No se lo digas a nadie
Pasado el sermón de la Montaña, en el Evangelio de Mateo sigue una serie de manifestaciones milagrosas de Jesús. La primera, el leproso curado (Mt 8,1-4): Si quieres, puedes limpiarme. Marcos ha sido el primer que lo ha contado (Mc 1,40-43), y luego lo han repetido Mateo y Lucas (Lc 5,12-16), con ciertos retoques. Los tres anotan la orden de Jesús: “No se lo digas a nadie”, una consigna que Jesús repite en otras ocasiones, y que ha dado tanto que discurrir y hablar a los intérpretes.
En el Evangelio de Marcos da esa orden “con severidad”. ¿Qué es lo que exactamente quiere decir esto? ¿Cuál es la correcta traducción y sentido de este versículo 43? Lo ignoro. Pero bien podemos pensar que Jesús hace el milagro desde dentro de su ser, sin remedio – no tácticamente, en ningún caso – vencido por el amor de compasión y ternura; pero con ello no quiere hacer una propaganda intencionada, planificada. Dios sigue hablando desde el amor a cada uno. Es una interpretación, una escucha legítima de la profundidad insondable de la Escritura.
No se lo digas a nadie,
dijo Jesús al leproso:
Dios contigo, tú con Dios,
es el divino tesoro.
Pero vete al sacerdote
y allí da tu testimonio,
deposita allí tu ofrenda
y di: Dios mío, te adoro.
Dios es verdad infinita
y puedes contarle todo,
y cuando todo lo digas
escucha en suave coloquio.
Que Dios tiene una palabra,
como regalo amoroso,
hoy palabra creadora
de sus reservas sin fondo.
Palabra de amor, mi Dios,
que llega sin alboroto,
ahora recién nacida
para este siervo devoto.
Confidencia personal,
como si no hubiera otro,
que para el Dios de Jesús
yo soy yo, jamás anónimo.
El amor es confidente,
cuando el rey baja del trono,
y a nuestra puerta ha llamado,
por estar entre nosotros.
Amistad de Dios conmigo,
de intimidad y de asombro,
Creador con criatura,
que se ha hecho amante esposo.
La Biblia entera en sus versos
viene a hallar en mí reposo,
que por ser Palabra viva,
es pan que mastico y como.
Con la fuerza del Espíritu
en mi cuerpo la incorporo,
es sangre que purifica
y tiñe el vestido en rojo.
Con aire firme y severo,
que se veía en el rostro,
“No se lo digas a nadie”,
le dijo con dignos modos.
Quizás en la vida busco,
Jesús, mis poses y fotos,
y hasta pienso que es mejor
para el mensaje que expongo…
Acaso te deba oír
con humildad y sonrojo,
que Dios quiere más milagros,
mas sin nada aparatoso.
Taumaturgo del amor,
que ya te conozco un poco…,
sigue sanando y curando,
aunque te tengan por loco.
Y con mis manos mendigas,
seas tú el Milagroso,
y brilla en tu santa Iglesia,
oh Divino y Misterioso. Amén.
Madrid, 25 junio 2021, viernes de la semana XII.
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