Mc 16,15-20
Texto
15Y les dijo: «Id al mundo entero y
proclamad el Evangelio a toda la creación. 16El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea
será condenado. 17A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán
demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, 18cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno
mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán
sanos». 19Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se
sentó a la derecha de Dios. 20Ellos se fueron a predicar por todas partes, y el Señor
cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.
Hermanos:
1. Hoy es la
Ascensión del Señor. Una vez más vuelven
a neustros oídos aquellos sonsonetes que coreábamos de niños, aprendidos
seguramente en la catequesis infantil: “Tres jueves hay en el año / que relucen
más que el sopl: / Jueves Santo, Crospus Christi / ý el Día d elas Ascensión”.
El día de la
Ascensión lo celebra la Iglesia 40 días después de la Resurrección, ateniéndose
la calendario que nos da san Lucas al comienzo de su libro: Hechos de los
Apóstoles, que viene a ser la segunda parte del Evangelio. Y en Roma así lo han
celebrado. El jueves pasado, 9 de mayo, ha sido la fecha escogida por el Papa
Francisco para firmar la bula convocatoria del próximo Jubileo de la Redención,
Spes non confundit, la esperanza no defrauda, Dado en Roma, en San Juan de Letrán, el 9 de mayo,
Solemnidad de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo, del año 2024, duodécimo
de Pontificado.
La bula comienza con este párrafo que es bueno escucharlo precisamente en este día de la Ascensión del Señor a los cielos:
2. “«Spes non confundit», «la esperanza no
defrauda» (Rm 5,5). Bajo el signo de la esperanza el apóstol Pablo infundía
aliento a la comunidad cristiana de Roma. La esperanza también constituye el
mensaje central del próximo Jubileo, que según una antigua tradición el Papa
convoca cada veinticinco años. Pienso en todos los peregrinos de esperanza que
llegarán a Roma para vivir el Año Santo y en cuantos, no pudiendo venir a la
ciudad de los apóstoles Pedro y Pablo, lo celebrarán en las Iglesias
particulares. Que pueda ser para todos un momento de encuentro vivo y personal
con el Señor Jesús, «puerta» de salvación (cf. Jn 10,7.9); con Él, a quien la
Iglesia tiene la misión de anunciar siempre, en todas partes y a todos como
«nuestra esperanza» (1 Tm 1,1)”.
3. El misterio de
la Ascensión de Jesús lo tenemos expresado hoy en los tres lecturas de la misa.
Al empezar a
escribir los Hechos de los Apóstoles, san Lucas nos dice: “Se les presentó él
mismo después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo,
apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios. 4Una
vez que comían juntos, les ordenó que no se alejaran de Jerusalén, sino
«aguardad que se cumpla la promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar,
5porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu
Santo dentro de no muchos días».
Y un momento
después continúa: “9Dicho esto, a la vista de ellos, fue elevado al cielo,
hasta que una nube se lo quitó de la vista. 10Cuando miraban fijos al cielo,
mientras él se iba marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de
blanco, 11que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al
cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo,
volverá como lo habéis visto marcharse al cielo». 12Entonces se volvieron a Jerusalén,
desde el monte que llaman de los Olivos, que dista de Jerusalén lo que se
permite caminar en sábado”.
Asís pues, el Monte de los Olivos, que había sido el Monte de la Agonía fue el Monte de la Ascensión.
4. El Evangelio
de san Marcos no nos da los mismos detalles, y un analista riguroso que
quisiera analizar los textos sagrados con los criterios de un acta judicial,
nos dirían que no tienen valor porque no coinciden en detalles importantes.
Pero ocurre, hermanos, que los textos de la Sagrada Escritura, y
específicamente los textos evangélicos, no son la actas históricas de un
juicio, consignado por notarios y escribientes; son testimonios de fe de las
vivencias de la Iglesia, con las consecuencias imperativas para nuestra vida,
porque lo que celebramos no son cosas que un día fueron y se perdieron para
siempre, sino realidades celestiales que hoy están ocurriendo, y que están
protagonizadas por Jesús, el Viviente, el que vive y reina junto al Padre, el
que hoy dirige a la iglesia y que tiene una misión para la Iglesia que nosotros
escuchamos y queremos vivir.
¿Qué nos dice,
pues, hoy la Ascensión de Jesús? ¿A qué alegría nos invita? ¿A qué tarea nos
compromete?
5. La Ascensión
del Señor cierra la vida terrestre de Jesús, y abre la vida celestial, que nosotros
vivimos en la tierra hasta su vuelta.
La última
recomendación de Jesús: Id al mundo entero y proclamad el
Evangelio a toda la creación.
Es la misión que
tenemos los cristianos: que el Evangelio que Jesús nos ha entregado, en el cual
están todos los dones de Dios, llegue no solo a todos los hombres, sino a toda
la creación. San Francisco predicaba el Evangelio no solo a las genets sencillas,
sino incluso a las aves del campo. Los domingos, en la oración de la mañana
decimos
1. Criaturas del
Señor, bendecid al Señor;
ensalzadlo con
himnos por los siglos.
Ángeles de Dios,
bendecid al Señor,
cielos, bendecid
al Señor.
Aguas del
espacio, bendecid al Señor,
Sol y Luna,
bendecid al Señor,
astros del cielo,
bendecid al Señor.
Lluvias y rocío,
bendecid al Señor;
vientos, bendecid
al Señor.
Fuego y calor,
bendecid al Señor,
ríos y heladas,
bendecid al Señor.
Rocíos y nevadas,
bendecid al Señor,
témpanos y
hielos, bendecid al Señor.
Nieves y
escarchas, bendecid al Señor,
noches y días,
bendecid al Señor.
Y así vamos recorriendo la creación para que se una a nuestra alabanza y todos juntos formemos un coro. No es lirismo y poesía sin sentido; es un acto de fraternidad y alabanza con todo lo que Dios ha creado.
5. El Señor ha
subido al cielo, pero su obra no ha terminado. En la Iglesia hay mil cosas que
hacer. Antes de morir san Francisco dijo a sus hermanos: YO he hecho mi parte;
el Señor os enseñe la vuestra. No tenemos que repetir lo que él hizo; tenemos
que continuar una obra que él comenzó con la gracia de Dios.
Cada generación
tiene su obra. Jesucristo al dirige desde el cielo, pro él necesita nuestra
colaboración.
Ahora bien, hay
un detalle que no debemos olvidar. Aprendamos de memoria esta frase final del
Evangelio de san Marcos: 20Ellos se fueron a predicar por todas partes, y el Señor
cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.
Hermanos: El Señor desde el cielos se encarga
de dar los signos correspondientes. El Evangelio ha recordados cinco signos
portentosos: echarán demonios en mi
nombre, hablarán lenguas nuevas, 18cogerán serpientes en sus manos y, si
beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y
quedarán sanos».
No son el
catálogo; son ejemplos de cosas que se han verificado y que estásn testificadas
en los Evangelio y el Nuevo Testamentó. San Pablonos dice que ha subido al
cielo para llenar el universos, y nos presenta un cuadro maravilloso de lo que
Cristo está realizando:
Y él ha
constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelistas, a
otros, pastores y doctores, 12para el perfeccionamiento de los santos, en
función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; 13hasta
que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios,
al Hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud. (Ef 4,11-13).
Hermanos, podemos mirar al cielo para trabajar en la tierra. La obra de Jesús nos llena de alegría y esperanza.
Señor Jesús, por tu santa Resurrección y Ascensión colma a la Iglesia de tus dones. Danos seguridad, paz y alegría y que sepamos cumplir, en estos tiempos tan agitados, la obra que nos has encomendado. Amén.
Cuautitlán,
sábado, 11 mayo 2024.
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