viernes, 8 de junio de 2018

1091. Dom. X, ciclo B – Jesús nos acepta como su verdadera familia


 Jesús nos acepta como su verdadera familia
Mc 3,20-35


Texto evangélico:
20 Llega a casa y de nuevo se junta tanta gente que no los dejaban ni comer.
 21 Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí. 22 Y los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios». 23 Él los invitó a acercarse y les hablaba en parábolas: «¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? 24 Un reino dividido internamente no puede subsistir; 25 una familia dividida no puede subsistir. 26 Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. 27 Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa.
 28 En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; 29 pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre». 30 Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.
 31 Llegan su madre y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar. 32 La gente que tenía sentada alrededor le dice: «Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan». 33 Él les pregunta: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?». 34 Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice: «Estos son mi madre y mis hermanos. 35 El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».

Hermanos:
1. El Evangelio de hoy, que acabamos de escuchar tiene tres partes diferentes: dos escenas que hablan de la familia de Jesús, y entre una escena y otra un dicho de Jesús acerca de un pecado que no se puede perdonar, un pecado que se llama pecado contra el Espíritu Santo.
Conviene que hagamos esta aclaración, porque tantas veces se oye y se comenta: ¿Qué es eso del pecado contra el Espíritu Santo, que no se puede perdonar? ¿Es acaso maldecir a la Tercera Persona de la Santísima? Como si una maldición contra Dios Padre se pudiera perdonar, lo mismo una blasfemia contra el Hijo, Jesucristo; pero no contra el Espíritu Santo.
No es eso, no se trata de eso.

2. Bien sabemos que el perdón de Dios, como su amor, es infinito; y que Dios perdona todo. Como le ha gustado decir a este Papa: Dios no se cansa de perdonar; Dios perdona siempre, Dios perdona todo. Lo que sí es cierto que nosotros nos cansamos de pedir perdón.
Volviendo, pues, a lo esencial: Dios perdona todo; Dios perdona siempre.
Horrendo crimen es matar a una persona, por dinero, por venganza, o por el motivo que sea. Dios perdona ese crimen.
Crimen negando llama el Concilio a matar a un feto en el vientre de su madre, una criatura que va viniendo a este mundo. Dios perdona ese crimen.
La historia humana se abrió con un crimen horrible: un hermano mata a su hermano; Caín mató a Abel. “Mi culpa es demasiado grande para soportarla. […] y cualquiera que me encuentre me matará». El Señor le dijo: «El que mate a Caín lo pagará siete veces». Y el Señor puso una señal a Caín para que, si alguien lo encontraba, no lo matase” (Gen 4,13-15).
Hermanos, no se puede matar ni a un asesino. Si Jesús ha pagado la muerte de todos, no podemos matar a nadie.

3. Pecar contra el Espíritu Santo es esto. Jesús está derramando la bondad de Dios; Jesús está expulsando al espíritu maligno… Y, como no aceptan lo que es evidente, le reprocha: Este expulsa a los demonios porque tiene un pacto con los demonios, con Belcebú el príncipe de los demonios. En resumen, este también es un demonio, que pacta con los demonios.
Es decir, lo que era el Espíritu de Dios, Espíritu de amor, el Espíritu Santo…, resulta que ahora se interpreta como espíritu del diablo. Si yo le ofrezco el amor de Dios y tú lo rechazas, si yo te ofrezco el perdón de Dios y tú no lo quieres, pues tú mismo te estás excluyendo. Eso es pecar contra el Espíritu Santo, rechazar el ser perdonado.
En resumen, hermanos: el único pecado que nos e perdona es el no querer ser perdonado. Solo se condena aquel que quiere ser condenado. El que pide perdón y no quiere ser perdonado, ese jamás se condenará por mucho que haya pecado.

4. Pasemos ahora a lo de la familia de Jesús, para detenernos en la segunda escena.
« ¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?». Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice: Estos son mi madre y mis hermanos.
Estas palabras de Jesús hemos de tomarlas como palabras de revelación, porque solo así podemos entenderlas. No son palabras “informativas”, sino, como decimos, “palabras de revelación”.
Nosotros en nuestras relaciones de amistad bien pronto pasamos al tema de la familia: tus padres, tu esposa, tus hijos. Queremos informarnos discretamente de estas cosas…
En los Evangelios no encontramos una sola palabra de Jesús en que él nos hable de sus familiares: quién era su madre, cómo le cuidaba, cómo la quería… De su padre, de su oficio, de sus primos… Absolutamente nada. Al morir, una palabra referida a su madre, a quien no llama “Madre”, sino misteriosamente “Mujer”. Una palabra que los biblistas interpretan no como asunto o preocupación doméstica, sino como revelación de las relaciones de la comunidad de discípulos con la Madre de Jesús, la Madre del Señor…

5. Y la escena a al que estamos asistiendo no es una escena de relaciones familiares, sino una escena de revelación de la familia que está naciendo en el mundo. La verdadera familia de Jesús es la familia que nace de la fe, de la escucha de la Palabra divina, del cumplimiento de la voluntad divina. San Marcos dice: El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre.
Nosotros somos la verdadera familia de Jesús. Es muy hermoso ver cómo a través de los siglos los santos y las santas han meditado estas palabras de Jesús, y juntamente con otras se las han aplicado a sí mismos y las han enseñado a los demás. En los escritos de san Francisco y de santa Clara encontramos referencias muy hermosas. San Francisco, en una carta que escribió a los fieles (Carta II a todos los fieles), se atrevió a expresarse así, señal de que él vivía lo que decía:
48Y sobre todos ellos y ellas, mientras hagan tales cosas y perseveren hasta el fin, descansará el espíritu del Señor (Is 11,2) y hará en ellos habitación y morada (cf. Jn 14,23). 49Y serán hijos del Padre celestial (cf. Mt 5,45), cuyas obras hacen. 50Y son esposos, hermanos y madres de nuestro Señor Jesucristo (cf. Mt 12,50). 51Somos esposos cuando, por el Espíritu Santo, el alma fiel se une a Jesucristo. 52Somos ciertamente hermanos cuando hacemos la voluntad de su Padre, que está en el cielo (cf. Mt 12,50); 53madres, cuando lo llevamos en nuestro corazón y en nuestro cuerpo (cf. 1 Cor 6,20), por el amor y por una conciencia pura y sincera; y lo damos a luz por medio de obras santas, que deben iluminar a los otros como ejemplo (cf. Mt 5,16).

6. Son aplicaciones concretas de lo que Jesús nos dice, si bien el sentido último del texto no llega a estos particulares.
Somos la verdadera familia de Jesús. Él nos lo dice y él nos admite así. Las consecuencias afectan al comportamiento de todos los días y de toda la vida. Si como discípulos suyos somos la verdadera familia de Jesús, hemos de vivir en intimidad con él y el Evangelio ha de ser nuestra única norma de conducta, una vida evangélica, abiertos al mundo y a la historia presente.

Señor Jesús, acepto tus palabras como palabras de revelación de mi nueva familia. Haz que sea fiel a lo que tú me enseñas, hasta verte cara a cara por toda la eternidad. Amén.

Guadalajara, Jalisco, viernes, 8 de junio de 2018.


Ser familia de Jesús

Ser familia de Jesús,
ser de su sangre divina,
y poder llamarle hermano
¿es verdad o es fantasía?

Entrar en su intimidad,
como pide ser familia
¿es real para vivir
o acaso pía mentira?

¿Una metáfora hueca
de propaganda ficticia
o mi verdad sustancial,
siempre ahí por descubrirla?

Ser su familia y su sangre,
comer la misma comida,
tener los mismos temores
y las mismas alegrías,

esperar sus esperanzas
y padecer sus desdichas
y compartir sus ideas,
lo mismo que sus heridas

¿es pasado o es presente:
pasado de cosas lindas,
o presente en el que vivo
con mayores maravillas?

Cierro los ojos y paso
adentro donde él habita:
¡Era verdad! Él está
con una paz infinita.

Puedo escuchar, puedo hablar,
sentir su presencia íntima,
y el ser en misterio es
como su suave caricia.

¿Familia? Familia y más;
es familia y es distinta.
Es mi hermano y mi Señor
y alguien que me necesita.

Amor, al fin, en persona,
que me sabe y que me cuida,
amor en quien me abandono,
Jesús, mi Dios compañía.

Guadalajara, Jalisco, 10 junio 2018
Domingo X del tiempo ordinario, ciclo B.

 

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