sábado, 25 de diciembre de 2021

1710. Navidad 2021 (6) – Nochebuena en Belén. Crónica espiritual, y poema de oración

 Belén es esta noche el mundo entero

 

Navidad en Belén, una experiencia espiritual privilégiala, en este caso para ver como la liturgia, exquisitamente prepara es un sacramento en el que el misterio se trasparenta, al sentirse “uno” y “único” en una intimidad invulnerable y sentirse todos, en una comunidad donde no sobraba un sitio. El canto y el órgano hacen parte de este “sacramento”, y acaso uno entiende, sin ser músico, cómo nació divinamente el Gregoriano en oración y para la oración, y cómo nacieron, por necesidad orante, esas volutas que tiene, por dentro, el Gregoriano.

Una turba innumerable de sacerdotes fuimos apareciendo por la sacristía para vestir todos alba, estola y casulla blanca, todos de fiesta completa. Sería las 9.30 de la noche cuando comenzamos a tomar asiento, empezando por el coro alto de detrás del altar mayor de esta Basílica de la Natividad, llamada iglesia de Santa Catalina. Íbamos a hacer tiempo en silencio… Perdí el reloj… el simple ver ya era oración, y aquí y allá (yo mismo), prácticamente todos, se fueron viendo celulares, que en su momento guardarían imágenes de esa Noche santa.

Teníamos en manos un hermosísimo folleto, sacado por la Custodia: In Nativitate Domini. Sollemnitas diebus 24-25 Decembris. Celebrationes in civitate Bethlelem. Las lecturas, aparte del latín, estaban en árabe, Italiano, Inglés, Francés, Alemán, Español. Y la música en su grafía; perfecto, 162 pp. La celebración de esta noche era: Maitines – Celebración de la Eucaristía – Procesión a la cripta, al lugar del nacimiento.

Pero, de pronto, repartieron otro folleto, un cuadernillo de 16 pp., que decía en portada: Il Presepio di Greccio. Ad Nativitatis vigiliae preparationem, di 24 decembris Bethlehem. Y sobre las 10 de la noche rompió el órgano para que el diácono cantara: In nomime Patris et filii et Spiritus Sancti. El lector hizo la Monitio, tomada de la Legenda de Perusa 114. La celebración fue el relato de Grecio, según la Vida de san Francisco de Celano (Fonti Francescani 466-471), dividida, degustada en seis estancias. Y a cada lectura o estancia espiritual venía el canto, el villancico, comenzando por el Stille Nacht, pero - ¡oh sorpresa! – versificado en latín: Silet nox! Contremit nox! / Omnium silet vox / Sonat ardens adstantium cor / Totus tuus, o Iesule, cor / Pax hominibus tu, Pax hominus tu. – Y así cantamos divinamente, con mucha devoción, segunda y tercera estrofa del “noche de paz”, latinizado, a Jesusito.

Otro era: Adeste, fideles…, tan conocido, vibrante.

Al concluir, todo el Evangelio de la geneaología de Jesús, según Mateo, nombres que iban cayendo en Belén como estrellas del cielo. Todo sonaba perfecto.

Y de pronto, oigo algo que hacía 60 años yo había oído en mi primera Navidad de estudiante universatario en tierra de habla francesa, en un pueblecito del cantón de Fribourg (Suiza), Faoug, donde celebré mi primera Navidad como sacerdote: Les anges dans nos campagnes / Ont entonné l'hymne des cieux; / Et l'écho de nos montagnes / Redit ce chant mélodieux:  Gloria, in excelsis Deo, Gloria, in excelsis Deo. “Melodía popular francesa”, decía el librito. Pero no era en francés; las siete estrofas (pp. 14-15) para corearlas con el Gloria estaban en latín. ¡Cuántos recuerdos, Dios mío, giraban por mi cabeza!

Terminó Greccio; descansamos un rato, orando perdidos en el ambiente… y cerca de las 11. 30 comenzaron los Maitines, para que a las 12.00 de la noche fuera la Misa de Medianoche. Mientras tanto iban llegando las personalidades de la Autoridad Palestina para ocupar su zona reservada. Téngase presente que Belén no es Israel, sino Estado Palestino. Y en primera fila estaba el Primer Ministro del Estado Palestino.

Los Maitines no terminaban con el Te Deum, sino con la Kalenda de Navidad (Martyrologium Romanum. Die 25 Decembris), solemnemente cantada: “Pasados innumerables siglos desde al ceración del mundo…, después también de muchos siglos desde que el Altísimo pusiera su arco en las nubes…; veintidós siglos después de la emigración de Abraham, nuestro padre en la fe, de Ur de Caldea…, el año setecientos cincuenta y dos de la fundación de la Urbe, el año cuarenta y dos del imperio de César Octavio Augusto, estando todo el orbe en paz, Jeuscristo, Dios  eterno e Hijo del eterno Padre, queriendo consagrar el mundo con su piadodísima venida, concebido del Espíritu Santo, nueves meses después de su concepción, nace AQUÍ EN Belén de Judea, hecho hombre de María Virgen: la Natividad de nuestro Señor Jesucristo según la carne”.

Después que las campanas dieran los debidos toques para la campiña de Belén, mientras en la iglesia se cantaba y se cantaba, a las 12 de la noche empezó la misa…

Y aquí se corre el telón para que el lector sueñe y se pierda.

Llegó el Gloria. Aquellos fue un estruendo.  El órgano parecía que iba a romper las bóvedas, sonaba y repicaba la campanita de junto a la sacristía, agitada por la mano de un campanero de manga franciscana…, y cuando se apaciguó este ímpetu continuamos en la asamblea con el dulce gregoriano: “et in terra pax hominibus bonae voluntatis…”. Las lágrimas corrían por las pardes del corazón.

Se hicieron las divinas lecturas de Navidad.

Nos sentamos, y el Patriarca, que a la sazón es su Beatitud Pierbattista Pizzaballa, franciscano, empezó la homilía, pronunciada en inglés, que la podemos ver en distintas traducciones en la web del Patriarcado Latino de Jerusalén:

 

“Queridos hermanos y hermanas,

Reverendísimas excelencias,

Señor presidente, excelentísimos invitados

¡El Señor os de la paz!

Este año la celebración de la Navidad es ciertamente más alegre que el año anterior, nuestra Iglesia está llena de fieles y la ciudad está de fiesta. En comparación con la Navidad del año pasado, la participación es mucho mayor y esta es una señal alentadora. Por supuesto, todavía falta una parte importante para que la alegría sea completa. No hay peregrinos, que por segundo año consecutivo no pueden estar con nosotros, debido a la actual emergencia sanitaria, que se está alargando más de lo que uno podría imaginar. Recemos por ellos y al mismo tiempo pedimos sus oraciones, para que todo esto acabe pronto y que la ciudad de Belén vuelva a estar llena de peregrinos, como es su característica. Oremos también para que vuelva la alegría a las muchas familias que se sostienen gracias a las peregrinaciones y que, a causa de esta pandemia, llevan más de dos años sin trabajar y viven en una situación cada vez más difícil.

Esperamos que con la acción conjunta de la política, la Iglesia y los tour operadores locales e internacionales, se puedan encontrar formas seguras de retomar esta actividad, a pesar de la pandemia. ¡Es realmente necesario!”.

 

Fue valiente, comentaron luego hermanos y hermanas…

No, tenía que haber dicho más, comentaba otro.

Palestina e Israel, donde nació el Príncipe de la Paz, es una tierra de dolor, como lo sabe la prensa Internacional…

En fin…, seguimos la Misa, sin reloj, pensando que a lo mejor ya no habrá otra…, sino que la venidera será en la Jerusalén celestial.

Al terminar la Misa, pasamos al claustro cuadrangular para bajar al locus donde “Verbum HIC caro factum est”. Oramos en silencio y cantamos… El Te Deum coronó esta “Processio ad cryptam Nativitatis”.

Subimos a la basílica. Se oró con la oración final, y recibimos la bendición del Patriarca.

Noche santa.

Al salir, eran como las 2 de la madrugada, cansados y felices.

Volvimos a casa. No ha sido un día de jolgorio. Quizás lo sea esta noche.

Mientras tanto, en el belén de esta celda capuchina, he querido plasmar en un poema el recuerdo de esta Navidad singular.

Belén es esta noche el mundo entero,

Así lo vivo y siento, así lo canto:

En medio está Jesús, mi Dios nacido

Y un mensaje: En él estáis salvados.

 

Se fue el reloj y reina la armonía

de aquel amor aquí cantado y celebrado,

Dios es hombre, es un niño entre pañales

que da ternura y paz solo mirarlo.

 

Allá en mi corazón está presente,

que él vino y no se fue y vive amando,

y hoy quiere renovar sus maravillas

el Verbo en las entrañas encarnado.

 

Y la asamblea escucha la Palabra,

anuncio, sí, y luminoso dardo;

el corazón amante se doblega

y el Espíritu Santo obra el milagro.

 

Estos amables rostros llevan dentro

a los hombres de hoy y del pasado,

todo el orbe es familia y bendición,

y todos a su modo van buscando.

 

¡Oh Niño Dios, oh Niño de Belén,

oh Niño que enamoras siendo humano,

que todo honor y gloria al Padre ascienda,

del universo en ti divinizado! Amén. Aleluya

Jerusalén, 25 diciembre 2021

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