Homilía el Domingo IV de Pascua
Sobre el Evangelio de Jn 10,1-10
Texto evangélico:
10 1 En
verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las
ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; 2 pero
el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. 3 A este le
abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a
sus ovejas y las saca fuera. 4 Cuando ha sacado todas las suyas
camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: 5 a
un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de
los extraños».
6 Jesús
les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por
eso añadió Jesús: 7 «En verdad, en verdad os digo: yo soy la
puerta de las ovejas. 8 todos los que
han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los
escucharon. 9 Yo soy la puerta: quien entre por mí se
salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. 10 El
ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos;
yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.
Hermanos:
1. Todos los años, el IV domingo de
Pascua es el Domingo del buen pastor y se lee el capítulo 10 de san Juan leído
pro secciones. Este año, que corresponde al ciclo A, comenzamos por la primera
sección.
Puedo comenzar esta sencilla
homilía. Nuestra provincia de capuchinos de España tiene como titular a la
Virgen María, Madre del Buen Pastor, del Divino Pastor, la que antes
llamábamos, con lenguaje totalmente popular, que se puede prestar a
confusiones, la Divina Pastor. Ya sabemos que “Divino” solo Dios.
Al felicitarnos en esta fiesta,
con un lenguaje sencillo y fraterno, nuestro superior nos traslada al Evangelio
de hoy, contando con sencillez, unos días de descanso familiar. En su casa
rural tienen rebaño y él ha querido ser pastor, yendo a pastorear con el
verdadero pastor.
“He vuelto a experimentar que las ovejas
escuchan la voz del pastor, no tanto la mía cuando me dirigía a ellas, lo cual,
desde un sentimiento de frustración, me ha llevado a constatar, una vez más, la
veracidad de las palabras bíblicas (Jn 10, 3-5). He vuelto a recordar las
distintas maneras del posicionarse el pastor en el rebaño. Unas veces se sitúa
delante, otras se queda en medio y, en otros momentos, se mantiene al margen.
Todo depende de la intención que tenga el pastor en el manejo del rebaño. Me he
fijado que también las ovejas tienen su puesto dentro del rebaño: algunas, por
los caminos, van siempre las primeras junto al pastor, otras las últimas. A
unas les gusta ir bien arropadas dentro del rebaño, mientras que otras están siempre
en el “orillo”, bajo la atenta mirada de kaimán,
la perra que no les deja que coman en el sembrado o las impide el acceso a la
viña… Al final de la jornada, en el momento de guardarlas en el aprisco, he
sido testigo de una de las acciones cotidianas del pastor: separar las ovejas
de las cabras” (Ante la celebración de la Patrona de nuestra Provincia
capuchina, Madre del Buen Pastor, 2 de mayo de 2017).
Ya ven, hermanos, que las ovejas del
campo, después de dos mil años no han cambiado sus costumbres.
2. La alegoría del Buen Pastor se presta a
muchas aplicaciones. Se ha hecho célebre una expresión del Papa Francisco, que
dijo a los sacerdotes en Jueves Santo, al mes siguiente de su elección: “pastores con «olor a oveja» –esto os pido:
sed pastores con «olor a oveja», que eso se note” (Homilía en la misa
crismal de Jueves Santo, 28 marzo 2013).
El texto de hoy, al principio, se refiere
principalmente a los fariseos. Los versículos inmediatamente anteriores a este Evangelio
dicen: “Los fariseos que estaban con él
oyeron esto y le preguntaron: «¿También nosotros estamos ciegos?». Jesús les
contestó: «Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís “vemos”,
vuestro pecado permanece” (Jn 9,40-41).
Con una frase durísima Jesús asegura: todos los que han venido antes de mí son
ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon (v. 8).
Hemos de tener en cuenta que cuando se
escribieron estas palabras como palabras de Jesús, ya había pasado muchos años después
de su muerte, seguramente que más de cincuenta y ya se habían producido
fracturas en la comunidad cristiana. Desde los primeros días hubo disensiones
que terminaron en rupturas. Este es un peligro inmediato y permanente: los
falsos pastores. Los ha habido y los habrá.
3. Ahora bien, las mismas ovejas conocen
la voz del verdadero pastor y saben distinguirla de la voz de los salteadores y
de los que no son los pastores: las ovejas lo siguen, porque
conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no
conocen la voz de los extraños.
Este criterio que Jesús da es esencial. Es el instinto del Espíritu Santo,
que está en las ovejas fieles. Es el conocimiento por intuición, por connaturalidad,
es el conocimiento del amor. Es el conocimiento
de quien sabe de qué se trata, porque él vive, conocimiento que alcanzan los
humildes, los que han permanecido en la brecha, pese a todas las dificultades,
que incluso han podido ser persecuciones y han permanecido.
La iglesia necesita de este conocimiento no menos que de la ciencia y la
doctrina de los sabios, y debe estar muy atenta a percibir lo que pasa dentro el
corazón de los sencillos. Más aún, si los sabios, los maestros, no son
humildes, no nos interesa lo que nos vayan a decir, aunque también Jesús nos advierte:
haced lo que so digan, pero no hagáis lo que ellos hacen.
La vida de los discípulos de Cristo se propaga por contagio, no por
propaganda o sistemas de venta. Las ovejas fieles escuchan la voz de su pastor,
que es Jesucristo y siguen por su camino.
4. Todo esto que vamos reflexionando
va en plena sintonía con esas bellísimas frases de san Pedro en la segunda
lectura: “Él llevó nuestros pecados en su
cuerpo hasta el leño, | para que, muertos a los pecados, vivamos para la
justicia. | Con sus heridas fuisteis curados.
Pues andabais errantes como ovejas, | pero
ahora os habéis convertido | al pastor y guardián de vuestras almas” (1 Pe 2,24-25).
Jesús, solo él, es el verdadero pastor y guardián de nuestras almas.
5. La última farse del Evangelio de hoy es igualmente una frase de frase de
luz y consolación sin fondo: yo he venido
para que tengan vida y la tengan abundante. Nunca olvidemos este texto con este
número: San Juan 10,10.
Jesús ha venido para dar vida, para darnos vida, para darme vida, pero no
cualquier vida, sino vida en abundancia, vida en plenitud, vida a derrochar.
¿De qué vida se trata? ¿de la vida del cuerpo o de la vida del alma?
Hermanos, ni de la vida del cuerpo ni de la vida del alma: de la vida de Dios.
Dios es vida y todo vida. Y Él quiere la vida de todo viviente, Él quiere mi
vida y mi plenitud. Dios quiere vivir en mí, y Él quiere que yo viva con la
vida de Dios. Dios quiere que desarrolle al pleno las cualidades que él me ha
dado, que, siendo vida mía, son vida de Dios.
Cuanto más dinero yo tengo, más vida: eso es falso, literalmente falso.
Cuanto más salud yo tenga, más vida. Eso es ambiguo, porque la salud es un
don transitorio. Y un niño o una niña que nacieran deficientes, nacen con la vida
de Dios, y merecen todas mis atenciones. La vida de Dios es infinitamente más
de todo cuanto pensamos cuando nos reducimos a la mera vida humana.
6. Señor Jesús, verdadero Pastor de
tu Iglesia y Vida de los hombres, yo he nacido para vivir y busco vida…, vida…,
vida… Haz que no me confunda y busque siempre la vida de Dios, que tú me das.
Amén.
Guadalajara, Jalisco, viernes de la III semana de pascua, 5 de mayo de
2017.
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