miércoles, 29 de diciembre de 2021

1712. Fin de año – Himno para una celebración

 Sin tiempo y sin espacio no es el mundo

Las celebraciones litúrgicas del tiempo de Navidad no tienen una celebración específica de Fin de Año. Recordemos de las Normas universales sobre el año litúrgico y sobre el calendario: “El tiempo de Navidad va desde las primeras Vísperas de la Natividad del Señor hasta el domingo después de Epifanía, o después del día 6 de enero, inclusive” (n. 33). “La Navidad tiene su octava ordenada de este modo: … e) Los días 29, 30 y 31 son días de la octava; f) El día 1 de enero, octava de Navidad, es la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, en la que se conmemora también la imposición del Santísimo Nombre de Jesús” (n. 35).

En la cultura del pueblo existe la Cena de Nochevieja, muy distinta de la entrañable y familiar Cena de Nochebuena.  Y existen los ritos de múltiples significados para despedir – acaso “matar” al Año Viejo – y recibir al Año Nuevo, que pasados doce meses será también “año viejo”, acaso para tirarlo a la basura.

Pero no es menos cierto que la piedad cristiana siente la necesidad de buscar un espacio sagrado para una celebración espiritual de Fin de Año. Así, por ejemplo, la Vigila de Fin de Año de la adoración Nocturna Española, con la celebración de la Eucaristía y a continuación larga adoración al Santísimo Sacramento, por turno, según se detalla en el Manual, con sus pasos y oraciones.

Pensamos que podría crearse una celebración litúrgica oportuna, que hoy no existe, dentro del Misterio de la Encarnación, que va esencialmente unida al misterio del tiempo. Las santas Escrituras nos abren a una teología del tiempo. Dios es el Creador de cielo y tierra, y Creador del tiempo como tiempo salvífico.

Es cierto que esta teología salvífica está incluida en la Vigilia Pascual, que comienza con el rito de la luz, y en las lecturas se nos propone como primera la creación del cielo y de la tierra.

Vaya este himno espiritual por si puede prestar un servicio en una Vigilia navideña de fin de Año, que estaría basada en tres pilares: Gracias – Perdón – Ofrenda.

En la octava de Navidad, 1 de enero, popularmente Año Nuevo, todos los años se proclama la Bendición aarónica (Num 6,22-27), como augurio del año que comienza.

 

Sin tiempo y sin espacio no es el mundo,

ni habría Encarnación ajena al tiempo;

tiempo y cuerpo son gracia dada por el Hijo,

y el tiempo es don de Dios  para el encuentro.

 

Oh Dios eterno, amor que te derramas

al ritmo y sucesión de nuestros tiempos,

traemos hoy el año ya pasado,

ofrenda ante la cuna con un beso.

 

A ti de damos gracias Padre amado,

por cada amanecer con su proyecto,

por el pan y el trabajo que nos diste

por ser tú vida, vida en crecimiento.

 

Perdónanos, Señor, si acobardados

no respondió a tu gracia nuestro empeño,

no dejes de llamarnos a tu viña

y danos ilusión y nuevo esfuerzo.

 

Jesús será presencia día a día

y en él es todo suave y llevadero,

con él, Resucitado, y el Espíritu,

el mundo cual tarea, el mundo es bello.

 

¡Eterno Dios, oh gozo y esperanza,

amable providencia, paz y premio,

por manos de tu iglesia peregrina

a ti el amor de todo el universo! Amén.

 

Jerusalén, 29 diciembre 2021.

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