viernes, 5 de mayo de 2017

940. Domingo IV Pascua 2017. Jesús Buen Pastor y vida de Dios



Homilía el Domingo IV de Pascua
Sobre el Evangelio de Jn 10,1-10

Texto evangélico:
10 1 En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; 2 pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. 3 A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. 4 Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: 5 a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
         6 Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: 7 «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. 8 todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. 9 Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. 10 El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.


Hermanos:
1. Todos los años, el IV domingo de Pascua es el Domingo del buen pastor y se lee el capítulo 10 de san Juan leído pro secciones. Este año, que corresponde al ciclo A, comenzamos por la primera sección.
Puedo comenzar esta sencilla homilía. Nuestra provincia de capuchinos de España tiene como titular a la Virgen María, Madre del Buen Pastor, del Divino Pastor, la que antes llamábamos, con lenguaje totalmente popular, que se puede prestar a confusiones, la Divina Pastor. Ya sabemos que “Divino” solo Dios.
Al felicitarnos en esta fiesta, con un lenguaje sencillo y fraterno, nuestro superior nos traslada al Evangelio de hoy, contando con sencillez, unos días de descanso familiar. En su casa rural tienen rebaño y él ha querido ser pastor, yendo a pastorear con el verdadero pastor.
“He vuelto a experimentar que las ovejas escuchan la voz del pastor, no tanto la mía cuando me dirigía a ellas, lo cual, desde un sentimiento de frustración, me ha llevado a constatar, una vez más, la veracidad de las palabras bíblicas (Jn 10, 3-5). He vuelto a recordar las distintas maneras del posicionarse el pastor en el rebaño. Unas veces se sitúa delante, otras se queda en medio y, en otros momentos, se mantiene al margen. Todo depende de la intención que tenga el pastor en el manejo del rebaño. Me he fijado que también las ovejas tienen su puesto dentro del rebaño: algunas, por los caminos, van siempre las primeras junto al pastor, otras las últimas. A unas les gusta ir bien arropadas dentro del rebaño, mientras que otras están siempre en el “orillo”, bajo la atenta mirada de kaimán, la perra que no les deja que coman en el sembrado o las impide el acceso a la viña… Al final de la jornada, en el momento de guardarlas en el aprisco, he sido testigo de una de las acciones cotidianas del pastor: separar las ovejas de las cabras” (Ante la celebración de la Patrona de nuestra Provincia capuchina, Madre del Buen Pastor, 2 de mayo de 2017).
Ya ven, hermanos, que las ovejas del campo, después de dos mil años no han cambiado sus costumbres.

2. La alegoría del Buen Pastor se presta a muchas aplicaciones. Se ha hecho célebre una expresión del Papa Francisco, que dijo a los sacerdotes en Jueves Santo, al mes siguiente de su elección: “pastores con «olor a oveja» –esto os pido: sed pastores con «olor a oveja», que eso se note” (Homilía en la misa crismal de Jueves Santo, 28 marzo 2013).
El texto de hoy, al principio, se refiere principalmente a los fariseos. Los versículos inmediatamente anteriores a este Evangelio dicen: “Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: «¿También nosotros estamos ciegos?». Jesús les contestó: «Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís “vemos”, vuestro pecado permanece” (Jn 9,40-41).
Con una frase durísima Jesús asegura: todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon (v. 8).
Hemos de tener en cuenta que cuando se escribieron estas palabras como palabras de Jesús, ya había pasado muchos años después de su muerte, seguramente que más de cincuenta y ya se habían producido fracturas en la comunidad cristiana. Desde los primeros días hubo disensiones que terminaron en rupturas. Este es un peligro inmediato y permanente: los falsos pastores. Los ha habido y los habrá.

3. Ahora bien, las mismas ovejas conocen la voz del verdadero pastor y saben distinguirla de la voz de los salteadores y de los que no son los pastores: las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.
Este criterio que Jesús da es esencial. Es el instinto del Espíritu Santo, que está en las ovejas fieles. Es el conocimiento por intuición, por connaturalidad, es el conocimiento del amor.  Es el conocimiento de quien sabe de qué se trata, porque él vive, conocimiento que alcanzan los humildes, los que han permanecido en la brecha, pese a todas las dificultades, que incluso han podido ser persecuciones y han permanecido.
La iglesia necesita de este conocimiento no menos que de la ciencia y la doctrina de los sabios, y debe estar muy atenta a percibir lo que pasa dentro el corazón de los sencillos. Más aún, si los sabios, los maestros, no son humildes, no nos interesa lo que nos vayan a decir, aunque también Jesús nos advierte: haced lo que so digan, pero no hagáis lo que ellos hacen.
La vida de los discípulos de Cristo se propaga por contagio, no por propaganda o sistemas de venta. Las ovejas fieles escuchan la voz de su pastor, que es Jesucristo y siguen por su camino.

 4. Todo esto que vamos reflexionando va en plena sintonía con esas bellísimas frases de san Pedro en la segunda lectura: “Él llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño, | para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia. | Con sus heridas fuisteis curados.
 Pues andabais errantes como ovejas, | pero ahora os habéis convertido | al pastor y guardián de vuestras almas” (1 Pe 2,24-25).
Jesús, solo él, es el verdadero pastor y guardián de nuestras almas.

5. La última farse del Evangelio de hoy es igualmente una frase de frase de luz y consolación sin fondo: yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante. Nunca olvidemos este texto con este número: San Juan 10,10.
Jesús ha venido para dar vida, para darnos vida, para darme vida, pero no cualquier vida, sino vida en abundancia, vida en plenitud, vida a derrochar. ¿De qué vida se trata? ¿de la vida del cuerpo o de la vida del alma?
Hermanos, ni de la vida del cuerpo ni de la vida del alma: de la vida de Dios. Dios es vida y todo vida. Y Él quiere la vida de todo viviente, Él quiere mi vida y mi plenitud. Dios quiere vivir en mí, y Él quiere que yo viva con la vida de Dios. Dios quiere que desarrolle al pleno las cualidades que él me ha dado, que, siendo vida mía, son vida de Dios.
Cuanto más dinero yo tengo, más vida: eso es falso, literalmente falso.
Cuanto más salud yo tenga, más vida. Eso es ambiguo, porque la salud es un don transitorio. Y un niño o una niña que nacieran deficientes, nacen con la vida de Dios, y merecen todas mis atenciones. La vida de Dios es infinitamente más de todo cuanto pensamos cuando nos reducimos a la mera vida humana.

6. Señor Jesús, verdadero Pastor de tu Iglesia y Vida de los hombres, yo he nacido para vivir y busco vida…, vida…, vida… Haz que no me confunda y busque siempre la vida de Dios, que tú me das. Amén.

Guadalajara, Jalisco, viernes de la III semana de pascua, 5 de mayo de 2017.

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