domingo, 19 de mayo de 2024

1976. Pentecostés 2024 Jn 20,19-23

 

Pentecostés 2024

Jn 20,19-23


Texto

19Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». 20Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. 21Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». 22Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; 23a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Hermanos:

1. Pentecostés, culminación y coronación de la Pascua del Señor. Las dos solemnidades forman una unidad indisoluble. Estamos en el momento principal del año de la Iglesia. De aquí, de este misterio unitario de la pascua del Señor, nace todo lo demás. La Navidad nace de la Pascua, y la Pascua llega a su esplendor cuando Jesús entrega el Espíritu a la Iglesia.

El Evangelio de san Juan, como lo acabemos de escuchar, nos dice cómo el mismo día de la Resurrección gloriosa Jesús entregó el Espíritu a su Iglesia.

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo.

Con este gesto Jesús nos remite al momento principal de la creación, cuando Dios, Creador de cielo y tierra, creó al ser humano como corona de todas sus obras, Y entonces Dios Creador insufló, de su propio ser, aliento de vida, su propio Espíritu, y entonces el hombre comenzó a ser hombre, ser viviente, no comparable a ningún otro ser del universos, a ninguna estrella ni galaxia, a ningún animal – volátil, acuático o terrestre -, a ninguna planta. El hombre era rey del universo por el Espíritu de Dios, por gracia se le daba una dignidad divina que no la podía ni perder ni profanar. El hombre surgía en la tierra para ser santo con la santidad de Dios; había sido creado, como lo dice otra frase del principio de la Iglesia, a imagen y semejanza de Dios; “hombre y mujer los creó”, con la misma grandeza y dignidad. No es superior el hombre a la mujer, ni es superior al mujer al hombre; los dos han nacido directamente de las manso de Dios, los dos son hijos de Dios, cada uno con su característica propia.

En este momento en que nace la Iglesia de la muerte y Resurrección de Jesús, en este momento en que el Resucitado les muestras las manos y el costado, en este momento infunde el Espíritu, que va a ser el alma de la Iglesia. Recibid el Espíritu Santo, les dice Jesús a los apóstoles la tarde de la Resurrección.

Les habla del perdón de los pecados; es una manifestación de la presencia del Espíritu, pero de ninguna manera se dice que sea la única.

El Espíritu bien podemos decir que es la vida de la Iglesia y allí donde hay vida, está el Espíritu.

 

2. Todos los años, en este día leemos lo que ocurrió, como lo cuenta san Lucas en los Hechos de los Apóstoles:

“1Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. 2De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. 3Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. 4Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse. 5Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. 6Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua”.

Babel había sido la ruptura de la unidad humana y la dispersión de la humanidad, cada quien por su propio lado. Pentecostés es el signo de la reconciliación y de la unidad.

Babel hoy es la guerra, en Ucrania y en Rusia, en Palestina e Israel. Y en otras regiones del mundo, cuyos ecos no nos alcanzan a través de la prensa. Y Pentecostés es el diálogo y la paz, porque toda guerra es un crimen contra Dios y contra los hijos de Dios, que somos todos y cana uno. Pentecostés es la unidad y el amor.

3. Todos los años en este día leemos y escuchamos las mismas palabras de san Pablo, que escribe a la comunidad de Corinto:

“ 6y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. 7Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común. 8Y así uno recibe del Espíritu el hablar con sabiduría; otro, el hablar con inteligencia, según el mismo Espíritu. 9Hay quien, por el mismo Espíritu, recibe el don de la fe; y otro, por el mismo Espíritu, don de curar. 10A este se le ha concedido hacer milagros; a aquel, profetizar. A otro, distinguir los buenos y malos espíritus. A uno, la diversidad de lenguas; a otro, el don de interpretarlas. 11El mismo y único Espíritu obra todo esto, repartiendo a cada uno en particular como él quiere”.

4. El Espíritu Santo, hermanos, es el alma de la Iglesia. Estos días, concretamente con fecha 17 de mayo, acaba de publicarse un largo documento titulado: “normas para proceder en el discernimiento de presuntos fenómenos sobrenaturales”.  En la Presentación A la escucha del Espíritu que obra en el Pueblo fiel de Dios”, se dice: “Quien se deja llevar dócilmente por el Espíritu Santo tiene experiencia de la presencia y de la acción de la Trinidad, por lo que una existencia así vivida, como enseña el Papa Francisco, se traduce en una vida mística que, si bien «aun privada de fenómenos extraordinarios, se propone a todos los fieles como experiencia diaria de amor»[13].

En este mismo documento se nos explica cómo el Espíritu de Dios habita en cada uno de nosotros por el bautismo, y cómo los caminos de Dios en cada uno son maravillosos e inescrutables:

“San Juan de la Cruz constataba «cuan bajos y cortos y en alguna manera impropios son todos los términos y vocablos con que en esta vida se trata de las cosas divinas».[1] Ninguno puede expresar plenamente los caminos inescrutables de Dios en las personas: «los santos doctores, aunque mucho dicen y más digan, nunca pueden acabar de declararlo por palabras, así como tampoco por palabras se pudo ello decir».[2] Porqué «este camino de ir a Dios es tan secreto y oculto para el sentido del alma como lo es para el del cuerpo el que se lleva por la mar, cuyas sendas y pisadas no se conocen».[3] En realidad, «pues es él el artífice sobrenatural, él edificará sobrenaturalmente en cada alma el edificio que quisiere».[4]

5. Creyendo firmemente que Dios es grande y maravilloso, que Dios está presente en todas las razas y culturas, hemos de pedirle que por su amor y misericordia siga manifestándose en medio de nosotros en esta época de la historia que nos ha tocado vivir. El Espíritu de Dios no produce ruptura y odio, división, venganza, egoísmos; todo lo contrario, el Espíritu de Dios produce amor, que es la herencia que Jesús dejó en la tierra. En las cartas de los apóstoles hay una frase que nos sorprende en san Pablo y en la Primera de san Pedro: Saludaos unos otros con el beso santo; o con el beso de amor.

Terminamos, pues, mis queridos hermanos, con esa frase que se repite en las reuniones sagradas de la liturgia: Ven, Espíritu Santo, y renueva la faz de la tierra. Ven, Espíritu Santo, y cambia mi corazón; y que yo, con un corazón humilde, sea artífice de un mundo de Paz y Bien, de Paz y Amor.

Cuautitlán Izcalli, sábado 18 de mayo de 2024.

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