viernes, 15 de noviembre de 2019

1276. Dom. XXXIII C – Jesús ante el fin del Templo y de la historia


Jesús ante el fin del Templo y de la historia
Lc 21,5-19


Texto evangélico:
5 Y como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, 6 Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida». 7 Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».
 8 Él dijo: «Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre, diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos. 9 Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no
Entonces les decía: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, 11 habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo.
 12 Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. 13 Esto os servirá de ocasión para dar testimonio. 14 Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, 15 porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. 16 Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, 17 y todos os odiarán a causa de mi nombre. 18 Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; 19 con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

Hermanos:
1. Este párrafo tremendo que acabamos de escuchar pertenece a lo que llamamos el discurso escatológico de Jesús. Y el discurso escatológico cierra el ministerio público de Jesús. De aquí la Pascua y la muerte. El domingo que viene será la solemnidad de Jesucristo Rey del universo, y con ello concluimos el ciclo de los misterios del Señor que se celebran en el curso de cada año.
Humildemente pedimos al Señor sabiduría para que sus palabras no suenen a palabras extrañas y fantásticas, sino que sean, como son, palabras para nosotros, para tomar opciones de vida.

2. Primer momento de este discurso. Jesús ve el templo; está allí en la explanada, y alguien le comenta: ¡Qué maravilla! Efectivamente, el templo es la joya y orgullo de Jerusalén y de todo Israel. Está unido al corazón y a la historia de Israel, desde que hace mil años David pensó en el templo. El templo de Salomón, hijo de David, tuvo una historia trágica cuando siglos después fue destruido e incendiado por Nabucodonosor y el pueblo emigró a la cautividad.
Al regreso, después de los largos años de destierro, cuando el rey Persa dio el edicto de repatriación, en el siglo VI, hubo que levantar el nuevo Templo.
Nueva profanación por los griegos en el siglo II y nueva reconstrucción. Herodes acababa de hacer una grande obra. Y ante aquella obra Jesús dice: Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida. Esto no quiere decir en modo alguno que todas las cosas humanas pasan y que todos los monumentos que hay en el mundo han de desaparecer, porque ninguno se ha construido para la eternidad. Para siempre Dios, dice el refrán popular.
El significado es que este Templo está unido a una historia y en virtud de esa historia va a ser destruido, por l infidelidad a Dios. Efectivamente menos de cuarenta años después, el año 70, el glorioso Templo de Jerusalén fue profanado y destruido por Vespasiano..
Pero Jesús es judío, Jesús es Hijo de Israel, y toda la tradición de su pueblo que arranca de la Biblia y llega a su persona es parte de su ser. Por eso, decir que el Templo se va a acabar trágicamente es una puñalada para sí, y para los que le oyen, si son piadosos judíos. La profecía fatídica del Templo va a ser uno de los puntos de apoyo jurídicos para acabar con Jesús. Pero Jesús no puede menos de anunciarlo.

3. Ahora bien, esto es solo parte del discurso, el comienzo de la profecía: la historia de Israel y la historia de la comunidad que surge en torno a sí, la comunidad cristiana; el fin cercano de Jerusalén y ese fin indefinido de la historia. Si la palabra final es la gloria del Hijo del Hombre, que es él, y el triunfo de Dios; la palabra intermedia es la persecución de los discípulos.
Jesús tiene un sentido de la historia que no nos atrevemos a asumir.
La historia avanza por sí misma, como resultado de la confluencia de fuerzas múltiples. Nadie es dueño de la historia. No nos preocupemos, que no nos atañe. Además ninguno de nosotros ha de estar en el fin del mundo. Es perder el tiempo hacer elucubraciones sobre estos temas.
No es esta la visión de Jesús. Jesús afirma que Dios, solo Dios, es el dueño de la historia, Y Dios cuenta, lo mismo que ha contado con la muerte de su Hijo, con la persecución de los cristianos, es decir, de los discípulos de su Hijo.
Estamos ciertamente en un lenguaje apocalíptico, género muy cultivado en los tiempos de Jesús… y en los apocalipsis no podemos discurrir con la lógica y los parámetros que uno tiene para examinar los momentos o épocas de la historia.

4. Jesús, profeta último de Dios, nos dice que es necesario el anuncio del Evangelio y la persecución y la muerte que de ahí se siguen: os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre
Y más: Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, 17 y todos os odiarán a causa de mi nombre.
¿Por qué el Evangelio, que es una convocatoria de amor, ha de producir muerte?
Jesús nos dice dos cosas:
Primero, que ha de ser así, incluso que es necesario que sea así.
Y segundo: Que no tengamos miedo; que él nos ayudará, que el Espíritu Santo nos ha de dar la palabra oportuna. En fin: Que Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

5. Es un mensaje que vamos sacando del Evangelio, pero, quizás, hermanos, nos quedamos cortos si no tenemos la valentía de aplicar estas palabras no a los tiempos finales, sino a los tiempos actuales. Acaso todo tiempo lleve el misterio del fin; en todo caso, el fin de mi vida pertenece al misterio del fin.
No es retorcer las palabras de Jesús, nuestro Señor, decir: Nos está hablando el Señor para los tiempos de hoy. Si anunciáis el Evangelio en este mundo alborotado y múltiple os perseguirán, os echarán mano, incluso so matarán. Pero tened confianza: el Espíritu está con vosotros.

Miremos a Jesús, primer mártir de nuestra fe.
Señor Jesús, que amaste a tu pueblo como nadie lo ha amado, y moriste por tu pueblo, enséñanos tu camino y danos fuerzas para que el amor a nuestros hermanos, nos lleve hasta morir por nuestros hermanos.
Aguascalientes, Ags. [México], viernes 15 de noviembre de 2019.



Os et sapientiam

Lc 21, 15

La homilía
Os daré “boca y sabiduría”,
dabo vobis os et sapientiam (stoma kai sophiam)

Una boca que bien hable
y bella sabiduría,
dos dones que nos promete
Jesús en su profecía.

Boca cual rollo de oro
que parece poesía,
y un contenido divino
que revela, cuida y cría.

Es justo lo que quisiera
en todas mis homilías,
servir siempre a la Palabra
con divina maestría.

En la dicción, ser perfecto,
en la doctrina, ser guía:
hablar su humilde discípulo
como Jesús hablaría.

Yo, traspasado de fe,
hablar traspasando vida,
después de suave oración
que ilumina y purifica.

Hablar con conciencia pura
de que soy la Iglesia viva,
con un mensaje de amor
que solo Dios comunica.

Con humildad muy sincera,
con valor y cortesía,
feliz de ser pregonero
de salvación y alegría.

El Verbo de la Escritura
lo que anuncia realiza,
como Palabra de Dios,
Palabra performativa.

Gracias, Señor y Maestro,
por la luz que me confías:
por tu misión y tu gracia
que en mis labios depositas. Amén.

Guadalajara, Jalisco, domingo 17 de noviembre de 2019.