La fe de Abraham, inicio, centro y paradigma de revelación
Lectura de Génesis 12-25
Hemos dado anteriormente unas claves para entender, con una exégesis sapiencial, el comienzo de la Biblia como palabra revelada, guía de nuestra fe: 491. La primera página de la Biblia - 492. la segunda página de la Biblia.
I. Material de estudio
La “Historia de Abraham” (sección así
designada en la Biblia de Jerusalén, nuestra Biblia de estudio) abarca 14 capítulos
(Gn 12,1-25,18) y comprende esta secuencia, que, en lo posible, debemos tener
en la memoria.
Capítulo
12:
Vocación (Sal de tu tierra – Llegada a Canaán: encina de Moré. Betel, Negueb) /
Abraham va a Egipto (a causa del hambre).
Capítulo
13: De
Egipto sube al Negueb (Sur de Tierra Santa). Separación de Abraham y Lot.
Capítulo
14:
Campaña de los Cuatro Reyes – Melquisedec.
Capítulo
15:
Las promesas divinas y la Alianza.
Capítulo
16:
Nacimiento de Ismael de la esclava Agar. Agar huye de la presencia de Saray,
encuentro con el Ángel de Yahveh; vuelve a casa.
Capítulo
17:
La Alianza sellada con la circuncisión.
Capítulo
18:
Teofanía de Mambré – Intercesión de Abraham por Sodoma.
Capítulo
19:
Destrucción de Sodoma y Gomorra – Origen de los Moabitas y de los Amonitas
(hijos del incesto de las dos hijas de Lot con su padre).
Capítulo
20:
De nuevo Abraham en el Negueb, en Guerar.
Capítulo
21:
Nacimiento de Isaac, hijo de la promesa – Expulsión de Agar e Ismael – Abraham
y Abimelec en el Pozo de Berseba (Invocó el nombre del Señor; reside muchos
años en el país de los filisteos).
Capítulo
22:
El sacrificio de Abraham (cima espiritual
de la historia de Abraham) – Descendencia de Najor, hermano de Abraham.
Capítulo
23:
- Muerte de Sara y tumba de los patriarcas en Hebrón, primicia del don de la
Tierra Prometida.
Capítulo
24:
Casamiento de Isaac.
Capítulo
25,1-18: Queturá, nueva mujer de Abraham, y descendencia –
Muerte de Abraham – Descendientes de Ismael.
II. Perspectiva crítico-literaria
1.
Historia.
La figura histórica de Abraham se coloca en el siglo XIX (ver tabla cronológica
de la Biblia de Jerusalén). Abraham pertenece a la historia de los patriarcas –
Abraham, Isaac, Jacob - siendo el más importante de ellos. La crítica puede
plantear múltiples preguntas:
-
¿Se trata de tradiciones diversas, según diversas tribus o clanes, luego
unificadas como una historia sucesiva?
-
¿Cuál es el verdadero Sitz im Leben
que ha dado origen a estas tradiciones?
-
¿Cómo se explican los dobles que en ellas encontramos?
2.
Crítica
literaria. Sea lo que sea de la asignación de las perícopas
al Yahvista, al Elohista, al Sacerdotal, es claro:
-
Que estos relatos se escriben cientos de años después de que han ocurrido.
-
Y que son el primer núcleo espiritual del Pueblo constituido, tras la salida de
Egipto, como Pueblo de Israel, Pueblo de Dios.
-
Por tanto su valor es primordial como inicio de la fe, dado que, ya en el
momento de nacer, Israel los ha leído como historia de salvación de Dios con su
pueblo.
3.
Hermenéutica.
Bien podemos decir:
-
Los relatos de la historia patriarcal, muy concretamente los referidos a
Abraham, Isaac y Jacob, ofrecen temas muy variados, que todos ellos pertenecen
al patrimonio de la fe de Israel (La historia de José es diferente, calificada,
por aproximación, con el género literario de “novela”).
-
Los relatos patriarcales aportan un núcleo esencial que constituye (a mi modo
de ver) el primer canon de la fe de Israel:
elección, bendición y promesa. La fe adquiere cuerpo histórico y comienza a
ser “historia y experiencia de salvación”.
-
Y que en su interpretación debe primar este aspecto testimonial de su fe sobre
la realidad histórica que los sustenta, cuyos detalles es imposible certificar
por una metodología simplemente histórica de los hechos humanos.
III. Abraham visto en
el marco de la fe de Israel (Antiguo Testamento)
Tomando
el texto sagrado tal como ha quedado, sea cual sea el proceso de redacción y de
enriquecimiento que haya experimentado, he aquí lo que emerge como clave de
lectura de esta primera figura esencial del Antiguo Testamento:
1.
Abraham
es el comienzo de una historia que comienza, es la creación
del Pueblo de Dios que Dios mismo establece a beneficio de todos los pueblos de
la tierra.
2.
Los
tres núcleos teológicos que muestran la acción de Dios
sobre Abraham son estos:
1)
La llamada.
2)
La bendición.
3)
La promesa.
-
La bendición y la promesa se exponen en forma de “Alianza”.
-
La bendición y la promesa (Alianza) tienen el carácter de “a perpetuidad”.
3. La promesa de Dios a Abraham es
doble:
-
Dios le promete un hijo
-
Dios le promete una tierra.
No
es menos importante una que otra.
4.
La
respuesta de Abraham desde el principio y en todo momento es la fe; de
tal forma que la fe es la relación de Abraham con Dios.
5.
La
fe llega a su total plenitud en el sacrificio, cuando
se prepara para inmolar al hijo de la promesa (capítulo 22. Si uno hace la
exégesis de este capítulo, diciendo que es para reprobar los sacrificios
humanos, se queda a menos de medio camino, porque falta el enfoque radical.
Dios lo pide todo, hasta el tope de lo imposible; y desde lo que es imposible
al hombre él actúa con amor. Será la explicación de la muerte absurda del Hijo:
Dios que perdonó a Abraham no perdonó a su Hijo. Rom 8,32).
6.
Finalmente,
la historia toda de Abraham es el principio inaugural de una historia,
-
que hallará una sucesión patriarcal
-
en la esclavitud de Egipto
-
en la liberación de Egipto
-
y en la entrega de la Tierra prometida.
Esta
epopeya final Dios la va a realizar por medio de Moisés, punto culminante y central.
7.
Moisés,
siervo de Dios, es el centro de la Torá en cuanto mediador,
y en él la revelación adquiere su definitiva plenitud, abierta a lo infinito
para todas las generaciones. Dios lo ha dicho todo en la Torá, y el creyente,
al recibir la Torá, recibe la plena sabiduría y conocimiento, y al ajustarse a
la Torá se ajusta exactamente a la voluntad de Dios.
IV. Abraham,
reinterpretado en el ámbito del Nuevo Testamento
El intérprete por excelencia de Abraham
en el Nuevo Testamento es Pablo. Y las tesis de Pablo para entender a Abraham y
en su órbita todo el Antiguo Testamento son estas:
1.
Abraham,
centro espiritual de la Biblia. El centro espiritual
de lo que llamamos Antiguo Testamento no es Moisés, sino Abraham. Este desplazamiento,
que supone una revolución total de la teología, lo hace san Pablo en la carta a
los Gálatas y algo después, más detallado, en la Carta a los Romanos.
2.
Toda
la Historia de Salvación de Torá pasa a ser Fe.
La fe de Abraham viene a ser el punto de gravitación de todo el Antiguo Testamento,
de toda la Teología. (Leer, en particular, con mucha atención el capítulo 4 de
Romanos).
3.
La
fe de Abraham es la respuesta a la llamada y la fidelidad permanente a
la llamada hasta la prueba final:
-
Fe cuando Dios le dice: “Sal de tu tierra…”
-
Fe cuando Dios le promete un hijo. “Su fe no vaciló al pensar que su cuerpo
carecía ya de vigor – tenían unos cien años – y que el seno de Sara era
igualmente estéril” (Rom 4,19).
-
Fe cuando Dios le pide que sacrifique el hijo: “…lo hizo padre nuestro el Dios
en quien creyó, el Dios que da la vida a los muertos y llama a al existencia a
las cosas que no existen” (Rom 4,17; ver Hb 11,19).
4.
Desde
la fe de Abraham, que es anterior a la circuncisión (Rom 4,10-11), habrá que
entender todo lo que vino después, la Ley, la Torá; y
desde la fe podremos recuperar la historia de salvación que comienza en Adán
(ver Rom 5).
5.
Sobre la base de la doctrina paulina de
la fe la carta a los Hebreos podrá desmenuzar toda la historia de la salvación
desde la creación del mundo y desde Abel (Heb 11). Esa es la fe que da la pauta
del futuro. Ayer, hoy y siempre la fe es la única clave para establecer nuestra
relación con Dios; la fe es gracia, pura gracia.
6.
Obviamente para Pablo el objeto de la fe
se cifra en Jesucristo, punto terminal de todas las promesas. Pero no es solamente
“objeto”, es artífice, iniciador, guía. La carta a los Hebreos, sobre el surco
de san Pablo, dirá: “… con los ojos fijos en Jesús, que inicia y lleva a la
perfección la fe” (Hb 12,2: aspicientes in ducem
fidei et consumatorem Iesum).
Resumen
1. En el estudio de la Biblia, y en
concreto en el estudio de los capítulos pertinentes a Abraham, nos podemos
empantanar e incluso perder en cuestiones muy concretas. Es necesario percibir armónicamente el todo, la articulación
profunda que se opera dentro de la Escritura, captar los núcleos que dan el
sentido inmanente al texto. Solo desde esta unidad intrínseca se puede elaborar
una exégesis sapiencial, que es lo
que buscamos.
2. Ahora bien, tampoco aquí termina
nuestro trabajo. Solo cuando vemos la unidad que se opera en Cristo y desde
Cristo alcanzamos nuestro objetivo. Y entonces sí, la Escritura es palabra viviente, palabra para la contemplación,
el amor, la población y la acción.
Guadalajara, Jalisco, 26 enero 2014.
Al alba de la historia está la fe
Al alba de la
historia está la fe,
medida de
Abraham, el peregrino,
de Ur hasta
Jarán, y hasta la tierra
que Dios le va a
mostrar a su elegido.
Arráncate de
tierra y parentela
– que es nuevo
nacimiento – y ven conmigo;
serás mi
bendición, yo soy tu Dios,
yo soy tu premio
todo, inmerecido.
Lanzándose en
los brazos del amor
creyó en su
Dios, igual que cree un hijo,
y aquel sencillo
y plácido abandono
al Padre Dios
bastó y le satisfizo.
Bendita aquella
hora de los tiempos:
allí empezó la
ruta, allí nacimos;
y hoy vuelvo
recordando y alabando,
la mente y
corazón, estremecidos.
Allí nacía
Pablo, amor creyente,
la Iglesia
hermosa y toda por los siglos:
y Dios nos
bendecía sin recelo
abriendo el
corazón en Jesucristo.
Y vio Abraham la
Gloría que irradiaba;
le vio a Jesús,
mi amado y mi bendito;
saltó de gozo,
Pascua que iniciaba,
Jesús, la Cruz y
luz de redimidos.
¡La santa
Trinidad bendita sea,
y amor del todo
puro sea el rito!;
¡bendita la
Escritura que se abre,
y nos conduce al
manantial divino! Amén. (Puebla, 8 octubre 2010)
La cúspide de la fe
de Abraham
La cúspide de la fe de Abraham es el capítulo 22 del Génesis. Es un texto
pascual que la liturgia proclama en la Vigilia Pascual.
Ya alzaba su cuchillo contra el hijo
el padre sin piedad que así mataba;
matando por amor, pero matando,
su propio corazón asesinaba.
Blandía sangre y fuego con el hierro
y a punto de matar la mano estaba.
¡Detén ese tu brazo y no lo mates,
que al hijo yo perdono y a tu alma!
Bajó Abraham la mano agradecido,
soltó a Isaac, la víctima en el ara,
y, en vez de un hijo, puso allí un carnero,
y aquel día otra sangre se inmolaba.
Mas Dios no perdonó al Hijo amado
el día que en la Cruz yo lo clavaba;
y no se perdonó, que aquellos clavos
yo mismo en sus entrañas los hincaba.
Rompió el amor su sello y sus secretos,
y dijo Dios: Que no haya más palabras.
Callaron cielo y tierra y Dios calló,
y entonces el amor, muriendo, hablaba.
¡Oh Dios amor, demencia de ti mismo,
oh Dios y Padre nuestro que nos amas,
que callen nuestros labios y que sea
el Hijo amante única palabra! Amén.
(Himno compuesto en Jerusalén por fr. Rufino María
Grández el 4 de noviembre 1986)