miércoles, 21 de noviembre de 2018

1136. Memoria de la Presentación de la Virgen María – Una mirada evangélica



Memoria de la Presentación de la Virgen María
Una mirada evangélica

El día 21 de noviembre la iglesia celebra la Memoria de la Presentación de la Virgen María. No es exacto decir que se celebra una “tradición piadosa” de que la Virgen María a los tres años fue llevada al Templo y allí quedó consagrada al Señor. La liturgia no puede basarse en fantasías… ¿Y qué cristiano crítico y serio puede creerse que la Niña María fuera al  Templo del Señor y allí se quedará como en un Internado toda su niñez y adolescencia?
Cuando el Papa S. Pablo VI, luego del Concilio, en la exhortación apostólica “Marialis cultus” (2 febrero 1974) reestructuró el calendario de las fiestas marianas, retuvo esta memoria, y dio la razón: “…y algunas más que, prescindiendo del aspecto apócrifo, proponen contenidos de alto valor ejemplar, continuando venerables tradiciones, enraizadas sobre todo en Oriente (21 noviembre: la Presentación de la Virgen María)”.
Las fiestas de la Virgen Santa en la liturgia quedaban establecidas en tres categorías:
1)    Las cuatro grandes solemnidades de María, que jalonan el año litúrgico, a saber: la Concepción Inmaculada de María, en Adviento (8 de diciembre), la Maternidad divina de María en la octava de Navidad, el 1 de enero; la Anunciaciación del Señor (25 de marzo) y la Asunción de María (15 de agosto).
2)    Vienen en un segundo plano las “fiesta evangélicas” de la Virgen, es decir, las que tienen una relación explícita o implícita con la historia evangélica. Así, por ejemplo, la Visitación de María (31 de mayo), los Dolores de la Virgen María, que no recurran tanto la profecía de Simeón como la presencia de María al pie de la Cruz (15 de septiembre).
3)    En tercer lugar están las memorias de María, muchas y variadas memorias, que por razón de lugar, de aspectos del misterio mariano, de devociones… registra el Calendario: Guadalupe, Lourdes, El Pilar; Inmaculado Corazón de María, Virgen del Rosario, etc. En este tercer aspecto, dividido a su vez en varios apartados, estaría la memoria obligatoria que hoy celebramos.
El peso que esta fiesta ha tenido en Oriente, siendo una de las Doce Fiestas de la Iconografía litúrgica, fue seguramente la razón principal para conservarla en la Iglesia latina como memoria obligatoria.
Como se sabe, históricamente esta fiesta nace en Jerusalén, cuando fue consagrada la Basílica dedica a Santa María el año 453, basílica junto al cardo maximus, muy cerca del emplazamiento del Templo de Jerusalén.
Para comprender su íntimo sentido tendríamos que acudir (a mi sencillo modo de ver) a una “traditio”, que no es “traditio histórica”, sino “traditio fidei” que acontece en la Iglesia con la veneración a la Madre de Jesús, “La madre de mi Señor”.

Mirada evangélica
El primer texto mariano del Nuevo Testamento lo hallamos en Gal 4,4-5: “Mas cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial”.
Este pasaje es anterior a la redacción de los Evangelios.
El estudio de los Evangelio habría que afrontarlo por fases de redacción, pues los Evangelios no nacieron de un “pronto” en la Iglesia, sino que recogen las tradiciones vivas de la fe de la comunidad. Y así podemos distinguir:
1)    El fondo común de los Evangelios Sinópticos en la vida pública de Jesús (Mi madre y mis hermanos…)
2)    Los Evangelios de la Infancia de Jesús de Mateo y Lucas, que bien podemos llamar “La Infancia de Jesús Resucitado”.
3)    El Evangelio contemplativo de Juan al final de la era apostólica.
Parece increíble a qué punto llegó la tradición de la Iglesia al final de la era apostólica para llamar a María, “la Madre de mi Señor”, es decir, la Madre de mi Señor Dios, como la llama Isabel; la Virgen (Lucas y Mateo) y verla como la desembocadura de las profecías mesiánicas (Mateo y Lucas). María es la pobre del Señor (canto del Magnficat).
En el Evangelio de San Juan, la Madre de Jesús (nunca se le llama María) es “la Mujer”, es decir la nueva Eva, la Hija de Sión; es la Madre de los discípulos del Hijo, equivalente a la Madre de la Iglesia.
Más alto no se puede llegar en la “mariología”. Estamos en la luz plena que la fe la ha de ir acrecentando con la meditación de toda la Iglesia, lo cual constituye la “tradición interna de la fe”, donde encontramos la Asunción de María, como participación de la gloria pascual del Hijo: no hay una tradición “historicista” para salvar esta verdad.

María contemplada en el siglo II: Evangelio apócrifo de Santiago
Y de aquí habría que pasar a los apócrifos, que de una manera ingenua, a vece sectaria, traducen el misterio de la que el Concilio de Éfeso (431) y antes la primera oración a la Virgen (Bajo tu amparo) llaman la “Theotokos”, la “Engendradora de Dios”, la santa “Dei Genetrix”.
El Evangelio apócrifo de Santiago, llamado el Protoevangelio de Santiago, de mediados del siglo II, nos da una imagen increíble del Nacimiento de María y de su Infancia consagrada a Dios en el Templo de Jerusalén. Las “fantasías” del relato están tejidas con reminiscencias bíblicas, y por ahí habría que avanzar para saber qué nso está comunicando este escrito.
He aquí trozos de esta representación (cuyo estudio particular ignoramos), de donde hemos de extraer la fe de aquellos que lo escribieron. ¿Qué pensaban del misterio de María, recogida la tradición evangélica?

VII 1. Y los meses se sucedían para la niña. Y, cuando llegó a la edad de dos años, Joaquín dijo: Llevémosla al templo del Señor, para cumplir la promesa que le hemos hecho, no sea que nos la reclame, y rechace nuestra ofrenda. Y Ana respondió: Esperemos al tercer año, a fin de que la niña no nos eche de menos. Y Joaquín repuso: Esperemos.
2. Y, cuando la niña llegó a la edad de tres años, Joaquín dijo: Llamad a las hijas de los hebreos que estén sin mancilla, y que tome cada cual una lámpara, y que estas lámparas se enciendan, para que la niña no vuelva atrás, y para que su corazón no se fije en nada que esté fuera del templo del Señor. Y ellas hicieron lo que se les mandaba, hasta el momento en que subieron al templo del Señor. Y el Gran Sacerdote recibió a la niña, y, abrazándola, la bendijo, y exclamó: El Señor ha glorificado tu nombre en todas las generaciones. Y en ti, hasta el último día, el Señor hará ver la redención por Él concedida a los hijos de Israel.
3. E hizo sentarse a la niña en la tercera grada del altar, y el Señor envió su gracia sobre ella, y ella danzó sobre sus pies y toda la casa de Israel la amó.
VIII 1. Y sus padres salieron del templo llenos de admiración, y glorificando al Omnipotente, porque la niña no se había vuelto atrás. Y María permaneció en el templo del Señor, nutriéndose como una paloma, y recibía su alimento de manos de un ángel.
2. Y, cuando llegó a la edad de doce años, los sacerdotes se congregaron, y dijeron: He aquí que María ha llegado a la edad de doce años en el templo del Señor. ¿Qué medida tomaremos con ella, para que no mancille el santuario? Y dijeron al Gran Sacerdote: Tú, que estás encargado del altar, entra y ruega por María, y hagamos lo que te revele el Señor.
3. Y el Gran Sacerdote, poniéndose su traje de doce campanillas, entró en el Santo de los Santos, y rogó por María. Y he aquí que un ángel del Señor se le apareció, diciéndole: Zacarías, Zacarías, sal y reúne a todos los viudos del pueblo, y que éstos vengan cada cual con una vara, y aquel a quien el Señor envíe un prodigio, de aquel será María la esposa. Y los heraldos salieron, y recorrieron todo el país de Judea, y la trompeta del Señor resonó, y todos los viudos acudieron a su llamada.

Algunos elementos teológicos de este relato
1)    María es la Hija de Israel. Este dato previo es básico. Todo lo que acontece en María es fruto de la bendición de Dios a Israel. En un clima de piedad y de liturgia, alabando y bendiciendo al Señor Dios de los Padres, se nos quiere transmitir todo lo que se refiere a la Virgen
2)    Dios y la Alianza con Abraham y Sara, ancianos, sin posibilidad de engendrar. El caso de Joaquín y Ana es encuadrado como una secuencia de la bendición de Abraham y Sara.
3)    Consagración como Samuel. Enlace con el caso de Samuel: Ana, esposa de Joaquín, hace una promesa como la madre de Samuel de consagrar el fruto de sus entrañas (sea varón o mujer) en el Templo del Señor todos los días de su vida.
4)    La toda santa. Cuando la Niña comienza andar se le construye en su dormitorio un santuario, para que no pise tierra profana, hasta que sea introducida en el Templo, porque esta Niña, sin duda, es la toda santa. “Panaguía” la llamará la tradición patrística. Un día la Iglesia llegará a verla como la “Inmaculada”
5)    Consagración litúrgica ante el Sumo Sacerdote; consagración no temporal, sino para siempre, preparación para la maternidad divina.
6)    La virginidad de María. María vive en la inocencia del paraíso. La paloma puede evocar a la esposa del Cantar de los cantares. El ángel le  da los alimentos porque es una criatura celestial. El servicio angélico a María nos puede recordar el servicio angélico a Jesús en el desierto: “y los ángeles lo servían” (Mc 1,13).
7)    “Y toda la casa de Israel la amó”. Es una constatación bellísima, signo muy puro de la piedad mariana de la Iglesia, eco de aquel “dichosa me llamará todas las generaciones”.
8)    La pubertad virginal de María. Después del relato aquí recogido prosigue el texto de escoger esposo para María, que ha de ser entre los viudos de Israel, persona anciana, con lo cual se salva tanto al virginidad de la doncella virgen como el texto de “los hermanos de Jesús”, que eran, según este Evangelio, los hijos previos de José.
Estos son algunos puntos de lectura de este relato, salvo mejores enfoques de especialistas en literatura patrística.
En suma, lo que celebramos en la Presentación de María no es el hecho fantástico de su vida en el Templo, sino la consagración de la toda pura para el Señor, elegida para la maternidad divina, que, según el Concilio Vaticano II, ella acepta con libre voluntad.

UN HIMNO PARA ESTA FIESTA
Jerusalén la amó desde el principio

El 20 de noviembre del año 453, bajo el emperador Justiniano, fue dedicada en Jerusalén la iglesia llamada Santa María la Nueva, la Nea (excavaciones arqueológicas en 1969-1971), espléndida iglesia descrita por el contemporáneo Procopius. Asociada a esta dedicación se celebra la fiesta de la Presentación de María. La iglesia está cercana al área del Templo.
La Theotókos antigua era la iglesia constantiniana, emplazada donde hoy está la de Santa Ana (entre la Via Dolorosa y la Puerta de San Esteban). Pero el culto a María estaba asociado en Jerusalén desde tiempos anteriores a la tumba, hoy llamada Tumba de la Virgen, en la zona del Monte de los Olivos, en un terreno que era zona sepulcral en el siglo I.

María está profundamente enraizada en la Iglesia judeo-cristiana, y en concreto en la Iglesia Madre de Jerusalén. El Protoevangelio de Santiago (siglo II), que habla de María en el Templo, es fantasía. No obstante, hay que saber leer ese lenguaje; por ejemplo, la defensa invicta que hace de la virginidad de María. Si María en el Templo es alimentada por los ángeles, es porque el pío escritor piensa en la inocencia paradisíaca de antes de la caída.
La Virgen toda santa, consagrada al Señor, es la Virgen pensada por la Iglesia de Jerusalén. Con este trasfondo de Iglesia Madre jerosolimitana cantamos a la Virgen un himno compuesto precisamente en Jerusalén y en la fiesta de la Presentación de María.

Jerusalén la amó desde el principio
y santa la pensó, Eva sin mancha,
María siempre Virgen, bendecida,
por gracia de Jesús santificada.

Jerusalén guardó entre sus olivos
la huella de una tumba iluminada;
no cae en el torrente de la muerte
quien va a María, senda de esperanza.

Jerusalén la amaba y bendecía,
porque era suya y en ella se gozaba;
¡oh santa Iglesia, madre de las gentes,
que miras a María y ves tu alma!

Jerusalén por ella, toda hermosa,
un templo y otro templo dedicaba;
¡oh templo santo tú, Virgen humilde,
en ti por fe y amor tu Dios descansa!

Jerusalén recuerda eternamente
y sabe de ella que es la consagrada;
¡oh Madre del Señor, santa María,
por ti, por tu oración, venga su gracia!

¡Oh Cristo del Calvario y del Jardín,
al Padre consagrado en las entrañas,
la gloria tuya brille con los tuyos
y sea él la gloria de su casa! Amén.

Jerusalén, Presentación de la Virgen María, 1984.

Rufino María Grández, Himnario de la Virgen María. Ciclo anual de celebraciones de la Virgen en la Liturgia de las Horas. Burlada, Curia provincial de Capuchinos 1989. Música: Fidel Aizpurúa, pp. 144-147.

(Nota arqueológica. Para componer himnos marianos en relación con la tradición de los lugares que veneran a la Virgen María es necesario acudir a lo que ha escrito el P. Bellarmino Bagatti, OFM [1905-1990] en el curso de sus excavaciones. Muy importante todo lo que se refiere a Nazaret y a la Tumba de la Virgen).

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