viernes, 3 de enero de 2020

1299. Epifanía 2019 – Jesús, luz para todas las naciones


Jesús, luz para todas las naciones
Mt 2,1-12
Texto evangélico:
Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando. “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido, porque hemos visto su estrella y venimos a adorarlo?”. Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel’”. Entonces Herodes llamó en secreto a  los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: “Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo. Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.

Hermanos:
1. Esta escena que acabamos de escuchar es una escena deliciosa, y el que la escucha se llena de gozo y amor, contemplando las personas, viviendo los pasos de esa aventura,, y viendo sobre todo a ese Dios de amor que les ha llamado, les ha conducido, les ha traído hasta la casita donde está el Niño con su Madre.
¿Vienen de Persia? ¿Viene de Babilonia? No sabemos de qué lejana tierra de Oriente han partido, de lejos, muy de lejos. ¿Acaso de la India? ¿Y por qué no? Nosotros los hemos pintado de raza blanca o amarilla, y a uno le hemos dado el color negro, representando un inmenso continente. Y comenzamos a pensar que son los representantes de toda la humanidad, de todos los que no son hebreos, miembros del pueblo santo de los patriarcas y de los profetas.
¿Y cómo se llaman? ¿Qué lengua hablan? Tampoco lo sabemos.
¿Y cuántos son? ¿Dos…, tres…, cinco…, doce? Como ofrecieron oro, incienso y mirra, los hemos representado como tres…

2. La imaginación se pierde con preguntas que no tienen respuesta; la fantasía se goza inventando paisajes que desconocemos.
Y el viaje ha sido largo; a lo mejor meses, a lo mejor un año desde que vieron la estrella del nacimiento; porque Herodes manda matar a todos los niños de dos años para abajo.
Y estos magos – que no se dicen que fueran reyes, pero peguntan por el Rey de los judíos, y hacemos bien en ponerles una corona – se llenaron de inmensa alegría, cuando saliendo de Jerusalén vieron reaparecer la estrella, que les guió hasta Belén, que está muy cerca de Jerusalén, unos 18 kilómetros hoy por carretera.
Encontraron al Niño y a la Madre; José no está en escena. La Virgen María en su pobre casita no puede ofrecerles hospedaje, pero les entregó lo que nadie podía entregar, el mayor tesoro del mundo. Ya comenzó la Virgen a ejercer la misión que hoy continúa haciendo: la Virgen os entrega a su Hijo Jesús.

3. Cada detalle del relato nos sugiere un dato para nuestra vida, que es respuesta a las preguntas que nos hacemos los mortales, He aquí una serie de metitaciones:
o   Cada ser humano, por ejemplo yo, es un caminante que viene de lejos…, de lejos…
o   Cada ser humano tiene una estrella: Dios se la pone.
o   El camino es largo, muy largo: noches y días, semanas y meses, calores y heladas…
o   Cuando la estrella se esconde, hay que preguntar.
o   Siempre ha habido y siempre hay sabios que pueden dar respuesta de sabiduría.
o   En las santas Escrituras los Sabios encontraron la respuesta.
o   Cuando reapareció la estrella se llenaron de inmensa alegría. Sin alegría, hermanos, no se puede caminar en la vida.
o   Encontraron, entraron y adoraron, Fueron felices para siempre.
o   No era un palacio como el de Herodes; era una casita de pobres, porque la felicidad no necesita palacios.
o   Cuando encontraron al Niño y a su Madre, nos sabemos qué dijeron… La felicidad está más allá de todas las palabras.
o   Y se volvieron por otro camino. A partir de ahora, ya no era distinto.

4. Estas reflexiones que nos hacemos, hermanos, son verdad, y son provechosas para el corazón. Dios nos puede hablar así, del modo más sencillo, por humildes profetas o profetisas, por  lectura y meditación de las santas Escrituras.
Pero, deseosos de recibir la Palabra de Dios en su sentido más profundo y puro, nos preguntamos si este relato no será, más bien, una leyenda espiritual, una especie de parábola…
Benedicto XVI, siendo Papa, dedicó sus “vacaciones” a escribí una vida de Jesús en tres volúmenes; el tercero era sobre la Infancia de Jesús, y tiene una discusión bellísima en torno a estos magos, que además de ser “magos”, investigadores de los astros, eran sabios. No podemos pasar de la homilía a una clase.
La tradición cristiana ha interpretado el fondo de este episodio, a la luz del texto profético de Isaías 60, que hemos escuchado en la primera lectura, y del salmo que lo acompaña.

5. Es muy bello pensar que todas las religiones caminan hacia Cristo, aunque ellas mismas no lo perciban así, y quizás hasta podrían tomarlo como una injuria si les habláramos en ese tono. Pero es así, los Magos, los Filósofos, vengan de Grecio o de Persia, vengan de la India o de Babilonia, caminan hacia Cristo. Es hermoso pensar que todo hombre de buena voluntad refleja en su rostro el resplandor de Cristo Resucitado.
Y nosotros creyentes, sentimos un gozo desbordante, leyendo desde Belén las profecías tardías del libro de Isaías:
“¡Levántate y resplandece, | porque llega tu luz*; | la gloria del Señor amanece sobre ti! …
Te cubrirá una multitud de camellos, | dromedarios de Madián y de Efá. | Todos los de Saba llegan trayendo oro e incienso, | y proclaman las alabanzas del Señor”. 

6. Es lo que proclama la fiesta de la Epifanía: la llamada de Dios a todos los pueblos, iluminados por la Luz de Cristo. Cristo Resucitado es la luz del mundo.
Pero no desde el momento final de su final, de su Resurrección y Ascensión a la gloria del Padre; ya desde su nacimiento, por el misterio de la Encarnación, porque él es Luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero.

Jesús, luz el mundo, que llamas a todos los hombres a contemplar tu divino resplandor, y en ti la faz del Padre, tú nos dijiste que tus discípulos, todos, somos luz del mundo y sal de la tierra. Traspasa toda mi vida con la luz del Evangelio, porque yo quiero ser tu Epifanía, el resplandor de tu luz para mis hermanos, los hombres. Amén.

Guadalajara, Jalisco, viernes 3 de enero de 2020.

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