sábado, 18 de noviembre de 2023

1920. Dom XXXII A – Jesús nos invita a estar preparados para el banquete de bodas

 

Jesús nos invita a estar preparados para el banquete de bodas

Mt  25,1-13 


Texto

Mt25 1 Entonces se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo. 2 Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes. 3 Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; 4 en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. 5 El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. 6 A medianoche se oyó una voz: “¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!”. 7 Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas. 8 Y las necias dijeron a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”. 9 Pero las prudentes contestaron: “Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”. 10 Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. 11 Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo: “Señor, señor, ábrenos”. 12 Pero él respondió: “En verdad os digo que no os conozco”. 13 Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».

 

 

Hermanos:

1. Al escuchar lo que acabamos de escuchar, bien podemos decir: Jesús era un narrador y era un poeta. El poeta es una persona que tienen una sensibilidad extra y allí donde pone sus ojos ve la belleza. Esta parábola, aparte de su mensaje trágico, como las que vamos escuchando estos domingos, es una flor de poesía. Poesía por el aprecio de lo femenino: diez doncellas, con sus túnicas virginales, y el trasfondo un banquete de bodas.

El Reino de los cielos, que ya ha comenzado, es un banquete de bodas. En un banquete de bodas es muy importante lo que se va a comer, los manjares que se van a degustar y los vinos que van a alegrar. Pero no es menso importante el vestido que se va a llevar, Una mujer va a la boda de estreno. Aquí vemos en este cortejo las túnicas de las doncellas y las lámparas que llevan en sus manos. Una mujer, vestida con túnica de bodas y una lámpara en sus manos, ¡qué hermosura!

Todo esto es un deleite, y uno, si quiere lo puede adornar con nuevos detalles, según su estilo y cultura. Pero en esta boda, hay dos componentes que sorprende, y uno de ellos aterra.

El primer componente es que en esta boda que pinta Jesús no hay novicia. Yo recuerdo de mis años juveniles, cuando aprendíamos latín, que en esta parábola se decir que aquel cortejo de vírgenes salió recibir “al esposo y a la esposa”. La antigua versión latina, la que durante siglos y siglos se ha leído en la Iglesia, decía que salieron a recibir al esposo y a la esposa: “exierunt obviam sponso et sponsae”. Los críticos del texto nos han mostrado que esto era un desliz corrupto, de los amanuenses. En una boda hay esposa y esposa, esto es evidente. Claro que es evidente, pero cuando el narrador no ha puesto más que al esposo, por algo ha narrado así. Es lo mismo que en Caná de Galilea: si era una boda había esposo y esposa, Pero la esposa no es nombrada, no apareceré.

Otro dato, y este sí que es terrible, porque nos da el sentido de la parroquia es la reacción fulminante del esposo cuando llegaron tarde las que fueron a comprar combustible, porque se les habían apagado las lámparas: que no les dejó entrar. Esto no puede ser; pues esto es el sentido de la parábola. Cuando aquellas doncellas imprevisoras se dieron cuenta de que no había traído aceite de repuesto, dijeron a sus compañeras. Dadnos de vuestro aceite. Hablaron, discutieron, pensaron qué era lo mejor, y dijeron: por si acaso no es bastante para vosotras y nosotras, `para no estropear la fiesta, es mejor que vayáis ahora mismo a comprarlo, y así todo se arreglará. Estas amigas no  se pusieron a lo trágico: Allá vosotras, vosotras tenéis la culpa; no. No fue esa su respuesta…; al contrario, todo se puede arreglar.

Es lo que pasaría hoy con unos invitados. Nosotros estamos en la capital y la boda es un pueblo a tres o cuatro horas de viaje. No os preocupéis, que llegaremos a tiempo para la misa y el banquete. Pero han tenido un percance en el camino, porque han cotado la circulación por un accidente. Y mandan un aviso: Lo sentimos mucho, pero ya llevamos dos horas de retraso; lo sentimos mucho, pero llegaremos tarde. No pasa nada, todo se arregla. Y llegan cuando ya ha comenzado el banquete. No pasa nada; ha sido un contratiempo para nosotros. Comprendemos lo mal que lo habéis pasado, pero no importar, ahora a disfrutar, no ha pasado nada. ¡A disfrutar de la boda!

Jesús, con ese estilo cortante, que lo vemos en otras parábolas, no pinta eso: Estas muchas que alegran la fiesta con su sola compañía han tenido un percance en el camino, han llegado tarde. No importa, todo lo comprendemos, porque despistes en la vida los tenemos todos. Pero la pintura que hace Jesús no es esa. Las doncellas con sus túnicas y sus lámparas encendidas llaman a la puerta y el novio, el esposo, desde dentro les responde: “En verdad os digo que no os conozco”. Es un rechazo total, hasta el punto de decir: No os conozco. Pero eran del mismo grupo que las otras, y ya lo sabían el novio cómo habían preparado la fiesta. Pues ¿cómo les dices: No os conozco?

Jesús ha inventado este rechazo, esta sentencia fulminante, porque algo nos quiere decir:

Queridos hermanos: estamos explicando la letra de la parábola, sin pretender hacer disquisiciones de nuestra parte, nos parece. Que el Señor nos dé la gracia de entender su lenguaje. Jesús emplea palabras de amor sin fin, y otras veces utiliza un lenguaje imposible para inculcar sus verdades. Si tu mano derecha te escandaliza, te es ocasión de pecado. Si alguno quiere venir en pos de mí y non odia a su padre, a su madre… ¿Cómo vamos a odiar a nadie de nuestra familia…? ¡Es que no había otras palabras para decir lo mismo con lenguaje distinto? Es de suponer que las había; pero Jesús usó un lenguaje estridente para decir estas verdades.

No se entiende que Jesús puedan decir de modo tan tajante: nos os conozco. Hoy decimos que en la Iglesia caben todos, todos, todos…, pues ¡cuánto más en el cielo no van a caber todos, todos, todos…!

Según esta parábola en el banquete de bodas del cielo solo caben los que hayan llegado con las lámparas encendidas y a tiempo.

En esta parábola simbólica no hay esposa, como hemos dicho. La acción se desarrolla entre el esposo y el grupo de las vírgenes, sabias o necias. Las vírgenes prudentes son, en realidad, la esposa; se trata de un símbolo. Sencillamente la Iglesia es la esposa de Cristo.

Jesús es el esposo; es la Sabiduría. Hemos leído un texto esplendente de este libro del Antiguo Testamento. “Radiante e inmarcesible es la sabiduría, | la ven con facilidad los que la aman | y quienes la buscan la encuentran. Se adelanta en manifestarse a los que la desean” (San 6,12-13).

Hermanos, estoy hablando desde México. Suelen seguir estas homilías desde España, México y otros países de habla hispana. Y ocurre que aquí en México estamos celebrando una acontecimiento religioso de primera importancia: el VIII Congreso Eucarístico Nacional. Y precisamente aquí, en Cuautitlán, patria de Juan Diego, a poca distancia de donde vivo en Cuautitlán Izcalli. Estos participando en e

Él, si bien he hecho una pausa para grabar esta homilía. El Congreso es un acontecimiento que se celebra de viernes a domingo, 10 a 12 de noviembre; y ha sido precedido por un Simposio Teológico, para el que se esperan 500 participantes y hemos acudido 700. Ayer, viernes, comenzó el Congreso. Los congresos eucarísticos concluyen con una obra social y humanitaria; en este caso se ha propuesto como obra humanitaria la Casa del Emigrante San Juan Diego, en esta ciudad. Es una casa con capacidad para 200 migrantes, donde se provee de alimentos, ropa, consultas médicas, papeleo, lo que requiere una persona que ha tenido que dejar su país. En México hay 63 casas de migrantes, atendidas por la Iglesia Católica. Nos hablaron dos familias: un padre que llevaba a un su bebé a la espalda, y allí estaba también la esposa y una hijita; y la hermana de este que estaba con su esposo. ¿Saben ustedes lo que es la selva de Darién? Apunten en sus papeles esta palabra para consultar. Cinco días cuesta atravesar esta selva al sur de Centroamérica; la mujer que no hablaba iba caminando embarazada; a la hora del parto su bebé estaba muerto. Se te rompe el alma al escuchar estas cosas y salen las lágrimas. Pues esto es la emigración.

Pero hablábamos estas cosas en relación con la Eucaristía. Don está la Eucaristía está el amor, y donde hay amor hay acogida y familia. Para nosotros esta Casa del Migrante San Juan Diego, donde llevamos un mes rumbo a los Estados Unidos, no es una casa de hospedaje; sentimos que estamos en familia. Y esa es al verdad, porque el lema de la casa es la palabras de Jesús: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer…, y desnudo y te vestimos? Lo que hicisteis con uno de mis hermanos más pequeños conmigo lo hicisteis.

Hermanos mexicanos que me escuchan: sigan por televisión, por los canales de la Iglesia, este Congreso. Esta tarde, después de celebrar la Eucaristía en el estadio de la ciudad, iremos en procesión hasta la Casa de Juan Diego; allí ha quedado expuesto el Santísimo las 24 horas, y bien seguro que no ha de faltar gente que el acompañe.

Señor Jesús, permite que te cante con el himno del Congreso:

Quédate con nosotros, Señor,

en el templo, en la casa y ciudad,

tú serás bendición para todos

Dios de amor y entrañable amistad.

 

Cuautitlán Izcalli, sábado 10 de noviembre de 2023

1919. Dom XXXI A – Jesús se proclama como nuestro guía y maestro

 Jesús se proclama como nuestro guía y maestro

Mt 23,1-12

 

Texto

23 1 Entonces Jesús habló a la gente y a sus discípulos, 2 diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: 3 haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen. 4 Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. 5 Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; 6 les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; 7 que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame rabbí. 8 Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar rabbí, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos. 9 Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. 10 No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías. 11 El primero entre vosotros será vuestro servidor. 12 El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

 

Hermanos:

1. En las lecturas de este domingo encontramos palabras muy enternecedoras y palabras muy duras. El profeta Malaquías nos dice: “¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos creó el mismo Dios? ¿Por qué entonces nos traicionamos unos a otros profanando la alianza de nuestros padres?” (Mal 2,10).

Y san Pablo, recordando los primeros días de la evangelización de Tesalónica, en Grecia, les dice a los tesalonicenses: “Os queríamos tanto que deseábamos entregaros no solo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas, porque os habíais ganado nuestro amor. Recordad, hermanos, nuestros esfuerzos y fatigas; trabajando día y noche para no ser gravosos a nadie, proclamamos entre vosotros el Evangelio de Dios” (1Tes 2,8-9).

 

2. Y al tiempo que escuchamos estas frases llenas de ternura, oímos a Jesús, que decir frases muy severas contras los escribas y fariseos: “haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen”.

Es una descalificación de los dirigentes espirituales del pueblo, sin distinguir en este caso que entre los escribas y fariseos puede haber persona muy honradas, humildes, virtuosas, lo que en nuestro lenguaje corriente llamamos “santos”. Sin duda que las hubo, las había y las hay en el mundo judío. Cuando se escribieron estas cosas como Evangelio para ser leías en las asambleas cristianas, ya se había consumado la ruptura entre Israel y la Iglesia naciente, que traía una novedad no comprendida ni aceptada por nuestros hermanos.

Este fue el drama de la vida de Jesús: sentirse enviada por el Padre, como profeta y más que profeta, como verdadero Salvador, y sentirse rechazado por su propio pueblo que él amaba hasta morir, como lo demostró.

 

¿Qué es lo que Jesús quiere enseñar, o, mejor, revelar a través de este lenguaje? Detengámonos en dos expresiones: A nadie llaméis Rabí; a nadie llaméis vuestro vuestro en la tierra.

 

Jesús quiere poner a Dios en el centro de la vida: de la familia y de la sociedad, un Dios de amor, que ha ido dando su Palabra al mundo, a través de toda la historia, y que ahora se nos da como Padre, totalmente como Padre, y solamente como Padre.

 

3. A nadie llaméis Rabí, Maestro. El Maestro había sido Moisés, al que Dios había dado la Ley, pero los escribas o rabinos, queriendo explicar la Ley de Moisés, se había constituido en maestros ellos mismos. Y con sus explicaciones habían falsificado la Ley misma del Señor. Esto es más que grave, esto es gravísimo, y Jesús no lo puede soportar. ¡Qué fácil es corromper la voluntad de Dios…! Escuchemos, hermanos, de nuevo lo que acabamos de oír, lo que Jesús se atreve a decir: Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. 5 todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; 6 les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; 7 que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame rabí.

¡Qué fácil es tener la autoridad sagrada y profanarla! Qué fácil lo fue ayer, y también lo puede ser hoy.

Jesús nos dijo: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré; cargad con mi yugo – el Yugo es el símbolo de la Ley – cargad con mi Ley, mi Evangelio, es suave; mi carga, mis mandamientos son un peso ligero, muy llevadero.

De repente, parece que las exigencias de Jesús son muy duras, porque sus frases son cortantes (Si alguno ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí), pero, si te confías a él, al momento reconoces que todo ello es muy suave, muy ligero, muy gozoso.

 

4. Para interpretar el tesoro de la Ley de Moisés y con él las santas Escrituras, nuestros hermanos judíos iban tejiendo poco a poco su santa Tradición, como también nosotros decimos que no se pueden interpretar las santas Escritura sino en armonía y comunión con la Tradición de la Fe. Los Judíos, pues, codificaron su santa Tradición en la Mischná, escrita en Hebreo con un conjunto de 66 tratados, y se piensa que al final del siglo II de lo que ellos llama de la Era Corriente y nosotros de la Era Cristiana, ya se cerró este libro precioso.  Pero de la Mishná, con el correr de los siglos ansió el Talmud, en su doble corriente, el Talmud de Babilonia y el Talmud de Jerusalén, donde vino a parar la corriente de doctrinas de las generaciones de maestros de Israel.

Jesús nos advierte que ya la interpretación oficial sustentada por los maestros y doctores de Israel iba desviada y adulteraba el verdadero sentido de la Revelación que Dios nos había transmitido.

 

5. ¿Dónde está, pues, el secreto de esa suavidad que Jesús nos dice que trae consigo? Jesús quiere salvar la absoluta soberanía de Dios, pero Dios como Padre, Padre de amor que nos ha entregado a su Hijo como Salvador, como único Salvador.

En efecto, hermanos, tenemos una palabra que decir al mundo, tan novedosa e inaudita, que, de repente parece una blasfemia. No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesía, el Cristo.

 

Jesús se atribuye el último magisterio divino, con estas o semejantes palabras: Yo soy el Camino y la Verdad y la Visa. Nadie viene al Padre sino por mí.

Jesús se confiesa como la Verdad definitiva, como el único Mediador entre Dios y los hombres. ¿A quién se lo podremos contar?

 

Igualmente nos dice estas palabras extrañas y sorprendentes: Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. Jesús, invicto defensor del matrimonio y de la familia, nos dice que no llamemos “padre” a nadie. Pues ¿qué lenguaje hemos de emplear? Cuando llega la fiesta de la Sagrada Familia, en Navidad, leemos un pasaje maravilloso del libro del Eclesiástico Hijos, escuchad a vuestro padre, | hacedlo así y viviréis.

Porque la gloria de un hombre es la honra de su padre, | y una madre deshonrada es la vergüenza de los hijos.:… Hijo, cuida de tu padre en su vejez | y durante su vida no le causes tristeza.    Aunque pierda el juicio, sé indulgente con él | y no lo desprecies aun estando tú en pleno vigor.  Porque la compasión hacia el padre no será olvidada | y te servirá para reparar tus pecados.

Que, a lo mejor, traducido en palabras de hoy sería: Hijo, haz todo lo posible para que tu padre no termine sus días en un asilo. El servicio a los padres hasta el final es expiación de nuestros pecados.

Jesús aquí y tantas veces emplea palabras cortantes para que se nos grabe el mensaje que encierra: Nuestra Padre, nuestro único Padre, es Dios y con Él debemos derrochar todo nuestro cariño.

 

6. Hermanos, todas las palabras que he dicho, y que por razones de reloj las debemos concluir, en el fondo no son más que la introducción a esta verdad central: Dios, Dios, como Padre,e s la base y el centro de nuestra vida, y su divina presencia en el corazón debe swer la abse fundante de todo lo demás. Sin Dios la vida no tienen sentido, se deshace por ella sola. Con Dios la vida tiene palabra, tiene sentido, tiene consistencia y futuro.

San Francisco, al principio de su conversión, se pasó una noche en oración repitiendo: Dios mío y mi todo, y el hermano bernardo que lo había acogido en su casa y le escuchó, le dijo: Hermano, yo quiero seguirte, yo quiero esa vida.

Hermanos, Dios es el Todo; Dios en el trabajo y Dios en la sopa. Es decir, Dios en mi corazón.

 

Señor Jesús, tú has venido al mundo para decirnos una palabras, una sola palabra, que Dios existe y que Dios, tu Padre, es nuestro Padre. Gracias por traernos este mensaje. Amén.

 

Cuautitlán Izcalli, sábado 4 noviemebre 2023.

viernes, 27 de octubre de 2023

1918. Dom XXX A – Jesús y el amor, el primer mandamiento

 

 

1918. Dom XXX A – Jesús y el amor, el primer mandamiento

Mt 22,34-39 

 

Texto

34 Los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar 35 y uno de ellos, un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: 36 «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?». 37 Él le dijo: «“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”. 38 Este mandamiento es el principal y primero. 39 El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

 

Hermanos:

1. Continuamos con el Evangelio de san Mateo, escuchando esas escenas finales de la vida de Jesús. Aquel mensaje de amor que Jesús trajo para su pueblo y quiso darlo con todo su corazón no fue recibido. Seguimos con la polémica, con las preguntas insidiosas para ver si cae Jesús, el renombrado Maestro.

La primera frase del Evangelio de hoy nos introduce en el sentido de la escena: Los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar. Escogen a un doctor de la Ley para hacerle una pregunta. La pregunta es: Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley? La pregunta es correcta, porque de la respuesta se podrán sacar conclusiones vitales. Pero el evangelista nos advierte que la pregunta no es inocente, sino que lleva su malicia: le preguntó para ponerlo a prueba. No es una pregunta de Catecismo o de alta Teología para llegar a un conocimiento superior de lo que más importa en le Ley. Es una pregunta para enzarzarnos en una discusión y ver quién gana, o, más bien, quien pierde.

 

2. Yo, doctor de la Ley, doctor de universidad, puedo dar mi opinión y decir: Nuestro Dios nos ha dado centenares de preceptos en la Torá, en los cinco primeros libros de la Biblia, Nos los ha dado porque nos amaba, porque obedecer cada precepto es un acto de sujeción y amor a nuestro Dios, que nos ha escogido como pueblo elegido. Yo, reflexionando sobre el asunto, puedo emitir mi postura: El precepto principal y central de la Ley es la observancia del Shabbath, porque Dios se ha impuesto a sí mismo este precepto. Dios creó el mundo en siete días y el séptimo descansó. La observancia del Sábado, como Día del señor, es lo que ha mantenido a Israel en su historia como pueblo unido, distinto de todos los demás.

Otro doctor de la Ley puede decir: Yo opino diverso. Entre los más de 600 preceptos que Dios nos ha dado, el primero y más importante es sencillamente el primero, el primero que aparece en el texto sagrado de la Biblia, cuando Dios creó al hombre y la mujer, y los bendijo y les dijo: Creced y multiplicaos. Y entonces estableció el matrimonio, para que la vida de Dios continuara en la tierra. El hombre y la mujer tienen el precepto de contraer sagrado matrimonio y hacer que la vida de Dios continúe. Así, pues, entre los 613 preceptos que la tradición judía posterior ha contabilizado en los primeros libros de la Biblia, el primero y principal es prolongar la vida de Dios.

 

3. La respuesta de Jesús no va a ser una respuesta de discusión teológica, sino la más sencilla e inmediata que cabe, la que sabe todo judío, porque todo fiel judío la debe recitar todos los días: Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas (Deut 6,4-5).

El principal mandamiento es vivir noche y día con Dios y amarlo todo lo que le podemos amar. Esto es todo, y nunca lo podremos agotar. Ese es el secreto de la existencia: vivir en Dios, bajo la soberanía, al fuerza, el influjo de Dios; hacerlo todo desde Dios.

Ahora bien, el que vive así, vive con los pies en la tierra, y al punto tiene que concretar, porque vivir con Dios es vivir con el hombre y para el hombre. Y entonces Jesús, sin salirse de los libros de la Alianza, acude al instante a otro versículo de la Biblia: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El Levítico decía: No te vengarás de los hijos de tu pueblo ni les guardarás rencor, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor (Lv 19,18). Claro que para Jesús “prójimo” es todo ser humano que tenga necesidad de ti.

 

4. Queda claro y para siempre que para Jesús todas las obligaciones se resumen en una: en el amor.

El amor no es abstracto y romántico, es operativo y concreto y por eso, amar a Dios se vuelve en esto amarás a tu prójimo, por Dios, desde Dios, como te amas a ti mismo.

Hermanos, si queremos profundizar en esta doctrina, podemos ir a otras frases de Jesús: Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos, es decir, por aquellos a los que ama. Y esto se cumplió en él. Vayamos a los pies de la cruz en el Clavario, y preguntémonos: Aquí, ¿qué está pasando? Que Jesús está dando su vida por Dios y por nosotros.  Él nos dijo: Nadie me la quita; yo la doy libremente. Dice el Evangelio: “Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre» (Jn 10,18). Jesús tenía inteligencia y poder para haberse escapado de la muerte. No quiso; nos amó así, y hoy desde el cielo nos sigue amando.

El amor de Jesús está hoy principalmente en la Eucaristía.

* * *

5. Estas cosas estamos diciendo en medio de grandes acontecimientos eclesiales que están ocurriendo. El principal es el Sínodo, que después de cuatro semanas este domingo queda clausurado en su primera etapa para continuarlo y terminarlo dentro de un año, en octubre del año que viene. Junto a los obispos han participado seglares, hombres y mujeres de todas las partes del mundo, que sienten y viven la Iglesia como algo esencial en su vida cristiana. El miércoles pasado nos daban un mensaje a todos los católicos, comunicando qué habían vivido y cómo debemos ponernos todos a la escucha de Dios, porque el Espíritu Santo, escuchándonos mutuamente es el que debe dirigir los pasos de la Iglesia. Este próximo sábado (antes de que yo termine esta homilía) se dará a conocer el documento final, para enlazar con los trabajos que han de seguir el próximo año. Hermanos, es un asunto, no para especializados, sino para creyentes, para todos los que en una Iglesia local o particular, dividida en parroquias queremos seguir los caminos que Jesús nos marca en el sano Evangelio. A él debemos preguntarle, no con malicia, sino para saber: maestro, en este momento de la historia, donde hay tantos problemas, como la emigración de gentes que dejan su tierra en busca de trabajo, Maestro ¿qué debemos hacer, siguiendo tu mensaje de amor?

 

6. Otro asunto de gran importancia es el hecho de que hoy viernes se ha dado a conocer el informe elaborado por una Comisión seglar acerca de los abusos a menores acaecidos en el ámbito de la Iglesia Católica en España. Es un tomo de cerca de 800 páginas puesto en Internet para todo el que quiera leerlo.

Comienzan las opiniones y las críticas, porque todos podemos opinar, comenzando por el Presidente de Gobierno. Y ya ha comenzado a anunciarse: El Presidente “se compromete a dar una respuesta institucional a la lacra de los abusos a menores en la sociedad”.

Según el Informe los abusos e cometen no tanto en las sacristías, en los salones y casas parroquiales, sino con preferencia en los locales de las escuelas. Ya desde el principio muchos se preguntaban: Si se hacen estas investigaciones en torno a los colegios católicos, ¿por qué no se hace otro tanto en torno a los colegios estatales, en torno a los centros culturales, en torno a los centros deportivos? No digamos en torno a las familias, que según los entendidos es el lugar donde más ocurren los abusos.

 

 

Y con todo, hermanos, no es esta la cuestión. Si somos discípulos de Jesús, hemos de reconocer los pecados sí, hemos de privilegiar el derecho de las víctimas con las terribles consecuencias que afrontan, acaso de por vida, sí, derecho que está ro encima de todo el prestigio que puedan tener las instituciones sagradas, sí… Todo esto es cierto, pero la Iglesia no es ningún tribunal de justicia. La Iglesia, o, más concretamente, los abusadores deben pedir perdón y deben reparar, pero las víctimas, si son de verdad cristianas, deben perdonar a sus agresores, a sus abusadores, como Jesús nos ha perdonado a todos. Y las Iglesia, nuestra Madre, nos ha de enseñar a perdonarnos unos a otros, porque todos hemos ido salvados por el perdón y la misericordia de Dios. Pase lo que pase, que brille la misericordia de Dios sobre sus hijos.

 

7. Concluyamos, hermanos, concluyamos mirando a Jesús.

Señor Jesús, el Evangelio que nos has predicado es insondable. Y hay un punto en torno al cual gira todo: el amor. Y tú nos has revelado que el amor, el único amor verdadero que existe, el aor que viene de Dios y vuelve a Dios incluye todos los preceptos. Puesto que me siento amado por ti, que moriste en una cruz y te has quedado en la Eucaristía, enséñame a amarte a ti y desde ti a todos mis hermanos. Amén.

 

 Cuautitlán Izcalli, 27 octubre 2023