Ascensión
del Señor 2018:
Presencia
y compañía de Jesús
Mc
16,15-20
Texto
evangélico:
[14 Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y
les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a
los que lo habían visto resucitado.
15 Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el
Evangelio a toda la creación. 16 El que crea y sea bautizado se
salvará; el que no crea será condenado. 17 A los que crean, les
acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas
nuevas, 18 cogerán serpientes en sus manos y, si beben un
veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán
sanos».
19 Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado
al cielo y se sentó a la derecha de Dios. 20 Ellos se fueron a
predicar por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las
señales que los acompañaban.
Hermanos:
1. Las tres lecturas sagradas de hoy hablan de la Ascensión del Señor. Y
nos dicen literalmente así:
En los Hechos de los Apóstoles: “Dicho esto, a la vista de ellos, fue
elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista” (Hech 1,9).
En la carta a los Efesios: “Por eso dice la Escritura: Subió a lo alto llevando cautivos | y dio dones a los hombres. Decir
subió supone que había bajado a lo profundo
de la tierra; y el que bajó es el mismo que subió por encima de los cielos para
llenar el universo” (Ef 4,8-10).
Y en el Evangelio lo que acabamos de escuchar: “, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios”.
2. Es una maravilla que nosotros, cristianos, discípulos de Jesús, podamos
creer de modo directo y sencillo estas verdades, y gozarnos íntimamente de
ellas con íntima consolación espiritual.
Acaso venga el sabiondo a decirnos que esto es una fantasía, que no hay ni subir
ni bajar, y que la realidad que nos da la física cuántica es que en este mismo
instante nuestro sistema solar, en un rincón de la Via Láctea, navega y gira a
una velocidad de cerca de un millón de kilómetros a la hora. Y esto sin contar
que nuestra galaxia vecina es Andrómeda que tendrá sus propios giros astronómicos
en el espacio desconocido del universo.
Pero vengamos a lo sencillo donde el corazón halla su armonía, su paz y su
consuelo.
Nuestra fe, hermanos, transciende toda ciencia, la de ayer y la de hoy, la
que ha de venir con las investigaciones que hagan los que se llaman científicos.
La Resurrección de Jesús es un hecho de fe, no un episodio demostrable por evidencias
históricas.
La Ascensión de Jesús, igual que su santa Resurrección, es lo mismo un
hecho de fe.
Y la evidencia de la fe está en la misma fe; no fuera de ella. La evidencia
de la fe, que quedó plasmada en los santos Evangelios con el testimonio de los primeros
testigos, vuelve a nuestros corazones y nos unge de una inmensa paz, fruto del Espíritu
de Dios, del Espíritu de Jesús, que es el Espíritu Santo.
3. Hay una nota en estos relatos sencillos, que se nos hace divinamente
iluminadora. Esta nota se llama la familiaridad. La familiaridad es lo
que da sentido a los discursos de la Cena; la familiaridad es lo que da el
clima a las apariciones evangélicas; y la familiaridad es lo que da tono y
ambiente al relato de la Ascensión.
Escuchemos: “Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando,
se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Galileos,
¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado
de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al
cielo» (Hech 1,10-11).
Esto es una escena de familia, como cuando muere un ser querido, que nos
dice: “¡Adiós! Hasta el cielo”. Cuando san Francisco presintió que se acercaba
la Hermana Muerte, dijo familiarmente a sus hermanos: “Yo he cumplido mi tarea;
Cristo os enseñe la vuestra”.
4. La Ascensión de Jesús une el cielo y la tierra, o, más exactamente, la
vida de Jesús y la nuestra, en un mismo proyecto y en una misma orientación. Él
se ha marchado, pero se queda de otra manera.
Seguramente que nuestra fe es demasiado torpe para poder leer con una
ingenuidad de niños esas maravillas que nos promete Jesús: A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi
nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un
veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán
sanos.
Es una verdad de Evangelio y ahí queda. Jesús no se está refiriendo a los
apóstoles que van a hacer milagros, no; se está refiriendo a sus discípulos, a
mí en concreto que hablo o escucho estas palabras.
Él está en el cielo y yo en la tierra, y su poder obra en mí. Esta es la frase
final del Evangelio: Ellos se fueron a
predicar por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las
señales que los acompañaban.
5. As, pues, podemos preguntarnos: La Ascensión de Jesús ¿es un misterio o
de ausencia o de compañía? La respuesta es clara de acuerdo a lo que vamos
diciendo: La Ascensión de Jesús es un misterio de compañía, de dulce
compañía, de fuerte compañía, que puede llegar, incluso, a hacer milagros –
cuando el Señor quiera y como quiera – para mostrarnos que es verdad, que él
esta poderoso en medio de nosotros en medio de los avatares de la vida.
Esto produce un sentimiento de confianza, que nos da inmensa serenidad, armonía
y paz.
El jueves pasado, 10 de mayo, el Papa visitaba a ese sorprendente
Movimiento Católico, que se llama “los Focolares” [Focolar significa “Hogar”] en
Loppiano (en la provincia de Florencia, en Italia), que cultivan la
espiritualidad del amor y la unidad, y volvía a recordar eso ya tan
archisabido: que no estamos en una época
de cambios, sino que estamos en un “cambio de época”. ¿Qué es todo esto que
está viniendo en la sociedad y en la Iglesia? No lo sabemos porque no tenemos
la debida perspectiva; pero sí sabemos que contamos con la presencia y la
compañía de Jesús. Y el saberlo y el gustarlo nos infunde una esperanza sin
fin.
Señor Jesús, creemos en tu muerte
salvadora; creemos en tu Resurrección; creemos en un Ascensión al cielo;
creemos en tu presencia y compañía desde el cielo. Llena nuestra vida de una
inmensa paz, de alegría y de esperanza.
Guadalajara, Jalisco, viernes 11 de mayo de 2018.
Romance de la Ascensión
(Al
eco de la homilía)
1. Misterio de la Ascensión:
es presencia y compañía;
Jesús se marcha y se queda,
porque es un Dios de familia.
2. Es el Dios de mi esperanza,
que da paz y tranquiliza,
dice que va y volverá,
cierta será su venida.
3. Anunciarle es el mensaje
que nos deja a su partida,
ser sus testigos humildes,
mostrarlo con valentía.
4. Y en la pura intimidad
gozarle vida con vida,
que convivir es amar
y amar posar la mejilla.
5. Pensamientos y sentires
queden quietos a la orilla;
en silencio Dios está:
reposa en él, alma mía
6. Dios es Jesús, mi Señor,
que a diálogo me convida,
dulce secreto de a dos
que saben cuando se miran.
7. Llegará la muerte a un tiempo
por la ley establecida,
pero la paz de este instante
será gracia compasiva.
8. Mi Señor de la Ascensión,
que hoy eres Eucaristía,
ampárame con tus ojos
y hazme sentir que eres vida. Amén.
Guadalajara,
viernes, 11 de mayo de 2018
Muy estimado P. Rufino:
ResponderEliminarHay dos párrafos de su reflexión que, en mi opinión, merecen una especial atención.
1.-LA RESURRECCIÓN DE JESÚS ES UN HECHO DE FE, NO UN EPISODIO DEMOSTRABLE POR EVIDENCIAS HISTÓRICAS.
2.- LA ASCENSIÓN DE JESÚS, IGUAL QUE SU SANTA RESURRECCIÓN, ES LO MISMO UN HECHO DE FE.
Pienso que las dos primeras afirmaciones deben matizarse.
Fe es creer aquello que no se puede ver, ni hay evidencias de ello. Fe es una creencia sin evidencia.
Ninguno de nosotros ha visto a Jesucristo, y sin embargo de su existencia hablan los textos antiguos que se conservan, tanto de escritores cristianos como paganos. Luego la creencia en Jesucristo se basa en una evidencia, no un mito.
Tampoco le hemos visto resucitado, pero esos mismos textos nos hablan de testigos oculares que sí lo vieron y dan fe de ello. San Pablo, en su carta a los corintios (1 Corintios 15) nos dice: DESPUÉS APARECIÓ A MÁS DE QUINIENTOS HERMANOS A LA VEZ, DE LOS CUALES MUCHOS VIVEN AÚN, Y OTROS YA DUERMEN. He aquí otra evidencia.
Y tampoco le vimos subir a los cielos, pero esos textos nos trasladan el testimonio de los sí lo vieron y dan fe de ello.
Y abundando en ese tema de “fe” (entrecomillado), tampoco hemos visto a ninguno de los personajes célebres de la antigüedad que son citados por los historiadores, que nos dan evidencia de su existencia.
Saludos. Juan José.
El pasaje evangélico de san Marcos que se presenta, correspondientes a los finales de su Evangelio, no cabe duda que contienen misterio y capacidad de conmover y fuerza. Es uno de los pasajes más utilizados por los cristianos del credo de los Pentecostales, para demostrar que los creyentes serán capaces de hablar lenguas y agarrar serpientes. De hecho existe el grupo de “agarradores de serpientes” de los Apalaches, que ponen en práctica dicha acción.
ResponderEliminarSin embargo este grupo de versículos, concretamente a los doce últimos, no se encontraba originariamente en los textos del Evangelio de san Marcos. Una vez más, se trata de una adición posterior realizada por un escriba en una época posterior.
Estar por determinar el verdadero final del Evangelio de san Marcos, dado que el final que aparecen en los manuscritos griegos tardíos no es el original (en la mayoría de las traducciones modernas también se advierte este extremo).
Saludos. Juan José.