viernes, 15 de mayo de 2026

2097 (1041) Yo estoy en el Padre y el Padre en mí y yo en vosotros

 

Yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros

Jn 14,15-21

Texto

 15Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. 16Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, 17el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros. 18No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros19Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. 20Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros21El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Hermanos:

1. En este Domingo VP de Pascua continuamos con las palabras  de despedida de Jesús, con el mismo pasaje del capítulo 14 de san Juan. Uno que va leyendo con atención, línea a línea, como se lee una carta de amor, estos capítulos de la Cena percibe claramente que hay un tono de confianza de intimidad que produce por sí solo una íntima sensación de consuelo, de paz, e incluso de alegría espiritual. Jesús se va, pero no se va. Nos lo dice expresamente: No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros.

No nos deja huérfanos, en soledad y desamparo. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, 17el Espíritu de la verdad.

 

2. Nos asegura que nos va a enviar “otro” Paráclito. Paráclito es lo mismo que Abogado, Defensor, Consolador. ¿Y por qué dice “otro” Paráclito? Porque él ha sido eso, un Paráclito, una compañía que es ha llevado hasta el Padre y que les ha introducido en la intimidad del Padre, que los ha protegido y defendido. Mientars Jesús ha estado con ellos, no había nada que temer.

Ahora parece que todo se viene abajo, porque él se va. Pero no es así. Lo acabamos de oír: No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Sigue dando explicaciones de lo que va a pasar. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros.

Es un lenguaje místico, para iniciados. No es un lenguaje  fantástico e ilusorio, para construir, mediante la fantasía, un mundo de ilusiones que apacigüe el corazón.

 

3. En estas confidencias e intimidades, llegamos a una frase que podemos tomarla el resumen y la esencia de todo el mensaje: Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. (San Juan, capítulo 15, versículo 20).  Vamos a centrarnos en ella, y desde aquí, explicar cuál es el ser de la vida cristiana, el ideal de mi vida que quiero vivir en mi paso por este mundo.

Jesús habla en términos existenciales, o más exactamente para los estudiosos: San Juan ha recogido el mensaje verdadero de Jesús y nos lo ha transmitido a nosotros en estos términos abstractos y existenciales: Estas son las tres referencias:

-       Yo en el Padre

-       Vosotros en mí

-       Y yo en vosotros.

-       Y todo ello porque el Espíritu ha venido, porque Jesús Resucitado se lo ha pedido al Padre y el Padre se lo ha concedido, y el Espíritu Santo, Dios como el Padre y el Hijo, hace todas estas maravillas con su presencia.

4. Hermanos, estamos hablando del “mundo interior”, de ese mundo de realidades íntimas que cada uno lleva consigo. Es un mundo real, absolutamente real, y no diremos que tan real como el mundo exterior que ven nuestros ojos, porque el mundo interior es el que sustenta lo que pasa en el mundo exterior. Hoy hay guerra en el mundo y constantes amenazas de guerra. Para parar una guerra, para que no haya bombardeos, ni mísiles supersónicos destructores, basta que dos se siente a la mesa y digan: Sí quiero la paz o No quiero la paz y que siga la guerra. En un sí o en un no, que están dentro, se resuelve todo el conflicto.

Jesús nos da esta garantía: que él está en el Padre y el Padre está en él, que si él habla es lo que escucha del Padre, que si él hace milagros es lo que ve hacer al Padre.

Y ahora nos dice que é quiere que nosotros estemos en él porque él va a estar en nosotros. Es decir, él quiere establecer unidad de vida: el Padre, él y nosotros. De esta unidad de vida vienen todos los bienes. Habrá desgracias externas que uno no puede evitar: terremotos, buenas o malas cosechas, enfermedades que uno no esperabab, cosas todas ellas que hacen sufrir, pero si hay unidad de vida con Dios, todo eso se vive de otra manera.

5. Hermanos, estamos tocando las esencias mismas de la vida para reflexionar y sacar consecuencia. Pensemos que Jesús ha predicador el Reino de Dios, el advenimiento de algo totalmente nuevo con él, pero Jesús no ha organizado ni mandado obras particulares. Edificad hospitales, cread escuelas para niños para adultos. Organizad instituciones sociales para el trabajo, para la cultura, para la política. Nunca ha dado ninguna consigna en ese sentidos. Son obras concretas que las debemos hacer sus discípulos, inspirados por esa vida divina que él ha dejado y cada uno en singulara o corporativa según as cuales que Dios le ha dado, según los medios  y ámbitos de cultura que va formando el devenir humano.

Él nos remite a lo central, a la vida con Dios. La única institución que él ha previsto es el grupo de sus discípulos, que él llama su Iglesia.  Todos los que seguimos su Evangelio somos su Iglesia. ¡Qué hermosamente nos aconseja nos aconseja san Pedro en el pasaje de su primera carta, que hemos leído hoy!

Glorificad a Cristo el Señor en vuestros corazones, dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza, pero con delicadeza y con respeto, teniendo buena conciencia, para que, cuando os calumnien, queden en ridículo los que atentan contra vuestra buena conducta en Cristo. (1Pe 3,15-16).

Bien sabemos que el Bien y la Bondad se predican y se propagan por sí mismos, y a la larga el amor y la autenticidad de las personas es lo que vence, no precisamente los planes técnicos que uno quisiera diseñar.

Y lo mismo se confirma con el relato de la primera lectura, de los Hechos de los Apóstoles, que vamos leyendo en Pascua: Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría (Hech 8,5-8).

Hermanos, el mensaje es claro: vivir la vida de Dios que mora en nosotros, mantener nuestra unión constante, nuestra amistad con Cristo, que mora en nosotros. Pidámoselo a él mismo.

Señor Jesús, tú nos has dado unas consignas de despedida y yo quiero cumplirlas. Yo quiero vivir la vida de Dios, viviendo en mi corazón siempre contigo. Amén.

Pamplona, sábado 9 de mayo de 2026.

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