lunes, 4 de septiembre de 2023

1910. Dom XXII A – Jesús, Hijo de Dios, manifiesta sus discípulos las condiciones del seguimiento

 

1910. Dom XXII A – Jesús, Hijo de Dios, manifiesta sus discípulos las condiciones del seguimiento

Mt 16, 21-27

 

Texto

21 Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. 22 Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte». 23 Jesús se volvió y dijo a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios». 24 Entonces dijo a los discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. 25 Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. 26 ¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla? 27 Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta. 13

Hermanos:

1. El Evangelio de hoy no lo podemos entender si no tenemos presente el Evangelio del domingo anterior. Este es punto y seguido del anterior.

Recordad: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? ¿Quién decís vosotros soy yo? Simón lo ha confesado como el verdadero Mesías de Israel, e incluso más, como nadie lo había pensado, como el verdadero Hijo de Dios. Jesús le responde que esto no se lo ha enseñado nadie de este mundo, porque no hay universidad en el mundo que pueda llegar a este conocimiento: la razón humana se para ante semejante afirmación: Imposible que un hombre, sin dejar de ser hombre, sea al mismo tiempo Dios en persona, el verdadero Hijo de Dios. Eso no lo puede enseñar si no es Dios mismo, mi Padre que está en los cielos.

Hermanos, esta es la verdad central de nuestra fe, una verdad que no la entrega ninguna otra religión. Esta confesión de Pedro ha sido llevada a los Concilios, y los antiguos concilios de la Iglesia la han formulado así en el Credo:

“Creo en un solo Señor Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre, por quien todo fue hecho; que, por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó María, la Virgen, y se hizo hombre”.

2. Esto no lo ha dicho nadie en la tierra; esto es revelación del cielo. Pero ahora viene otra sorpresa, que es el comienzo del Evangelio de hoy: “Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Una persona biempensante que escucha estas cosas, inmediatamente dice: ¡Imposible! Dios no puede portarse así; Dios tiene categoría de Dios, y nadie puede reírse de él. Si Dios es Dios tiene que ser Dios con todas las de la ley: Dios triunfador, Dios glorioso, Dios vencedor. De ninguna manera Dios humillado, Dios despreciado, Dios muerto, Dios vencido. Y por quienes representan la autoridad sagrada del mismo Dios.

Pedro discurre bien cuando le toma aparte a Jesús y le dice: De eso ni hablar; eso no te puede pasar a ti. Ahora Simón, el hijo de Jonás, el pescador de Galilea está discurriendo con la mejor filosofía de los hombres, como si viniera de la Academia de Grecia, Pedro tiene toda la razón en lo que dice. Las cosas en su punto: Dios todopoderoso en su lugar, y el hombre también en el suyo. La distancia es infinita.

3. Pero he aquí la reacción enérgica de Jesús: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».

Pedro acababa de hablar inspirado por Dios, y ahora habla, no inspirado por Dios, sino inspirado por los hombres. Jesús rechaza las buenas palabras del apóstol; incluso, se ha atrevido a llamarle “satanás”, Tentador.

Esta actitud de Jesús después de la gloriosa revelación de Pedro es para nosotros una nueva revelación. El Hijo de Dios, que ha venido pro amor a nosotros, es el Siervo de Dios, anunciado por los profetas, que va a ocupar el último lugar y que va a salvarnos no por el camino de triunfos y honores, sino por la entrega a la muerte, pasando por la más profunda humillación. Realmente esto es el mundo al revés.

Pero para Jesús todo esto marca un estilo, que de él ha de pasar a sus fieles discípulos.

 

4. Y ahora Jesús, de su caso personal pasa a sus discípulos, y quiere para nosotros el mismo estilo que él ha adoptado en vida. Hermanos, no acabamos de salir de sorpresas. Dice, pues, el texto del santo Evangelio: Entonces dijo a los discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.

Todo se mueve dentro e la misma lógica. No podemos rebajar las exigencias en el modo como Jesús habla. No podemos cambiar el Evangelio a nuestra gusto y manera. Si yo quiero ser algo en la vida, en las ciencias, en las artes, en la política, en cualquier ideal humano, buscaré un maestro que haya hecho antes de mí lo que yo quiero hacer, lo que yo quiero ser. Y este maestro me pedirá disciplina, esfuerzo, dedicación; pero ningún maestro me va a pedir que yo dé la vida por él. Jesús, en cambio, de jugarse la vida hasta perderlas; de tomar la cruz, de seguirle a él.

¿Qué imagen de la vida cristiana es esta? No nos confundamos, hermanos: es la imagen de quien ha comprendido que su jefe y guía es el Hombre-Dios, el mismísimo Hijo de Dios, que nos puede pedir todo, y que solo él nos lo puede pedir.

5. El profeta Jeremías ha intuido algo de lo que experimental el verdadero discípulos de Dios. Él fue llamado de joven. No tuvo mujer, porque Dios le arrebató todo entero. Y clama en sus “Confesiones”: “Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; | has sido más fuerte que yo y me has podido. …

  Pensé en olvidarme del asunto y dije: | «No lo recordaré; no volveré a hablar en su nombre»; | pero había en mis entrañas como fuego, | algo ardiente encerrado en mis huesos. | Yo intentaba sofocarlo, y no podía” (Jer 29,7-9).

El ejemplo de Jeremías nos traslada da situaciones análogas del cristiano, del discípulo de Cristo, No hay que dramatizar en la vida; vamos a llegar a fórmulas de consenso, de gobernabilidad; vamos a dar paso a decisiones progresistas…, aunque no nos convenzan.

Hermanos, esta forma de expresarse, no existe en las santa Escrituras.

Jesús nos dice: “el que la pierda por mí, la encontrará”.

Si Jesús nos lo ha enseñado, es porque quiere que lo hagamos. Tenemos que pedirle a Jesús luz y valentía.

Señor Jesús, tú has traído al mundo la verdad de Dios. Concédeme, concédenos, la gracia de verla y de cumplirla, aunque nos cueste la vida. Amén.

Alfaro (La Rioja), viernes 1 septiembre 2023.

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