Comer y beber la muerte del Señor Jesús
Meditación
1. Fiesta de Corpus
Christi, fiesta del Cuerpo y de la Sangre del Señor, fiesta de supererogación (una especie de lujo de amor), fiesta que invita
a la contemplación callada, y, en definitiva al amor del encuentro.
Para navegar en este piélago sin
fondo ni ribera, podemos partir de tres principios que los dicta la intuición,
y quizás el mismo paso y peso de la vida, que, agarrada a la Madre Iglesia, ha
querido ir humildemente por los caminos del Señor.
Estos tres principios son los
siguientes:
Primero. La Eucarístía es “el no va más
de la revelación”; es decir el no va más de la unión de Dios revelado con el
hombre, el no va más de la unión del hombre con Dios.
Segundo. Jamás la Iglesia, en el devenir
de los siglos, podrá agotar lo que es la Eucaristía en su esencia, en su
proyección cultual, en sus conclusiones de vida.
Tercero. Por tanto, con sencillez, con confianza,
meditemos lo que nuestra mente alcance, guiada por el Espíritu. Y esto testimonialmente
sin entrar en polémicas, sin rechazar ni imponer. La polémica en teología –
indicamos – no genera amor; hay que salir de ella para poder navegar
plácidamente por los vientos de Dios.
2. El texto original de la Eucaristía, si hablamos cronológicamente, nos viene de Pablo en la primera carta a los Corintios, “escrita en Éfeso, en torno al año 53” (Biblia Oficial española).
23 Porque yo he
recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitid]:
Que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan 24 y,
pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se
entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía». 25 Lo mismo
hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza
en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía».
26 Por eso, cada vez que
coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta
que vuelva. 27 De modo que quien coma del pan y beba del cáliz
del Señor indignamente, es reo del cuerpo y de la sangre del Señor
(Los textos paralelos a los
versículos 24 y 25 son: 24: Mt 26,26-29; Mc 14,22-25;
Lc 22,14-20; 1 Cor 10,16s | 25: Heb 8,6-13.)
Partiendo de aquí, comienza a perderse nuestra reflexión.
La Eucaristía no es el fruto de la vida de Jesús que
haya creado la comunidad cristiana. Es la esencia de la vida de Jesús,
comunicada por él, entregada por él como herencia suya que ha de pasar de
generación en generación.
La Eucaristía, como remate y corona de la vida de Jesús,
como anillo entre su paso entre nosotros y su vuelta al Padre, es toda la vida
de Jesús, todo el Evangelio. Jesús la llama memorial, memorial suyo.
Este “memorial” eucaristiza
todos y cada uno de los momentos de la vida de Jesús, que quedan recogido aquí.
En la Eucaristía celebramos toda la vida de Jesús, y tenemos la garantía, por
ella, de que la vida de Jesús es verdadera, y iene una dirección de amor que
concluye aquí.
La Eucaristía sin la Encarnación sería vacua. La Eucaristía
sin la Trinidad sería una pura fantasía.
3. Pero la Eucaristía es específicamente la muerte de Jesús, el Señor Jesús, que hoy está en el cielo. Nos lo dice él mismo, con pleno realismo y concretez, según las palabras transmitidas por Padre. Hoc est corpus meum, quod pro vobis est (En una transliteración bárbara del griego: Esto de mí es el cuerpo, el cual por vosotros). Jesús tiene en sus manos el pan y lo parte. El pan partido obviamente es para ser comido.
Después de cenar toma la Copa, que está llena de vino,
y dice que es la nueva Alianza en su Sangre. Esa Copa es para que la beban.
Aquí termina todo el Antiguo Testamento; aquí comienza el Nuevo. La historia de
los Patriarcas, la esperanza de los Profetas, desembocan en este Cáliz.
Todo esto es demasiado sagrado. Es para hacerse una
vez… y nunca más. Es la consagración suprema de su vida. En nuestra vida hay
acciones supremas que nunca se deben repetir, pues, si se repiten, pierden el
primer significado total.
4. Pero, no: Jesús manda hacer memorial. Él pasa a ser memoria viva y presente. Esto es precisamente la Eucaristía: la memoria viva y presente de Jesús hasta su vuelta.
La Eucaristía es la muerte sangrienta y salvífica de Jesús,
extendida a lo largo de la historia y cubriendo toda la humanidad. La Eucaristía
es Jesús-Señor en medio de nosotros.
La Eucaristía es el evento vivificante de Jesús en
medio de nosotros hasta su vuelta. El pasado, el presente, el futuro están
contenidos dentro de la Eucaristía.
La Eucaristía de ninguna manera es un acto de devoción
(cuando, a lo mejor, sin advertirlo la pasamos a ese rango…). La Eucaristía es
infinitamente más: es el acontecimiento de Dios en medio de nosotros. Es todo
el misterio de Dios vivo y verdadero
(¡Qué desfiguraciones, Dios mío, cuando ponemos
intenciones e intenciones…, como si fuese la Eucaristía un banco espiritual,
que produce muchos frutos… a beneficio de los donantes, cuyos nombre se repiten
y se repiten…!).
5. Comed todos… bebed todos… Cuando la Eucaristía, de ese primer testimonio paulino pasa a otras formulaciones de la praxis de la Iglesia se subrayan diversos aspectos. Uno es ese. Que en este banquete participan todos.
La praxis canónica llegó a prescribir en Trento que,
al menos, una vez al año hay que comulgar en la Misa. Pero, pensando las cosas
desde su raíz, ¿es posible ir a la Eucaristía y no recibir la Eucaristía…?
¿Puede ir uno a un banquete nupcial y no comer ni beber, simplemente ir a estar,
escuchar y conversar…?
¿Se puede ir a la Eucaristía y no comer el Cuerpo del
Señor, no beber el Cáliz de su Sangre? ¿No destanuralizamos lo más sagrado que
tenemos…? (Ni en esto ni en lo que sigue queremos "moralizar", sino percibir el sentido)
Nos parece normal celebrar una Eucaristía a las 8.00,
y “repetir” a las 12.00, y luego también a la tarde…, porque la Eucaristía es
la mejor devoción que existe (!!!) y
hay que facilitarla cuanto más mejor. (Nunca veremos que el Papa, en sus viajes
apostólicos, celebre dos veces la Misa en el mismo día…)
(Hemos dicho: No entrar en polémicas… No, pero abramos
los ojos a las incongruencias a las que nos puede llevar un falso “devocionalismo”.
¡Y se trata nada menos que de la Eucaristía, memorial vivificante de la muerte
del Señor!)
6. La divinización de mi ser (cuerpo y alma) por la Eucaristía. Para que acontezca la Eucaristía en la comunidad cristiana, se ha invocado al Espíritu Santo (la Epíclesis).
Es increíble que Jesús haya dicho “comed…, bebed”. La
kénosis de Dios acontece cuando el Hijo de Dios pasa a ser “Yo”, y en esta fusión
de vida Yo paso a ser Dios.
Esa fusión mística, real, reconforma toda mi vida. Paso
a ser familia de Dios cuanto la criatura puede serlo.
7. Comer y beber mi salvación o ser reo de la muerte del Hijo de Dios. Para acercarme a la Eucaristía, yo soy hecho digno por el mismo Espíritu que me la entrega. Soy digno de Dios pro voluntad y amor del mismo Dios.
Pero si tuviese
el atrevimiento de acercarme indignamente soy reo del Cuerpo y de la Sangre del
Señor….
Guadalajara,
Jalisco, tras las primeras Vísperas del Cuerpo y de la Sangre del Señor 2018.
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