jueves, 16 de diciembre de 2021

1703. La Virgen tenía prisa – El juglar del Evangelio para el IV Domingo de Aviento

 

La Virgen tenía prisa

 

“María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña” (Lc 1,39).

Un día – hace medio siglo (cuando yo estudiaba en Roma en el Instituto Bíblico, 1962-64 – el bendito padre Maximiliano Zerwick, 1899-1975, de grata memoria (cuyo Analysis philologica Novi Testamenti Graeci ha servido a muchos miles de escolares, en múltiples lenguas), se paró en la clase explicando griego, y nos dijo: ¡Fíjense bien: el título más grande que se ha dado a la Virgen, la Madre de mi Kyrios, la Madre de mi Señor! ¡Fíjense bien, qué significa Kyrios! Kyrios es Señor, es Dios: la Madre de mi Dios.

Cuántas veces lo he recordado. Gracias, padre Zerwick

 

La Virgen tenía prisa,

y aprisa va a la montaña;

sola va, sin compañía:

su alma tenía alas.

 

Porque el amor que es amor

encuentra el modo y la gracia,

de ser ayuda y presencia

con la persona que ama.

 

¿Quién soy yo?, dijo Isabel,

de alegría saturada,

que venga a verme quien viene,

pise el umbral de mi casa.

 

La Madre de mi Señor,

la que quiso ser su esclava,

la que lleva al Creador

en sus maternas entrañas.

 

Al punto que en tu saludo

tu cara besó mi cara,

la criatura que llevo

dio saltos alborozada.

 

Bendita tú entre todas

las madres de nuestra raza,

tú, la Madre del Mesías,

María, mi prima amada.

 

Dichosa tú que has creído

a la divina embajada:

bendita tú por tu fe,

tu joya de enamorada.

 

Y se abrazaron las dos,

las dos de amor enlazadas

por el Dios de las promesas,

que es el Dios de la Alianza.

 

María tenía un canto,

que el Magníficat se llama,

para cantar la venida

de la Palabra encarnada.

 

Ya dos mil años pasaron

de esta visita contada,

y como Dios está en medio

volvemos a celebrarla.

 

Hoy nos visita María

y trae lo que llevaba

al Emmanuel, que es Dios vivo,

que aquí nos pide posada.

 

Sed bienvenido, Dios mío,

y amadme con vuestras ganas,

y para siempre quedaos

habitando en mi morada.

 

Mi cantiga, Madre mía,

para ti iba adobada;

preséntala a mi Señor,

y será bien escuchada.

 

Contigo me quedo, Madre,

en las buenas y en las malas,

que si cuento con tu amor

nada quiero y tú me bastas. Amén.

 

Jerusalén, Jueves III sem. Adviento, 16 dic. 2021

miércoles de la III semana de Adviento, 15 dic. 2021

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