La celebración de la Eucaristía
con sabores celestiales
1. Regresando a España, tras dos años de
ausencia (y diez de 'misionero' para volver de nuevo) he tenido la oportunidad de celebrar la Eucaristía en lugares y con
comunidades para mí muy queridos. Hace unos años cultivaba un pequeño grupo
bíblico, con el cual me he reencontrado, más bien, con parte del grupo. (Lo
recordábamos en nuestra entrega 219: Resucitado, realidad, presencia y experiencia).
Nos reunimos compartiendo conversación y merienda;
luego, la Eucaristía que venía caldeada con el Himno pascual de este año (véase
núm. 214) y especialmente aquellas estrofas que dicen:
5. Eres mi historia
gloriosa,
mi pecado perdonado,
eres mi gracia nupcial,
y mi beso enamorado.
6. Eres, Jesús, mi
Evangelio,
por el Padre regalado,
eres mi yo que
transciende,
mi final en Dios
anclado.
La Eucaristía, en la pequeña y preciosa iglesia
de ábside medieval, fue sumamente sencilla, cordial. Y alguien me escribía: “… y
las lagrimas brotan, pero no de dolor, sino de ternura, de dulzura, de paz, de
amor”.
“La Eucaristía de ayer fue especial…; con que
finura nos hizo sentirnos Sacerdotes bautismales a todas y con-celebrar junto
al sacerdocio ministerial el banquete de la Eucaristía; ¡Que presencia tan
grade del Señor!; no me extraña que en su homilía diga hoy que Jesús es una
REALIDAD TOTAL”.
No pudimos detenernos, porque el coro parroquial
reclamaba hora y espacio para ensayar sus cantos. Y, aunque fue con el reloj
predefinido, nos dejó un sabor celestial. Es que la Eucaristía es sencillamente
el encuentro pascual con Cristo Resucitado. Esta es la celebración de todos los
días, que puede tener momento privilegiados, pequeños oasis que bañan el alma
de consuelo y que tanto necesitamos.
* * *
2. Mi recuerdo va ahora a otra celebración
celestial, puramente de Pascua, una celebración en la que los participantes –
concelebrantes – iban todos “in vestibus dealbatis” (según uso aprobado),
evocando escenas del Apocalipsis. “Después
de esto vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones,
razas, pueblos y y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero,
vestidos con vestiduras blancas y con palmas en las manos” (Ap 7,9).
“Llegó la boda del Cordero, su esposa se ha
embellecido, y se le ha concedido de lino resplandeciente y puro” (Ap 19,8).
Vi, en efecto, que las túnicas blancas eran de lino.
El abrazo de paz en estas condiciones sí que
parece un abrazo celeste, un momento que anticipa, en esta hora nuestra –
nuestra, por ser de Dios – el gozo y el amor seguro de la eternidad…
Pensando en esta celebración pascual, salieron
de mi corazón unos versos, que los dejo aquí, al viento del Espíritu
1. De
blancas vestiduras revestidos,
nacidos
del bautismo de su Pascua,
a Cristo,
amado Vencedor, cantemos,
radiantes
de su luz, con bellas palmas.
2. Pasamos
el Mar Rojo del pecado,
y somos
hijos libres en su gracia;
su vida es
el regalo y nuestra vida,
anchura y
paz, su alma inmaculada.
3. ¡Oh
Cristo, te cantamos, Cristo vivo,
oh Cristo,
nuestro mar y nuestra playa,
salud de
nuestros cuerpos y gemidos,
futuro ya
presente en la alabanza!
4.
Traspásanos, Jesús, con tu presencia,
y sácianos
con el amor que sacia,
desborde
de la fe tu cercanía
y sienta
nuestra carne tu mirada.
5. Es
frágil nuestra hora mortecina,
mas tú
eres luz, eterna luz del alba,
y donde
luces es la primavera,
y donde
moras, nace la mañana.
6. ¡Jesús
de nuestra historia verdadera,
Semilla de
otra era que va en marcha,
repose en
ti segura nuestra fe,
y seas
para mí corona santa! Amén.
Miércoles de la
IV semana de Pascua.
2 mayo 2012
Me encanto el titulo"La celebración de la Eucaristía con sabores celestiales"
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