1973.
Dom V B Este es mi mandamiento: que os
améis unos a otros como yo os he amado
Jn
15,9-17
Texto
9Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. 10Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. 11Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. 12Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. 13Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. 14Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. 15Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. 16No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. 17Esto os mando: que os améis unos a otros.
Hermanos:
1. El Evangelio del domingo pasado era el de la
vid y los sarmiento. Y la palabra que más se repetía era “permanecer”. Si el
sarmiento ha de dar fruto ha de ser permaneciendo unido a la vid, porque sin
mí, arrancados de mí, no podéis dar ningún fruto. Yo soy la vida, vosotros los
sarmientos.
El Evangelio de hoy es punto y seguido la
continuación del Evangelio anterior. Estamos en las palabras de despedida de
Jesús en la Cena. Ya la lección de hoy, la recomendación, o, mejor, la
revelación es esta: Este
es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Todo el Evangelio va en torno del amor. Del
amor se habla en las novelas, en las películas, en las canciones. Jesús nos habla del amor, pero ese lenguaje
nadie antes que él lo había empleado, y siempre será nuevo y sorprendente.
Como cristianos debemos saber cuál es la doctrina de Jesús, una doctrina que es mandamiento; y hasta se podría decir que es el único mandamiento, que recoge a todos los demás.
2. Por contraste, para mejor poder perfilar el
mensaje de Jesús, podemos acudir a los grandes pensadores de la humanidad para
ver cómo ellos nos han hablado del amor y cómo nos habla Jesús. Aristocles,
genio de la Filosofía griega, escribió una obra que se llama la Ética, más
exactamente la Ética a Nicómaco. Se piensa que Nicómaco era su propio hijo,
Avanzando en su propia exposición, dice: “Y ahora vamos a hablar de la amistad,
que es lo más necesario de la vida”. Y explica que, si un hombre es rico, muy
rico, y no tiene amigos, la riqueza no le puede hacer feliz. Son pensamientos
realmente sabios.
Y hablando de la amistad, que es la expresión
bella del amor, porque el amor se expresa en la amistad, nos detalla que puede
haber amistad por tres razones diferentes:
Te amo, porque me eres útil. Esta es una amistad
muy corriente. Esta una amistad comercial. Somos buenos amigos, porque nos
aprovechamos mutuamente.
Te amor, porque me causas placer. Lo cual se
pueden entender en un sentido grosero y sensual, o en un sentido más elevado.
Amar por el placer del sexo parece que es un amor muy interesado, incluso
degradante. Pero hay otros placeres
superiores en la vida, que también pueden producir satisfacción y placer. Una
buena comida compartida, una diversión… Te amor porque lo pasamos bien, cuando
nos juntamos. Es un amor concupiscente. Un amor para llevar satisfacciones y
deseos.
Pero hay un tercer amor muy diferente, que diríamos
que es el amor perfecto, sin ninguna duda muy superior a los dos anteriores. Te
amo por lo que eres, porque te lo mereces, y al amarte me haces feliz y me
crezco a mí mismo. Tú eres digno, digna de mi amor, y amándote yo mismo soy más
perfecto.
Es claro que este amor es el que merece la pena;
los otros dos no. Los otros dos se terminan cuando se termina la utilidad,
cuando se termina el placer.
Qué hermoso cuándo se oye a un matrimonio: Yo por nada llevaré a mi padre, a mi madre, a una residencia; lo cuidaremos en casa. Claro que, si la situación lo requiere un hospital, entonces sí lo llevaremos para unos cuidados de medicina que nosotros no podemos darle.
3. Jesús habla del amor y lo resume todo en una
frase: Amaos unos a otros como yo os he amado. ¿Queremos más detalles? Pues he
aquí lo que dice. 13Nadie tiene amor más grande que el
que da la vida por sus amigos.
Y el realmente ha dado su vida por nosotros. Podía haber inventado otro modo de
vivir. Tenía autoridad y capacidad para entablar una lucha con sus adversarias,
y salir a flote de las circunstancias, con una capacidad dialéctica y milagrosa
que no tenían sus adversarios; pero no lo hizo, no quiso esos triunfos, que
parecen triunfos, pero no son triunfos de amor. San Pablo dirá esta frase
de oro: Me amó y se entregó por mí.
Pero sigamos todavía
con unos pensamientos más del gran filósofo que hemos citado para apreciar cómo
es amor de Jesús, que es amor del Hijo de Dios a nosotros es totalmente
distintos de todos los amores. Este genio del pensamiento escribió en su
Metafísica que hay una potencia creadora que dio existencia al mundo, al
hombre. Y que por lo tanto el hombre debe respetar e incluso amar al que el ha
dado el ser. Pero, bien pensado, Dios no tiene que amar; Dios no ama. Si Dios amara
a la criatura se mostraría indigente.
Cuando el Papa
Benedicto XVI escribió su bella encíclica sobre el amor, Deus caritas est, Dios es amor, recordó este pensamiento de
Aristóteles: “La potencia divina a la cual Aristóteles, en la
cumbre de la filosofía griega, trató de llegar a través de la reflexión, es
ciertamente objeto de deseo y amor por parte de todo ser —como realidad amada,
esta divinidad mueve el mundo—, pero ella misma no necesita nada y no ama, sólo
es amada” (Metafisica XII,7)”.
En el polo opuesto está
lo que hoy nos ha dicho san Juan en la lectura segunda: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino
en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por
nuestros pecados” (1Jn 4,10). Dios
nos amó primero, y nos sigue amando. Y la fe nos dice que no sería Dios si no
nos amara.
Dios nos ha amado, es
decir, me ha amado y Dios me sigue amando. El amor que Dios nos tiene no s e
mide por nuestros méritos; por eso, no nos hemos de comparar con ningún santo.
Dios me ama porque sí, porque quiere amarme.
Desde este pensamiento
central pueden venir mil aplicaciones. Y el Evangelio nos da algunas pistas. Así, cuando Jesús sigue
diciendo: 15Ya no os llamo siervos,
porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos,
porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
4. Hermanos, hay siempre un mundo divino por explorar
que nunca llegaremos a conocer del todo. Dios me ama, y, al amarme, me ah digno
de su amor.
Saquemos las consecuencias. Y las consecuencias,
la única consecuencia, es esta: Vamos a corresponder a ese amor. Y Jesús nos
dice: Si guardamos sus mandamientos, eso será la señal de que le amamos, de que
queremos corresponder a ese amor infinito que nos tiene. Las cosas particulares
las saca cada uno de su corazón. Un ejemplo. Estos días, lo mismo en el país de
México, donde vivo, que, en España, mi tierra patria, los políticos – hombres y
mujeres – en su forma de hablar se lanzan unos a otros palabras que nos hieren
a todos. Y parece haberse adoptado este modo de hablar como un lenguaje
legítimo en al palestra política donde están. Pero uno que escucha el
Evangelio, al punto dice: No, no, es otro mundo; eso no puede ser así.
Hermanos, en nuestra vida persona, privada,
tratemos de amar a Dios con todo el corazón, y que todos nuestros pensamientos,
sentimientos y palabras, vayan pasando todo por el filtro del verdadero amor.
Baste con estas sencillas reflexiones y que el
Espíritu Santo ponga en el corazón de cada uno el verdadero amor que Jesús nos
ha enseñado.
Señor Jesús,
tú nos has
dicho Este es mi mandamiento: que os
améis unos a otros como yo os he amado. Concédeme, concédenos, que este
mandamiento yo lo lleve a mi vida íntima más personal, a mi vida familiar,
comunitaria, a mi vida social, y que el amor verdadero sea la respiración de mi
corazón. Amén, aleluya.
Cuautitlán Izcalli, sábado 4 de mayo de 2024.
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