Yo
estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros
Jn
14,15-21
Texto
15Si me amáis,
guardaréis mis mandamientos. 16Y yo
le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con
vosotros, 17el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce;
vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros. 18No
os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. 19Dentro de poco el mundo
no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. 20Entonces sabréis que
yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. 21El que acepta mis
mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre,
y yo también lo amaré y me manifestaré a él».
Hermanos:
1. En
este Domingo VP de Pascua continuamos con las palabras de despedida de Jesús, con el mismo pasaje del
capítulo 14 de san Juan. Uno que va leyendo con atención, línea a línea, como
se lee una carta de amor, estos capítulos de la Cena percibe claramente que hay
un tono de confianza de intimidad que produce por sí solo una íntima sensación
de consuelo, de paz, e incluso de alegría espiritual. Jesús se va, pero no se
va. Nos lo dice expresamente: No os
dejaré huérfanos, volveré a vosotros.
No nos
deja huérfanos, en soledad y desamparo. Y
yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros,
17el Espíritu de la verdad.
2. Nos
asegura que nos va a enviar “otro” Paráclito. Paráclito es lo mismo que
Abogado, Defensor, Consolador. ¿Y por qué dice “otro” Paráclito? Porque él ha
sido eso, un Paráclito, una compañía que es ha llevado hasta el Padre y que les
ha introducido en la intimidad del Padre, que los ha protegido y defendido.
Mientars Jesús ha estado con ellos, no había nada que temer.
Ahora
parece que todo se viene abajo, porque él se va. Pero no es así. Lo acabamos de
oír: No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Sigue dando explicaciones de
lo que va a pasar. El mundo no puede
recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis,
porque mora con vosotros y está en vosotros.
Es un
lenguaje místico, para iniciados. No es un lenguaje fantástico e ilusorio, para construir,
mediante la fantasía, un mundo de ilusiones que apacigüe el corazón.
3. En
estas confidencias e intimidades, llegamos a una frase que podemos tomarla el
resumen y la esencia de todo el mensaje: Entonces
sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. (San
Juan, capítulo 15, versículo 20). Vamos
a centrarnos en ella, y desde aquí, explicar cuál es el ser de la vida
cristiana, el ideal de mi vida que quiero vivir en mi paso por este mundo.
Jesús
habla en términos existenciales, o más exactamente para los estudiosos: San
Juan ha recogido el mensaje verdadero de Jesús y nos lo ha transmitido a
nosotros en estos términos abstractos y existenciales: Estas son las tres
referencias:
-
Yo en el Padre
-
Vosotros en mí
-
Y yo en vosotros.
-
Y todo ello porque el Espíritu ha venido, porque
Jesús Resucitado se lo ha pedido al Padre y el Padre se lo ha concedido, y el
Espíritu Santo, Dios como el Padre y el Hijo, hace todas estas maravillas con
su presencia.
4. Hermanos,
estamos hablando del “mundo interior”, de ese mundo de realidades íntimas que
cada uno lleva consigo. Es un mundo real, absolutamente real, y no diremos que
tan real como el mundo exterior que ven nuestros ojos, porque el mundo interior
es el que sustenta lo que pasa en el mundo exterior. Hoy hay guerra en el mundo
y constantes amenazas de guerra. Para parar una guerra, para que no haya
bombardeos, ni mísiles supersónicos destructores, basta que dos se siente a la
mesa y digan: Sí quiero la paz o No quiero la paz y que siga la guerra. En un
sí o en un no, que están dentro, se resuelve todo el conflicto.
Jesús nos da esta garantía: que
él está en el Padre y el Padre está en él, que si él habla es lo que escucha
del Padre, que si él hace milagros es lo que ve hacer al Padre.
Y ahora nos dice que é quiere que
nosotros estemos en él porque él va a estar en nosotros. Es decir, él quiere
establecer unidad de vida: el Padre, él y nosotros. De esta unidad de vida
vienen todos los bienes. Habrá desgracias externas que uno no puede evitar:
terremotos, buenas o malas cosechas, enfermedades que uno no esperabab, cosas
todas ellas que hacen sufrir, pero si hay unidad de vida con Dios, todo eso se
vive de otra manera.
5. Hermanos,
estamos tocando las esencias mismas de la vida para reflexionar y sacar
consecuencia. Pensemos que Jesús ha predicador el Reino de Dios, el
advenimiento de algo totalmente nuevo con él, pero Jesús no ha organizado ni
mandado obras particulares. Edificad hospitales, cread escuelas para niños para
adultos. Organizad instituciones sociales para el trabajo, para la cultura,
para la política. Nunca ha dado ninguna consigna en ese sentidos. Son obras
concretas que las debemos hacer sus discípulos, inspirados por esa vida divina
que él ha dejado y cada uno en singulara o corporativa según as cuales que Dios
le ha dado, según los medios y ámbitos
de cultura que va formando el devenir humano.
Él nos
remite a lo central, a la vida con Dios. La única institución que él ha
previsto es el grupo de sus discípulos, que él llama su Iglesia. Todos los que seguimos su Evangelio somos su
Iglesia. ¡Qué hermosamente nos aconseja nos aconseja san Pedro en el pasaje de
su primera carta, que hemos leído hoy!
Glorificad a Cristo el Señor en vuestros
corazones, dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una
razón de vuestra esperanza, pero con delicadeza y con respeto, teniendo buena
conciencia, para que, cuando os calumnien, queden en ridículo los que atentan
contra vuestra buena conducta en Cristo. (1Pe 3,15-16).
Bien
sabemos que el Bien y la Bondad se predican y se propagan por sí mismos, y a la
larga el amor y la autenticidad de las personas es lo que vence, no
precisamente los planes técnicos que uno quisiera diseñar.
Y lo
mismo se confirma con el relato de la primera lectura, de los Hechos de los
Apóstoles, que vamos leyendo en Pascua: Felipe
bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente
escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los
signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus
inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad
se llenó de alegría (Hech 8,5-8).
Hermanos,
el mensaje es claro: vivir la vida de Dios que mora en nosotros, mantener
nuestra unión constante, nuestra amistad con Cristo, que mora en nosotros.
Pidámoselo a él mismo.
Señor Jesús, tú nos has dado unas consignas
de despedida y yo quiero cumplirlas. Yo quiero vivir la vida de Dios, viviendo
en mi corazón siempre contigo. Amén.
Pamplona, sábado 9 de mayo de
2026.
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