Navidad de san Francisco
El año 1223 san Francisco de Asís, tres años de su muerte (oct. 1226) quiso celebrar la Navidad del Señor, en el pequeño pueblo de Greccio, provincia de Rieti (región de Lacio), quiso celebrar la Navidad del modo más plástico. ¿Cómo vivía él la Navidad? La respuesta nos la da el mismo Francisco, cuando compuso el Oficio votivo de la Pasión del Señor, reacomodando los versículos de los salmos. El Salmo dispuesto para el tiempo de Navidad nos traduce el corazón de Francisco. La Navidad es, ante todo, la fiesta del santísimo Padre del cielo, que envía a su Hijo amado nacido de la Virgen María. Toda la creación, y nosotros con ella, debe estallar en alabanzas. La Navidad, que nos hace hijos de Dios, nos abre el camino de la Cruz, que es el camino del amor.
1Gritad de gozo a Dios, nuestra ayuda (Sal 80,2);
* aclamad al Señor Dios vivo y verdadero con gritos de júbilo (cf. Sal
46,2).
2Porque el Señor es excelso,
* terrible, Rey grande sobre toda la tierra (Sal 46,3).
3Porque el santísimo Padre del cielo, Rey nuestro antes de los
siglos (Sal 73,12),
' envió a su amado Hijo de lo alto,
* y nació de la bienaventurada Virgen santa María.
4Él me invocó: Tú eres mi Padre;
* y yo lo constituiré mi primogénito,
excelso sobre los reyes de la tierra (Sal 88,27-28).
5En aquel día envió el Señor su misericordia,
* y de noche su cántico (Sal 41,9).
6Éste es el día que hizo el Señor,
* exultemos y alegrémonos en él (Sal 117,24).
7Porque un santísimo niño amado se nos ha dado,
' y nació por nosotros (cf. Is 9,6) de camino y fue puesto en un pesebre,
* porque no tenía lugar en la posada (cf. Lc 2,7).
8Gloria al Señor Dios en las alturas,
* y en la tierra, paz a los hombres de buena voluntad (cf. Lc 2,14).
9Alégrense los cielos y exulte la tierra, ' conmuévase el mar y
cuanto lo llena;
* se alegrarán los campos y todo lo que hay en ellos (Sal 95,11-12).
10Cantadle un cántico nuevo,
* cantad al Señor, toda la tierra (Sal 95,1).
11Porque grande es el Señor y muy digno de alabanza,
* más temible que todos los dioses (Sal 95,4).
12Familias de los pueblos, ofreced al Señor, ' ofreced al Señor
gloria y honor,
* ofreced al Señor gloria para su nombre (Sal 95,7-8).
13Ofreced vuestros cuerpos ' y llevad a cuestas su santa cruz,
* y seguid hasta el fin sus santísimos preceptos (cf. Lc 14,27; 1 Pe 2,21).
(Y dice la rúbrica: Adviértase que este salmo se dice desde la Natividad del Señor hasta la octava de Epifanía, en todas las horas).
Navidad de san Francisco,
orada en pura alabanza:
los salmos del rey David
no bastan para cantarla.
Dios es Padre, Dios es Padre,
divina corazonada
de enviar al Unigénito
que naciera entre unas pajas.
Es la fiesta del amor,
solo Dios pudo pensarla
y al honor del Padre Dios
podemos concelebrarla.
Enséñanos, Padre amado,
qué era en ti lo que pasaba,
qué es ese amor por nosotros,
que ni comienza ni acaba.
Tuviste la eternidad
para saber si acertabas,
y “ab aeterno” diste el sí
que siempre acierta el que ama.
Y a una humilde y joven virgen,
en lo secreto del alma,
le enseñaste el mismo sí,
para que Dios se encarnara.
Y María obedeció:
He aquí la pobre esclava;
Soy feliz por ser la esposa
de quien me hizo inmaculada.
Esta fue la vera historia
que en los cielos se fraguaba,
y empezó la Navidad
que Dios Padre organizaba.
Oh Trinidad beatísima,
es vuestra fiesta adoraba,
gozamos porque así sea,
y no tenemos palabras.
Ángeles de Dios vivo,
moradores de su casa,
cantadle en todo momento
con estallidos de Gracias.
Locuras que aquí en la tierra
toda razón sobrepasan
decidle con vuestro “Gloria”
las glorias que a Dios agradan.
¡Oh ángeles de Belén,
la Gloria y la Paz juntadas,
llenad el cielo y la tierra
en la Nochebuena santa!
Un Hijo nos ha nacido
de purísimas entrañas;
un Niño nos ha venido
de Mujer de nuestra raza.
Eva, la Madre ha llorado
de alegría desbordada,
al verse ya pura y limpia,
redimida y ensalzada.
Que hoy las nupcias del amor
se hacen en esta Cabaña;
el Palacio de los cielos
se ha hecho cuna en mi casa.
Venid, hermanos cristianos,
con el alma preparada:
con canciones escogidas
del universo que canta.
La Creación es liturgia
de aleluyas y alabanzas,
y Belén es el altar
de todas nuestras miradas.
El pobrecillo de Asís
ante Jesús se descalza;
se arrodilla reverente:
nace el alma franciscana.
Y nos dice que sigamos
las santísimas pisadas
que llevaron a la Cruz
al que en el cielo moraba.
Este niñito precioso,
que todo amor nos regala,
nos abre la vera senda
que conduce hasta la patria.
Vivamos, hermanos míos,
la Navidad consagrada:
Navidad del Evangelio,
mi Navidad franciscana.
Navidad en la pandemia,
Navidad con muchas llagas;
junto a la cuna de amor
mi corazón ora y calla. Amén.
(Jerusalén, 23 diciembre 2021 – Antes de la Misa Funeral de nuestro ehrmano franciscano P. Federico Manns, 1942-22/XII/2021).
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