Felicitación
a Benedicto XVI
La
fiesta de San Benito (Benedictus) me trae muy vivo el recuerdo de Benedicto
XVI, a quien profeso una devoción llena de ternura. Sirva esta sencilla nota
como recuerdo, como una misiva invisible de amor y de oración. El Señor le
conceda la paz, que, como bien saben los estudiosos de Sagrada Escritura, es el
conjunto de todos los bienes. En el Nuevo Testamento la paz, tan deseada en las
cartas paulinas, es Jesús, los bienes que nos ha traído su santa resurrección,
que hoy revierten sobre nosotros.
Querido
Padre Benedicto XVI, la paz de Jesús descienda sobre Su Santidad.
*
* *
La
situación en que ha quedado el Papa Benedicto después de entregar a la Iglesia su
Pontificado (que esto es lo que con otras palabras no afortunadas, aunque usuales,
se llama renuncia) desde el principio me ha hecho pensar mucho. Mi humilde
opinión – y diré mi intuitiva opinión – es que hoy la teología no ha fraguado
lo que es un Papa Emérito (y de nuevo me he de atener al lenguaje en uso), ni
tampoco lo que es esta figura, extendida tras el Vaticano II, de Obispo
Emérito, no obstante los cánones correspondientes y el documento que en su día se
publicó, Directorio de los Obispos (2ª
ed. 1991) donde se trata sobre la condición de los Obispos que se hallan en
tales condiciones.
Cuando
alguien es ordenado Obispo, se le entrega un anillo, símbolo nupcial, y se le
dice: “Recibe
este anillo, signo de fidelidad, y permanece fiel a la Iglesia, Esposa santa de
Dios”.
Esta
fórmula supone la clásica teología de que el Obispo es Esposo de la Iglesia, y
la Iglesia es su diócesis, a la que debe permanecer fiel hasta la muerte.
No obstante,
llevamos muchos siglos, en que se ha introducido una praxis contraria: la
promoción de los obispos de menos a más. Y entonces la eficacia administrativa
se superpone a la pura y simple teología de la vinculación del Obispo con su
esposa.
En su
día escribí para la revista sacerdotal Surge
(Vitoria-Gasteiz, 2012) un trabajo con este título: El Obispo, esposo de su Iglesia. Consideraciones al eco del tratado del
Beato Juan de Palafox y Mendoza sobre el traslado de Obispos y pistas en una
eclesiología de hoy.
¿Qué
decía, pues, el beato Juan de Palafox (1600-1659)? En su tratado comenzaba con
estos capítulos:
I.
Del
matrimonio espiritual de los Señores Obispos con sus Iglesias.
II.
De la
indisolubilidad de este espiritual matrimonio.
III.
Fúndase
con autoridades gravísimas la regla de que sin causa muy relevante no se puede
dejar la primera esposa por la segunda.
IV.
Confírmase
esta misma regla con otras gravísimas autoridades.
V.
Razones
muy eficaces, que confirman las reglas de que sin gravísima causa no se
transfieran los Señores Obispos de unas Iglesias a otras.
VI.
Añádense
otras razones muy fuertes en favor de la regla, de que no se hagan estas
translaciones sin gravísimas causas. Etcétera
De
manera que, según esta óptica místico-teológica, el traslado de los obispos en
esa especie de escalafón administrativo que existe y que es del todo habitual
debería ser excepcional, “excepción de la regla”, debido solo a gravísimas
causas siempre en función del mayor bien de la Iglesia.
Cuando
un obispo se “jubila” (palabra civil y jurídica que no es palabra teológica y
que fuera mejor que no existiera en la a, puesto que nuestra consagración
ministerial es de por vida, de acuerdo, en cuanto al ejercicio, a nuestras fuerzas
físicas, pero no a la oblación del corazón), los “derechos” que tiene son los
que le marca la documentación. Estamos, de nuevo, en el plano jurídico (que,
por supuesto, está sustentado por una teología), pero no vamos derechos a la
raíz misma del asunto. Yo era el esposo de esta Iglesia; por ella prometí
entregar mi vida. Y ahora ¿qué? Porque el Espíritu santo crea unos vínculos que
Él no los deshace.
No
se resuelve el asunto diciendo: el obispo que fue rece por aquella Iglesia,
ofrezca sus sacrificios. Estas fórmulas, que son verdaderas – y que pueden ser
más o menos convencionales – no resuelven todavía el “quid” de la cuestión.
Cuál es la solución la ignoro, pero soy renuente a aceptar que todo está previsto
y todo está resuelto.
¿Se
dirá acaso que el Obispo de Roma es un obispo más en cuanto obispo? Aun en este
caso el Obispo de Roma, por la primacía reconocida desde los tiempos postapóstólicos
(S. Ignacio de Antioquía) era el signo de la unidad en la caridad de todas las Iglesias
del orbe. Al entregar su ministerio a la Iglesia, por fidelidad, por amor, por
un “plus” de servicio que Dios le pide, ¿qué queda de todo ello? Jurídicamente,
nada. ¿Es esta la respuesta correcta? Pero es que la primacía en la caridad no
era un asunto jurídico, sino una gracia espiritual que se le confería…
¿Qué
queda de todo ello, mientras el Papa viva, en la Iglesia que camina hacia el
encuentro con el Señor?
Porque
ya sabemos que detrás de la muerte comienza el “mundo que viene”, que ya ha comenzado.
Y, como dijo Jesús, entonces los hijos de la resurrección no se casarán ni
ellos ni ellas. Será algo que no podemos rastrear. En cl cielo ciertamente no
hay “santos”, no hay papas, no hay vírgenes, no hay sacerdotes. Dios será todo
en todos por su Hijo Jesucristo.
Pero
en la tierra, en esta Iglesia, que es nuestra Madre y nos acoge, en esta Iglesia
llena de perfiles, sí hay carismas, hay gracias y este tiene una y este tiene
otras, y puede ocurrir que las gracias menos aparentes pueden ser las más
necesarias, las más eficaces.
En
este plano de la obra del Espíritu me pongo para felicitar al Papa Benedicto
XVI, y no sé las palabras correctas porque no he visto la teología que es
necesaria para poder decirlas:
Santidad,
a usted se le confió el cayado del Buen Pastor, y ha sido un siervo fiel del
único Señor. Ese cayado téngalo en la mano hasta el final, pues, aunque no pueda
firmar ningún documento, aunque haya de callar cuando otros hablan, Jesús le confió
un cayado. Y recuerde, querido Padre, lo que san Ignacio de Antioquía dijo de Jesucristo:
Ahora que está oculto es cuando más se manifiesta.
Reciba
un saludo y un beso en sus santas manos y deme su bendición.
Guadalajara,
Jalisco, 11 julio 2013
Fr. Rufino María
Grández, hermano menor capuchino
MUY INTERESANTE NO HABÍA PENSADO EN LA DECISIÓN TAN DIFÍCIL QUE TUVO QUE TOMAR, PERO COMO DICE: MAS QUE NUNCA ESTA PRESENTE.
ResponderEliminarESTIMADO PADRE RUFINO:
ResponderEliminarHOY LE HE REMITIDO UN E-MAIL, QUE ESPERO QUE LLEGUE A SU PODER Y PUEDA RESPONDERLO.
MUCHAS GRACIAS.
UN CORDIAL SALUDO.
JUAN JOSÉ.