jueves, 12 de julio de 2018

1099. Domingo XV, ciclo B – Jesús envía a los Doce con su misión y sus poderes

Jesús envía a los Doce 
transmitiéndoles su misión y sus poderes
Mc 6,7-13

Texto evangélico:
7 Llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. 8 Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; 9 que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. 10 Y decía: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. 11 Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, en testimonio contra ellos».
12 Ellos salieron a predicar la conversión, 13 echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.
Hermanos:
1. El Evangelio que acaba de resonar en nuestros oídos es el Evangelio del envío, de la primera misión que se confía a los Doce.
Para mejor entender este Evangelio en la historia de Jesús que nos transmite san Marcos, podemos recordar cómo fue la elección. En el capítulo 3 el evangelista nos ha narrado: “Jesús subió al monte, llamó a los que quiso y se fueron con él. E instituyó doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, y que tuvieran autoridad para expulsar a los demonios” (Mc 3,13,15).
La elección de los apóstoles fue un acto sagrado de parte de Jesús; con ello quería establecer los fundamentos de su obra. Fueron doce, los instituyó “los Doce” y hasta el mismo nombre se quedó para siempre: “los Doce”. No diez, ni quince, Doce, que nos evocan las doce tribus de Israel. El designio de Jesús fue continuar la obra que Dios había iniciado en la primera Alianza.
Incluso, hasta cuando falló Judas, se siguió hablando de los Doce…

2. En aquella ocasión el evangelista nos da una frase que nos ilumina tanto, cuando precisa las intenciones de Jesús. Nos dice que creó a los Doce para dos finalidades:
- primero, para que estuviera con él. A partir de ahora iban a ser una sola comunidad con él.
- Y en segundo lugar, para enviarlos a predicar.
Vivir la vida de Jesús – estar con él, comer con él, dormir con él, escucharle a él, ser como él era… - todo esto les iba a dar la categoría de lo que viene luego.
Así comprendemos que el envío de los apóstoles va a ser el mismo que el envío de Jesús por parte del Padre.
¿Qué tienen que llevar los doce apóstoles al mundo? El mensaje de Jesús y las obras de Jesús.
Todo esto, hermanos, es bello, inmensamente bello, para que nosotros lo gocemos, y es de una profundidad que no tiene fondo.

3. Así como va a ser el envío. ¿Qué tienen que predicar los Doce? Exactamente lo que predicaba Jesús: el Reino de Dios que llegaba victorioso a esta tierra, y que pedía la conversión.
Pero una predicación de parlabas es hueca, si no va acompañada de obras. ¿Cuáles son las obras que tienen que hacer los apóstoles? Exactamente las obras que hacía Jesús: expulsar demonios, sanar enfermos… Y en otros lugares se nos dirá: resucitar muertos. La obra apostólica es la pura continuación de la obra de Jesús; más aún, diríamos mejor que no es la continuación, sino la fusión con la misma obra de Jesús.
Viene otra pregunta esencial: ¿Cómo van a vivir estos apóstoles, enviados por Jesús? Sin nada, es decir, apoyados únicamente por el amor del Padre. No les puede faltar nada, si el mismo Padre, el Dios Creador de cielo y tierra, se cuida de ellos. Eso es el significado de la consigna que reciben: “Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto”.
La pobreza apostólica no es una virtud ascética para superarse a sí mismo; no es un programa social de solidaridad con los pobres y desheredados. La pobreza del apóstol es algo simple y sublime: Dios me ha enviado, Dios se ha de cuidar de mí.

4. Pero hay otro detalle, que de ninguna manera es accesorio, ornamental o poético: Los envió de dos en dos… ¿Por qué no les envió como profetas solitarios…?
Hoy la primera lectura nos habla de uno de estos profetas solitarios enviados por Dios. Amós, que está profetizando en el santuario del Rey.
Y Amasías dijo a Amós:
     «Vidente: vete, huye al territorio de Judá. Allí podrás ganarte el pan, y allí profetizarás. Pero en Betel no vuelvas a profetizar, porque es el santuario del rey y la casa del reino».
     Pero Amós respondió a Amasías:
     «Yo no soy profeta ni hijo de profeta. Yo era un pastor y un cultivador de sicomoros. Pero el Señor me arrancó de mi rebaño y me dijo: “Ve, profetiza a mi pueblo Israel” (Am 7,12-15).

Jesús pudo haberlos enviado como doce profetas solitarios, cada uno por su lado… Y el texto sagrado nos dice que los envió de dos en dos. La Iglesia es una comunidad apostólica y su referencia es Jesús.
El envío de dos en dos, hermanos, nos da mucho que reflexionar.

5. Estos datos que acabamos de repasar nos dan el cuadro de lo que fue la primera misión apostólica. Obviamente eso no termina ahí; no concluye como un recuerdo piadoso que nos edifica y nos anima a nosotros.
Esa misión de los apóstoles es la misión encarnada que se perpetúa en la Iglesia. ¿Acaso por los Obispos, que nosotros llamamos sucesores de los apóstoles? No, hermanos, no solo por los Obispos, sino por todos nosotros… Todos estamos implicados en esa oleada de amor, en esa vorágine espiritual que desató Jesús.
Hoy volvemos a leer estos textos, y se levanta una pregunta impetuosa en el fondo del corazón: ¿cuál es mi misión en este proyecto de Jesús?

6. Podemos explicarlo con un ejemplo. El joven Francisco de Asís era un joven vanidoso, lleno de sueños y ambiciones, hijo de una familia burguesa de comerciantes, que le aseguraba un buen porvenir. Dios le cambió su corazón, lo llevó entre los leprosos, inició de esta manera una vida penitencial…, pero no sabía a punto cierto cuál iba a ser su rumbo. Un día entró en una ermita y escuchó el Evangelio de la misión de los apóstoles, no sabemos si leído del Evangelio de san Mateo, de san Lucas o acaso de san Marcos… Pidió al sacerdote que le explicara lo que había escuchado. Y el sacerdote se lo explicó como pudo. Y en ese momento sucedió como un milagro. “Como el sacerdote le fuese explicando todo ordenadamente, al oír Francisco que los discípulos de Cristo no debían poseer ni oro, ni plata, ni dinero; ni llevar para el camino alforja, ni bolsa, ni pan, ni bastón; ni tener calzado, ni dos túnicas, sino predicar el reino de Dios y la penitencia, al instante, saltando de gozo, lleno del Espíritu del Señor, exclamó: «Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo busco, esto es lo que en lo más íntimo del corazón anhelo poner en práctica»” (Celano, Vita I, 22).
San Francisco no fue sacerdote. Fue mensajero del Gran Rey. Comprendió que ser pobre es no tener otra cosa que a Dios mismo. Y entendió que su misión era anunciar el amor y la paz.

7. Hermanos, la vida de Dios que Jesús trae al mundo podemos verla en este Evangelio de misión. Somos receptores de esa vida de Dios que Jesús nos ha traído y regalado y debemos darla a los demás.
Nuestra petición en este domingo sea hoy esta:
Señor Jesús, tú eres la vida de Dios. Dispuesto estoy a ser Misionero de esa vida que tú nos has traído. Amén.

Guadalajara, jueves, 12 de julio de 2018.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

MARCOS:
Después llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos; y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos. Y les mandó que no llevasen nada para el camino, sino solamente bastón; ni alforja, ni pan, ni dinero en el cinto, sino que calzasen sandalias, y no vistiesen dos túnicas. Y les dijo: Dondequiera que entréis en una casa, posad en ella hasta que salgáis de aquel lugar. Y si en algún lugar no os recibieren ni os oyeren, salid de allí, y sacudid el polvo que está debajo de vuestros pies, para testimonio a ellos. De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para los de Sodoma y Gomorra, que para aquella ciudad. Y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen. Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban.
LUCAS:
Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades. Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos. Y les dijo: No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni llevéis dos túnicas. Y en cualquier casa donde entréis, quedad allí, y de allí salid. Y dondequiera que no os recibieren, salid de aquella ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos. Y saliendo, pasaban por todas las aldeas, anunciando el evangelio y sanando por todas partes.
MATEO:
A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo:
No vayáis por camino de gentiles, ni entréis en ciudad de samaritanos, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia. No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos;  ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bastón; porque el obrero es digno de su alimento. Mas en cualquier ciudad o aldea donde entréis, informaos quién en ella sea digno, y posad allí hasta que salgáis. Y al entrar en la casa, saludadla. Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella; mas si no fuere digna, vuestra paz se volverá a vosotros.Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies. De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma y de Gomorra, que para aquella ciudad.
He aquí el mismo hecho contado por tres evangelistas distintos, y de forma distinta.
Uno habla de llevar sólo un bastón, mientras los otros dos dicen que no lleven nada de nada. Uno habla que no entren en territorios de gentiles y samaritanos, lo otros dos no mencionan dónde. Uno no habla del castigo que les espera a las ciudades que les rechacen, los otros dos sí.
Sin embargo los tres coinciden en lo esencial: poder divino para hacer milagros. Los milagros (los hechos) convencen más que las palabras.
Saludos. Juan José

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