jueves, 9 de enero de 2020

1302. María en Nazaret, maestra de la vida


La Madre le enseñaba, día a día

Es tiempo de Navidad. La liturgia se prolonga y proclama que el Hijo nacido es Epifanía, Una antigua antífona oriental, cantada en las Víspera de la Epifanía, dice: “Veneramos este día santo, honrado con tres prodigios: hoy la estrella condujo a los magos al pesebre; hoy el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán para salvarnos. Aleluia” (En el Misal del altar de México, véase esta representación dibujada por el artista de Guadalajara, hoy anciano monje benedictino de la Abadía del Tepeyac, Fray Gabriel Chávez de la Mora).
Este intersticio de días, entre Epifanía y Bautismo /este año 12 de eenro), nos invitan a ir a Nazaret y a contemplar allí al Verbo de Dios aprendiendo a ser hombre, bajo el cuidado y la enseñanza de su Madre, María; y bajo la solicitud y autoridad del padre que Dios dispuso, José, Jesús es “el hijo del carpintero”.

54 Fue a su ciudad y se puso a enseñar en su sinagoga. La gente decía admirada: «¿De dónde saca este esa sabiduría y esos milagros? 55 ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? 56 ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?». 57 Y se escandalizaban a causa de él. Jesús les dijo: «Solo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta». 58 Y no hizo allí muchos milagros, por su falta de fe” (Mt 13).

La madre le enseñaba día a día
lo que una madre enseña a su pequeño:
cómo se parte el pan, se toma el vaso,
y cómo se bendice el alimento.

La madre respondía a las preguntas
que un niño entre los juegos le iba haciendo;
le enseñaba los nombres de las  cosas
de las plantas y pájaros del cielo.

Maestra de la vida le enseñaba
a ser un hombre entero y verdadero,
y en Nazaret un niño singular
en gracia y en saber iba creciendo.

Un joven aprendía en el taller
el oficio de un padre carpintero,
taller y sinagoga eran escuela
que sumiso aceptó el Divino Verbo.

¡Misterio de mi vida, oh Dios oculto,
que moras en mí mismo en el silencio,
te alabo, te bendigo, te proclamo,
mi Trinidad que espero y hoy mi cielo! Amén.

Guadalajara, Jalisco, 9 enero 2020.

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