jueves, 9 de febrero de 2017

891. Domingo VI A – Pero yo os digo – La última palabra de Dios



Homilía para el Domingo VI del tiempo ordinario, ciclo A
Mt 5,17-37

Texto evangélico:
17 No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. 18 En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. 19 El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos. 20 Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
 21 Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. 22 Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la gehenna del fuego. 23 Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, 24 deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. 25 Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. 26 En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.
 27 Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. 28 Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. 29 Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la gehenna. 30 Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la gehenna.
 31 Se dijo: “El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio”. 32 Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima — la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.
 33 También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”. 34 Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; 35 ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. 36 Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. 37 Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno.

Hermanos:
1. Cuando nos decidimos a estudiar a fondo la Palabra de Dios, contenida en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, a medida que avanzamos apreciamos más y más las palabras de la antigua Alianza. Especialmente los profetas nos dejan deslumbrados al apreciar en ellos el amor de Dios que se anuncia vivo y que no tiene fondo.
El Dios del Antiguo Nuevo Testamento es el Dios del amor. Si no lo entendemos así, no hemos sabido leer a fondo el mensaje que allí palpita. No hay dos dioses, el del Antiguo y el del Nuevo Testamento. Hay un solo Dios, y Jesús de Nazaret acepta como a su Dios al Dios de Abraham, al Dios de Isaac, al Dios de Jacob, a ese Dios que es Dios de vivos, Dios del amor y de la esperanza.
Por eso es de gran consuelo, escuchar de labios de Jesús las palabras que acaban de resonar: No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
¿Quién es Dios? Dios es el Dios de la Alianza.
La Alianza se hizo desde la gratuidad y desde el amor.

2. Jesús establece el principio de que el no viene a cambiar, a sustituir un Dios por otro, a sustituir el Dios del castigo por el Dios del perdón, el Dios del terror por el Dios del amor, el Dios del medio por el Dios de la confianza. Ha venido, por de pronto, a rescatar a Dios del pecado de los hombres, y a darnos de este modo el verdadero rostro de Dios. Quien está en pecado no puedo hablarnos del Dios verdadero. Y Dios había quedado aprisionado en el propio pecado del hombre, al grado de afirmar Jesús de modo solemne y tajante, enunciando una nueva revelación: Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Los profetas intentaron llevar a cabo esta empresa que intuían, pero no pudieron. Quizás el caso más llamativo sea el oráculo de la nueva alianza de Jeremías:
31 Ya llegan días —oráculo del Señor— en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. 32 No será una alianza como la que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto, pues quebrantaron mi alianza, aunque yo era su Señor —oráculo del Señor—. 33 Esta será la alianza que haré con ellos después de aquellos días —oráculo del Señor—: Pondré mi ley en su interior y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo (Jer 31).
3. El profeta ha intuido que no se trata de nuevos mandamientos, de mejores mandamientos, de más perfectos mandamientos, sino de un sistema nuevo, basado en la inmanencia y presencia de Dios mismo en los corazones, en una divinización de los corazones para que respiren y amen según Dios.
Por esta línea de los profetas va Jesús. No se trata de quitar unos mandamientos y poner otros, de suprimir las Tablas de la Ley y dar otra Ley superior. No es eso.
Siempre con su lenguaje sorprendente, Jesús nos ha hablado de los mandamientos minuciosos de la ley: El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.
4. Sobre esta base de pensamiento, entra ahora Jesús con la novedad de su mensaje. Son las seis antítesis establecidas en el Sermón de la montaña entre el “Habéis oído que se dijo”, “Pero yo os digo”. Hoy escuchamos cuatro; el domingo que viene las dos últimas.
El hombre que medita y piensa para seguir el camino de Jesús se pregunta: ¿Hay ruptura o continuidad entre aquello y esto? ¿Hay contraste? Ciertamente que lo hay. ¿Hay novedad? Sin duda.
Jesús no ha hablado de ruptura, tampoco de continuidad. Ha hablado de plenificación, “llevar a plenitud”. Jesús no es un repetidor de Moisés; pero tampoco un perfeccionador de Moisés, porque Jesús nos trae la novedad de Dios, de aquella revelación que ya se había alumbrado en el Sinaí.
5. Para entender a Jesús hace falta por sabiduría cristiana. San Pablo nos lo ha dicho: Sabiduría, sí, hablamos entre los perfectos; pero una sabiduría que no es de este mundo ni de los príncipes de este mundo, condenados a perecer, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria” (1Cor 2,6-7).
Hermanos, el Evangelio es la Sabiduría de Dios, es la última palabra de Dios en la historia. Esto es lo que Jesús reivindica. Cualquier perfil de la vida humana debe quedar divinizado a la luz de la vida de Jesús, de la doctrina de Jesús. Las seis antítesis son seis ejemplos. Quien habla de seis puede hablar de sesenta.
No matarás… Pero yo os digo… ¿Qué nos dice Jesús? Que él ciertamente no ha matado a nadie, sino que ha muerto por todos. El que está dispuesto a morir por su hermano, ese es el que cumple el mandamiento de Dios. El que está dispuesto a decir: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen (Lc 23,34), ese y solo ese, es el que cumple el verdadero mandamiento de Dios.
Hermanos, esta es la moral cristiana y no hay otra.
Señor Jesús, tú eres el Evangelio, tú eres la última palabra de Dios, tú, y solo tú, eres la norma de mi vida. Amén.
Guadalajara, Jalisco, jueves, 9 febrero 2017
(En Granada, Beato Leopoldo de Alpandeire, humilde hermano capuchino, que murió el 9 de febrero de 1956. Con emoción, desde México).

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