jueves, 4 de enero de 2018

1040. La Epifanía de Jesús a todos los pueblos



La Epifanía de Jesús a todos los pueblos
Mt 2,1-12
Texto evangélico:
Mt2 1 Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén 2 preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo». 3 Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; 4 convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. 5 Ellos le contestaron: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: 6 “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel”». 7 Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, 8 y los mandó a Belén, diciéndoles: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo». 9 Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. 10 Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. 11 Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. 12 Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.

Hermanos:

1. El tiempo de Navidad, que lo iniciamos en la Nochebuena (incluso en las vísperas de aquel día 24 de diciembre), va adelante; y, después de haber celebrado el Año Nuevo, que es la octava de Navidad y solemnidad de Santa María Virgen, hoy estamos en la tercera gran fiesta de este ciclo: la Epifanía del Señor. “Epifanía”, palabra griega que quiere decir “Manifestación”. El que en la noche de Navidad se manifestó a su pueblo Israel, significado en los pastores, hoy se manifiesta al mundo entero en la persona de los Magos venidos de Oriente.
Pero tampoco con esta fiesta termina el tiempo natalicio. Continúa hasta el domingo siguiente, Domingo del Bautismo del Señor, que es otra suprema Manifestación de Dios en su Hijo amado.
De paso, observamos que nuestros calendarios religiosos tienen que ajustarse con realismo al calendario civil del país. Como acá, en México, el 6 de enero es día laborable, los obispos trasladaron la celebración litúrgica de la Epifanía al domingo siguiente. El día 7, domingo, celebraremos la Epifanía del Señor, y el lunes, día 8, la fiesta del Bautismo del Señor. Con esto se cierra propiamente el ciclo de Navidad.

2. ¿Qué nos dice el relato de los Magos venidos de Oriente? La primera lectura de hoy nos da una preciosa pista de orientación.

         1 ¡Levántate y resplandece, | porque llega tu luz; | la gloria del Señor amanece sobre ti!
         2 Las tinieblas cubren la tierra, | la oscuridad los pueblos, | pero sobre ti amanecerá el Señor | y su gloria se verá sobre ti.
         3 Caminarán los pueblos a tu luz, | los reyes al resplandor de tu aurora.
         6 Te cubrirá una multitud de camellos, | dromedarios de Madián y de Efá. | Todos los de Saba llegan trayendo oro e incienso, | y proclaman las alabanzas del Señor” (Is 60,1-6).

Esta lectura nos está dando el significado de la fiesta, con un lenguaje poético, exaltado y lleno de emoción.
Son textos que se escribieron hace muchos siglos, cuando Israel volvía de la cautividad de Babilonia, y había que construir el futuro. Necesitaba todo el consuelo de Dios para acometer la tarea. Caminarán los pueblos a tu luz, | los reyes al resplandor de tu aurora”: hacía falta mucho valor para acometer esta tarea. Pero era verdad: Dios le daba a Israel, como pueblo elegido, la misión de ser luz de las gentes.
El día pasado escuchábamos al anciano Simeón que decía estas cosas a María y a José a propósito del Niño que él alzaba en sus brazos: luz de las naciones y gloria de tu pueblo, Israel.
San Pablo nos lo ha dicho con un lenguaje diferente, como teólogo de la fe: “que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo, y partícipes de la misma promesa en Jesucristo, por el Evangelio” (Ef 3,7).
Todas estas maravillas nos han venido de Belén, del Niño nacido en Belén de Judea.

3. Vengamos, pues, al relato evangélico de la fiesta. Se trata de un relato muy singular, un relato que podríamos llamar “relato profético”.
San Mateo ha abierto su Evangelio con estas palabras: “Libro del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán” (Mt 1,1).
Las verdades de la fe requieren un lenguaje propio, el lenguaje de la fe. Si no entendemos este lenguaje de la fe, los relatos de la infancia de Jesús, se convierten en historias fantásticas y curiosas, y, al final, son mitos, mitos religiosos, como está llena de mitos la literatura heroica de los griegos y luego de los romanos, creados para dar razón de nuestras creencias.
No es ese, ni mucho menos, el sentido de las santas Escrituras.

San Mateo tiene una frase que repite y que es la clave de interpretación: Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros” (Mt 1,22-23).

En este relato de los magos venidos de oriente, guiados por una estrella, tenemos un texto de la Escritura. En este caso no es el evangelista san Mateo el que lo dicta; lo pone en boca de los sumos sacerdotes y de los escribas, fueron los profetas de Dios en esta ocasión. Cosa admirable, “sumos sacerdotes y escribas”, la casta que un día condenará a Jesús: convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta”. Y citan entonces al profeta Miqueas.
Detrás de Herodes, detrás de los sumos sacerdotes y escribas del país, detrás de Miqueas profeta, detrás de Mateo evangelista… hay alguien que dirige, que es Dios mismo: En Belén de Judea. Belén, que es la patria del joven pastor David, rey de Israel.

4. Estamos en una historia de Dios, historia profética, narrada con tradiciones populares, con textos bíblicos, con viejas reminiscencias maravillosas. Pura y simplemente, hermanos, historia de Dios con nosotros, si la Sagrada Escritura ha de tener un valor actual y eterno para nosotros.
He aquí, pues, hermanos, que Jesús nace en Belén, según las Escrituras; he aquí que nace luz y salvación para Israel y para el mundo; y he aquí que nosotros, hoy sacramentalmente, nosotros presenciamos este acontecimiento como protagonistas con Jesús, única luz del mundo.

5. Nosotros somos la estrella de Belén que conduce a los hombres hasta el portal. A nosotros, por la fe, se nos ha confiado esta misión. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte (Mt 5,14). Así dijo Jesús a aquel grupo de gente sencilla que le escuchaban en el Monte de las bienaventuranzas.
No se puede ocultar una luz que brilla en el monte. No se puede ocultar una estrella que resplandece en el cielo.
Pues es verdad, hermanos. Nosotros somos la estrella de Belén, porque Jesús ha sido la estrella de nuestra vida.
La estrella les indicó el camino a aquellos sabios que venían de lejos buscando.
No tengamos medio de recoger estas palabras. Ya nos lo había dicho el profeta: ¡Levántate y resplandece, | porque llega tu luz; | la gloria del Señor amanece sobre ti!
Los discípulos de Jesús somos luz – debemos ser luz – no porque nosotros seamos lumbreras, sino porque Jesús es nuestra luz.

6. Señor Jesús, en este día de tu santa Epifanía, en que, al venir al mundo como Hijo de Dios, se has manifestado al mundo entero, ilumínanos con tu luz divina y haz que desde ti seamos nosotros la irradiación de tu propia luz para nuestros hermanos los hombres.

Guadalajara, Jalisco, jueves 4 enero 2018.

lunes, 1 de enero de 2018

1039. La Bendición de Año Nuevo y un poema



La Bendición de Año Nuevo y un poema


1. Un toque de atención al texto de la Bendición
Todos los años, la primera lectura de la Misa de Año Nuevo (Solemnidad de Santa María Madre de Dios), es la bendición que los Sacerdotes de Israel daban al pueblo, y cuyo texto es: Números 6,22-27. La versión oficial de la Biblia de la Conferencia Episcopal Española para la liturgia dice así:

22 El Señor habló a Moisés:
23 «Di a Aarón y a sus hijos, esta es la fórmula con la que bendeciréis a los hijos de Israel:
         24 “El Señor te bendiga y te proteja,
         25 ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor.
         26 El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz”.
         27 Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré».

Hay un detalle que se han saltado los traductores y que pienso que es más que un adorno literario. Se trata de que el Nombre de Dios (originalmente Yahweh) en el original es invocado tres veces, y en la versión aparece solo dos.

Para quienes pueden manejar el latín, he aquí la actual versión de la Nova Vulgata, y a continuación la clásica Vulgata:

24 "Benedicat tibi DOMINUS
                        et custodiat te!
25 Illuminet DOMINUS faciem suam super te
                        et misereatur tui!
26 Convertat DOMINUS vultum suum ad te
                        et det tibi pacem!".

27 Invocabuntque nomen meum super filios Israel,
                       et ego benedicam eis ”.


La Vulgata. 24  Benedicat tibi Dominus, et custodiat te. 25  Ostendat [ahora: Illuminet]  Dominus faciem suam tibi, et misereatur tui.26  Convertat Dominus vultum suum ad te, et det tibi pacem.27  Invocabuntque nomen meum super filios Israël, et ego benedicam eis.

2. Algunos elementos clave para la interpretación del texto:
1.     Es una bendición “sacerdotal”, podríamos llamarla, por excelencia, “la bendición”.

2.     Es una bendición invocativa: se pide que Dios bendiga.

3.     La palabra principal de esta bendición es el nombre sacratísimo de YHWH que aparece en la doble estructura de los tres miembros.

4.     Es una bendición que se da a toda la comunidad de Israel, pero que está redactada en forma singular. Ese verdad que ese “tú” (te bendiga) es un “tú” colectivo, como ocurre en los discursos del Deuteronomio; pero, al final, es el “tú” personal que llega hasta mí y me estremece de emoción, como en la frase: “Amarás al Señor, tu Dios…” La bendición nos la da el Señor a todos, pero me la da a mí, a mí… Es para mí; es mía.

5.     Se pide que descienda el NOMBRE del Señor primera vez…, segunda vez…, tercera vez.

6.     La construcción literaria es rítmica “in crescendo” (juntamos las palabras como están juntas en hebreo según la gramática):
         - tebendiga YAHWH  /  yteguarde (2+1 palabras)
         - ilumine YHWH surostro sobreti  /  ytemisericordiee (4+1 palabras)
         - vuelva YHWH surostro sobreti  /  yponga parati paz (4+3 palabras)

7.     En el segundo y tercer miembro el NOMBRE del Señor pasa a ser ROSTRO (panîm, en hebreo).

8.     Cada bendición es de sí misma total; una parte no completa a la otra. Cada miembro desea una actuación completa de Dios en el corazón del creyente. No obstante, parece que la palabra final – PAZ, SCHALOM – es la reasunción de todo lo anhelado como bendición.

9.     Es una bendición “sacramental”, en el sentido de que es operativa, como las palabras de la consagración. Pronunciada la bendición, de “invocación” pasa a ser “ejecución”: Dios se encarga de ejecutar la invocación que ante Él se ha proferido.
10.                        La frase final (así invocarán…), en realidad en hebreo dice literalmente: ypondrán (depositarán) miNOMBRE. El NOMBRE de Dios desciende sobre los hijos de Israel, y Dios lo hace penetrar en forma de bendición. La bendición queda como un sello que se ha puesto, como una marca indeleble que dice la pertenencia a un pueblo.

11.                       Concluye hermosamente la TOB (Traduction Oecuménique de la Bible): “La bendición está fundada sobre la fe en la eficacia de la palabra. Pronunciar tres veces el nombre del Dios de la Alianza, es dar una nueva actualidad a la Alianza, tanto a sus promesas como a sus exigencias”.

3. Un himno de Año nuevo al eco de esta bendición

1. Te bendiga el Señor como Padre
y te colme con toda su gracia;
y te guarde feliz en tus días
que en tu vida su vida regala.

2. Te bendiga el Señor como Hijo
y en tu rostro ilumine su cara;
su bondad en tu faz se derrame,
su perdón sea en ti tu alabanza.

3. Te bendiga el Señor como Espíritu,
con semblante de amor con que ama
y te sacie de paz que del cielo
se hizo paz en la tierra, encarnada

4. Te bendiga el Señor que bendijo
a la Virgen María agraciada
y por ella nos vino Jesús,
salvación, plenitud y Alianza.

5. ¡Gloria al Padre y al Hijo y Espíritu
en el mundo y la Iglesia, su amada;
suba a Dios nuestra ofrenda preciosa,
esperando el encuentro en la Patria! Amén.

Guadalajara, Jalisco, Año nuevo 2018.