jueves, 2 de febrero de 2017

888. Canción de amor para el Día de la Vida Consagrada



Fruto de virginidad
Canción de amor para el
Día de la Vida Consagrada

Hace más de cuarenta años, un día como hoy (2 de febrero de 1974) el Beato Pablo VI, hablando del verdadero culto a la Virgen María, que se desprende del Concilio, Marialis cultus, escribía: “También la fiesta del 2 de febrero, a la que se ha restituido la denominación de la Presentación del Señor, debe ser considerada para poder asimilar plenamente su amplísimo contenido, como memoria conjunta del Hijo y de la Madre, es decir, celebración de un misterio de la salvación realizado por Cristo, al cual la Virgen estuvo íntimamente unida como Madre del Siervo doliente de Yahvé, como ejecutora de una misión referida al antiguo Israel y como modelo del nuevo Pueblo de Dios, constantemente probado en la fe y en la esperanza del sufrimiento y por la persecución (cf. Lc 2, 21-35)”.
Después San Juan Pablo II quiso (1997) que esta fiesta fuera una fiesta muy especial para la Vida Consagrada. ¡Es tan dulce contemplar a la Virgen oferente!

* * *
"María es la "Virgen oferente". En el episodio de la Presentación de Jesús en el Templo (cf. Lc 2, 22-35), la Iglesia, guiada por el Espíritu, ha vislumbrado, más allá del cumplimiento de las leyes relativas a la oblación del primogénito (cf. Ex 13, 11-16) y de la purificación de la madre (cf. Lev 12, 6-8), un misterio de salvación relativo a la historia salvífica: esto es, ha notado la continuidad de la oferta fundamental que el Verbo encarnado hizo al Padre al entrar en el mundo (cf. Heb 10, 5-7); ha visto proclamado la universalidad de la salvación, porque Simeón, saludando en el Niño la luz que ilumina las gentes y la gloria de Israel (cf. Lc 2, 32), reconocía en El al Mesías, al Salvador de todos; ha comprendido la referencia profética a la pasión de Cristo: que las palabras de Simeón, las cuales unían en un solo vaticinio al Hijo, "signo de contradicción", (Lc 2, 34), y a la Madre, a quien la espada habría de traspasar el alma (cf. Lc 2, 35), se cumplieron sobre el calvario. Misterio de salvación, pues, que el episodio de la Presentación en el Templo orienta en sus varios aspectos hacia el acontecimiento salvífico de la cruz. Pero la misma Iglesia, sobre todo a partir de los siglos de la Edad Media, ha percibido en el corazón de la Virgen que lleva al Niño a Jerusalén para presentarlo al Señor (cf. Lc 2, 22), una voluntad de oblación que trascendía el significado ordinario del rito. De dicha intuición encontramos un testimonio en el afectuoso apóstrofe de S. Bernardo: "Ofrece tu Hijo, Virgen sagrada, y presenta al Señor el fruto bendito de tu vientre. Ofrece por la reconciliación de todos nosotros la víctima santa, agradable a Dios".
Esta unión de la Madre con el Hijo en la obra de la redención alcanza su culminación en el calvario, donde Cristo "a si mismo se ofreció inmaculado a Dios" (Heb 9, 14) y donde María estuvo junto a la cruz (cf. Jn 19, 15) "sufriendo profundamente con su Unigénito y asociándose con ánimo materno a su sacrificio, adhiriéndose con ánimo materno a su sacrificio, adhiriéndose amorosamente a la inmolación de la Víctima por Ella engendrada" y ofreciéndola Ella misma al Padre Eterno. Para perpetuar en los siglos el Sacrificio de la Cruz, el Salvador instituyó el Sacrificio Eucarístico, memorial de su muerte y resurrección, y lo confió a la Iglesia su Esposa, la cual, sobre todo el domingo, convoca a los fieles para celebrar la Pascua del Señor hasta que El venga: lo que cumple la Iglesia en comunión con los Santos del cielo y, en primer lugar, con la bienaventurada Virgen , de la que imita la caridad ardiente y la fe inquebrantable" (Marialis cultus, 20).

1. Fruto de virginidad,
Jesús de santa María,  
el Espíritu divino
fue tu divina semilla.

2. Hoy es tu presentación
consagrado cual Mesías,
Cordero y Siervo sufriente,
conforme a las profecías.

3. Un sencillo palomino
el holocausto cumplía:
la Virgen te alzaba en brazos
y el Padre te recibía.

4. Pobrecita del Señor,
de Sión la humilde hija,
al entregarte a su Dios
de gozo se estremecía.

5. A la cruz te presentaba,
a la cruz tú te ofrecías,
que otro culto y sacrificio
el Padre no lo quería.

6. Hoy cual esposo a su tálamo
a tu esposa te confías,
y la Iglesia te recibe
pura y llena de alegría.

7. El anciano Simeón
con Ana la profetisa,
cantares y salmos cantan
y bendicen a porfía.

8. Recíbenos en tu cuerpo
y haznos contigo una víctima,
en obediencia y amor
y en gratitud sin medida.

9. Jesús de nuestra ternura,
luz de luz que eterna brilla,
¡contigo sea la Pascua
por los siglos encendida! Amén.

Guadalajara, Jalisco, Presentación del Señor
2 de febrero de 2017.

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