sábado, 13 de mayo de 2017

947. Domingo V Pascua 2017. Jesús y el Padre; la Virgen de Fátima



Homilía el Domingo V de Pascua
Sobre el Evangelio de Jn 14,1-12



Texto evangélico:

Jn14 1 No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. 2 En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. 3 Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. 4 Y adonde yo voy, ya sabéis el camino». 5 Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». 6 Jesús le responde: «Yo soy el camino y la verdad y la vid]. Nadie va al Padre sino por mí. 7 Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto». 8 Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». 9 Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? 10 ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. 11 Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.
     12 En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre.

Hermanos:
1. Seguimos navegando por el mar infinito de la Pascua. Y desde la Pascua recogemos palabras de Jesús en la última Cena. Ocurre además en esta circunstancia que hoy que escribo y pronuncio esta homilía es 13 de mayo, la Virgen de Fátima, fecha memorable porque hoy se cumplen los 100 años de aquel acontecimiento que con tanta huella ha marcado a muchos fieles de la Iglesia católica. Son dos referencias eclesiales y en torno a las dos giran las reflexiones de esta homilía.

2. Han dicho los exegetas que en esos largos capítulos del Evangelio de san Juan, que son 13, 14, 15, 16 y 17, la Iglesia entra en el Cenáculo. En efecto, después del lavatorio de los pies, después de la salida de Judas tras el bocado cuando “era de noche” (Jn 13,30), Jesús dilata su corazón y habla. El tono de sus palabras es el tono de la amistad, la confianza, la confidencia. Habla de las cosas de Dios de corazón a corazón, como si se pudiera hablar del Dios infinito al igual del amigo entrañable a este otro amigo. Si la teología toma este estilo de lenguaje, como estilo adecuado de pensamiento, quizás tengamos que refundir todos nuestros tratados a la llana sobre una base absolutamente simple en la que todo ha de sustentarse:
- Dios es nuestro Padre, nuestro verdadero Padre, en definitiva, nuestro único Padre.
- Nos aguarda en su casa donde hay sitio para todos.
- Jesús, el Señor, que es nuestro hermano, se adelanta y va, el primero, a prepararnos lugar.
- No cunda el pánico; tranquilos; todo está en regla, todo terminará bien.
- Yo soy el camino.
- El Padre y yo somos uno solo; quien me ve a mí, está viendo al Padre. Todo queda nivelado; vosotros sois asumidos en esta relación.

3. Esta simplicidad de pensamiento parece un simplismo irresponsable que escamotea y niega otras frases severas de Jesús. Con sinceridad y humildad, sin negar nada de lo que Jesús haya dicho, uno puede situarse lealmente en esa área de pensamientos, que le producen paz y verdad. Uno puedo decirle al Señor: Señor, esto me hace bien; no niego nada, absolutamente nada de lo tuyo, pero me quedo aquí, porque esto me hace bien… Me quedo aquí, y voy a tratar de profundizar, en lo que alcance, estas palabras sagradas que transforman mi corazón.

4. Hermanos, sin salirnos de este clima podemos ir a Fátima y recoger el mensaje de lo que allí fluye.
El Papa comienza su homilía, diciendo, en portugués:  Queridos Peregrinos: ¡Tenemos Madre! Se queda pensativo y lo repite, aunque no esté en el texto escrito: ¡Tenemos Madre!
Efectivamente, este es el mensaje de Fátima, que tenemos una madre, y todos la necesitamos. En el curso de su breve homilía le ha parecido oportuno citar las Memorias de sor Lucía. Vean, hermanos, lo que es una Madre.
“En sus Memorias (III, n.6), sor Lucía da la palabra a Jacinta, que había recibido una visión: «¿No ves muchas carreteras, muchos caminos y campos llenos de gente que lloran de hambre por no tener nada para comer? ¿Y el Santo Padre en una iglesia, rezando delante del Inmaculado Corazón de María? ¿Y tanta gente rezando con él?» Gracias por haberme acompañado. No podía dejar de venir aquí para venerar a la Virgen Madre, y para confiarle a sus hijos e hijas”.
Voy a citar la última frase de la homilía. Si la Virgen es Madre, la Iglesia debe ser esa Madre que nos lleve a Jesús. Vean el retrato de esta Madre: “Que, con la protección de María, seamos en el mundo centinelas que sepan contemplar el verdadero rostro de Jesús Salvador, que brilla en la Pascua, y descubramos de nuevo el rostro joven y hermoso de la Iglesia, que resplandece cuando es misionera, acogedora, libre, fiel, pobre de medios y rica de amor”.
He aquí seis rasgos para definir a nuestra Madre la Iglesia:
Primero: misionera, que salga de sí, que vaya en busca.
Segundo: acogedora, en casa de la madre caben todos.
Tercero: libre, que no tenga miedo, que diga en todo momento lo que deba decir.
Cuarto: fiel, fiel a Jesús, fiel a los hombres.
Quinto: pobre de medios, la riqueza nos perjudica, aunque no lo veamos.
Y Sexto: rica en amor, en riquezas de este mundo pobre, pero en amor riquísima.

5. Voy a terminar esta homilía con una anécdota que se refiere a Fátima, a esta madre que atrae y reúne. Hace cerca de cuarenta años se encontraba en Fátima el P. Ignacio Larrañaga, un capuchino nacido en Azpeitia, a unos metros de Loyola, y se encontraba dando lo que él llamaba “Encuentros de Experiencia de Dios”, que son como unos Ejercicios espirituales, y escribía en aquella ocasión a su superior de Chile, donde redicaba: “Los Encuentros aquí en Fátima han batido todos los “records” en este verano: en la 1ª semana: 720 asistentes. En la segunda semana 705. En esta semana 680. Faltan todavía dos Encuentros. Tuve también Encuentros en tres islas. No se puede describir lo que aquí acontece, en esta tierra de María” (30 de agosto de 1978).

6. Hermanos, María nos lleva a Jesús. No voy a hablar de los pastorcitos de Fátima, de san Francisco Marto que tenía ocho años cuando las apariciones, de santa Jacinta Marto, que tenía siete…, de su prima Lucía, que tenía diez… El tiempo de una homilía nos impide entrar en muchas consideraciones, útiles para nuestra fe.
Terminemos sencillamente con una súplica a María: Inmaculado Corazón de María, tú eres un “manto de luz que nos envuelve”, haz que junto a ti sintamos la ternura de Dios, y sepamos llevarla a nuestros hermanos, los hombres que sufren. Amén.

Guadalajara, Jalisco, sábado 13 de mayo de 2017, centenario de las Apariciones de Fátima.

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