Homilía
en el domingo III de Cuaresma, ciclo C
Lc 13,1-9
Texto evangélico
En aquel momento
se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre había mezclado
Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús respondió:
“¿Pensáis que
esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido
todo eso? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo.
¿O aquellos dieciocho
sobre los que cayó la torre de Siloé pensáis que eran más culpables que los demás
habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis
de la misma manera”.
Y les dijo esta
parábola: “Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en
ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: “Ya ves, tres años llevo
viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué
va a perjudicar el terreno?” pero el viñador respondió: “Señor, déjala todavía
este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y echaré estiércol, a ver si da
fruto en adelante; si no, la puede cortar””.
Hermanos:
1.
Hemos llegado al tercer domingo de Cuaresma, tercera etapa de un itinerario que
tiene seis etapas, seis semanas, la última de las cuales es la Semana Santa,
coronada por el Triduo Pascual de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. El
domingo de Resurrección este año cae tempranamente en el día 31 de marzo. Tercera
semana, después de haber compartido en la primera la oración y la tentación de Jesús
en el desierto, y la segunda la oración y la transfiguración de Jesús en el
alto monte, que se suele identificar con el monte Tabor.
La
tercera, la cuarta y la quinta semana nos brindan grandes temas de la vida
cristiana, siempre con las tres lecturas. La primera de ellas, del Antiguo
Testamento, es un recorrido de la Historia de salvación del Antiguo Testamento,
fijándonos en etapas y personajes: Adán en la primera, Abraham en la segunda,
Moisés en la tercera, que es donde nos encontramos.
Tercera
semana, que la Iglesia la está viviendo en esta circunstancia peculiar de la
Sede Vacante, tiempo de oración y discernimiento para la elección de quien haya
de ser el nuevo sucesor de Pedro en el conclave, cuya fecha (indica el decano
del Colegio Cardenalicio, 1 marzo 1203) se decidirá colegialmente cuando hayan
llegado a Roma todos los cardenales electores, a partir del próximo lunes (4 de
marzo). Todos los cristianos estamos invitados a orar a Dios, nuestro Padre,
con plena confianza. La oración de los humildes atraviesa las nubes y Dios la escucha.
2.
Entremos directamente en el Evangelio abriendo el corazón para experimentar cómo
Dios llega hasta mí a través de sus palabras. Una peculiaridad única de este
pasaje, transmitido por san Lucas y solo por él, es que Jesús con sus palabras comenta
dos episodios de la crónica de aquel tiempo, sucesos de los cuales ha hablado
la gente: una matanza de judíos que ordenó el procurador Poncio Piloto, y una
desgracia de un edificio que cayó y mató a 18 personas.
No
sabemos ni por otros textos del Nuevo Testamento ni por la literatura judía o
romana cuál fue este triste episodio del asesinato de esos galileos, ni cuantos
fueron. Lo que sí sabemos por las fuentes judías es que Pilato fue un
sanguinario. Jesús, que se sentía galileo por haber vivido en Nazaret, podía
sentir el hervor de la sangre, y salir a la defensa de aquellas víctimas,
gentes de su propia tierra. Jesús no hace esta consideración patriótica.
Ese
mismo Pilato un día dará sentencia de la muerte de Jesús. Jesús reflexiona de
otro modo: una muerte es una condena por parte de alguien, sí... Pero “¿pensáis
que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido
todo eso? La forma de preguntar incluye la respuesta, que Jesús la saca a
flote: Os digo que no; y, si no os
convertís, todos pereceréis de la misma manera”.
Sin
conversión, todos sois reos de muerte, dice Jesús a los que le escuchan, que en
aquella ocasión, seguramente, son la mayoría galileos.
3.
Otro caso, no diremos de la prensa diaria, porque entonces no habría prensa,
sino de la crónica y del comentario de la gente. Se había derrumbado una torre
de Siloé, que no sabemos de qué se trataba – probablemente alguna torre de la
muralla junto a la piscina de Siloé – y había matado a 18 personas, justamente
a dieciocho.
¡Castigo
de Dios! ¡Ay si les cogió la muerte en pecado mortal…! No es esa la reflexión
que hace Jesús. Como predicador de Dios, como anunciador de la presencia de Dios
en la vida, dice y proclama: y, si no os
convertís, todos pereceréis de la misma manera”.
4.
¿Qué están diciendo estas palabras de Jesús? ¿Nos quiere presentar a todos ante
un Dios terrorífico que, a nada que nos descuidemos, nos puede mandar al
infierno? No es ese el Dios de Jesús, porque no es ese el Dios de la Biblia, el
que se apareció a Moisés, pastor del rebaño, en el monte Horeb. El Dios que se
apareció a Moisés, según se proclama en la lectura de hoy, del libro del Éxodo,
es éste:
- “He visto la
opresión de mi pueblo en Egipto
- y he oído sus
quejas contra sus opresores;
- conozco sus
sufrimientos.
- He bajado a
librarlo…”
(Ex 3,7-8).
Ese
es el Dios de Jesús, el Dios de nuestra fe. Es el Dios de la presencia y de la
compañía. El que ve, el que oye, el que
conoce, el que baja. A ese Dios podemos rezar todos, como reza el salmo: ¡Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo…! Mi
alma tiene ansia de ti… (Salmo 62). Ese es el Dios de las santas Escrituras,
el Dios de la historia de la salvación. Si Dios no es compañía del hombre, echémoslo
fuera, porque ese no es Dios.
5.
Entonces, este lenguaje duro de Jesús ¿qué significa? Jesús nos habla de la
conversión a Dios; y, por tanto, de la soberanía de Dios, que debe ser el auténtico
horizonte de nuestra vida en todas las decisiones. ¿Dios estaba en la muerte de
aquellos Galileos, asesinados por Pilato? Sí, Dios estaba allí, Dios no la
aprobaba, pero Dios nos estaba diciendo que todos los seres humanos estamos
bajo su soberanía y que tendremos que dar cuenta a él de nuestros actos. Todos tenemos
que convertirnos a Dios. Todos tenemos que volver el rostro y el corazón a Dios,
para decirle: Oh Dios, tú eres mi Dios, y
toda mi vida es tuya. Y como es tuya yo quiero emplearla para lo que tú
quieres.
6.
Hermanos, estos es la santa Cuaresma: Conversión,
oración, comunión con Dios y con los hermanos. Ese es el programa.
Y
con ese programa llegaremos un día a nuestra muerte para recibir el abrazo de Dios.
Todos los días de nuestra vida hemos de permanecer con el rostro vuelto hacia Dios,
que esto significa conversión – volverse
a él, mirarle a él, y desde él mirar al mundo – todos los días de nuestra vida hemos
de rezar el Padre nuestro, para clamar: Padre, envía tu reino, haz tu voluntad
en medio de nosotros, con nuestra propia colaboración.
Hermanos,
éste es el mensaje; esta es la Cuaresma. Amén.
Guadalajara,
Jalisco, viernes 1 marzo 2013.
Para el conjunto de nuestros Himnos de Cauresma, ir a mercaba.org: Rufino María Grández / El pan de unos versos / Año litúrgico / Cuaresma.
Cántico
de conversión y comunión
al eco de Lc 13,1-19,
para la santa Eucaristía
1.
Con mis ojos convertidos
a
tu rostro inmaculado,
guárdame
siempre, piadoso,
por
tus ojos custodiado.
2.
Mi presente es tu presencia,
mi
pasado en ti saldado,
mi
futuro, dueño mío,
eres
tú, Resucitado.
3.
Peregrino cuaresmal
siempre
de amor insaciado,
anhelando
siempre el más
que
en mi pecho tú has sembrado.
4.
Mi conversión permanente
la
quiero como mi estado,
y
estarme amando sin tregua,
sabiéndome
siempre amado.
5.
Soy fruto de tu paciencia,
latido
de tu costado,
y
he de ser tu triunfo un día,
muriendo
en ti confiado.
6.
Tú eres mi Dios inmanente
y
me siento enamorado,
mi
conversión es tu paz
y
el perdón me ha alimentado.
7.
Es la santa Eucaristía
lo
que viene ya llegado,
y
tu cuerpo en sacramento
el
abrazo deseado.
8.
Mi Jesús, Palabra eterna,
Evangelio
sustanciado,
yo
te adoro y me profeso
siervo
en hijo transformado.
Guadalajara,
1 marzo 2013.
Para el conjunto de nuestros Himnos de Cauresma, ir a mercaba.org: Rufino María Grández / El pan de unos versos / Año litúrgico / Cuaresma.
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