La Madre le enseñaba, día a día
Es tiempo de Navidad.
La liturgia se prolonga y proclama que el Hijo nacido es Epifanía, Una antigua
antífona oriental, cantada en las Víspera de la Epifanía, dice: “Veneramos este día santo, honrado con tres
prodigios: hoy la estrella condujo a los magos al pesebre; hoy el agua se
convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy Cristo fue bautizado por Juan en el
Jordán para salvarnos. Aleluia” (En el Misal del altar de México, véase
esta representación dibujada por el artista de Guadalajara, hoy anciano monje benedictino
de la Abadía del Tepeyac, Fray Gabriel Chávez de la Mora).
Este intersticio de
días, entre Epifanía y Bautismo /este año 12 de eenro), nos invitan a ir a
Nazaret y a contemplar allí al Verbo de Dios aprendiendo a ser hombre, bajo el
cuidado y la enseñanza de su Madre, María; y bajo la solicitud y autoridad del
padre que Dios dispuso, José, Jesús es “el hijo del carpintero”.
“54
Fue a su ciudad y se puso a enseñar en su sinagoga. La gente decía admirada:
«¿De dónde saca este esa sabiduría y esos milagros? 55 ¿No es el
hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos Santiago, José,
Simón y Judas? 56 ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de
dónde saca todo eso?». 57 Y se escandalizaban a causa de él. Jesús
les dijo: «Solo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta». 58
Y no hizo allí muchos milagros, por su falta de fe” (Mt 13).
La
madre le enseñaba día a día
lo
que una madre enseña a su pequeño:
cómo
se parte el pan, se toma el vaso,
y
cómo se bendice el alimento.
La
madre respondía a las preguntas
que
un niño entre los juegos le iba haciendo;
le
enseñaba los nombres de las cosas
de
las plantas y pájaros del cielo.
Maestra
de la vida le enseñaba
a
ser un hombre entero y verdadero,
y
en Nazaret un niño singular
en
gracia y en saber iba creciendo.
Un
joven aprendía en el taller
el
oficio de un padre carpintero,
taller
y sinagoga eran escuela
que
sumiso aceptó el Divino Verbo.
¡Misterio
de mi vida, oh Dios oculto,
que
moras en mí mismo en el silencio,
te
alabo, te bendigo, te proclamo,
mi
Trinidad que espero y hoy mi cielo! Amén.
Guadalajara, Jalisco, 9 enero 2020.
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