miércoles, 13 de marzo de 2013

366. El Papa Francisco – Palabras franciscanas y Poema


 
El hermano Francisco promete obediencia y reverencia al Señor papa Honorio y a sus sucesores que canónicamente entraren.
(Regla de san Francisco).

Ya tenemos Papa, y ha sido hoy, a las 7.06 de la tarde – hora romana, hora española, 12.06 hora mexicana – cuando la fumana bianca ha dado la noticia. Pero ha tardado algo más de una hora cuando el “Habemus Papam” nos ha dado el nombre: el cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio, que ha tomado el nombre de Francisco.
Nuestro Papa Francisco – quería decir, nuestro querido Papa Francisco  – ya no es jesuita (aunque lo sea), ni es franciscano (aunque haya escogido tal nombre), ni es de nadie, porque es de todos. Nadie podrá decir que es “mi Papa”, que es “de los nuestros”, porque es de todos, absolutamente de todos, igual para todos.
¡Sea bienvenido, Santo Padre, en el nombre del Señor!
No renuncio un ápice al amor inmenso que he tenido y tengo al santo Papa Benedicto XVI, y pido al Señor me vaya infundiendo ese amor que él da para con su Santidad, a medida que pasan los meses y los años. (Y, a propósito, somos hijos del mismo año, 1936; hijos del mismo mes, diciembre; yo le paso 12 días).
Me han parecido tan hermosas, sencillas y deliciosas sus palabras, que al punto las he recogido, las he meditado, las he compartido y quiero volcarlas en esa bandeja maravillosa del Internet para compartirlas gozosamente con otros hermanos en la fe.
Las he llamado “Palabras franciscanas”, pero no a provecho propio; palabras franciscanas, porque rezuman el candor, la fragancia, la sencillez y la inmediatez de ese santo de todo el mundo llamado Francisco de Asís.

A las 8.22 en la noche romana ha aparecido el Papa, recién vestido de blanco, y ha hablado de esta manera. Era el que recoge la foto, la primera foto.


El Papa cuando ha pedido que orasen por él

"¡Hermanos y hermanas, buenas noches!
1. Ustedes saben que el deber del Cónclave es dar un Obispo a Roma. Parece que mis hermanos cardenales han ido a buscarlo casi al fin del mundo… pero estamos aquí… Les agradezco la acogida.
2. La comunidad diocesana de Roma tiene a su Obispo. ¡Gracias!
Y primero que nada, quisiera hacer una oración por nuestro Obispo Emérito, Benedicto XVI. Recemos todos juntos por él, para que el Señor lo bendiga y la Virgen lo custodie".
Padre Nuestro, Ave María y Gloria con los fieles en San Pedro
3. "Y ahora, comenzamos nuestro camino: Obispo y pueblo. Este camino de la Iglesia de Roma que es la que preside en la caridad a todas las Iglesias. Un camino de hermandad, de amor, de confianza entre nosotros. Recemos siempre por nosotros: el uno por el otro. Rezamos por todo el mundo, para que haya una gran hermandad.
Auguro que este camino de Iglesia, que hoy comenzamos y en el que me ayudará mi Cardenal Vicario, aquí presente, sea fructífero para la evangelización de esta ciudad tan bella.
4. Y ahora quisiera darles la bendición, pero primero, os pido un favor: antes de que el Obispo bendiga al pueblo, les pido que recen al Señor para que me bendiga. La oración del pueblo que pide la bendición para su Obispo. Hagamos en silencio esta oración de ustedes por mí".
El Papa inclina su cabeza. Todos oran en silencio.
Bendición Urbi et Orbi (recto tono, sin canto)
5. "Hermanos y hermanas, os dejo. Muchas gracias por la acogida. ¡Recen por mí! Nos vemos pronto: mañana quiero ir a rezar a la Virgen para que custodie a toda Roma. ¡Buenas noches y buen descanso".

Palabras iniciales de un pontificado, que no son un programa, sino un simple saludo, un saludo de corazón del Hermano a sus hermanos y hermanas, que se ha mostrado como un hombre sencillo y comunicador. Palabras que delatan un estilo, un talante; palabras que, por así decir, imprimen carácter al pastoreo que, con la gracia de Dios, se inicia en esta tarde del año de gracia 2013, a 13 de marzo, día miércoles de la IV semana de Cuaresma.
Estas palabras ya han pasado por el filtro de mi corazón, las he podido compartir con una comunidad religiosa. Ahora las comparto con el hermano o la hermana que se acerque a este latido.
¿Qué céfiro nos traen estas palabras primiciales del nuevo?

1. Nos dice mucho que haya escogido el nombre de Francisco. Suponemos que en algún momento él mismo nos diga su secreto: ¿por qué se fijado en san Francisco de Asís? ¿De qué espíritu quiere impregnar él a la Iglesia?

2. Corazón de pastor, que tiene delante a su nueva y definitiva diócesis: Roma, la Roma del sepulcro de Pedro; Roma, a la que él quiere llevarle el Evangelio de Jesús; la bella Roma, que ojalá lleve la bandera de la nueva Evangelización.

3. Saludada Roma, el recuerdo del Santo Padre se vuelve a su predecesor y, en lugar de iniciar un panegírico, como un padre que está en el hogar, nos ha dicho: Vamos a rezar juntos por el que me ha precedido. No ha traído una oración preparada; simplemente, pues así se hace en familia, un padrenuestro, una avemaría, un gloriapatri, en italiano. 150.000 asistentes le han brindado esta oración al muy querido Benedicto XVI.

4. A todos sus fieles de Roma les ha dicho: Vamos a hacer juntos – Obispo y Pueblo – un camino de hermandad, de amor y de confianza mutuas, y esto de una manera concreta: rezando unos por otros. (Pero, ¡vaya, cuánto le gusta erzar a este Papa!).

5. Luego iba a dar la Bendición, a Roma y al Mundo (Urbi et orbi), pero… no, Antes de bendeciros, yo inclino mi frente (así lo ha hecho) y bendíganme ustedes a mí; esto es, pidan a Dios su santa bendición para mí. ¿No es hermoso este gesto? ¿No está significando más que un bello discurso?

6. Y el toque entrañable: María, la Madre. María para que cuide al anciano Benedicto; María como una cita para mañana mismo. Nos vemos en la Casa de la Madre.

Sentimientos que lleno de gratitud estampo en las primeras horas del pontificado del Papa Francisco.

Guadalajara, Jalisco, 13 marzo 2013.

El saludo del Papa Francisco

en romancillo del pueblo
 
1. Con palabras franciscanas
nos saluda el nuevo Papa;
saluda a Roma, su diócesis,
que está presente en la plaza.

2. Como Francisco lo hiciera,
saluda a hermanos y hermanas;
así los llama y les dice:
hermandad, amor, confianza.

3. Saluda al mundo universo,
que, hermano, a todos abraza;
unos por otros recemos
que Dios a todos nos ama.

4. Recemos por Benedicto
a Dios y a la Virgen santa:
Dios lo bendiga, amoroso,
la Madre bajo su palma.

3.Y ahora yo les bendigo,
vestido con veste blanca,
pero antes también les pido
cual bendición su plegaria.

4. Y todos a una oraron,
cuando el Papa se inclinaba,
y el rocío de la noche
sobre su frente bajaba.

5. Empezamos un camino
y Jesús abre la marcha,
el Evangelio es la ruta,
ahí está nuestro programa.

6. Buenas noches, buena gente,
dormid bien y ¡hasta mañana!
mañana iré a visitarle
a la Madre que nos guarda.

(Guadalajara, al día siguiente).
 


jueves, 7 de marzo de 2013

365. Parábola del Padre bueno y del hijo pródigo



Homilía en el IV domingo de Cuaresma, ciclo C
Lc 15,1-3. 11-31
Texto evangélico
Solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: “Ese acoge a los pecadores y come con ellos”.
Jesús les dijo esta parábola:
Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre:
“Padre, dame la parte que me toca de la herencia”.
El padre les repartió los bienes.
No muchos días después el hijo menor juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entones y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero anide le naba nada.
Recapacitando entones, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi pádel tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré. Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”.
Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y le cubrió de besos. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contar el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.
Pero el padre dijo a sus criados. “Sacad enseguida al mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete porque este hijo mío estaba muerto y ha resucitado; estaba perdido y lo hemos encontrado”. 

Y empezaron a celebrar el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados le preguntó qué era aquello. Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano, y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”. Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Entonces él respondió a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”.
Él le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo; pero era necesario celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba perdido y lo hemos encontrado”.
Hermanos:
1. La parábola del hijo pródigo – así consagrada por la tradición – es para los cristianos al perla de las parábolas. No puede el cristiano hacer una distinción de las palabras de Jesús para darles a una categoría de excelencias y rebajar las otras a categoría inferior. No es eso posible ni es ese nuestro intento. Lo que sí decimos es que a nosotros, por vernos muy retratados en las necesidades de ese hijo rebelde, esta parábola de nuestra historia con un final divino, se nos antoja como la más emotiva.
Por eso se le ha llamado la perla de las parábolas. Además, fijémonos en otro detalle hoy común en las explicaciones del texto de san Lucas. Si digo que es la parábola del hijo pródigo, entonces el protagonista es el hijo. Si, al revés, yo veo el centro de la acción no en el Hijo, sino en el padre, entonces la parábola es la parábola del padre bueno. Y este es, en verdad, el título exacto.
Esta parábola es el tratado de Dios frente al mundo. ¿Quién es el Dios verdadero, el Dios que Jesús ha predicado? El Dios del perdón, el Padre bueno, el Padre escandalosamente bueno, rompiendo, pro exageración, todas las medidas del buen comportamiento. Ese padre bueno que pinta Jesús, se pasa de bueno. Como decimos en lenguaje familiar, más que bueno, ya parece tonto.
Así ha retratado Jesús al Padre Dios, el que nos ah de juzgar un día y hoy dirige nuestra vida.

2. Jesús nos ha pintado el drama de Dios compasivo. Ya lo conocíamos del Antiguo Testamento, como cuando Moisés pleitea con Dios, porque Dios quiere castigar al pueblo que ha prevaricado con el becerro de oro. Ese Dios bueno, encendido de ira, quiere castigar al pueblo: destruirlo y hacer con moisés un pueblo nuevo. Y pide permiso a Moisés: “Déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo” (Ex 32,10). Moisés intercede hasta hacerla cambiar a Dios de pensamiento: “Entonces se arrepintió el Señor de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo” (Ex 32,44).
El dramatismo de la parábola de Jesús lleva a la cúspide en la escena del hijo bueno, al que pronto nosotros le daríamos la razón: Mira: en tantos años como te sirvo sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.
El hijo no puede entender la argumentación del Padre y se niega a hacer parte de esta fiesta de perdón, de amor y de alegría. La envidia es un pecado diabólico que existe en el corazón del hombre, y que nos puede corroer a quienes nos consideramos de los buenos. Son dos órbitas diferentes que no se encuentran. A lo mejor, hermanos, los bien obrantes tenemos un plus para no entender el amor escandaloso de Dios.
El Hijo bueno no entiende que vivir con su padre es vivir en una fiesta continua, que es la fiesta del amor compartido en la vida monótona de cada día.
3. El padre bueno es el protagonista de un amor escandaloso. El amor-perdón es el amor de la encarnación y tuvo que venir el Hijo de Dios para enseñárnoslo.
¿Qué es, pues, el perdón de Dios?  Es ese amor que aparece simbolizado en la parábola del Padre Bueno.
El hijo, tomando consejo de los trompazos que le ha dado la vida. Vuelve a casa, pero su Padre no le deja terminar la frase, porque en el corazón del padre ya estaba todo personado. El padre organiza al instante una fiesta, que es el banquete nupcial, con música y baile.
Esto no se puede comprender sino desde un amor de locura, de un amor desbordado hasta el paroxismo pro parte del padre.
El perdón del padre borra absolutamente el paso y recrea al Hijo en una situación nueva y definitiva.

4. La parábola del perdón del Padre Bueno, tantas veces leía en Cuaresma y en los actos penitenciales que organiza una comunidad, fue pronunciada en circunstancias bien precisas, que indica Lucas. Ahora bien, ninguna exégesis agota el texto.
Bien podemos llamar a esta parábola, la parábola de la humanidad entera; la parábola de mi propia historia, pues ninguno de nosotros – absolutamente ninguno – puede verse libre de este perdón de Dios. Cristo Jesús ha sido y es nuestro redentor, y yo, como el hijo menor de la parábola, soy el hijo que ha iniciado una vida, una vez que su padre lo cubrió de besos. Jesús en la cruz es la efigie de los besos que el Padre Dios ha prodigado a toda nuestra tierra hoy.

5. Hermanos, demos gracias a Jesús que nos ha contado esta parábola. A ninguno de nosotros ha ofendido. Al contrario, a cada uno de nosotros nos ha dado la alegría de la fiesta. Definitivamente no nos sentimso representamos en el hijo mayor, el hijo bueno.
Somos el hijo de la fiesta, que participando en el banquete de bodas, entiende que su vida, bajo la mirada de Jesús redentor, es una fiesta. Y que, a partir de ahora, vivir cumpliendo los mandamientos del Padre es una fiesta sin interrupción, que es, por la gracia de Dios, la fiesta a la que aspiramos, anticipo de la fiesta eterna.
La Eucaristía es la fiesta de Dios, la fiesta de las Bodas de su Hijo; que la Eucaristía de hoy sea una fiesta de paz y de dulzura. Amén.
Guadalajara, 7 marzo 2013.

Nació en el alto cielo una parábola
y fue enviado el Hijo a proclamarla:
que había un pobre lleno de pecados
y había un Padre pródigo de gracia.


Durmiendo en la dehesa entre animales,
sin dulce compañía que le amara.
Sin paz ni pan, con rostro de cautivo,
el pobre que sufría era mi alma.


¡Qué envidia de vosotros, jornaleros!,
decía con palabras que sangraban:
¡Señor, pequé, perdona mi locura,
que pueda ser un siervo de tu casa!


Y había un padre fiel, ¡oh Padre bueno!,
que en casa para mí tenía un arca;
la túnica preciosa y el anillo
el Padre estremecido me guardaba.


De abrazos y de besos fue el encuentro,
de mesa llena, músicos y danzas.
¡Oh Dios que todo sabes, tú conoces,
tú solo, mi pecado y tus entrañas!


¡A ti la gratitud, Jesús paciente,
que el gran amor del Padre nos contabas,
a ti la bendición porque muriendo
has dicho lo que el Padre nos amaba!Amén.