Homilía el Domingo VII de Pascua
en la Ascensión del Señor
sobre el Evangelio de Mt 28,16-20
Texto
evangélico:
16 Los once discípulos se
fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. 17 Al
verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. 18 Acercándose
a ellos, Jesús les dijo]: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en
la tierra. 19 Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos,
bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles
a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos
los días, hasta el final de los tiempos».
Hermanos:
1. El misterio de la Pascua de Jesús, que la Iglesia celebra durante
cincuenta días continuos, tiene un punto de inflexión importante, que se llama
la Ascensión del Señor. La Ascensión del Señor es esa última aparición de
Jesús, en la cual él da por cerrada su presencia familiar en este mundo y
definitivamente se oculta en Dios, donde vive y reina y donde nos espera. Los
textos sagrados del Nuevo Testamento han hecho una especie de calendario
sagrado y nos han representado esta última aparición en el día cuarenta después
de la resurrección. Así lo hace san Lucas, como lo hemos escuchado en la
primera lectura de hoy, que es el comienzo de los Hechos de los Apóstoles. Dice
el texto sagrado:
“En mi primer libro, Teófilo,
escribí de todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el comienzo hasta el día en
que fue llevado al cielo, después de haber dado instrucciones a los apóstoles
que había escogido, movido por el Espíritu Santo. Se les presentó él mismo
después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles
durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios”.
2. De este Teófilo, palabra que significa “Amigo de Dios”, ha hablado al
principio del primer libro, que es el Evangelio, y allí dice:
“Puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los
hechos que se han cumplido entre nosotros, como nos los transmitieron los que
fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra, también
yo he resuelto escribírtelos por su orden, ilustre
Teófilo, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio,
para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido”.
Con esto se nos dice que la Vida de Jesús y que la Vida de la Iglesia es un
libro en dos partes. Y se nos sugiere que ese Teófilo no es un ilustre
destinatario, de la comunidad cristiana, sino que es cualquier cristiano:
Teófilo soy yo. Lo he contemplado a Jesús actuando en la tierra; ahora lo
contemplo actuando desde el cielo. Es el mismo protagonista; las variantes son
claras.
Así pues, los textos de san Lucas nos presentan como última aparición de
Jesús aquella que ocurre una vez que estaban comiendo, cuando él se presenta y
los lleva fuera de la ciudad al monte de los Olivos.
3. Para san Mateo, la última aparición de Jesús acontece en un monte de
Galilea, donde el Maestro les ha convocado. Allí se aparece y les da las últimas
consignas. Se cierra la vida de Jesús y comienza la vida de la Iglesia.
Estos días, los cristianos que acostumbran a rezar lo que se llama la
Liturgia de las Horas, libro abierto a todo el que quiere leerlo, rezarlo, han
podido escuchar una explicación muy sugestiva que con el Evangelio de san Juan
en la mano hacía san Agustín a los fieles de su pequeña diócesis. Les decía
así:
“La Iglesia sabe de dos vidas, ambas anunciadas y recomendadas por el
Señor; de ellas, una se desenvuelve en la fe, la otra en la visión; una durante
el tiempo de nuestra peregrinación, la otra en las moradas eternas; una en
medio de la fatiga, la otra en el descanso; una en el camino, la otra en la
patria; una en el esfuerzo de la actividad, la otra en el premio de la
contemplación”.
La Ascensión del Señor nos invita a mirar al cielo, que es el término de
nuestro destino. El pensamiento del cielo no es una deserción de nuestras
tareas de la tierra. Bien al contrario, el pensamiento del fin reorienta
exactamente los pasos del camino.
4. Vuelvo otra vez a lo que decía san Agustín a sus fieles. “El seguimiento
de Cristo consiste, pues, en una amorosa y perfecta constancia en el
sufrimiento, capaz de llegar hasta la muerte; la sabiduría, en cambio,
permanecerá así, en estado de perfeccionamiento, hasta que venga Cristo para
llevarla a su plenitud. Aquí, en efecto, hemos de tolerar los males de este
mundo en el país de los mortales; allá, en cambio, contemplaremos los bienes
del Señor en el país de la vida”.
Son unas palabars fortificantes, porque la vida, hermanos, toda vida – la
de los más destacados y la de los más humildes – tiene rachas oscuras. En esos
días podemos perder el norte, desviar el camino. Qué consuelo pensar en eso que
nos acaba de decir el santo doctor san Agustín: El seguimiento de Cristo
consiste, pues, en una amorosa y perfecta constancia en el sufrimiento.
5. En esta última aparición de Jesús según san Mateo, hay tres puntos que
podemos retener como guía de nuestra tarea: bautizar, enseñar, contra con mi
presencia.
La misión de la Iglesia es salir al mundo entero, ir al encuentro de toda
cultura, de toda situación humana. En este encuentro yo ofrezco con valentía el
Evangelio, no como un mensaje más, sino como el mensaje mejor que Dios ha
entregado al mundo. Si no fuera así yo me pasaría a otra religión, con lealtad,
con fidelidad a mi propia conciencia. Yo ofrezco, pues el Evangelio, como lo
mejor que ha acontecido para el hombre. Cuando el Evangelio es anunciado y
recibido, entonces viene el bautismo.
6. Pero el bautismo sería un rito hueco – o chueco, como decimos aquí en
México – si no fuera unido a la enseñanza. Dice Jesús: enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. El bautismo sin
la enseñanza de todo lo que Jesús nos ha enseñado, se queda en rito.
Pero ahora viene lo más importante: Y
sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».
Y punto final.
Jesús está con nosotros, pase lo que pase.
Jesús, creo firmemente en tu
presencia. Creo que tú eres el Evangelio de Dios para todos los hombres, para
mí en particular. Y que tú estás a mi lado todos los días, hasta que te
encuentre en el cielo. Amén.
Guadalajara, viernes de la VI semana de Pascua, 26 de mayo de 2017.
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