sábado, 9 de marzo de 2019

1171 Cuaresma, Dom. I, C – El Espíritu lo fue llevando por el desierto


El Espíritu lo fue llevando por el desierto
Lc 4,1-13


Texto evangélico:
1 Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y el Espíritu lo fue llevando 2 durante cuarenta días por el desierto, mientras era tentado por el diablo.
En todos aquellos días estuvo sin comer y, al final, sintió hambre. 3 Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan». 4 Jesús le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre”».
5 Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo 6 y le dijo: «Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me ha sido dado, y yo lo doy a quien quiero. 7 Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo». 8 Respondiendo Jesús, le dijo: «Está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
9 Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, 10 porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti, para que te cuiden”, 11 y también: “Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece contra ninguna piedra”». 12 Respondiendo Jesús, le dijo: «Está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
13 Acabada toda tentación, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

Hermanos:
1. Nos disponemos a hablar del desierto de Jesús, de la Cuaresma de Jesús, de las tentaciones de Jesús por el diablo. Y el primer sentimiento que nos invade es este: Respeto para hablar de lo que no puedes hablar.
En esta escena hay tres personajes:
-         el Espíritu, que sin duda es el agente principal;
-         Jesús de Nazaret, que acaba de recibir el Bautismo de manos de Juan, y del cual se acaba de hacer su presentación genealógica: “Jesús, al empezar, tenía unos treinta años, y se pensaba que era hijo de José, que a su vez era de Helí, de Matat, de Leví, de Melquí, de Jannaí,.. , de Enós, de Set, de Adán, de Dios”;
-         Y el diablo, misterio del mal que es imposible descifrar.
¿Quién puede decir una palabra de todo este misterio, digna de ser escuchada?

2. Hablemos primero del Espíritu Santo. El evangelista Lucas nos dice dos cosas:
Primera, que Jesús volvió del Bautismo lleno del Espíritu Santo, saturado del Espíritu Santo. Pero ¿es que no lo tenía? ¿Es que podía estar más lleno de lo que estaba?
Si Jesús fue concebido por obra del Espíritu Santo, Jesús estaba lleno, absolutamente lleno del Espíritu Santo, que es el Espíritu de amor, el Espíritu presente en la creación y orden del mundo.
Pues este Espíritu, del cual estaba lleno, es el que ahora le conduce y le empuja al desierto.
El Espíritu Santo ha penetrado la vida toda de Jesús; sin la asistencia de ese Espíritu de Jesús no podemos entender una letra de los Evangelios. Este es el Espíritu, secreto del Bautismo, secreto de las tentaciones. Él lleva la soberanía y el mando, y Él es el que va a hacer una obra divina en toda la vida de Jesús.
Jesús es confidente del Espíritu, y lo que Jesús habla lo dice desde la última intimidad de Dios

3. Lo fue llevando durante cuarenta días. De pronto recordamos el Monte Sinaí, donde Dios se reveló a su Siervo Moisés y donde le dio, como a Pueblo elegido, la Ley de la Alianza. Hay un cierto paralelismo en Moisés y Jesús. Sin duda que detrás de estas representaciones están las primeras catequesis cristianas que nos quieren transmitir quién era Jesús.
Dios no tiene dos planes: el del Antiguo y el del Nuevo Testamento. Su plan es uno: una historia de salvación, una y armónica en diversas etapas que culminan en Jesús.
Si decimos que Jesús es el Nuevo Moisés, decimos algo verdadero, pero decimos muy poco; por eso, quizás sea mejor no decirlo.

4. En este escenario aparece el Diablo. ¿Qué hace aquí el diablo y quién le ha dado entrada? ¿Qué puede hacer el Diablo, si la vida de Jesús para nada es reinado del Diablo?
Dios mismo ha dado entrada al Diablo en este escenario, justamente para que se vea que, desde el principio, que el Diablo es el derrotado.
San Juan hará esta observación a los cristianos en una de sus cartas: “Sabemos que todo el que ha nacido de Dios no peca, sino que el Engendrado de Dios lo guarda, y el Maligno no llega a tocarlo. Sabemos que somos de Dios, y que el mundo entero yace en poder del Maligno” (1Jn 5,18-19).
El Diablo nada tiene que ver con Jesús, pero he aquí que Dios mismo da su licencia para que se entable el combate y se vea desde el principio la victoria. El desierto de Jesús, fruto de su Bautismo, es el inicio de la victoria pascual.

5. Como veis, hermanos, estamos tocando misterios que nos trascienden, pero son misterios de nuestra fe, que hemos de vivirlos.
Hoy Jesús vive en medio de nosotros, y nos invita a recorrer el mismo camino que él ha recorrido, entrar en el combate y aceptar la palma de la victoria que él nos ha preparado.
Una primera consideración que se impone es esta, hermanos: La oración es la presencia del Espíritu en nosotros, para entrar, como Jesús, en la intimidad con Dios y en la victoria.

6. Tres escenas de tentación, acaso tres paradigmas de vida. Jesús, en la Oración que nos enseñó, nos dijo que pidamos no caer en la Tentación, pero no puso tentaciones particulares. En realidad todas las tentaciones se reducen a una, que tiene múltiples rostros. La tentación que recoge todas es la tentación de dudar de Dios, de no aceptar a Dios como eje y centro de nuestra vida, y revolvernos por otros miedos y preocupaciones.
La tentación gravísima en la que está metida la cristiandad es la tentación del olvido de Dios, incluso de la negación de Dios. “No nos dejes caer en la tentación” es esto: que no desaparezca Dios de nuestra vida. Si él desaparece, desaparece todo.
Y esta es la súplica que hacemos estando firmes en la Cuaresma: Que Dios sea el Dios vivo y verdadero, el Dios personal, que dé sentido y esperanza completa a nuestra vida.

7. Señor Jesús, contigo iremos al desierto. Que el Espíritu que  a ti te condujo nos guíe y conduzca a nosotros. Y que tu victoria, por tu amor y misericordia, sea también nuestra victoria. Amén.

Guadalajara, sábado, 9 marzo 2019.



Espíritu del Bautismo, Espíritu del desierto

y el Espíritu lo fue llevando
durante cuarenta días por el desierto”
(Lc 4,1-2)

Espíritu del Bautismo,
Espíritu del desierto,
dulce, divina experiencia,
Espíritu del comienzo.
,
Por rutas inexploradas
Espíritu de silencio,
Espíritu de intimidad,
De Dios todo su secreto.

Espíritu del ayuno,
contigo muy llevadero,
que Dios de ti se alimenta,
manjar, maná de los cielos.

Espíritu, voz y palabra,
inteligencia del Verbo,
compañía de Jesús
y confidencia del Reino.

Jesús y Espíritu unidos
cuarenta días enteros,
cuando nacía la Iglesia,
cual lirio de un puro beso.

De aguas limpias y fecundas
Espíritu verdadero,
de la oración de Jesús,
en al que ahora me anego.

Espíritu celebrado,
don de los dones muy cierto,
bajo tus alas me acojo,
de la Cuaresma mi aliento.

Te adoro en intimidad,
te adoramos Dios eterno,
Espíritu del inicio,
Dios amor, en quien creemos. Amén.

Guadalajara, 9 marzo 2019, noche.
 

viernes, 1 de marzo de 2019

1170 Dom. VIII, C – Algunos perfiles de la comunidad de Jesús



Algunos perfiles de la comunidad de Jesús
Lc 6,39-45


Texto evangélico:
39 Les dijo también una parábola: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?
40 No está el discípulo sobre su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.
 41 ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? 42 ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame que te saque la mota del ojo”, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano.
43 Pues no hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; 44 por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. 45 El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca. 46


Hermanos:
1. Por tercera vez seguimos escuchando a Jesús en ese conjunto de expresiones que en el Evangelio de san Mateo configura el sermón de la montaña, y como en Lucas están puestas al bajar del monte, algunos intérpretes hablan del Sermón de la llanura.
Las frases que hemos escuchado se refieren a la comunidad. “El amor en la comunidad”, titula estos versículos el Biblia española aprobada por la Conferencia Episcopal Española.
De una manera genérica podríamos hablar de “perfiles de la comunidad de Jesús”.
Y en estos versículos seleccionados cuatro enseñanzas:
-         La parábola del ciego que guía a otro ciego.
-         El discípulo y el maestro.
-         La paja y la vida.
-         El árbol bueno y el árbol malo.
Aquí cortamos el texto Evangelio. Lo que sigue a continuación, que viene a ser la conclusión, se refiere a la casa sobre la roca y a la casa en la tierra, sin cimiento.

2. Hermanos, al comienzo de esta semana que acabamos de terminar abríamos el libro del Eclesiástico, un libro al que se dedica en la Misa dos semanas.
Este libro bellísimo comienza con estas reflexiones:
Toda sabiduría viene del Señor | y está con él por siempre.
La arena de los mares, las gotas de la lluvia | y los días del mundo, ¿quién los contará?
La altura de los cielos, la anchura de la tierra | y la profundidad del abismo, ¿quién las escrutará?
Antes que todo fue creada la sabiduría, | y la inteligencia prudente desde la eternidad” (Sir 1,1-4).
¿A quién se le reveló la sabiduría?, se sigue preguntando el autor sagrado.
Y he aquí su respuesta:
Uno solo es sabio, temible en extremo: | el que está sentado en su trono.  El Señor mismo creó la sabiduría, la vio, la midió | y la derramó sobre todas sus obras.
Se la concedió a todos los vivientes | y se la regaló a quienes lo aman” (vv. 8-9).
Dios ha regalado su sabiduría a quienes le aman. Esto es de gran consolación. Porque según está palabra reveladora, no vamos a buscar la sabiduría de Dios (que a nadie se niega y que está derramada en todas las criaturas), no vamos a buscarla precisamente en la Universidad, sino en la Escuela del amor.
Viene a nuestra mente el caso de Santa Teresita del Niño Jesús, que no pasó por la Universidad, que estudió en un internado de monjas lo que llamaríamos al secundaria, y que es Doctora de la Iglesia.

3. Esta reflexión de entrada, hermanos, es para mirar ahora a Jesús y ver en él no solo al Profeta de Dios, sino al Maestro, al Sabio, en el cual están los tesoros de la sabiduría y de la ciencia. Claro que cualquier título que queramos asignarle queda corto para contener la riqueza sin límites de su persona.
Estos proverbios de Jesús los podemos ver registrados en otras tradiciones religiosas. Pero nosotros los interpretamos a la luz de la totalidad del menaje de Jesús, que es siempre revelación del Padre, y desde esa perspectiva nos resultarán nuevos.

4. El primer dicho es el de los dos ciegos. Ya es una privación el ser ciego, Pero si un ciego quiere ser guía de otro ciego, la desgracia es total: los dos caerán en el hoyo, lo cual es mucho más que ser ciego. Es al perdición total, acaso el símbolo mismo de la condenación.
No sabemos con exactitud cómo entendieron este dicho las comunidades cristianas. Seguramente que, cuando se pusieron por escrito estas frases, se aludía a circunstancias concretas.
Las llamadas de atención a no desviarse de la sana doctrina son muy reales en el Nuevo Testamento. Y aquí, hermanos, nos hallamos en torno a estas alusiones. Entre discípulos y maestros, ¿quiénes son nuestros maestros en la vida? ¿Quién es el que nos conoce, el que nos puede decir dónde está la paja, la pajita, en el ojo?
Digamos sencillamente aquello que aparece en el Evangelio de san Mateo: “uno solo es vuestro Maestro” (Mt 23,8), que sigue con esta terminación: “y todos vosotros sois hermanos”.
Uno solo es nuestro Rabbí, nuestro Maestro, y este se llama Jesús.

5. Y ahora, con mucho respeto, y con cierto aire de poesía, siguiendo las metáforas del texto, le vamos a llamar a Jesús “el Árbol Bueno”. Los que trabajan en el campo (soy de tierra de labradores), los que cultivan árboles frutales saben muy bien cuál es el árbol bueno y el árbol malo, saben perfectamente cómo una plaga de extraños parásitos puede estropear – agusanar – la que venía como espléndida cosecha.
Y ahora Jesús nos da el secreto del árbol bueno y del árbol malo: el corazón. Tomemos una fruta: un durazno, una manzana. Si tiene un puntito negro, ya sabemos lo que vamos a  encontrar: un gusano en el corazón.
Y termina Jesús: de lo que rebosa el corazón habla la boca.
Nunca lo olvidemos.

Señor Jesús, tú eres el Sabio verdadero, en quien se encuentran todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia; tú eres el Árbol Bueno, que siempre nos da frutos de vida; tú eres el verdadero corazón del hombre, donde habita solo la bondad y el amor. En ti confiamos. Amén..

Guadalajara, 27 febrero 2019.