del martirio a los 49 años de edad y 27 de vida consagrada.

(Información que tomamos del sitio oficial de la archidiócesisd e Madrid).

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