martes, 6 de octubre de 2020

1437. Junto a los pies del Señor - Canción de amor (Lc 10,38-42)


Junto a los pies del Señor
(Evangelio de hoy)

En esta escena, que sigue a la del Buen Samaritano (capítulo céntrico de “Fratelli tutti”), Jesús ya no se llama Jesús, como allí (Lc 10, 29,30,37), ni tampoco Maestro (v. 25) como le llama el que es “maestro de la ley” (25 y 29). Se llama simplemente Señor en labios de Marta (v. 40), o “el Señor” en labios del narrador (39 y 41). En suma, es el Señor para quien hoy lee, medita y contempla, para mí. Es “Él” (primer versículo, v. 38), porque el grupo (mientras “iban”) ha desaparecido. Él ha entrado en la casa. ¿Dónde? En una aldea, camino de Jerusalén…, adonde va a morir.
Lucas nos dice que María escuchaba “su palabra”. Podía haber dicho – cierto – “sus palabras”, pero cuadra mejor “su Palabra”. Y ni sabemos de qué hablaban…, mas “su Palabra”, es  la corriente de amor, era todo. Un acto del amor descendente de Dios es toda la Palabra de Dios. Y por el relato sencillo de Lucas llega hasta a mí. Y esa Palabra se hace infinita para todas las proyecciones humanas…, hasta “Fratelli tutti” (3 oct. 2020).

Junto a los pies del Señor
una amante, humilde sierva.
Él iba a Jerusalén,
y se hospedó en una aldea.

¿Qué hacía, María, pues,
de unos ojos prisionera?
Mirando estaba, mirando,
con una mirada inmensa.

Mientras miraba escuchaba
lo que nunca antes oyera;
pura y simple la Palabra,
que era vida verdadera.

Y en el corazón surgía
un surtidor de pureza;
era el Génesis de Dios,
Génesis de la Iglesia.

María se hizo Evangelio
que me llega y atraviesa,
la leo en “Fratello tutti”,
perdido en tanta miseria.

La mujer contemplativa,
en desierto o en mil tareas,
la llevo en el corazón,
que Dios quiso que estuviera.

Marta, Marta, provisora,
por sincero amor sirvienta,
hay un Uno necesario
que más que el servicio cuenta.

Me encontraré a mí conmigo
y sentiré su Presencia:
Te adoro, mi Dios Viviente,
mi Dios, mi esperanza cierta.

Te adoro, Jesús amado,
que eres paz y lucha y fiesta…
tú eres la voz derramada
que el mundo nuevo recrea.

Contemplación y misión
como divino profeta,
desde ti, Jesús clavado,
vidente de ti en mi entrega. Amén.

Madrid, Jesús de Medinaceli, 6 octubre 2020
(martes sem. XXVII del tiempo ordinario).

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