Jesús nos dice: Permaneced en mi amor
Jn
15, 9-17
Texto
evangélico:
9 Como el Padre me ha amado,
así os he amado yo; permaneced en mi amor. 10 Si guardáis mis
mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los
mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. 11 Os he
hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue
a plenitud.
12 Este es mi mandamiento: que
os améis unos a otros como yo os he amado. 13 Nadie tiene amor
más grande que el que da la vida por sus amigos. 14 Vosotros
sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. 15 Ya no os llamo
siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo
amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. 16 No
sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he
destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. De modo que
lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé.
Hermanos:
1. Bajo el signo de “Las hermosas palabras del Señor” vamos tratando de dar
aire de Evangelio a nuestras vidas, domingo tras domingo, años tras años, desde
hace un par de trienios.
El tema central de todas mis homilías es Jesús, pero Jesús no como
inspiración y pauta de nuestro comportamiento: privado, familiar, social. No,
más radicalmente como él mismo, como revelación del Padre y del Espíritu, como
amanecer de un mundo nuevo, divino-humano, que se nos regala.
“Si conocieras el don de Dios…”, dijo Jesús a la Samaritana. El donde Dios
no es una cosa; es una persona: “Si conocieras el don de Dios, quién es el que
te dice ‘Dame de beber’…” (Jn 4,10).
2. El púlpito de estas homilías es Guadalajara de Jalisco, y desde allí
anunciamos el Evangelio de Jesús, que es palabra de vida y salvación, del modo
y manera que el Señor nos da a entender, tratando de ser fraternos y humildes.
Al presente me hallo en mi patria, de regreso del encuentro de misioneros de la
misericordia que hemos tenido con el San Padre en Roma en el mes de abril
adonde hemos acudido 550 para orar, compartir, escuchar… y celebrar la santa
Eucaristía. Sorpresa y alegría allí, entre tantas vivencias consoladoras, la de
aquel sacerdote que me dice: Estoy en Rusia desde hace años le sigo su homilía.
Aquí en mi patria (y también lejos) vivo situaciones que tanto nos afligen.
Hace unos días un famoso periodista digital nos daba, tajante, un consejo
específicamente a “curas y obispos”: aprovechando el último fin de semana. Y
literalmente decía: “Sólo tienen que dedicar todas sus homilías de las misas
del sábado y del domingo en todas las parroquias del país, incluidas las
catedrales, a solidarizarse con las mujeres, a ponerse de su lado, a defender
su dignidad, a pedirles perdón por el falso moralismo sexual que impregnó la
moral sexual eclesial”.
3. A este que así opina un sencillo sacerdote puede responderle. Hermano,
lee el Evangelio; luego ponte de rodilla y ora el Evangelio. Te quedarás sin
palabras. Y sentirás que Jesús pone en tu corazón una luz que nunca había
aparecido. ¿Cómo pudo decir Jesús a unos apóstoles, hombres débiles como yo, lo
que ha quedado grabado como una divina revelación…? Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.
Jesús nos asocia, me asocia, a su propia familia divina, y me invita a
compartir el amor que se nos regalada. La vida consiste no en amar a Dios, sino
en “permanecer en el amor”. El amor nadie lo puede alcanzar, porque el amor es
la misma vida divina. Una vez que se nos ha dado, se nos invita a permanecer en
ese círculo de amor.
De esta forma Jesús introduce en este mundo la misma vida trinitaria, la
vida del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La divinización del hombre se hace
por la infusión de la vida de Dios.
4. Y cuando el amor está dentro del corazón, el amor que se disfruta opera.
Lo dijo Jesús con estas palabras: Nadie
tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Estaba hablando
de sí mismo y estaba hablando de nosotros. Él daba la vida por nosotros, por
mí, a tal grado que bien me puedo considerar yo, en mi intimidad y en mi
historia, fruto del amor de Jesús.
San Pablo así lo sintió, así lo vivió, así lo expresó: “me amó y se entregó
por mí” (Gal 2,20). Pero antepuso una frase esencial. Todo esto lo vivía en la
fe; sin la fe, estaríamos en el mundo de la pura ilusión. Dice Pablo: “Y mi vida de ahora en la carne,
la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí”.
5. Esta divina doctrina del amor la
ha resumido el mismo san Juan en su primera carta. He aquí un texto sublime que
hoy leemos:
“Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y
todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido
a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene:
en que Dios envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de él. En
esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él
nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados”
(1Jn 4,7-10).
Quien navega por estas alturas, quien ha sido tocado por el amor de Dios,
pronto, instantáneamente, sacará las consecuencias para el amor concreto, más
allá de cualquier movimiento social o político. Dar la vida por los hermanos, a
fondo perdido; amar, amar fielmente y para siempre. El matrimonio cristiano es
un espejo esplendoroso del amor.
6. Una detalle final. Estamos grabando esta homilía ante una pila
bautismal. [Nota. No ha sido posible y se ha grabado junto al altar mayor]. Aquí fue bautizado Ezequiel Moreno Díaz en 1848. De joven se hizo
religioso agustino; fue enviado a Filipinas, allí fue ordenado sacerdote.
Volvió a España, con el tiempo fue misionero a Colombia; fue obispo y pastor de
aquellas gentes, Casanare y pasto. Con un cáncer de garganta vino a España, y
murió en Monteagudo en 1906. Hoy es San Ezequiel Moreno, natural de este pueblo
de Alfaro, en La Rioja, de don son igualmente dos beatos mártires, Julián y
Tirso.
Aquí fue bautizado él; aquí fui bautizado yo.
Señor Jesús, un día por el bautismo me entregaste todo tu amor y me hiciste
miembro de tu Iglesia santa. Hoy me dices y nos dices: Permaneced en mi amor.
Danos esta suprema gracia, la de permanecer en tu amor, y que un día veamos tu
santo rostro por toda la eternidad. Amén.
Alfaro, 2 de mayo de 2018, martes de la VI semana de Pascua.
He leído los artículos que constan en el ejemplar de la revista de este mes, y en el titulado REINA DEL CIELO "ALÉGRATE", se dice que san Ignacio de Loyola, en los Ejercicios, medita en la aparición de Jesús a su Madre, manifestando que "primero se apareció a la Virgen María, lo cual, aunque no se diga en la Escritura, se tiene por dicho, es decir que apareció a tantos otros; porque la Escritura supone que tenemos entendimiento, como está escrito: **¿También vosotros estáis sin entendimiento?**.
ResponderEliminarNo se debe dudar de las buenas intenciones del célebre santo, pero no dejan de ser "venerables intenciones" sin ningún fundamento documental. En efecto, ninguno de los textos evangélicos citan esa aparición primaria. Por eso esas "buenas intenciones" quedan sólo en eso: buenas intenciones.
Por otro lado, la admonición que hace Jesús a sus discípulos (¿También vosotros estáis sin entendimiento? se refería a un tema, digamos, "gastronómico" ritual (nada de lo que entra en la boca del hombre hace impuro al hombre).
Juan José.
que curiosos son los caminos de Dios. Mi madre murio hace dos semanas asi que por ser el dia de la madre con mi hija fuimos a dejarle unas flores, cuando pasamos por una tumba muy liunda ella me dice, mira dice Fundador de talleres de oracion y que más le digo no se me dice. Llegue a la casa a buscar porque sabia que podia ser el Padre Larrañaga de quien aprendi tanto, hice sus talleres y ademas lei sus libros y mi mama tambien. Que curioso que mi mama este cerca del Padre, me emociona. La proxima vez pasare a verlo.
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