viernes, 3 de febrero de 2017

889. Domingo V A – El discípulo de Jesús, sal de la tierra y luz del mundo



Homilía para el Domingo V del tiempo ordinario, ciclo A
Mt 5,13-16
Texto evangélico:
13 Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. 14 Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. 15 Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. 16 Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos.

Hermanos:
1. Estas palabras de Jesús requieren mucha audacia en el que las escucha. Sal de la tierra y luz del mundo: ¿a quién está hablando Jesús?  No está hablando a los dirigentes de la fe; no está hablando a los sabios que quieren ser guía del pensamiento.
No está hablando – ni mucho menos – a los dirigentes espirituales de aquel tiempo: de Palestina, de Roma, de Grecia. Está hablando a un grupo de gente pobre y humilde, la mayor parte de ellos de escasa y mínima cultura, y una porción de los mismos analfabetos. Está hablando a los que después de su muerte van a ser su primera comunidad.
Está hablando – legítimamente lo podemos suponer – a los que después de su muerte, no sabemos hasta cuando, van a ser su primera comunidad de seguidores. En una palabra, está hablando a sus discípulos, nos está hablando nosotros; me está hablando a mí. Y a distancia de cerca de dos milenios yo recojo esta palabra dicha para mí.
Hermano, hermana: tú eres sal de la tierra, mejor dio, “la sal de la tierra”; tú eres, con Jesús, la luz del mundo. Yo, con mi comunidad soy la sal de la tierra; yo, con mi comunidad y unidos a quien es la Luz del Mundo, somos la luz del mundo.

2. Repito, hermanos, e insisto: no está hablando los papas y obispos, a las universidades o a cuerpos militares o políticos. Está hablando a la gente muy sencilla, a quien se ha dado a conocer los misterios del Reino, porque en ellos se ha volcado misericordiosamente el Padre del cielo.
Y les dice a ellos – y en consecuencia a nosotros, que somos la sal y la luz. Estas palabras de Jesús nos invitan a hablar de la identidad del cristiano, un tema central del Concilio Vaticano II, que ha vuelto a resonar de continuo en la Iglesia. Así, en la Conferencia del episcopado latinoamericano y del Caribe en Brasil, en el Santuario de la Aparecida, el año 2007.

3. Recuerdo que de joven estudiante un profesor nos enseñaba a distinguir entre una falsa teología y una mala teología. Si me preguntan qué es la Iglesia, y yo respondo: La Iglesia es la sociedad perfecta, con su jerarquía y su doble estamento de clérigos y laicos, una sociedad dotada de los tres poderes necesarios, legislativo, administrativo y judicial, o, si se quiere, con el poder de magisterio, de orden y de juicio, estoy manejando una teología que ciertamente es verdadera. Pero, sí que quedo ahí, y me pierdo en este bello entramado, y me como que me ahogo en ello, estoy trabajando con una mala teología.
En cambio, si para dar la identidad de la Iglesia, yo digo: “La Iglesia es la comunidad de discípulos de Jesús, hermanos entre sí, vivificada por Cristo resucitado y su Espíritu, que la conducen eficazmente, en la cual cada miembro tiene su puesto y su misión de cara al Reino de Dios que se inicia en la tierra, y cuya ley es el Evangelio”, si yo defino así a la Iglesia, el dinamismo que de aquí se origina es diferente. Esta es una buena Teología, una mejor Teología, dis despreciar la otra.

4. En esta perspectiva aparentemente espiritual, las responsabilidades aparecen distintas. ¿Quién eres tú, hermano, hermana? Eres un miembro de Cristo que por el bautismo te has comprometido a ser discípulo y misionero. El bautismo imprime carácter, te configura con Cristo. Te has comprometido a vivir con Dios, a orar, a darle gracias… Y esto todos los días, porque la fe y la oración son como la respiración profunda de todo tu ser.
Te has comprometido a vivir tu fe radiante, haciendo que esta fe brille como lámpara encendida, como ciudad en el monte.
Tu vida debe anunciar el Evangelio, y debes preguntarte – debemos preguntarnos - ¿Qué haría Jesús de Nazaret, si estuviera en mi lugar?

5. En esta perspectiva ¿qué significa ser “la sal de la tierra”? La sal da sabor a los alimentos y los preserva de la corrupción.
MI vida como cristiano debe dar sabor a la vida, es decir, ilusión, alegría y esperanza.
Como sal de la tierra yo debo preservar a la sociedad de su propia corrupción. El pecado es la corrupción de la vida, y la misión de todo cristiano es la de poner armonía y santidad donde hay pecado. Lo contrario del pecado es el amor. El cristiano, portador del amor de Jesús, debe irradiar ese amor. Ese amor sale de su rostro, de sus palabras, de sus manos.
Si yo quiero ser sal de la tierra he de ser para mi hermano estimulo, ayuda y comunión. No hace falta que un sociólogo me lo explique. Nada más que abrir la puerta de mi casa y salir a la calle, veo y siento de qué se trata. Sin demagogias, como cristiano, yo sé que debo ayudar a la persona necesitada, según el alcance de mis posibilidades.
En una palabra, yo, mi comunidad parroquial, que se junta a la escucha de la palabra de Dios, y a compartir la mesa del Señor, somos la sal de la tierra, comenzando por el propio barrio.

6. Nos dice Jesús que, como discípulos, debemos ser la luz del mundo.  Esa imagen de la luz y las tinieblas es una imagen de muchas religiones, antiguas y modernas.
Aquí, en Guadalajara, como todo el mundo conoce, existe en lo alto del monte, el Santuario de la Luz del Mundo, sede central de esta Iglesia. Podemos leer en una información de Internet: “Según sus creencias, se trata de la verdadera iglesia fundada por Jesucristo en el siglo I, restaurada el 6 de abril de 1926 por el religioso mexicano Eusebio Joaquín González (1898-1964).
Desde 1964 la organización religiosa ha sido dirigida por Samuel Joaquín Flores y según el último censo del INEGI realizado en 2010 La Luz del Mundo cuenta con 188.326 miembros en México. Según el sitio web oficial de la organización, la Luz del Mundo se encuentra en 35 países. Es la iglesia pentecostal con más miembros en México”.
Nosotros entendemos que la Luz del mundo es otra cosa. Entendemos que cada discípulo de Jesús, unido a Jesús y a su comunidad es la luz del mundo, la verdadera luz del mundo.
Es cierto que tenemos el magisterio, en cada diócesis un obispo y pastor, y para la solicitud de todas las Iglesias, el sucesor de Pedro, que hoy se llama Francisco. Pero la Palabra de Jesús nos interpela a todos: Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos.
Mi vida y mi palabra son una chispita de esa luz que Jesús ha encendido.

7. Jesús, verdadero Hijo de Dios, a quien confesamos como luz del mundo y esperanza de los hombres, haz que mi vida, unida a la tuya, sea la luz que tú quieres derramar; que mi vida, vivificada por la tuya, sea sal de la tierra. Amén.

Guadalajara, viernes, 3 de mayo de 2017.

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