Fruto de virginidad
Canción de amor para el
Día de la Vida Consagrada
Hace más de cuarenta años, un día como hoy
(2 de febrero de 1974) el Beato Pablo VI, hablando del verdadero culto a la
Virgen María, que se desprende del Concilio,
Marialis cultus, escribía: “También la fiesta del 2 de febrero, a la que se
ha restituido la denominación de la Presentación del Señor, debe ser
considerada para poder asimilar plenamente su amplísimo contenido, como memoria
conjunta del Hijo y de la Madre, es decir, celebración de un misterio de la
salvación realizado por Cristo, al cual la Virgen estuvo íntimamente unida como
Madre del Siervo doliente de Yahvé, como ejecutora de una misión referida al
antiguo Israel y como modelo del nuevo Pueblo de Dios, constantemente probado
en la fe y en la esperanza del sufrimiento y por la persecución (cf. Lc 2,
21-35)”.
Después San Juan Pablo II quiso (1997) que
esta fiesta fuera una fiesta muy especial para la Vida Consagrada. ¡Es tan
dulce contemplar a la Virgen oferente!
* * *
"María es la "Virgen oferente". En el episodio
de la Presentación de Jesús en el Templo (cf. Lc 2, 22-35), la Iglesia,
guiada por el Espíritu, ha vislumbrado, más allá del cumplimiento de las leyes
relativas a la oblación del primogénito (cf. Ex 13, 11-16) y de la
purificación de la madre (cf. Lev 12, 6-8), un misterio de salvación
relativo a la historia salvífica: esto es, ha notado la continuidad de la
oferta fundamental que el Verbo encarnado hizo al Padre al entrar en el mundo
(cf. Heb 10, 5-7); ha visto proclamado la universalidad de la salvación,
porque Simeón, saludando en el Niño la luz que ilumina las gentes y la gloria
de Israel (cf. Lc 2, 32), reconocía en El al Mesías, al Salvador de
todos; ha comprendido la referencia profética a la pasión de Cristo: que las
palabras de Simeón, las cuales unían en un solo vaticinio al Hijo, "signo
de contradicción", (Lc 2, 34), y a la Madre, a quien la espada
habría de traspasar el alma (cf. Lc 2, 35), se cumplieron sobre el
calvario. Misterio de salvación, pues, que el episodio de la Presentación en el
Templo orienta en sus varios aspectos hacia el acontecimiento salvífico de la
cruz. Pero la misma Iglesia, sobre todo a partir de los siglos de la Edad
Media, ha percibido en el corazón de la Virgen que lleva al Niño a Jerusalén
para presentarlo al Señor (cf. Lc 2, 22), una voluntad de oblación que
trascendía el significado ordinario del rito. De dicha intuición encontramos un
testimonio en el afectuoso apóstrofe de S. Bernardo: "Ofrece tu Hijo,
Virgen sagrada, y presenta al Señor el fruto bendito de tu vientre. Ofrece por
la reconciliación de todos nosotros la víctima santa, agradable a Dios".
Esta unión de la Madre con el
Hijo en la obra de la redención alcanza su culminación en el calvario, donde
Cristo "a si mismo se ofreció inmaculado a Dios" (Heb 9, 14) y
donde María estuvo junto a la cruz (cf. Jn 19, 15) "sufriendo
profundamente con su Unigénito y asociándose con ánimo materno a su sacrificio,
adhiriéndose con ánimo materno a su sacrificio, adhiriéndose amorosamente a la
inmolación de la Víctima por Ella engendrada" y ofreciéndola Ella misma al
Padre Eterno. Para perpetuar en los siglos el Sacrificio de la Cruz, el
Salvador instituyó el Sacrificio Eucarístico, memorial de su muerte y
resurrección, y lo confió a la Iglesia su Esposa, la cual, sobre todo el
domingo, convoca a los fieles para celebrar la Pascua del Señor hasta que El
venga: lo que cumple la Iglesia en comunión con los Santos del cielo y, en
primer lugar, con la bienaventurada Virgen , de la que imita la caridad
ardiente y la fe inquebrantable" (Marialis cultus, 20).
1. Fruto de virginidad,
Jesús de santa María,
el Espíritu divino
fue tu divina semilla.
2. Hoy es tu presentación
consagrado cual Mesías,
Cordero y Siervo sufriente,
conforme a las profecías.
3. Un sencillo palomino
el holocausto cumplía:
la Virgen te alzaba en
brazos
y el Padre te recibía.
4. Pobrecita del Señor,
de Sión la humilde hija,
al entregarte a su Dios
de gozo se estremecía.
5. A la cruz te presentaba,
a la cruz tú te ofrecías,
que otro culto y
sacrificio
el Padre no lo quería.
6. Hoy cual esposo a su
tálamo
a tu esposa te confías,
y la Iglesia te recibe
pura y llena de alegría.
7. El anciano Simeón
con Ana la profetisa,
cantares y salmos cantan
y bendicen a porfía.
8. Recíbenos en tu cuerpo
y haznos contigo una
víctima,
en obediencia y amor
y en gratitud sin medida.
9. Jesús de nuestra ternura,
luz de luz que eterna
brilla,
¡contigo sea la Pascua
por los siglos encendida!
Amén.
Guadalajara,
Jalisco, Presentación del Señor
2
de febrero de 2017.
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