jueves, 23 de febrero de 2017

895. Domingo VIII A – Jesús y el Dinero, Jesús y el Dios Padre que nos cuida.



Homilía para el Domingo VIII del tiempo ordinario, ciclo A
Mt 6,24-34

Texto evangélico:
24 Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. 25 Por eso os digo: no estéis agobiados por vuestra vida pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? 26 Mirad los pájaros del cielo: no siembran ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? 27 ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? 28 ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. 29 Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. 30 Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se arroja al horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? 31 No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. 32 Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. 33 Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura. 34 Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su desgracia.

Hermanos:
1. Una de las frases más contundentes que Jesús ha pronunciado en la tierra es esta del Sermón de la montaña que estamos escuchando estos domingos: No podéis servir a Dios y al dinero.
Este dicho de Jesús, que se quedó tan grabado en la conciencia de la comunidad cristiana, es típico de su forma de hablar, una palabra taxativa, llena de autoridad, revelada, inapelable.
Seguramente que un hombre que anda metido en finanzas, al punto presentará una objeción. Aceptamos que no se puede servir a Dios y al dinero; pero el dinero, para que produzca hay que trabajarlo, y este trabajo será también un servicio. Cabe que con talento y astucia, un financiero que juega en la Bolsa, en pocas horas aumente su capital en 100.000 euros por ejemplo, ajustándose a una legalidad vigente. Es lo que llaman “dinero especulativo”: no es un dinero que se haya producido por el trabajo de los ciudadanos, que haya redundado en beneficio inmediato de ciudadanos trabajadores, sino que es el resultado de un juego hábil de lo que acaso llamen ingeniería financiera. Todo eso es legal. Nadie le podrá condenar; nadie le podrá llevar a la cárcel. Ahora bien, también para esta ingeniería financiera tiene que haber una ética.
Pero la frase de Jesús sigue sonando como un disparo: No podéis servir a Dios y al dinero. Esta palabra está suponiendo que el dinero ha adquirido la categoría de un Dios, y que hay que escribirlo con grandes mayúsculas: No podéis servir al Dios Dinero y a ese Dios de vuestras oraciones. O sirves a uno o sirves a otro, porque los dos, cada uno de los dos, te va a reclamar todo.
Es Dios dinero es un Dios que lo llevamos en un pedestal en el corazón, y lo llevamos todos. Los ricos siempre quieren más, y los que no somos ricos no estamos libres de esta tentación del demonio.

2. Frente a esa realidad que ha invadido la historia ¿qué nos dice Jesús? Jesús responde con un poema de los pájaros y las flores: Mirad los pájaros del cielo…, Fijaos cómo crecen los lirios del campo…
Un gran teólogo alemán, que murió en un campo de concentración, que fue uno de los líderes de la resistencia contra el Führer, Hitler, escribió, comentando el Sermón de la montaña, Dietrich Bonhoeffer (1906-1945): “Esta frase (se refiere a No os agobiéis por el mañana…) o bien contiene una ironía terrible con respecto a los pobres y miserables a los que se dirige precisamente, con respecto a los que, humanamente hablando, pasarán hambre mañana si no se preocupan hoy… insistamos, o bien esta frase constituye una ley insoportable, o bien es el anuncio único del evangelio, del evangelio de la libertad de los hijos de Dios, que tienen un Padre en los cielos, un Padre que les ha dado a su amado Hijo. ¿Cómo no nos dará con él todo lo demás?” (El precio de la gracia. El seguimiento. Col. Verdad e imagen 95, Salamanca, Sígueme, 3ª edición 1986, en la pág. 115).

3. Estamos, evidentemente, ante una revelación del Padre, que Jesús la ha probado y gustado en sí mismo y la propone a sus discípulos. Haced la prueba de la paternidad divina, de que Dios es nuestro Padre y, pase lo que pase, no nos ha de abandonar. El futuro es de Dios, únicamente de Dios, el todopoderoso que nos ha dado a su Hijo amado.
En la doble comparación de los pájaros y los lirios del campo Jesús está pensando en el hombre y la mujer, en el Padre de familia que es el que con su trabajo trae el dinero a casa y alimenta a su familia y en la madre del hombre, que es la que teje los vestidos los vestidos y provee en la casa como reina del hogar. Mirad los pájaros: no siembran, no cosechan, no tienen graneros…, pero Dios los alimenta; a ese Dios Jesús lo llama “vuestro Padre celestial”. No es un poeta el que habla. Habla el Hijo de Dios. Hay que tener una visión muy divina, para llegar a ver lo que Jesús está viendo.  Ciertamente nosotros no somos capaces de llegar a estas conclusiones. Jesús sí, y lo está viviendo.

4. Y lo mismo dice en femenino pensando en las amas de casa. Mirad los lirios del campo…, humildes flores que nacen por sí solas. No son las flores de semilleros cuidadosamente cultivadas en el jardín. Están en los bordes de los caminos. Jesús se queda extático. ¡Qué maravilla! No hay tejedor en el mundo que pueda hacer una tela tan fina, tan viva. El majestuoso Salomón, con ser lo que era, nunca tuvo un traje tan precioso. Pero esas flores, sean pequeñas como violetas, sea especie de hierba o forraje, han de desaparecer. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se arroja al horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe?

5. Hermanos, repitamos que esto no es un desahogo poético. Es una revelación escondida. Jesús no nos va a reprochar que nosotros no tengamos una sensibilidad estética para gozar del mundo. Él nos dice que somos “gente de poca fe”. Esa es la cuestión: si tenemos fe o no tenemos fe, si nuestro Dios el Padre de Jesús u otro Dios “light” que nosotros nos hemos forjado.
Lanzarse al Dios de Jesús es lanzarse de todo corazón al Dios ardiente de nuestra fe, con todas sus consecuencias.  Al Dios de la confianza, al Dios de la Cruz y de la Resurrección.

6. Señor Jesús, líbrame, por tu misericordia, del dios falso de las apariencias y del dinero, y llévame al Dios de tu corazón, en el que tú pusiste toda tu confianza. Amén.

Guadalajara, jueves, 23 febrero 2017.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

No se puede servir a Dios y al dinero. No se puede poner a Dios y al dinero en un mismo plano. Es una aberración.
Jesucristo es hombre, sufre como hombre, siente como hombre, pero, no lo olvidemos, piensa como lo que realmente es: Dios. Gracias a esas cualidades nos da pautas de conducta agradables a su Padre: SED PERFECTOS COMO VUESTRO PADRE CELESTIAL ES PERFECTO. Bien sabe Jesucristo que esa perfección es imposible de alcanzar debido a nuestra imperfección humana. Nosotros somos pecadores “per se”. Podemos “luchar” por alcanzar perfección, pero nada más.
¿Quién hijo de mujer no se preocupa de su subsistencia?. Los pájaros del cielo nacen “vestidos” con sus maravillosos plumajes. El hombre nace desnudo. Las aves del cielo vuelan de un lugar a otro, y a veces recorren grandes distancias, para otro para procurarse su sustento. La subsistencia del hombre no obedece a esos cánones de conducta. Ganamos nuestro sustento y nuestros vestidos con el trabajo de cada día.
Jesucristo mismo, a modo de queja de su mísera situación, nos dice que LAS RAPOSAS TIENEN GUARIDAS, Y LAS AVES DEL CIELO NIDOS; PERO EL HIJO DEL HOMBRE NO TIENE DÓNDE RECOSTAR SU CABEZA.
Así pues, Jesucristo y sus discípulos eran itinerantes, vestían lo que llevaban puesto (no disponían de “repuesto”) y dormían al aire libre o se hospedaban en casas de sus amigos o de personas agradecidas con curaciones. Comían lo que pescaban o lo que otros les daban.
San Lucas dice que JESÚS IBA POR TODAS LAS CIUDADES Y ALDEAS (….) [acompañado de] ALGUNAS MUJERES QUE HABÍAN SIDO SANADAS DE ESPÍRITUS MALOS Y DE ENFERMEDADES: MARÍA, QUE SE LLAMABA MAGDALENA, DE LA QUE HABÍAN SALIDO SIETE DEMONIOS, JUANA, MUJER DE CHUZA, INTENDENTE DE HERODES, Y SUSANA, Y OTRAS MUCHAS QUE LE SERVÍAN DE SUS BIENES.
Queda claro, con nombres incluidos, de que el Padre proveía la manutención a Jesucristo y sus discípulos…..a través de los beneficiados de las curaciones de enfermedades que le procuraban, en agradecimiento, su ayuda en la manutención o en el hospedaje.
Saludos.
Juan José

Publicar un comentario

 
div> ;