El Papa Francisco, elegido el 13 de marzo de 2013, dio
solemne comienzo a su Pontificado el día de San José, 19 de marzo de 2013. En su
sencillísima homilía, hablando de San José, decía: “…No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura. Y aquí añado entonces una
ulterior anotación: el preocuparse, el custodiar, requiere bondad, pide ser
vivido con ternura. En los
Evangelios, san José aparece como un hombre fuerte y valiente, trabajador, pero
en su alma se percibe una gran ternura,
que no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota
fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura
al otro, de amor. No debemos tener miedo
de la bondad, de la ternura”.
Iniciaba
el tema de la ternura, muy repetido en sus discursos: “A veces me he encontrado con
personas consagradas que tienen miedo a la consolación de Dios, y… pobres, se
atormentan, porque tienen miedo a esta ternura
de Dios. Pero no tengan miedo. No tengan miedo, el Señor es el Señor de la
consolación, el Señor de la ternura.
El Señor es padre y Él dice que nos tratará como una mamá a su niño, con su ternura. No tengan miedo de la
consolación del Señor. La invitación de Isaías ha de resonar en nuestro
corazón: “Consolad, consolad a mi pueblo” (40,1), y esto convertirse en misión.
Encontrar al Señor que nos consuela e ir a consolar al pueblo de Dios, ésta es
la misión. La gente de hoy tiene necesidad ciertamente de palabras, pero sobre
todo tiene necesidad de que demos testimonio de la misericordia, la ternura del Señor, que enardece el
corazón, despierta la esperanza, atrae hacia el bien. ¡La alegría de llevar la
consolación de Dios!” (Basílica Vaticana, 7 julio 2013, a los seminaristas,
novicios y novicias”).
Todo esto como preámbulo de “la revolución de la ternura”, expresión que fue a parar a su
encíclica sobre La alegría del Evangelio. “El Hijo de Dios, en su encarnación,
nos invitó a la revolución de la ternura” (n. 88).
Y alguna vez ha citado una frase del himno de san
José, que habla de “ternura de Eucaristía”.
Al cobijo de estas evocaciones está inspirada esta sencilla
Canción festiva a San José.
1. Esposo de la ternura,
José de Santa María,
transmítenos de tus manos
ternura de Eucaristía.
2. De tu cálida mirada
que a ella le enternecía,
aprendamos la confianza
y la pura cortesía.
3. De tus brazos vigorosos
en que Jesús se mecía,
traspásanos la esperanza,
el riesgo y la valentía.
4. De tu frente sudorosa
que de fe resplandecía,
santifica la tarea
y el afán de cada día.
5. José, silencio y escucha,
que es paz y sabiduría,
acércanos al misterio
que en tu casa se escondía.
6. ¡Gloria al humilde Custodio
que todo Amor protegía,
gloria a Jesús por los siglos,
del cielo y tierra alegría! Amén.
Guadalajara,
Jalisco, víspera de San José 2014
Otras composiciones, como Himnos para la liturgia, puestas en mercaba.org / Rufino María Grández / Flos sanctorum:
José bendito, flor de los varones
El nombre de San José en las Plegarias Eucarísticas
II, III y IV
“…En la Iglesia católica, los fieles han
manifestado siempre una devoción ininterrumpida hacia San José y han honrado de
manera constante y solemne la memoria del castísimo Esposo de la Madre de Dios,
Patrono celestial de toda la Iglesia, hasta tal punto que el ya Beato Juan
XXIII, durante el Sagrado Concilio Ecuménico Vaticano II, decretó que se
añadiera su nombre en el antiquísimo Canon Romano. El Sumo Pontífice Benedicto
XVI ha querido acoger y aprobar benévolamente los piadosos deseos que han
llegado desde muchos lugares y que ahora, el Sumo Pontífice Francisco ha
confirmado, considerando la plenitud de la comunión de los santos que, habiendo
peregrinado un tiempo a nuestro lado, en el mundo, nos conducen a Cristo y nos
unen a Él.
Por lo
tanto, teniendo en cuenta todo esto, la Congregación para el Culto Divino y la
Disciplina de los Sacramentos, en virtud de las facultades concedidas por el Sumo
Pontífice Francisco, gustosamente decreta que el nombre de San José, Esposo de
la Bienaventurada Virgen María, se añada de ahora en adelante en las Plegarias
Eucarísticas II, III y IV de la tercera edición típica del Misal Romano,
colocándose después del nombre de la Bienaventurada Virgen María”.
(Congregación
para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Decreto con
el que se añade el nombre de san José en las Plegarias eucarísticas II, III y
IV del Misal Romano, 1 de mayo del
2013, memoria de San José Obrero).

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