Jesús es el milagro de su Iglesia
En el martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo, celebramos la fidelidad de Dios al proyecto que el Padre llevó a cabo en el mundo por su Hijo, en el Espíritu. Dios, por distintos caminos escogió a dos personas frágiles, para un proyecto único de salvación. Pablo lo recuerda a los Gálatas, evocando el episodio de su encuentro en Jerusalén tras su primera misión apostólica. Los notables de Jerusalén “vieron que se me ha encomendado anunciar el Evangelio a los incircuncisos, lo mismo que a Pedro a los circuncisos, 8 pues el mismo que capacita a Pedro para su misión entre los judíos, me capacita a mí para la mía entre los gentiles; 9 además, reconociendo la gracia que me ha sido otorgada, Santiago, Cefas y Juan, considerados como columnas, nos dieron la mano en señal de comunión a Bernabé y a mí, de modo que nosotros nos dirigiéramos a los gentiles y ellos a los circuncisos”.
La Iglesia los recuerda juntos, como enlace de la Iglesia con Jesús, los dos mártires en Roma.
El sucesor de Pedro hoy se llama Francisco, y hace unos años se llamaba Benedicto. Y hoy los dos, en unidad de fe y amor, se encuentran en Roma. Hoy es una fecha singular para Benedicto XVI (94 años), porque hace 70 años recibía la ordenación sacerdotal. El Papa Francisco, hace cinco años, escribía este testimonio de Benedicto, que citamos como sentido y filial homenaje a un Papa que tanto bien ha hecho en la Iglesia:
“Cuando leo las obras de Joseph Ratzinger/Benedicto XVI me resulta cada vez más claro que él ha hecho y hace «teología de rodillas»: de rodillas porque, antes incluso que ser un grandísimo teólogo y maestro de la fe, se ve que es un hombre que cree verdaderamente, que ora verdadera-mente; se ve que es un hombre que personifica la santidad, un hombre de paz, un hombre de Dios. Y así él encarna ejemplarmente el corazón de toda la acción sacerdotal: ese profundo enraizamiento en Dios sin el cual toda la capacidad organizativa posible y toda la presunta superioridad intelectual, todo el dinero y el poder resultan inútiles; él encarna esa constante relación con el Señor Jesús sin la cual nada es ya verdadero, todo se convierte en rutina, los sacerdotes en asalariados, los obispos en burócratas y la Iglesia deja de ser la Iglesia de Cristo y se convierte en un producto nuestro, una ONG a fin de cuentas superflua.
El sacerdote es aquel que «encarna la presencia de Cristo, testimoniando su presencia salvífica», escribe en este sentido Benedicto XVI en la Carta de proclamación del Año sacerdotal.
Leyendo este volumen, se ve claramente como él mismo, en sesenta y cinco años de sacerdocio que hoy celebramos, ha vivido y vive, ha testimoniado y testimonia ejemplarmente esta esencia del actuar sacerdotal”. (Prólogo del Papa Francisco a: Joseph Ratzinger – Benedicto XVI, Enseñar y aprender el amor de Dios, Biblioteca de Autores Cristianos, 320. Publicada el 24 junio 2016).
por él Simón será por siempre Pedro,
por él la nave avanza entre las olas
segura de llegar feliz a puerto.
Con
Pedro y Pablo, unidos confesamos
que
es Jesús el Mesías verdadero;
y
en esta roca, en Cristo sustentada,
la
fe se arraiga en sólido cimiento.
Testigos
sois y mártires en Roma
y
a Roma nuestros ojos hoy tendemos,
buscando
en Pedro y Pablo luz y amparo,
con
ellos anunciando el Evangelio.
La
fe de la alianza ha germinado
y
en Jesús se abierto al mundo entero,
Jerusalén
y Roma en un abrazo,
hermanos
son en paz, judío y griego.
¡A
ti, Jesús, presencia que acompañas
Señor
de las culturas y milenios,
a
ti sea la gloria que derramas
y
brilla en el martirio de tus siervos!
Madrid, solemnidad de san Pedro y san Pablo, Apóstoles 2021.
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