Homilía para el Domingo V del tiempo
ordinario, ciclo B
Mc 1,29-39
Texto bíblico:
Y, en
seguida, al salir ellos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a la casa de
Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, e inmediatamente
le hablaron de ella. Él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó
la fiebre y se puso a servirles.
Al
anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados.
La población entera se agolpaba junto a la puerta. Curó a muchos enfermos de
diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no
les permitía hablar.
Se
levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar
solitario y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca y,
al encontrarlo, le dijeron: “Todo el mundo te busca”. Él les responde:
“Vámonos
a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso
he salido”. Así recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando
los demonios.
Hermanos:
1. Continuamos con las escenas iniciales de la vida
pública de Jesús, que son el paradigma y anticipo de lo que ha de ser la vida
entera. Recuerden este pensamiento que lo decíamos la vez pasada.
Jesús inicia en el bautismo, y del bautismo pasa al
desierto; del desierto al anuncio del reino de Dios y a la llamada de los
primeros discípulos. Entra en Cafarnaún y
actúa en la sinagoga. Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda
a los espíritus inmundos y lo obedecen (Mc 1,27).
Persona, autoridad, enseñanza, milagros no son una
secuencia de actos consecutivos. Todo converge; todo está unido en una persona,
en Jesús de Nazaret, y de ella dimana.
2. Después de la escena de la sinagoga, Jesús se
retira a casa de Simón, donde va a descansar. Pero sucede que la suegra de
Simón está enferma. Es la primera aparición de la mujer en la vida pública del
Señor. Una mujer en cama, a la que Jesús la cura y levanta; y la mujer pasa a
ser servidora de la comunidad de Jesús y los primeros apóstoles: se puso a servirles. Debajo de esta
frase tan simple y escueta, ¡cuántas historias se esconden de mujeres servidores
de la Iglesia, en el más noble sentido de la palabra. La narración, que es palabra
de vida, no nos da un simple dato curioso; evoca a la comunidad creyente, un
puesto de honor que tiene la mujer. Jesús, siervo de Dios, hace participar a la
mujer de este servicio. Servir siempre será el supremo honor de un cristiano,
que se ha unido a la misión de Jesús, nuestro Dios y nuestro hermano.
3. Y, al saber la gente que Jesús estaba donde
está, allí se agolpa toda la gente le
llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba
junto a la puerta. El dolor humano es como una marea en pleamar a los pies
de Jesús. Y de nuevo, el Jesús predicador, es el Jesús curador, el Jesús que
expulsa a los demonios.
Y de pronto, entra un elemento nuevo, esencial para
entender el sentido de la vida de Jesús: de
madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y
allí se puso a orar. Sobre este elemento queremos reflexionar. Seguramente
que en nuestra vida, que puede estar llena de actividades, hay un vacío, acaso
un gran vacío de eso que se llama “soledad, oración, tiempo de Dios”.
4. La oración de Jesús… ¿quién podrá
hablar de ella? Pero tenemos que hablar porque esa oración es la oración y el
estilo que Jesús nos ha enseñado.
Y lo primero que tenemos que decir es
que la oración de Jesús no es un medio para algo superior a ella. La oración le
nace porque es su misma vida, fluye de su vida. Es el diálogo con el Padre y
necesita tiempos para estar con él, tiempos en horas profundas, que evocan el
encuentro y el misterio. El misterio de la noche o de la madrugada son muy
propicios para la intimidad amorosa; lo mismo que el desierto la montaña.
Si dos esposos dialogan y están horas
gratuitas disfrutando de esta comunicación, no diremos que dialogan para resolver
conflictos. El diálogo, la comunión, pertenecen a su forma de vida. Y esto es
la oración de Jesús con el Padre, y esta debe ser, antes que nada, nuestra
propia oración: encuentro con el Padre.
5. Hace un año y varios meses (28/X/2013)
moría en esta ciudad de Guadalajara, Jalisco, el Padre Ignacio Larrañaga, capuchino
universalmente conocido como maestro de oración, Fundador de los Talleres de Oración v Vida. Desde que
inició con esta misión de orar y enseñar a orar, en su primer libro, titulado Muéstrame tu rostro, el Padre Ignacio Larrañaga puso estos cinco
principios pilares, hablando de las “constantes” de la oración:
- Cuanto más se ora, más se quiere orar.
- Cuanto menos se ora, menos ganas se
tiene de orar.
- Cuanto más se ora, Dios es “más” Dios
en nosotros.
- Cuanto menos se ora, Dios es “menos”
Dios en nosotros.
- Si se deja de orar, Dios acaba por ser
un “don nadie”.
Estas observaciones se pueden verificar
en nosotros mismos. La oración cristiana, sencilla y verdadera, si es un
diálogo con Dios, nuestro Padre, no puede ser concebida como una obligación que
se nos impone desde fuera. Es primeramente, y sobre todo, una necesidad vital
que surge del amor.
4. Jesús ha ido a orar de incógnito. Lo
fueron a buscar y lo encontraron; sospecharon dónde estaba. Él se había ido sin
avisar. Ya de pequeño había dejado desconcertados a sus padres que lo creían
perdido en Jerusalén. No estaba perdido, no, sino que estaba en su lugar: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo
debía estar en las cosas de mi Padre? (Lc 2,49). Y ahora al encontrarlo, le dijeron: “Todo el mundo te busca”.
Jesús continúa su misión: Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí…
La misión de Jesús, sin su oración constante, no se
entiende. Lo mismo que la misión de la Iglesia: sin la oración constante, que
la alimenta y la inspira y sustenta, no sería la misión de Dios.
5. Señor
Jesús, te pedimos la gracia de la oración: saber estar con tu Padre, nuestro
Padre, y desde ahí entender el sentido de nuestra vida y nuestra misión en el
mundo. Amén.
Guadalajara, Jalisco, jueves, 5 febrero
2015.
Jesús sale de la sinagoga (día de sábado) y va a la casa de Simón. Allí encuentra a la suegra de éste postrada y con fiebre. Jesús la cura de inmediato. Ella se levanta y atiende a los invitados.
ResponderEliminarA la puesta del sol de ese sábado, cuando el precepto sabático de caminar ya ha prescrito, muchos enfermos y endemoniados se dirigen en tromba a la casa donde se hospeda Jesús para ser curados. No tienen duda de que Jesús les curará instantáneamente. Saben que la virtud de curación de Jesús es inconmensurable: hay para todos; no se agota nunca, lo mismo que su misericordia.
Luego de curar a todos los enfermos y descansar unas horas, se levanta al amanecer, sin que nadie de la casa se entere, y se va a un lugar solitario para orar, para hablar con su Padre, para dedicar a su Padre un rato de conversación íntima, de Hijo a su Padre, sin testigos. Esa es la oración en esencia. La soledad da intimidad. El barullo no. Nos lo recuerda el evangelista Mateo: PERO TÚ, CUANDO ORES, ENTRA EN TU CUARTO, CIERRA LA PUERTA Y ORA A TU PADRE QUE ESTÁ EN SECRETO; Y TU PADRE, QUE VE EN LO SECRETO, TE RECOMPENSARÁ EN PÚBLICO. Luego sigue su misión itinerante en las aldeas y las sinagogas de Galilea.
Así pues, Jesús enseña el “modus operandi” a sus discípulos: A) Acatar el precepto sabático; B) Realizar obras benéficas hacia el prójimo necesitado; C) Dedicar un tiempo a la oración en solitario; D) Evangelizar a los pueblos; difundir la ALEGRÍA DEL EVANGELIO.
Y quien tenga entendimiento, que entienda.
Saludos. Juan José
Se podría considerar la homilía como un discurso razonado en el que el sacerdote celebrante da a los fieles una ilustrada interpretación teológica de un pasaje bíblico.
ResponderEliminarEs evidente que no todos los sacerdotes gozan de las mismas cualidades intelectuales y humanas para ofrecer a los fieles una homilía “que les llegue”….. aunque la práctica y el esfuerzo hace maestros. Sucede lo mismo con personas tan preparadas como los profesores universitarios, que aunque se da por hecho que todos se conocen la asignatura, no todos saben explicarla con igual eficacia, lo que se traduce en un alumnado satisfecho o insatisfecho.
Saludos.
Juan José.