domingo, 26 de febrero de 2017

896. Jesús vive: Novicias capuchinas



Jesús vive: Novicias capuchinas

El viernes, 24 de febrero de 2017, se concluía el noviciado de un grupo de jóvenes capuchinas mexicanas, aquí en Guadalajara, congregadas de diversos monasterios.
Fue una Eucaristía muy bella, exquisitamente cantada y haciendo gala de las novicias que había aprendido violín en los doce meses del año del noviciado. No fue la profesión. Regresan a sus monasterios de origen y allí emitirán la profesión temporal en su debido tiempo con la propia comunidad.
Me tocó hablarles, en su momento, de cómo la espiritualidad de santa Clara es una espiritualidad esponsal. En sus primeros votos irán ataviadas con una corona de flores; en el sí definitivo, profesión para siempre, recibirán una corona de espinas, porque su esposo es Jesús Crucificado.
Es muy hermoso ver que existe todo esto y celebrarlo, muy hermoso… Es el amor bello y puro, que se ofrenda a Jesús.
Quise obsequiarles con un poema, que entregué a cada una con la foto del grupo, haciendo una estampa. Me lo agradecieron, y seguramente que lo guardarán en algún libro de oración y cuando lo lean, tendrán un recuerdo de mí, y ojalá que también una súplica.
Lo principal de este poema es lo que tantas veces me han oído. Que Jesús pide no “mucho”; Jesús pide “todo, absolutamente todo, todo hasta el último suspiro”. Eso es la vida consagrada. Y, al mismo tiempo, eso es al secreta felicidad: haberse entregado al amor sin condiciones. Jesús pide todo, porque él lo ha dado todo, no mucho.
Es muy hermoso contemplar todo esto, es muy hermoso... Es una escena, queridas hermanas, que se parece al cielo.
Jesús es vuestro esposo.

Fin de mi noviciado

1. Es hermoso recordar
amores que se encontraron
que una alianza de amor
ha sido mi noviciado:
él mi Esposo y mi Señor,
y yo sierva a su costado.

2. Ahora sí, con sangre suya,
es misterio de iniciados,
mi palabra y mi silencio,
la oblación que has conquistado
es el don que me regalas
y mi respuesta a tu pacto.

3. Cuando tú pides, Señor,
porque estás enamorado,
no pides “mucho”, mi Dios,
que pides “todo” de cuajo,
que no es “mucho” lo que das,
que es “todo” lo que tú has dado.

4. En pobreza y humildad,
yo pongo todo en tus manos,
donde tú vayas, yo iré;
lo que dispongas yo hago:
dame tu misericordia,
y será el mejor regalo.



Guadalajara, Jal. 24 feb. 2017
Fr. Rufino María Grández

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