Adviento, querido Adviento
Para entrar en el Adviento escribí, hace años (Adviento 2008): En el Jardín de la Esperanza (Introducción poético-espiritual) (mercaba.org – Fr. Rufino María Grández, el pan de unos versos / El año litúrgico). Y al año siguiente, en el mismo portal y sitio: ADVIENTO - Teología, Liturgia, Estética (Carta de un poeta). Es mucho decir eso de carta de un “poeta”. He de retirarme yo para dar paso al Adviento o Llegada del Señor. Eso sí es divina poesía; es la obra de Dios en la tierra, la venida del Verbo encarando, mediante una hermana de nuestra estirpe, María, la toda pura. Ahora sí las fuerzas flaquean. Pero uno quisiera decir una palabra de gratitud y cariño. Y acude a la poesía, para tomar una palabra del lenguaje más puro. Un verso muy humilde, lo entiendo; pero el buen lector a lo mejor aprecia más el ingenuo deseo que lo inspira que la forma que lo acoge. Lee así, hermano, hermana, estos versos de un orante aprendiz a poeta, que con sencillo lenguaje de antaño, quiere romancear el inicio del Misterio Infinito de la Encarnación.
Aquí recuerdo que en aquel lejano año de noviciado (en Sangüesa, junta a Javier, junto a Leyre, un padre benedictino de este monasterio, P. Augusto Pascual, vino a hablarnos de liturgia) Ya veníamos enseñados desde antes por los libros de entonces: Pío Parsch, Benedick Baur; y, a su vez, el Padre Maestro del noviciado nos explicaba estas cosas…
Permita el lector esta confidencia: Yo nací en Adviento (un 5 de diciembre); hacía mucho frío; la pila bautismal de la iglesia mayor de mi pueblo lo sabe, cuando a los cuatro días me llevaron a bautizar. Pero era Adviento…, Adviento…
Adviento, querido Adviento,
un jardín de mis recuerdos,
mi alma se reblandece
con el Adviento que pienso.
Me veo en el noviciado
a toda la vida abierto:
el Adviento me enseñó
a gustar preciosos textos.
Tres personas, nos decía,
al explicar, el Maestro:
Isaías y el Bautista
y Quien lo lleva en su seno.
Es el tiempo de María,
de intimidad y silencio,
de oración contemplativa
adorando al Hijo Verbo.
Tres venidas – aprended -:
la de Belén, la del Reino,
y la visita de ahora,
que espera la preparemos.
Adviento, tiempo de amores,
de bordar preciosas sueños,
que jamás han de alcanzar
lo que sueña nuestro Dueño.
Los sueños de los profetas
vinieron a cumplimiento,
pero más que todo sueño
María llevaba dentro.
Vengo al Adviento de hoy,
y humildemente confieso,
que si una nostalgia es bella
el hoy de Dios es más bello.
Adviento de una presencia
es el Adviento que quiero,
gozar de una compañía
que quite todos mis miedos.
Por las calles de Madrid
había muchos letreros,
y luces, luces y luces
que puso el Ayuntamiento.
Oh, las luces de la Villa…,
turistas del mundo entero…
Mas el Adviento en mi alma
tenía un solo Lucero.
Un lucero inextinguible,
Lucero de carne y hueso.
Y el Lucero era Jesús
prendido en el Evangelio.
En un diciembre nací
y Adviento llevo en mi sello;
era fría la mañana,
pero el bautismo era fuego.
En trincheras era guerra,
en familia era contento,
se abría la Navidad
ya antes del Nacimiento.
Hoy es tiempo de pandemia,
pero el amor tiene versos;
todo el verso de mi vida
en Adviento he de ofrecerlo.
Saltando por las colinas
Llegaba, brincando, el ciervo…;
¡ven a mí, amada mía,
que hacia ti va mi deseo!
Y la amada enamorada
levantaba el alma en vuelo:
un abrazo nos espera,
yo soy tierra y tú eres cielo.
Y el cielo vino a la tierra,
cuando yo le hice mi hueco:
sé Venida cada día,
Creador del universo.
Desaparezcan poemas
como flores por el suelo,
y entra tú, Amor de amores,
preparado el aposento.
Toda tu Iglesia suspira,
pues eres tú su solo anhelo:
oh, mi Jesús, tú nos ves
tú nos traes tu consuelo. Amén
Jerusalén, S. Francisco Javier, Adviento 2021.
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